Plataforma Recorridos Ciclistas

En España sí hay montaña: nuevos puertos, etapas, análisis de recorridos, opiniones…

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1987-1994

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 31 marzo, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Los 8 años anteriores al cambio de fechas, desde 1987 hasta 1994.

La Vuelta había sacado mucho partido del cambio de organizadores aprovechando además que la oposición presentada por el Giro no fue demasiado intensa. No sólo era que los recorridos del Giro fueran más flojos que de costumbre y los de la Vuelta bastante más selectivos que antes, sino que , de hecho, los mejores del Tour preferían correr el Giro antes que la Vuelta pero tampoco es que se implicaran mucho, hasta el punto de que durante 5 temporadas consecutivas, del 77 al 81, ni un solo corredor consigue meterse entre los diez primeros del Tour y del Giro el mismo año. En ese mismo lustro Hinault, Zoetemelk y De Muynck sí que se metieron entre los diez primeros del Vuelta y Tour en la misma temporada, mientras que Pollentier se metería entre los diez primeros de la Vuelta y el Giro el mismo año y hasta Battaglin consiguió un doblete Vuelta-Giro.

Es decir, que durante los tres primeros años en que Unipúblic organizó la Vuelta, del 79 al 81, participaron bastantes menos figuras que en el Giro pero su rendimiento sería mejor, lo que venía arrastrándose de las dos temporadas anteriores. Luego, a partir del 82, la implicación de las estrellas extranjeras en el Giro mejoraría considerablemente, pero casi coincidió con la primera retransmisión en directo de la Vuelta, que para entonces ya había crecido lo suficiente como para competir más que dignamente con la carrera italiana

Una de las pocas etapas que aprovecharon la cara norte de Lunada es esta del ’93, en la que además se ascendieron Escudo y Alto Campoo.

Tour del ’91: Induráin se corona en Val Louron tras pasar Aubisque y Tourmalet antes.

El Giro ’88 atravesó el Gavia en medio de una enorme ventisca de nieve. Resultado:una de las jornadas más épicas de la historia del ciclismo.

A partir del año 87 se da un cambio de rumbo en el Giro para volver a la senda que nunca debió abandonar. Los recorridos de la carrera italiana vuelven a ser los de antaño y eso se deja sentir casi de inmediato. Por el contrario en la Vuelta parecía que los organizadores se daban por satisfechos y no se marcaban nuevos retos. Con esos recorridos habían conseguido un notable éxito y no tenían intención de cambiarlos sustancialmente.

De todas formas hay un dato muy revelador que debería ser tenido en cuenta. Durante los tres primeros años de Unipúblic, los tres ganadores del Tour ni corrieron la Vuelta ni el Giro, pero en los 13 años siguientes, once de esos ganadores del Tour habrían corrido ese mismo año el Giro, por sólo dos que prefirieron correr la Vuelta. En tiempos de El Correo las cifras estaban 10 a 7 a favor del Giro, así que en este sentido el empeoramiento de la Vuelta era muy sustancial.

En el ’92 la Vuelta se adentra en Francia para disputar una ‘etapa Tour’, con Tourmalet y Luz Ardiden (entre otros) en el menú.

En el ’93 el Tour llega a Pla d’Adet tras salir de La Seu d’Urgell y pasar Cantó y Bonaigua.

En el Giro un coloso como San Marco siempre tiene cabida. En el ’88 se superó este puertaco antes del final en Chiesa – Valmalenco.

Además no sólo ganaron el Tour sino que en el Giro hicieron muy buen papel por regla general. Hinault gana el Giro en el 82 y en el 85, Roche hace lo propio en el 87 e Indurain gana el Giro del 92 y del 93, quedando tercero en el 94. Fignon fue segundo en el 84, Lemond fue cuarto en el 86 y Delgado fue séptimo en el 88. Únicamente Lemond no se emplearía a fondo pues en el 89 y el 90 participó en el Giro tan solo para ir cogiendo la forma.

Los ganadores del Tour, es decir, los considerados mejores ciclistas del momento para carreras por etapas, estaban prefiriendo el Giro a la Vuelta y casi siempre disputando la victoria. Hasta las figuras españolas, primero Delgado y luego Indurain, acaban por renunciar a la Vuelta en algún momento.

Curiosamente la tendencia a favor del Giro se agrava a partir del año 87, cuando de nuevo los recorridos se endurecen tras acabar la etapa de Saronni, Moser y Visentini. Ya no serán los ganadores del Tour sino también los que alcanzaron el podium quienes prefieran el Giro antes que la Vuelta. No hay una sola edición del Giro a partir del año 87 y hasta el 94 que no la disputen al menos 4 podiums del Tour, mientras que en la Vuelta sólo se llega en dos ocasiones a 4 podiums del Tour como participantes, en el 92, cuando la corrieron Delgado, Roche, Parra, Rooks y Breukink, y en el 94, cuando la corrieron Delgado, Rominger, Jaskula y Breukink.

La Cobertoria se estrena en esta época en la Vuelta. En el ’88 actúa a modo de filtro antes del final en Pajares – Brañilín. Es una lástima que este exigente puerto nunca se halla ascendido en carrera por su vertiente oeste: 11km al 8% desde Pola de Lena hasta la cima.

El final en Serre Chevalier evita la tendidísima bajada del Lautaret camino de Briançon una vez superado el Galibier.

Valparola, Marmolada, Pordoi… ‘taponne’ dolomítico del ‘90.

Es más, los podiums del Tour de un año, desde el 87 hasta el 94, solían correr al año siguiente el Giro antes que la Vuelta. Así lo hicieron hasta en tres ocasiones Indurain y Chiapucci, y en una ocasión Delgado, Lemond, Fignon, Bugno, Bernard y Jaskula respectivamente. Sólo prefirieron la Vuelta en dos ocasiones Delgado y en una Parra y Jaskula.

En realidad durante los 16 primeros años en que Unipúblic organizó la carrera hubo hasta 23 corredores que se meterían entre los diez primeros de la Vuelta y el Tour el mismo año, por tan sólo 3 más que lo conseguirían en el Giro y el Tour, 26 en total. También es cierto que la participación en la Vuelta de corredores que hubieran alcanzado el top-ten del Tour había crecido considerablemente desde el año 85, pasando de apenas 5 por edición durante los seis primeros años de organización de Unipúblic a 9 de media durante los siguientes diez años (la participación de corredores buenos casi se dobla en cantidad). Pero el problema principal era que los mejores preferían masivamente el Giro, y más todavía desde que la carrera italiana volvió a endurecer sus recorridos.

Digamos que el Giro durante esos diez años del 85 al 94 referidos, contaba a 11 top-ten del Tour por edición, dos más que en la Vuelta, y encima casi todos los podiums del Tour estaban también en el Giro, de manera que la participación de la Vuelta estaba por debajo de la del Giro tanto en cantidad como en calidad.

Sin embargo la Vuelta no haría gran cosa para contrarrestar esa preferencia de los corredores por el Giro y no reaccionó hasta que ya fue demasiado tarde. Probablemente si Unipúblic hubiera optado por tomar alguna medida de cara al futuro en el momento que Delgado renuncia a la Vuelta del 88 para correr ese año el Giro, tal vez se hubiera podido competir con la carrera italiana, pero al volver Perico al redil de la Vuelta en el 89 entendemos que Unipúblic pensó que todo estaba controlado.

A veces las comparaciones resultan odiosas. Año 94: en el Giro se disputa la famosa etapa de Aprica con Berzin, Induráin y Pantani en pugna por el Giro. Por el camino, Stelvio y Mortirolo. En el Tour, la etapa reina del bloque alpino supera en 150km el Glandon, la Madeleine y el interminable final en Val Thorens. La Vuelta por su parte, llega a Arcalís tras superar Comella y Ordino como desgaste previo.

Es cierto que se abrió un nuevo periodo de novedades montañosas. En el 87 se suben por primera vez CERLER, PEDRO BERNARDO, GRAU ROIG (Es Envalira más o menos hasta la cota 2000) y LA TORRETA (este puerto está en Tarragona y resulta poco conocido aunque tampoco hubiera debido ser catalogado como de primera categoría). En el 88 las novedades serían VALDEZCARAY (otra subida tendidísima), COBERTORIA, EL PICO y ERJO (la Vuelta viajó por primera vez a las Canarias).

Pero otra vez hay un parón en el 89. Durante tres años consecutivos las únicas subidas nuevas serían EL CAMPELLO (es la parte dura del Portixol en Valencia, demasiado corta como para merecer ser de primera categoría), LAS PALOMAS, LUNADA y PLA DE BERET (que además no se pudo subir por el mal tiempo).

Por supuesto, el mero hecho de que no haya novedades no implica por sí solo que el recorrido sea flojo. Pero si demuestra que, fuese flojo o no, tampoco es que hubiera el menor interés por mejorarlo, no se tenía la intención de cambiar nada. Se diría que habían encontrado el tipo de recorrido que les parecía bueno y las subidas que les convenían más. En nuestra opinión fue lo mismo que ponerse una venda en los ojos dado que resultaba evidente la falta de atractivo que la Vuelta mantenía para las figuras desde hacía ya varios años y aún más evidente la mediocridad de los puertos españoles comparados con los que estaban poniendo en el Giro desde el 87.

Y es que comparando los perfiles de las etapas que se veían por aquella época en la Vuelta con las del Giro o las del Tour se pone de manifiesto con suma claridad algo que hubiera debido resultar obvio para los organizadores, periodistas, directores, ciclistas y aficionados.

En La Vuelta aparece La Cruz de la Demanda, casi siempre en etapas unipuerto, y pronto se gana un hueco entre los finales en alto más exigentes de la prueba.

‘Taponne’ pirenaico en el Tour ’88 con Tourmalet y Luz Ardiden enlazados en la parte final.

El Monte Bondone reaparece en el Giro del ’92 en una etapa en la que se subía dos veces seguidas.

En territorio español la última tendencia era que los puertos de paso no tuvieran demasiada enjundia, poca longitud y poca pendiente en general, que la última subida fuera casi siempre la más dura del día y, en cualquier caso, tampoco es que se hiciera demasiado factible romper la carrera desde un puerto anterior porque, tanto si era más duro como si no, solía estar demasiado alejado y con demasiado llano entre ambos, por no hablar de que casi todas las etapas montañosas terminaban en alto y por ello los ciclistas preferían reservar fuerzas para esa subida final a la que casi siempre llegaban todos los buenos juntos y bastante frescos.

En Italia se había vuelto a la rutina de los años anteriores al periodo de Moser y Saronni. Lo que solíamos ver era un montón de puertos realmente duros en cada etapa y casi siempre alguno de una dureza extraordinaria pero que rara vez resultaba el último del día. Tampoco se veían tantos finales en alto, de manera que las características de la etapa típica del Giro propiciaban que la carrera se rompiera desde lejos o que al menos el desgaste antes de la última subida fuera muy grande y que pocas veces el ataque definitivo llegase en los últimos kilómetros del último puerto.

Por su parte el Tour siempre ha estado en el mismo sitio por lo que se refiere a las etapas montañosas y que se materializa en una dureza sobresaliente tanto por el número de puertos como por la dureza de cada uno medida en longitud y en pendiente. Igual en Francia no hay colosos de una dureza tan tremenda como algunos puertos italianos, pero seguían siendo etapas durísimas. sólo cabe anotar como novedad que cada vez hay más finales en alto y más variados comparando con épocas anteriores. Desde luego habrá más finales en alto que en el Giro, pero en todo caso casi nunca se ve que el puerto final sea el más duro del día con las implicaciones que eso tiene y que ya están comentadas.

Buen encadenado final de puertos en esta etapa de la Vuelta del ’92, aunque quizás Bonaigua y Beret resultan demasiado ‘tendidos’ como para provocar grandes diferencias en la clasificación general.

También en el Tour nos encontramos de vez en cuando alguna jornada de esas denominadas ‘tácticas’. A buen seguro todos los participantes de la edición del ’87 recuerdan esta etapa entre Bayona y Pau, con Soudet y Marie Blanche, pero sobretodo con el hasta entonces desconocido Burdinkurutzeta (9,2km al 8,8%) en el camino.

En el ’89 el Giro programa un etapón en los Apeninos, con San Pellegrino in Alpe y Abetone muy lejos de la meta. Etapa idónea para poner en práctica las tácticas de equipo e intentar dar un vuelco a la clasificación general.

El caso es que Unipúblic no hizo nada por remediar la sangría. Es cierto que en el 89 estaban en la Vuelta el ganador y el tercero del Tour del año anterior, Delgado y Parra (que corría en un equipo español) respectivamente, pero la participación extranjera destacada brillaba por su ausencia. Había unos cuantos italianos que venían a preparar su carrera, Saronni, Giuponni, Contini o Giovanetti, y estaba Caritoux, el ganador de la Vuelta del 84, que tampoco había confirmado ese nivel en carreras posteriores. No había nadie más aparte de algunos colombianos, aunque no los mejores, y de la selección rusa patrocinada por Alfa Lum. La incertidumbre en el resultado final de la edición del 89, con aquel ataque a la desesperada de Parra en Navacerrrada y con Delgado quedándose y siendo ayudado por un tercero que pasaba por allí, el ruso Ivanov, ocultó aún más si cabe el problema.

El nivel tan bajo de la participación se mantuvo en el 90, sólo cabe destacar a Bernard como novedad, más la habitual presencia de los colombianos. Claro que se contaba con toda esa generación de corredores españoles que desde mediados de los 80 elevaron considerablemente el nivel de nuestro ciclismo. Ahí estaban los Delgado, Chozas, Fuerte, Lejarreta, Muñoz, Pino, Echave , Gorospe o Cabestany (sólo faltó Cubino), y hasta Indurain empezaba a destacar, pero las participación extranjera era testimonial. En el 91, tal vez hubiera una participación un pelín más fuerte pues se suman Rooks, Winnen y Alcalá, pero nada especialmente brillante. Una participación internacional floja y unos recorridos muy pobres harían que la carrera perdiera cada vez más prestigio de manera que los corredores importantes la despreciaban. Es más, los vencederos del 90 y el 91 fueron corredores de poco prestigio, como Giovaneti y Mauri respectivamente, y eso no contribuyó precisamente a mejorar el interés por la carrera.

No se podía seguir por ese camino y de ahí que en el 92 se decidieran a programar un etapón pirenaico de los habituales del Tour (PORTILLON – PEYRESOURDE – ASPIN – TOURMALET – LUZ ARDIDEN) para tratar de atraer a las figuras. Y de hecho funcionó, pero a medias. Sí que vinieron más corredores de los buenos, ya se ha dicho que fue el año con más podios del Tour entre los participantes en la época de Unipublic, los Roche, Rooks, Breukink y Parra, aparte de Delgado, pero los que más estaban brillando en esos momentos siguieron participando en el Giro y así tendríamos que de los participantes de la Vuelta del 92 solo Delgado había acabado entre los diez primeros del Tour del 91, mientras que en el Giro del 92 estuvieron Indurain, Chiapucci, Fignon, Hampsten y Rue, más otras figuras como Tonkov, Kelly, Herrera o Zimmerman y en general todos los italianos buenos (excepto Bugno) o los extranjeros que corrían en equipos italianos. En aquella Vuelta también participaron otros corredores más o menos destacados como Giovanetti, Herrera, Millar, Theunisse, Alcalá, Giuponni, Poulnikov o Ugrumov, y por supuesto casi todos los españoles, pero claro, faltaba Indurain y, en general, las mayores figuras del momento. Además, los corredores realmente buenos que si participaron tampoco tuvieron demasiadas opciones y al final los que se jugaron la carrera fueron Rominger, que por aquel entonces era un corredor emergente pero no tan importante, y el español Montoya.

Etapa por la Sierra Madrileña con final en D.Y.C. Se disputó en los años ’89 y ’90 y a nivel deportivo siempre aportó algo

En el ’93 el Tour recupera a un gigante dormido desde la década de los 60’s: La Bonette - Restefond. 2.802m de altitud para el puerto de paso más alto de Europa.

En el Giro ’92 se llega a Pila (17km al 7%) con un buen desgaste previo.

En el 93 se optó por aumentar el número de finales en alto hasta 6, algo sin precedentes en la Vuelta, con la novedad de LA CRUZ DE LA DEMANDA, tratando de hacer más selectiva la carrera. Pero la participación seguía siendo pobre, mientras que la del Giro mejoró aún más si cabe, con los 4 primeros del Tour del año anterior, Indurain, Chiapucci, Bugno y Hampsten, más el décimo, Heppner, a los que habría que añadir Roche, Lemond, Rooks, Leblanc, Bauer, Poulnikov, Tonkov, Ugrumov, Jaskula y todos los italianos buenos. Mientras que en la Vuelta sólo participaron el sexto y el séptimo de aquel Tour, Delgado y Breukink y los habituales Rominger, Millar, Giovanetti, Bernard, Breukink, Giuponni, más los españoles pero otra vez sin Indurain.

En el 94 la situación no mejora nada, tercer año consecutivo en que Indurain renuncia a la Vuelta, y ya se hace insostenible. De nuevo hubo 6 finales en alto y esta vez la novedad sería una muy buena etapa andorrana, con COMELLA, ORDINO y ARCALIS. Pero es que además la carrera fue ganada de principio a fin por Rominger sin la menor oposición, ni española ni mucho menos extranjera. Unipúblic tenía que tomar medidas y obligada por la UCI, cambió… las fechas. En el ’93 el Tour recupera a un gigante dormido desde la década de los 60’s: La Bonette – Restefond. 2.802m de altitud para el puerto de paso más alto de Europa. En el Giro ’92 se llega a Pila (17km al 7%) con un buen desgaste previo.

De nuevo un ‘tres en uno’ para finalizar: en el Giro nos encontramos con un retorno a los recorridos clásicos, de una dureza inusitada. Como muestra, el ‘taponne’ dolomíticos del ’92 con el Passo Giau en el camino. En el Tour continua la dureza de siempre, con alguna que otra sorpresa. En el ’92 se disputa una etapa burtal con final en Sestriere en la que Chiapucci a punto está de cambiar el rumbo de la historia. Por último, la Vuelta parece atascarse en el diseño de recorridos, manteniendo los diseños ya conocidos y confiándolo todo a la subida final, como en la etapa de Cerler del ’87.

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Los puertos de las Grandes Vueltas desde 1979

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 23 marzo, 2010

Con el fin de valorar de forma objetiva la montaña de los recorridos de las tres Grandes Vueltas, hemos recopilado los puertos de primera categoría y categoría especial que las organizaciones han incluido en las mismas para compararlas entre sí, y además hemos querido diferenciar entre aquellos puertos que fueron final de etapa y los que fueron de paso. Eso sí, solo contamos desde la edición de 1979 de las tres pruebas, año en que Unipublic se hizo cargo de la organización de La Vuelta.

Para que la lista fuera lo más objetiva posible, hemos establecido unos criterios a la hora de incluir los puertos. En cuanto a las categorías, se consideran puertos de primera aquellos que superen los 120 puntos de coeficiente APM, y de especial aquellos que sobrepasen los 240 puntos. Además, para el cálculo de este coeficiente hemos decidido no incluir los falsos llanos que muchos puertos tienen al inicio, como los 4 primeros Km. de Navacerrada por La Granja, que hemos considerado de 2ª y por tanto no está en la lista. En caso de que dos puertos vayan seguidos los consideramos como solo uno aunque se puntuaran por separado, como en los casos de Soulor+Aubisque o Monachil+Sierra Nevada. Estos criterios podrían variarse, pero el resultado no cambiaría demasiado.

El otro criterio viene derivado de que en algunos casos, la organización había programado ciertos puertos que por causa de fuerza mayor no se pudieron pasar (habitualmente, por nieve). Hemos decidido mantenerlos en la lista porque la intención primera era subirlos y solo el mismo día de la etapa se tuvieron que quitar, aunque los hemos diferenciado con un asterisco (*) indicando las causas. De todas formas no son muchos y no afectarían apenas a los números globales.

En los siguientes enlaces se pueden ver las tablas donde se detallan los puertos de 1ª y Especial que se pasaron cada año en las tres grandes, diferenciando además aquellos que fueron final en alto de los puertos de paso:

La primera conclusión que podemos sacar al ver las tablas, es que la variedad de puertos en el Giro es enorme, quedándose el Tour a medias y ya, muy por debajo, La Vuelta. Si contamos, grosso modo, los puertos diferentes subidos en cada carrera (sin contar las vertientes o variantes de cada uno) tenemos los siguientes datos:

  • Giro: 200 puertos diferentes, 57 de ellos de Especial.
  • Tour: 119 puertos diferentes, 33 de ellos de Especial.
  • Vuelta: 80 puertos diferentes, 14 de ellos de Especial.

Si bien está claro que La Vuelta es casi imposible que se mueva en números del Giro en cuanto a la variedad de puertos, sí que podría acercarse bastante al Tour. De hecho, últimamente se están estrenando algunos puertos, esperemos que se siga así.

EVOLUCIÓN AÑO A AÑO

Si representamos el número de puertos que cada año se programaron para cada carrera, nos queda la siguiente gráfica comparativa.

Lo primero que salta a la vista es que La Vuelta ha estado en casi todas sus ediciones por debajo de las otras dos carreras. Se parte de números irrisorios como son los solo 3 puertos ascendidos en el 79 y el 80, hasta llegar a la edición del 83, importante para la historia de la carrera porque entre su buena participación con Hinault a la cabeza, la retransmisión en directo por TV y el mejor recorrido visto hasta la fecha, gana muchísima repercusión. A partir de 1986 el número de puertos oscila normalmente entre 8 y 13, siendo las ediciones más duras las del 2006 con 14 y del 92 con 15, esta última debido al paso a Francia para disputar dos etapas. El mínimo de esta época son los 6 puertos que se vieron en el 91. El 2010, con 11 puertos, sigue la linea habitual.

En el Tour vemos como solo una vez, en el 82, se bajó de 10 puertos, manteniendo siempre un nivel de exigencia alto en su carrera, sobresaliendo la famosa edición de 1987 y la de 1997 con 20 puertos cada una. La próxima edición, con 19, será la tercera de este periodo.

Los números del Giro son los más oscilantes de todos, pues hasta el 87, en la conocida como época  Mosser – Saronni, sus números son similares a los de La Vuelta, nunca pasando de 11. Sin embargo desde ese año rivaliza siempre con el Tour excepto por un “bache” en las ediciones 2002 y 2003.  Alcanza, al igual que el Tour, un máximo de 20 puertos en 1995, y las ediciones de 2005 y 2006, con 19, son las más duras del s. XXI de cualquiera de las tres carreras. En 2010 solo hay 11 puertos de 1ª o HC, en un caso muy particular pues la mayoría son grandes colosos sacrificando los puertos más normales.

Pero veamos que pasa si aumentamos el nivel de exigencia a la carrera, representando solo los puertos de categoría Especial, buscando un mejor indicador de lo que sería la verdadera alta montaña:

Aquí se ve como la distancia de La Vuelta con respecto al resto es mayor que en el caso anterior, pues en toda su historia solo ha pasado dos veces por más de 3 de estos puertos, en 2006 y 2009, y hasta en 4 ocasiones no se ascendió ninguno. En 2010 se ascenderán 3: Lagos de Covadonga, San Lorenzo y la Bola del Mundo, menos de la mitad de los que se pasarán en las otras dos carreras. Digamos que se vuelve a la “normalidad” ya que la única vez que La Vuelta ha subido más puertos HC que las otras dos fue precisamente el año pasado.

El Tour es de nuevo el más estable, situándose siempre entre 4 y 8 HC salvo en tres ocasiones: 1982, 1985 y 2009. Pese al bajo número del año pasado, o precisamente por las críticas que recibió ese recorrido, en 2010 cuenta con 7 puertos de este tipo, el número más habitual en la carrera francesa.

El Giro sigue el mismo esquema al principio que en la gráfica anterior: hasta el 87 se mueve en números bajos. Desde entonces varía entre 3 y 8, con un gran pico en el año 2006 donde se pensaban pasar 11 puertos de Especial (aunque por problemas de nieve, se quedaron en 9). Al igual que el Tour, el año pasado solo tuvo 3, aumentando el número a 8 para el 2010.

En definitiva, analizando las dos gráficas se ve como el principal hándicap de La Vuelta es el número de puertos de categoría Especial que pasa: si se incluyeran 3 puertos de este tipo más por edición, los números serían muy similares a las otras dos carreras.

TOTAL DE PUERTOS

Quizá la forma más gráfica de ver las diferencias de La Vuelta con respecto a las otras grandes sea representar el número de puertos de cada tipo que aporta cada carrera al total de las tres en forma de porcentaje.

Representando todos los puertos, La Vuelta se queda a 117 y 146 puertos y más de 10 puntos porcentuales de las otras dos, que tienen números semejantes.

Si representamos solo los grandes puertos, los HC, la aportación de La Vuelta baja del 26% anterior al 14%. La distancia con las otras dos es de 98 y 137 puertos, es decir, parecida a la de la gráfica anterior demostrando que lo que penaliza a la Vuelta es la falta de grandes puertos. Comparando a Giro y Tour, la carrera francesa es la más dura en este sentido pues saca 10 puntos porcentuales y 39 puertos a la italiana.

Si representamos solo los puertos Especiales de paso, el panorama es desolador. La Vuelta solo ha pasado 7: Tourmalet 2 veces, Aubisque 2 veces, San Lorenzo 2 veces y La Ragua. Además en 4 ocasiones son puertos franceses, como si en España no hubiera. Y de nuevo la diferencia es parecida a los casos anteriores: 112 y 133. Por ello la conclusión es clara, La Vuelta necesita más puertos Especiales de paso para solventar su gran deficiencia histórica. Entre Giro y Tour la diferencia se mantiene con respecto al caso anterior, en este caso 11 puntos porcentuales y 29 puertos. Todo esto que decimos se ve también claramente en la siguiente gráfica con el nº de puertos de cada tipo (1ª, HC final en alto y HC de paso):

La única diferencia apreciable está en los HC de paso, no en los finales en alto duros o en los puertos de primera.

 

 

PROMEDIOS

Veamos ahora una tabla donde se muestran los promedios de puertos ascendidos en diferentes periodos. Tenemos la época Unipublic al completo (79-10), aunque para algunas medidas se considera el año 83 como inicio de una nueva época. También se muestran los últimos 10 años, y las diferencias entre abril y septiembre, con el cambio de fechas de La Vuelta en el 95.

De nuevo se reafirman las conclusiones que se sacan de las gráficas anteriores: la Vuelta está por debajo de las otras dos, especialmente en cuanto a grandes puertos, pero al menos se aprecia como la media más alta en ambos apartados corresponde al siglo XXI, demostrando que poco a poco la dureza general va en aumento. Como comentábamos anteriormente, subiendo tres puertos HC más por edición desde 2001 se igualarían los números con los del Giro.

Por último, como muchas veces hay aficionados que aseguran que las vueltas de abril eran más duras que las de hoy en día, presentamos estas gráficas para mostrar que eso no es verdad.

Se aprecia el considerable aumento del número de puertos, especialmente en los más duros pues ahora se suben más del doble de HC que anteriormente (pasa lo mismo incluso contando solo las ediciones de abril a partir del 83).

CONCLUSIONES

Las conclusiones ya se han ido desgranando a lo largo del texto, pero las resumimos aquí:

  • La Vuelta es la grande que menos puertos sube y con diferencia.
  • En cuanto a puertos de primera o finales en alto duros, las tres grandes no se diferencian demasiado.
  • La gran diferencia y déficit de La Vuelta, está en los puertos de categoría Especial de paso, cuyo número es ridículo en la historia de la carrera.
  • Los recorridos de 2010 son un buen reflejo de estas diferencias históricas.
  • La Vuelta en septiembre es más dura que en abril.
  • En cuanto a grandes puertos, el Tour está ligeramente por encima del Giro históricamente.
  • El Giro es la carrera con más variedad de puertos, y La Vuelta la que menos.

La hoja de cálculo usada para esta entrada con todos los datos se puede descargar en este enlace.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1979-1986

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 13 febrero, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Los ocho primeros años de Unipublic

En 1978 El Correo Español-El Pueblo Vasco organiza su última edición de la Vuelta, que se ve enturbiada por graves disturbios el último día hasta el punto de tener que suspender la contrarreloj final. La situación sociopolítica en el País Vasco durante la transición democrática española no aconseja que la carrera siga disputándose por allí, pero además es que la situación económica de la prueba no debía ser muy boyante precisamente.

Desde un punto de vista deportivo la Vuelta estaba bajo mínimos, con un recorrido tan flojo como de costumbre y, aún peor, con una participación realmente mala, especialmente la extranjera, algo que además se lleva arrastrando varios años. La realidad de la carrera era que por aquella senda no tenía ningún futuro.

En Enero del 79 El Correo Español-El Pueblo Vasco anuncia que no seguirá organizando la prueba. En poco más de tres meses Unipúblic tiene que hacerse cargo de la carrera y pese al poco tiempo de que dispuso las diferencias se hacen notar desde el principio.

Resulta evidente que hubo cambios espectaculares con el relevo de los organizadores. Hasta el 78 los recorridos de la Vuelta se caracterizaban por tener pocos puertos y de muy poca entidad, los contadísimos de primera categoría (Navacerrada, Pajares, Orduña…) solían estar muy alejados de la meta, y los finales en alto eran muy cortos y rara vez pasaban de segunda categoría, tal vez con la excepción de Urkiola. Por si fuera poco la inmensa mayoría de las etapas montañosas se disputaban en territorio vasco, lo cual en esos momentos era ya inasumible.

Sin embargo a partir del 79 surgen numerosas novedades, tanto por la aparición de puertos inéditos como por la estructura de esas etapas. Sólo en las 5 primeras ediciones organizadas por Unipúblic ya habría 14 nuevos puertos catalogados como de primera categoría (por supuesto habría que añadir un montón más de puertos de segunda):

  • Sierra Nevada, Peña Cabarga y La Morcuera en 1979.
  • Cantó, Bonaigua y Cotos en 1980.
  • Rasos de Peguera en 1981.
  • Super Molina y La Creueta en 1982.
  • Castellar de n’Hug, Balneario de Panticosa, Lagos de Covadonga, Peña Negra y Serranillos en 1983.

Rasos de Peguera se estrena en la Vuelta durante esta época, precedido normalmente por algún puerto de primera, como el Collformic.

Madeleine – Galibier – Alpe d’Huez, el Tour se mantiene fiel a las tradiciones.

Por diversas razones, el Giro empieza a suavizar sus recorridos, aunque nunca faltaba algún que otro coloso en la carrera.

Por fin aparecen finales en alto realmente selectivos, como Sierra Nevada, Lagos de Covadonga o Rasos de Peguera. Por fin aparecen puertos de paso largos y bastantes de ellos claramente por encima de los 1000 metros de altitud e incluso acercándose a los 2000 metros, algo impensable en la época anterior, salvo por la habitual subida a Navacerrada. También se verán etapas con bastantes puertos encadenados y con poco llano entre ellos, y hasta veremos etapas con puertos no demasiados duros pero con el último muy cerca de meta, que tampoco se prodigaban en los años precedentes.

Por si fuera poco en 1983 se retransmite por primera vez en directo la carrera, todo un éxito memorable que logra un impacto espectacular. Vuelve a ganar Hinault, que el año anterior había hecho el doblete Giro-Tour, pero sufriendo todos los días a una jauría de corredores españoles desbocados que le hacen frente como nunca desde que el francés domina el ciclismo mundial, hasta el punto de que le pusieron en muy serio peligro de caer derrotado, algo inimaginable por aquel entonces. El sobresfuerzo al que le sometieron en la Vuelta le pasó factura a Hinault y le resultó imposible recuperarse para disputar el Tour ese mismo año.

Al mismo tiempo, el Giro pasa por una época muy peculiar en que los corredores italianos más importantes, Saronni, Moser y Visentini, se caracterizan por no ser buenos escaladores y por lo tanto los recorridos se diseñan pensando en ellos. El Giro está perdiendo prestigio debido a la suavidad de los recorridos mientras que la Vuelta avanza gracias a ese incremento de dureza comentado y por supuesto a la televisión en directo.

Sierra Nevada comienza a ser visitada asiduamente por la Vuelta.

El Tour sube Orcières – Merlette en los Alpes con cinco puertos por el camino.

Lavaredo continúa apareciendo en el Giro en etapas un tanto descafeinadas.

Probablemente los organizadores de la Vuelta consideraron que ya habían alcanzado sus objetivos, que habían superado con creces el periodo anterior y además habían alcanzado al Giro al menos en el nivel de los recorridos si es que no lo habían conseguido también en interés gracias a las audiencias y a que el mejor corredor del momento había querido correr la Vuelta del 83.

Nos parece muy significativo que en el 84 ya no hubiera ninguna novedad montañosa, que tirasen de todo lo que habían sacado en los años precedentes. Luego en el 85 y el 86 volvieron a aparecer puertos nuevos de primera categoría como Alto Campoo, Pal (en Andorra), Pontón, San Isidro o Las Palomas.

Aún así la participación de la Vuelta en esos primeros años sigue sin ser demasiado brillante, e incluso en el 81 resulta extremadamente pobre, con Battaglin tan sólo como corredor destacado. Y eso que la edición del 79 supuso una mejora sustancial y muy prometedora en la nómina de participantes ilustres. Había un ganador del Tour como Van Impe, un ganador del Giro como Pollentier (que además había sido top ten antes tanto en la Tour como en la Vuelta), un ganador de la Vuelta como Pesarrodona (top ten en el Giro), un podium del Tour como López Carril (top ten en Giro y Vuelta), un podium del Giro como Galdos (top ten en Tour y Vuelta), otro podium del Tour como Zoetemelk (top ten de la Vuelta), un podium de la Vuelta como Lasa (top ten del Giro) y otros dos que alcanzaron algún podium en la Vuelta, como Perurena y Nazábal. Además estaban Aja y Torres (top ten de Tour y Vuelta), Seznec (quinto en el último Tour), Pujol (top ten del Giro), y por último los cinco que faltan para completar la lista de top ten de la Vuelta, Eulalio García, Martínez Heredia, González Linares, Manzaneque y Viejo.

Los Lagos se estrenan en la Vuelta y pronto adquieren un gran prestigio, hasta el punto de convertirse en el puerto fetiche de la prueba.

En el Tour, aparece Superbagnères precedido de Tourmalet, Aspin y Peyresourde

Croce Domini es uno de los gigantes del Giro ’82.

Por lo tanto, estaban prácticamente todos los españoles buenos, también una corta pero muy buena representación de las figuras extranjeras, y eso con sólo 90 corredores en la salida. Desde luego nada que ver con el desastre del año anterior, cuando sólo Gandarias, Aja y López Carril se habían metido alguna vez entre los diez primeros de algún Tour. Por desgracia esa circunstancia no tuvo continuidad. En esos primeros años de Unipúblic no venían las figuras mundiales y encima ya no había figuras españolas, principalmente porque los mejores corredores españoles se retiran en masa y no hay un relevo para ellos a corto plazo. Fuente se había retirado en el 76, Ocaña en el 77, Gandarias en el 78, López Carril, Pesarrodona, Aja, Perurena y González Linares en el 79, Galdos, Torres y Manzaneque en el 80, Lasa en el 81, Nazábal y Viejo en el 82.

Desde el 76, en que Pujol quedó décimo del Giro, no habrá ningún español entre los diez primeros de esa carrera hasta que rompe el maleficio Rupérez en el 82, quedando también décimo ese año. En el Tour, Galdos había quedado séptimo de la edición del 78, pero hasta el 82 no habrá ningún español en el top ten, cuando lo consigue Alberto Fernández metiéndose también décimo.

Ya en el 83 la situación parece que cambia a mejor, con 4 españoles entre los 10 primeros del Giro incluido un tercer puesto de Alberto Fernández y añadiendo los puestos sexto, séptimo y octavo que consiguen respectivamente Lejarreta, Rupérez y Chozas. También en el 83 Angel Arroyo se mete segundo del Tour, con Perico Delgado deslumbrando pues llegó a ir segundo a un minuto de Fignon tras la etapa de Alpe d´Huez y con sólo una etapa montañosa en línea por cubrir, lástima que fallase el día del Joux Plane.

Por lo tanto el escenario consiste en una Vuelta bastante más dura que en la época de El Correo, con una estructura de las etapas más acorde con lo que se hacía en las otras grandes rondas, con una nueva generación de ciclistas españoles que ilusionan a la afición y, sobretodo, con una carrera que se retransmite en directo y que alcanza un gran éxito de audiencia.

En el 82 la Vuelta supera por 2ª y última vez en carrera la cara norte del Portillo de la Sía. Una ascensión espectacular y tremendamente exigente (17km finales al 6%) que inexplicablemente ha caído en el olvido. En esta etapa de inicios de los 80 se superaba además El Escudo antes de alcanzar la meta en Reinosa.

En el 82 la Vuelta supera por tercera y última vez en carrera la cara norte del Portillo de la Sía. Una ascensión espectacular y tremendamente exigente (17km finales al 6%) que inexplicablemente ha caído en el olvido. En esta etapa de inicios de los 80 se superaba además El Escudo antes de alcanzar la meta en Reinosa.

En los Pirineos, el Tour estrena Guzet Neige como final de una dura y larga etapa.

Monte Grappa y San Martino de Castrozza, dos buenos puertos en la parte final de esta etapa del Giro ’82.

Por contra en el Giro los recorridos habían bajado su nivel considerablemente como ya se comentaba antes. Tampoco es que la dureza no existiese en absoluto. Había poca, pero había. Ocurre que el tipo de etapas de la época no fue la habitual del Giro antes y después. Tal vez lo que resulte más significativo de ese periodo no sea tanto la falta de puertos duros como la tipología de las etapas. Se puede apreciar la tendencia a no encadenar varios puertos de primera, en bastantes ocasiones sólo se ve uno o dos por etapa, y en muchas de ellas vemos que las etapas son bastante llanas y con una subida final en cuya cima estaría la meta, algo que rara vez ocurría antes y que en periodos posteriores se corrigió para volver a la senda habitual.

Sin embargo no se puede decir que los puertos elegidos fueran especialmente suaves, al contrario, se suben puertacos como el Monte Grappa, San Marco, Croce Domini, Val Gardena, Tre Cime di Lavaredo, Stelvio, Vivione, Terminillo, Blockhauss, Sempione, Duran, etc (es cierto que algunos por sus vertientes menos duras). Obviamente no se subieron todos en la misma edición, pero está claro que algún puerto realmente selectivo había cada año. Aunque sólo subieran uno de esos en cada etapa ya era más de lo que podían poner en España, o al menos más de lo que en España se aprovechaba por aquel entonces. Es el diseño de las etapas lo que hace que la Vuelta se iguale en calidad con el Giro, cuando no lo superaba.

Donde las diferencias entre la Vuelta y las otras grandes se puede apreciar mejor es en la comparativa con el Tour. Sigue habiendo finales clásicos como Puy de Dome o Alpe d´Huez, pero aparecen otros finales nuevos como Granon, Guzet Neige o La Plagne. En realidad hay un cambio de inflexión y los finales en alto, que antes eran un complemento, empiezan a cobrar mayor protagonismo. Pero no sólo hay finales en alto pues las etapas de alta montaña sin final en alto siguen siendo fundamentales. Los encadenados de puertos son formidables y la dureza enorme. Abundan en casi todas las etapas los puertos largos con pendientes altas sostenidas y con poca distancia entre ellos. Ahí están el Galibier, el Glandon, la Madeleine, el Joux Plane, el Izoard, el Tourmalet, el Aubisque…

En el 79 la Vuelta llegó a Peña Cabarga, una subida corta y explosiva cercana a Santander que estuvo precedida por las ascensiones a La Sía y Alisas.

A la cima del Granon llegó el Tour por primera y única vez en el año 86, en una etapa que ganó Eduardo Chozas. Aún hoy en día sigue siendo el final en alto de mayor altitud de la historia de la ‘Grande Boucle’.

Los Dolomitas siempre han tenido cabida en el Giro. En esta etapa del ’86 no se superaban las vertientes más duras de algunos puertos, pero el encadenado de los mismos es igualmente espectacular.

Como es lógico, los grandes ciclistas del pelotón internacional se vuelcan con el Tour, que en esos momentos además de ser la carrera más prestigiosa también tiene el recorrido más selectivo y que ofrece más alicientes personales y profesionales. El Giro no está haciendo honor a su historia con recorridos mucho más flojos de lo habitual y se resiente de ello, mientras que la Vuelta está creciendo pero todavía no llega a la altura de poder competir realmente con las otras dos.

De todas maneras la participación de la Vuelta no empezaría a tener un cierto empaque hasta el 85, mientras que los corredores realmente buenos durante todo este periodo del 79 al 86 seguían prefiriendo participar en el Giro. Era costumbre hacer dos grandes al año, pero resultaba más cómodo preparar el Tour corriendo el Giro pues participar en la Vuelta requería dos puntas de forma al terminar unos dos meses antes que el Tour, mientras que el Giro sólo acababa unas tres o cuatro semanas antes de la ronda francesa y era más factible mantener el estado de forma que se alcanzaban en Italia. Además pese a que la Vuelta le comía algo de terreno al Giro, estaba claro que tanto por prestigio como por nivel de premios como por intereses comerciales, los equipos y los corredores importantes preferían el Giro.

En realidad, de los corredores prestigiosos, sólo Pollentier y algo menos Criqueillion fueron habituales en la Vuelta durante los 6 primeros años de Unipúblic. Los Hinault, Van Impe, Thurau, Nillson, Prim, Bernaudeu, Van de Velde o Fuchs prefieren el Giro (aunque alguno de ellos corrió también al menos una vez en la Vuelta durante esa época), aparte de que por aquel entonces hay bastantes corredores italianos más o menos prestigiosos, Moser, Saronni, Visentini, Contini, Bertoglio, Panizza, Baronchelli, Bertolotto o Battaglin, mientras que había pocos españoles realmente conocidos, apenas Alberto Fernández, Arroyo y en menor medida Rupérez, aunque empezaba a hacerse notar esa generación que tanto daría al ciclismo español en los años posteriores y de la que hablaremos en el siguiente capitulo.

Creueta – Cantó – Bonaigua. Tres buenos puertos en esta etapa de La Vuelta del ’83 con final en Viella, aunque quizás faltaba un poco de continuidad entre las subidas.

Salève – Ramaz – Joux Plane y Joux Verte, póker de ases en esta etapa del Tour ’81.

En el Giro no se ven muchos puertacos por edición, pero los que aparecen son auténticos colosos. En el ’86 es el turno de San Marco antes del final en Foppolo.

Una prueba de que esto era así puede verse en el hecho de que, por término medio, en cada edición de la Vuelta durante estos 8 años participaron unos 6 ciclistas que habían hecho alguna vez entre los diez primeros del Tour, menos incluso que en los tiempos de El Correo (y eso que gracias a la participación del 85 y el 86 la media subió algo), mientras que en el Giro participaron durante este periodo unos 8 hombres-Tour también por término medio, 3 menos por edición que la media de los 24 años anteriores probablemente como consecuencia de esos recorridos tan flojos aunque incluso así todavía había más corredores importantes en el Giro que en la Vuelta. El efecto llamada del crecimiento de la Vuelta no se dejó sentir realmente hasta mediados de la década de los 80.

De hecho, la crisis del ciclismo español de finales de los 70 se arrastró bastante tiempo y ni tan siquiera el buen hacer de Unipublic en sus inicios consiguió paliar esos efectos. Desde 1974 hasta 1984 se disputaron 11 ediciones de la Vuelta, a caballo entre la organización de El Correo y la de Unipúblic, y la media de top-ten del Tour que participan cada año en nuestra carrera sólo es de 5. Hay que esperar hasta el año 85 para que la partipación mejore, tanto en cantidad como en calidad (Kelly, Winnen o Millar, más los nuevos españoles y la llegada de los colombianos encabezados por Herrera y Parra).

En esta época aparecen las montañas abulenses en la Vuelta.

El Tour continúa buscando nuevos finales en alto. En el año ’80 se estrena Prapoutel – Les Sept Laux con un buen desgaste previo.

Sólo 130km de etapa, con las vertientes menos duras de Vivione y Tonale en el camino, al paso por los Alpes del Giro ‘82.

Sin embargo estaba claro que el interés internacional por la Vuelta estaba creciendo mientras que el interés por el Giro menguaba. La Vuelta tenía unos recorridos muchos mejores que los de la década anterior, mientras que los del Giro eran francamente peores. La participación de la Vuelta al final de este periodo comentado no estaba muy lejos en calidad y cantidad de la del Giro y, por supuesto, la retransmisión en directo de la carrera española hacía mucho. A simple vista se diría que la carrera española le estaba comiendo terreno a la italiana desde que Unipúblic se hizo cargo de la organización.

‘Tres en una’ a modo de resumen de este periodo: en el Giro los recorridos se suavizan considerablemente durante esta época. Se reduce el número de grandes puertos encadenados en las etapas, aunque siempre hay hueco para los puertos míticos como el Stelvio. Por su parte, el Tour sigue fiel a sus tradiciones, manteniendo sus habituales puertos de paso y probando nuevos y duros finales en alto como La Plagne. Por último, La Vuelta mejora sustancialmente sus recorridos. Se incluyen más y mejores puertos y sobretodo se mejora el diseño global de las etapas, como las disputadas por la sierra madrileña durante la época.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1956-1978

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 23 enero, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Los años de El Correo Español – El Pueblo Vasco (1956-1978)

Tras la última edición organizaba por el Diario Ya en el año 50 hubo un parón de 4 años y sólo reaparece la Vuelta en 1955, con la organización a cargo de El Correo Español-El Pueblo Vasco, pero esta vez para quedarse. Del 55 al 78 este periódico organiza 24 ediciones consecutivas, y lo que es mejor, consigue que la carrera deje de ser una competición doméstica, sin prestigio, y destinada casi por completo a los corredores españoles, que tampoco destacaban apenas en el concierto internacional.

Los recorridos se endurecen ligeramente, con más puertos en cada etapa y con bastantes de ellos inéditos hasta ese momento, aparte de que acercan un poco más esos puertos a las metas. Al tratarse el organizador de un periódico vasco procuran que su tierra tenga todo el protagonismo, con muchas etapas y casi todas las, a priori, decisivas.

Y desde luego lo que mejora sustancialmente es la participación. Ese primer año había 6 corredores franceses que habían alcanzado ya el top ten del Tour, incluyendo dos podiums como Lazarides y Geminiani (también top ten del Giro), mientras que Italia presentaba a todo un ganador del Giro como Magni, que también había sido top ten del Tour, a otro podium del Giro como Martini y algún top ten más también del Giro. Por supuesto estaban todos los españoles buenos, encabezados por Ruiz, que también había sido ya podium del Tour, o Gelabert (top ten del Tour), o Emilio Rodríguez, ganador de una Vuelta y segundo en otra, su hermano Manuel, segundo en la Vuelta que ganó Emilio, más otros destacados como Loroño y Serra.

Es decir, que sin ser una participación de campanillas ya se podía decir que era bastante respetable, y eso se mantiene durante las 24 ediciones siguientes con muy pocas excepciones. No venían siempre todos los mejores, pero si que había casi siempre alguno de los mejores disputando la Vuelta. Incluso en la edición del 57 la participación fue realmente estelar, con los 4 primeros del Tour anterior más el décimo, tres podiums más del Tour y unos cuantos top ten, otros tres podiums del Giro, 6 más de la Vuelta…

Tal vez la medida mejor de esa participación sea compararla con la habitual del Giro durante toda esa época. En la Vuelta habrá una media de 7 top ten del Tour por edición, mientras que en el Giro habrá 11 top ten del Tour de media por edición. Sin embargo no se puede decir que hubiera mucha diferencia en el nivel competitivo. Durante esos 24 años habrá hasta 31 corredores que alcanzan el top ten de la Vuelta el mismo año que el del Tour, mientras que por parte del Giro sólo serán 6 más, un total de 37. Y durante ese tiempo el ganador del Tour habrá corrido ese mismo año la Vuelta en 6 ocasiones por sólo cuatro más el Giro, un total de 10. Además en la Vuelta era frecuente ver a corredores tan importantes como Geminiani, Fornara, Van Looy, Poulidor, Janssen, Agostinho…

Final en Urkiola con media montaña antes como desgaste en la Vuelta de 1976.

Lavaredo se hace poco a poco un hueco entre los mitos del Giro.

El mítico Puy de Dôme solía ser un final habitual en los Tours de los años 70.

No obstante el nivel de los recorridos de la Vuelta en comparación con los del Giro o el Tour sigue siendo muy inferior. Probablemente en aquella época no fuera tan relevante dado que era más habitual ver ataques en cualquier terreno, incluso en el llano. De hecho no fueron pocas las veces que la Vuelta se resolvió con alguna escapada más o menos consentida en etapas que a priori se presentaban como intrascendentes.

Además los finales en alto no eran nada habituales, de manera que ese tendencia actual de reservarse para los últimos kilómetros de la última subida no se daba en los años 50 y 60. En realidad, sólo a partir de 1952 se pueden encontrar finales en alto de etapas en línea tanto en el Tour como en el Giro. El Tour presenta ese año un final en Alpe d´Huez, acompañado al día siguiente de un final en Sestriere, y unos días más tarde de otro en el Puy de Dome. El Giro es más modesto en ese sentido y aporta un final en Roccaraso, en plenos Apeninos, mientras que los finales de etapa en puertos alpinos llegarían unos años más tarde, en concreto en el 56 con la ya legendaria etapa del Bondone, aquella en que Gaul destrozó la carrera bajo una ventisca. En la Vuelta los finales en alto propiamente dichos no llegarían hasta los años 70, con la excepción de la cronoescalada a Pajares del 65.

De todas formas esos finales en alto no fueron la norma ni en el Giro ni en el Tour durante los años 60. El Giro sí que vio bastantes finales en alto distintos por entonces pero no era la tónica, mientras que en el Tour prácticamente se limitan a las etapas en el Puy de Dome y el Mont Ventoux con muy pocas incursiones en otras subidas finales. Eso sí, tanto en el Giro como en el Tour esos finales eran bastante duros mientras que en la Vuelta no se pasaba de segundas cortos o de terceras.

Por supuesto, tanto en Francia como en Italia se vieron todos los años etapas de altísima montaña donde prácticamente siempre se decidían las carreras, siendo muy habitual además que el último puerto no fuese el más duro del día, lo que propiciaba que hubiese grandes batallas desde lejos puesto que era más probable alcanzar grandes diferencias de ese modo en ese tipo de recorridos.

En España no se pasaba de encadenar puertos cortitos y apenas se subía alguno que realmente pudiera catalogarse como de primera categoría prácticamente los mismos que hemos citado para las primera ediciones, que tampoco se podían comparar con los puertacos habituales de los Alpes o los Pirineos en el Tour o los tradicionales Dolomitas del Giro. Además solía haber bastante distancia desde estos puertos mencionados hasta las respectivas metas.

La única etapa que podemos considerar realmente como de alta montaña en la Vuelta organizada por El Correo Español-El Pueblo Vasco sería una Barcelona – Andorra, de 241km, pasando por los puertos de Tossas, Puymorens y Envalira, que se disputaría en los años 1965 y 1967. Tampoco es que provocase unas diferencias notables entre los favoritos pues se trataba de puertos muy largos pero bastante tendidos.

Tosses – Puymorens – Envalira, buen encadenado de puertos antes del final de etapa en Andorra durante la Vuelta del 1965.

En esta época el Giro estrena un coloso de los Apeninos llamado Blockhauss.

No siempre la meta estaba situada en Pau tras pasar Tourmalet y Aubisque.

No encontramos motivos razonables para dar por buena esa desventaja extraordinaria que sufría la Vuelta con respecto al Giro o al Tour en cuanto a la dureza de nuestras respectivas carreras ciclistas.

Aceptamos que Francia era una potencia mundial en lo económico, que tenía unas infraestructuras muy buenas en general y un montón de recursos disponibles, además de una tradicional mentalidad abierta de sus habitantes. Italia tal vez se parecía más a España, pero aún así gozaba de ventajas innegables si nos referimos a las infraestructuras. En cualquier caso, tampoco es que las carreteras de montaña de Tour y Giro fueran para tirar cohetes, es más, nadie protestaba por subir un puerto sin asfaltar o por la posibilidad de romperse la cabeza en el adoquinado. Y ojo, que en España la altitud media de las carreteras de montaña es más baja que en Italia o en Francia, y además hace mejor tiempo.

De todas maneras, en los 50 y tal vez en los 60 las carreteras tal vez fueran sensiblemente peores que las francesas o las italianas (aunque estamos hartos de ver fotos de aquella época del Tour o del Giro y no eran precisamente buenas), pero no creemos que en los 70 fuera absolutamente imposible pasar en primavera por Bonaigua, Somport, La Sía, Lunada, Estacas de Trueba, Pontón, San Glorio, El Pico, Serranillos, Mijares, Morcuera, Cotos, Navafría, Sierra Nevada, Ragua… Todos se mantuvieron inéditos y algunos lo siguen estando. También hubieran podido tocar cualquier lugar montañoso cercano a la abrupta costa española, en particular cerca de la mediterránea cuyo nivel de infraestructuras por aquel entonces mejoraba exponencialmente gracias al turismo.

Andalucía casi ni existía. Los Pirineos nunca se aprovecharon (especialmente los catalanes), y la etapa de Formigal del 75, la que más puertos de alguna entidad se vio en la Vuelta durante esos años, es más o menos la misma que las habituales de Cerler o Panticosa pero con final en una estación cuya subida es mucho más suave, y con eso está dicho todo. La “famosa etapa de Avila”, tan habitual en los recorridos diseñados por Unipúblic actualmente, nunca se hizo en esos tiempos, ni tan siquiera con Paramera y Navalmoral únicamente. Y de todos los puertos de la sierra madrileña, hoy sumamente transitados, sólo se subieron alguna vez Navacerrada y Los Leones. El mayor problema era que al darle todo el protagonismo al País Vasco, difícilmente se podían llegar a otros sitios, ni creemos que lo desearan.

No vale por lo tanto la excusa de que no se podía pasar por determinados sitios. Lo que ocurría en plena época de El Correo Español era que, como organizaban ellos, las etapas más decisivas tenían que disputarse en el País Vasco y los puertos más gordos tenían que ser los suyos, principalmente los que pudieran estar relativamente cerca de las capitales de provincia o como mucho de las poblaciones más importantes, es decir, que hablamos de Muñecas, Sollube, Urkiola, Orduña, Jaizkíbel, Elgeta, Azkárate, Bidania, Aritxulegi, Agina, Herrera y paramos de contar, todos ellos segundas o terceras, como mucho primeras cortos.

Etapa con final en Formigal en la Vuelta del 75. Media montaña con final en alto para la disputa de una de las jornadas decisivas de la carrera.

En el año 71 el Giro se adentra en Austria para superar el tremendo Grossglockner.

El Mont Ventoux se convierte poco a poco en un mito dentro del recorrido de la ‘Grande Boucle’.

Por lo que se refiere a los finales en alto, únicamente a partir de los 70 ponen alguno, y de manera muy tibia. Si quitamos la cronoescalada de Pajares del 65, prácticamente no hay finales en grandes puertos, sólo se ven cosas como Formigal, Arrate, Urkiola, Naranco, Santuario de Oro, Santuario de la Bien Aparecida y poco más.

Sería una cuestión de falta de patrocinadores, pero si llegaron a Formigal suponemos que pudieron llegar a otras estaciones invernales de las que estuvieran disponibles en los 60 y 70. De todas formas llegadas en alto a Pajares o a Navacerrada casi seguro que sí las hubieran podido programar. O una en Sierra Nevada, estación en la que, por ejemplo, se habían disputado competiciones internacionales de esquí en los años 50, prueba de que se podía aprovechar.

Donde si destacaba la Vuelta realmente era en las cronos. La más aprovechable hoy en día podría ser la cronoescalada de 41km desde Mieres hasta Pajares que se disputo en el 65, con una primera parte llana pero picando hacia arriba y los 13km finales al 7% de media. Pero hay otras que también nos parecen brillantes:

  • Una de 61km entre Eibar y Vitoria en la que se subían Elgeta y Urkiola.
  • Otra entre Bayona y San Sebastián en la que se llegó a los 82km y en la que se subía y bajaba Ibardin.
  • El puerto de Herrera se subió tanto por el norte como por el sur en sendas etapas Vitoria-Haro y Laguardia-Vitorria, de 61 y 44km respectivamente.
  • Muy larga también fue una entre San Sebastián y Tolosa (67km), subiendo y bajando Usategieta.

Hasta las cronos llanas fueron especialmente largas durante los 50 y los 60, con especial mención para una Zaragoza-Huesca del 57 que tenía 85km y que curiosamente ganó Loroño con 6 segundos sobre Bahamontes, ambos escaladores, y eso que la del 57 fue la Vuelta con mejor participación de la historia. Pero en general rara vez había una edición que no tuviera alguna crono por encima de los 40km, o dos de ellas, como en el 63, edición que tenía dos cronos de 52km, una entre Mieres y Gijón y la otra entre Sitges y Tarragona. Más adelante, durante los años 70, el kilometraje de las cronos baja considerablemente y no llegarían nunca ni a 40km, muchas de ellas ni llegaban a los 20km.

En la Vuelta las etapas decisivas eran más bien etapas de media montaña.

El Stelvio fue final de etapa en alguna ocasión durante los Giros de los años 70.

Croix de Fer – Galibier, clásico encadenado de grandes puertos alpinos en el Tour.

Pero ¿qué se estaba haciendo en el Tour o en el Giro durante los años 60 y 70?. En el Tour veremos encadenados de puertos realmente durísimos, y las etapas con final en alto son muy interesantes, tanto las que sólo destacan por el último puerto como las que tienen muchos, con especial mención para la de Pra Loup del 75, que presentaba una barbaridad de desnivel acumulado pero la casi obligación de atacar desde lejos dada la corta longitud de la última subida.

Donde se bajaba un tanto es en la media montaña, pues casi no hay nada de interés. El Tour siempre se ha centrado en la alta montaña debido a que la mayor parte de su territorio es llano, prácticamente sólo tiene grandes puertos en los Alpes y en los Pirineos, y cuando se llega hasta allí había que aprovecharlos lo máximo posible, de manera que añadir alguna etapa de media montaña en el Macizo Central o en los Vosgos podía ir en detrimento del número de etapas alpinas o pirenaicas.

Habría que añadir alguna que otra cronoescalada, pues se hicieron a Superbagneres desde Luchon, a Avoriaz desde Morzine o al Puy de Dome un par de veces. También habría que añadir la tradicional etapa por la zona adoquinada habitual de la Paris-Roubaix y con muchísima frecuencia entraban en Bélgica para transitar por el territorio de las clásicas de primavera como Tour de Flandes y Lieja-Bastogne-Lieja.

A veces, las etapas decisivas de la Vuelta eran jornadas de media montaña ciertamente brillantes, pero sin llegar a alcanzar el estatus de ‘alta montaña’.

A veces, las etapas decisivas de la Vuelta eran jornadas de media montaña ciertamente brillantes, pero sin llegar a alcanzar el estatus de ‘alta montaña’.

Duran, Staulanza, Rolle, San Pellegrino… el Giro ‘riza el rizo’ en los Dolomitas.

En el 75 se disputa una de las etapas más míticas de la historia del Tour: Niza – Pra Loup con Saint Martin, Couillole, Champs y Allos en el camino.

En el Giro también encontramos encadenados tremendos, repletos de grandes puertos sin apenas llano entre ellos la mayoría de las veces. Hay finales en alto realmente duros pero también hay etapas en las que la subida final es menos dura que alguna anterior, y también hay otras sin final en alto pero que provocarían diferencias altas. En fin un paraíso para los escaladores y para los corredores valientes. Y eso que en nuestra selección de etapas nos hemos dejado finales la Marmolada, el Bondone, el Monte Grappa… Las cronoescaladas sí que se daban pero no solían ser en puertos excepcionalmente duros.

Pero que la alta montaña fuera durísima no quita para que no apareciera también una media montaña muy bien puesta, especiamente en los Apeninos. Y también se veía con mucha frecuencia un tipo de etapa en general llana pero con alguna subida corta en el tramo final, a modo de emboscada.

En definitiva, mientras que en Italia y en Francia ya apostaron desde siempre por la altísima montaña, en España nunca se hizo. No sería nada complicado diseñar un trazado del Giro o del Tour asumible en la actualidad con etapas que se hubieran disputado antes de 1955. Hacerlo con la Vuelta sería imposible pues apenas encontraríamos alguna jornada de auténtica alta montaña hasta bien entrados los 60 y aún así se trataría de etapas bastante mediocres que además no se prodigaron en absoluto. Incluso durante los 70 la alta montaña en la Vuelta resulta prácticamente inexistente.

He aquí una muestra clara de lo que eran las etapas de alta montaña de cada una de las tres Grandes en la época. Mientras Tour y Giro se atrevían con encadenados cada vez más duros, así como con puertos que a la postre se convertirían en mitos de las respectivas rondas (Gavia, Alpe d’Huez), en la Vuelta lo típico eran etapas de media montaña con un final más o menos duro, pero sin puertos verdaderamente exigentes capaces de ser comparados con los que se subían en Italia o Francia.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1935-1955

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 9 enero, 2010

Una parte importante del Estudio para la mejora de los recorridos (aka Dossier) era el análisis que se realizó sobre los recorridos históricos de las tres grandes vueltas, así como de su participación. Queremos presentarlo ahora en el blog con una serie de entradas, cada una referente a una época distinta. En esta, copiamos la introducción y las primeras ediciones.

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Introducción

En este apartado nuestra intención no es elaborar un análisis exhaustivo de todas y cada una de las ediciones disputadas en la Vuelta, más de 60 hasta el momento. Más bien trataremos de comentar aquellas características relevantes de las ediciones pasadas que sirvan para explicar en alguna medida lo que vemos hoy en día o, en todo caso, aquellas etapas que tal vez tendrían vigencia en nuestros tiempos.

El ciclismo vive de las audiencias, y estas mejoran si los aficionados auguran un buen espectáculo porque el recorrido así lo propicie, sobretodo si esta prevista la participación de buenos corredores. Pero la participación no puede ser predeterminada por los organizadores mientras que el recorrido es prácticamente la única variable que controlan casi por completo.

Es evidente que los motivos para que un ciclista en un momento determinado decida participar en una carrera pueden ser mútiples, unos serán más o menos públicos y notorios pero otros serán estríctamente personales, y desde luego muchos de ellos no tendrán que ver con el recorrido, ni tan siquiera tienen necesariamente que ser razones relacionadas de una manera directa con el ciclismo.

No obstante sí se puede afirmar que la participación mejora por regla general con recorridos a priori más atractivos, por su dureza o por otras razones. Esto no es una verdad absoluta pues hay momentos en la historia que no se ha dado, mientras que sí ha habido espectáculo o buena participación en ocasiones con recorridos muy mediocres, pero estadísticamente sí que hay una correlación entre recorridos, participación y espectáculo.

Este estudio pretende demostrar que los recorridos de la Vuelta a España a lo largo de la historia no fueron los más adecuados demasiado a menudo, en especial si los comparamos con los del Giro y el Tour, y no tanto por falta de dureza como por un diseño poco propicio para alcanzar dos objetivos:

  • Que hubiese batalla, fuesen quienes fuesen los participantes.
  • Atraer figuras.

Las primeras ediciones (1935-1955)

La Vuelta nace tardíamente en 1935 con la muy loable pretensión de darle réplica a las ya muy prestigiosas carreras de otros países europeos, como eran el Tour de Francia y el Giro de Italia, rondando los 30 años de historia cada una de ellas. Incluso Bélgica, Alemania, Portugal o Suiza ya tenían sus carreras por etapas desde hacía tiempo. También se disputaba ya la Paris-Niza. Hasta en España ya había otras carreras por etapas, como la de Cataluña, la del País Vasco o la de Asturias.

Sin embargo por diversas circunstancias la Vuelta no tuvo continuidad en sus primeros años. La Guerra Civil española, seguida casi de inmediato por la Segunda Guerra Mundial provoca que sólo se disputen en principio las ediciones del 35 y el 36, ambas organizadas por el Diario Informaciones.

La participación, eso sí, no era demasiado buena desde un punto de vista internacional, destacando sólo los españoles Mariano Cañardo, Fermín Trueba y Salvador Cardona, así como el italiano Luigi Barral, todos ellos con un puesto entre los 10 primeros del Tour en alguna edición de años anteriores. Aún así la carrera la domina los dos años Gustaaf Deloor, que tampoco es que fuera un ciclista muy destacado, y en el año 35 sólo se mete un español, Cañardo, entre los diez primeros.

En el 41 reaparece la carrera, cuya organización corre a cargo de la Obra Sindical de Educación y Descanso, y colaborando con ella el diario Gol. Pero entre las dificultades económicas, la falta de infraestructuras y la imposibilidad de contar con corredores extranjeros en plena Guerra Mundial, poco éxito cabía. En el 42 retoma la organización el Diario Informaciones y la participación mejora un tanto porque por Francia e Italia compiten sendas selecciones de cierta entidad entre los que se encuetran corredores como Vietto, Cosson y Thietard por parte de los franceses o Gianello, Camellini y Brambilla por parte de los italianos (Vietto, Cosson y Gianello ya habían sido top ten del Tour). De todas maneras sólo Camellini se mete entre los 10 primeros, haciendo décimo a casi una hora del ganador, Julián Berrendero.

No se pudieron resolver los problemas y hasta el 45 no vuelve a verse la Vuelta, organizada esta vez por el Diario Ya durante 4 ediciones consecutivas. Son los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la verdad es que la participación extranjera no es nada brillante. En el 49 hay un paréntesis y en el 50 el Diario Ya consigue organizar la carrera por última vez dado que los problemas económicos se hacen insalvables.

Durante 4 años la carrera no se disputa y sólo en el 55 aparece un organizador nuevo, El Correo Español-El Pueblo Vasco. Este periódico ya sí consigue darle continuidad a la carrera y consolidarla como la tercera gran carrera por etapas del ciclismo mundial. Pero lo cierto es que por unas causas o por otras durante los primeros 20 años de vida de la Vuelta sólo se llegan a disputar 9 ediciones, con una participación en general bastante pobre, casi restringida a los corredores españoles, que tampoco es que destacasen mucho en el panorama internacional.

El Giro empieza a recorrer los Dolomitas para la disputa de las jornadas clave.

El Escudo era uno de los puertos más emblemáticos de las primeras ediciones de La Vuelta.

El encadenado alpino Allos – Vars – Izoard es uno de los más duros de los afrontados por los Tours de los años 30.

Por lo tanto poco se puede rescatar de aquella época. Los recorridos no eran especialmente llamativos. Mientras que en el Tour, por ejemplo, ya llevaban décadas viendo el encadenado Aubisque – Tourmalet – Aspin – Peyresourde o el Allos – Vars – Izoard o subiendo el Galibier por cualquiera de sus dos vertientes (en el 47 se vió un encadenado Croix de Fer – Telegraphe – Galibier con final en Briançon), incluso se vio una contrarreloj subiendo el Iseran por su vertiente de Bonneval (la dura) y bajando más de 45km hasta Bourg Saint Maurice, y en el Giro durante los 20 años del 35 al 54 ya había cronoescaladas al Terminillo o encadenados tan duros como Falzarego – Pordoi – Sella (con final en Ortisei) o Maddalena – Vars – Izoard – Montegenevre – Sestriere, incluso se había subido un coloso como el Stelvio, en España pocos puertos de cierta entidad se subían. No pasábamos de Navacerrada (con meta en Madrid) , o Pajares (con meta en Léon), o El Escudo (con meta en Reinosa) o Urkiola u Orduña (con meta en Vitoria), pero sin apenas encadenarlos con otros puertos en la misma etapa y con sus respectivas cimas lejísimos de las metas correspondientes.

Ya suponemos que las infraestructuras en España eran muy deficientes y que las carreteras no debían estar demasiado disponibles para estos acontecimientos deportivos, pero también en Francia y en Italia habían sufrido guerras bastante destructivas y sin embargo nunca se dio de lado a la alta montaña por mucho que las carreteras de esos países no estuvieran en unas condiciones ni tan siquiera decentes. Es más, nunca faltó en el Tour la típica etapa por el adoquinado de la Paris-Roubaix.

Se nos hace muy cuesta arriba comprender los motivos por los que en España no había grandes etapas de montaña, defecto que se ha repetido sistemáticamente desde que la Vuelta surgió y que aún hoy pervive, de ahí que lo señalemos como una característica fundamental de la carrera. Es cierto que las carreteras españolas debían ser horrorosas, pero no serían mucho peores que las carreteras pirenaicas o alpinas de Francia en los años 10 a juzgar por las fotos de entonces. También era otra época en la que las diferencias no tenían porqué hacerse en la montaña y tal vez por ahí se pueda justificar dicha ausencia de grandes puertos, al menos visto con la perspectiva de los tiempo actuales.

Tal vez lo más destacado de aquellos primeros años fueran las etapas contrarreloj, tanto individuales como por equipos. No solían bajar de 40 km y, por ejemplo, en la edición del 46 hay una crono por equipos de 67km entre Valencia y Castellón, más dos cronos individuales, la Salamanca-Béjar, de 73km, y la Gijón-Oviedo, de 53km.

No quisiéramos dejar de decir que en 1935 se subió El Portillo de la Sía por su vertiente larga, la de Arredondo, con sus 20 km al 5,3% y sus tramos de 6 – 8km al 7% mantenido, justo después de haber subido y bajado Alisas, si bien la etapa terminaba en Bilbao y había muchísimo llano tras bajar La Sía por lo que quedaba un tanto desvirtuada. Si este puerto fue posible subirlo en el 35, si por aquella época ya se subieron otros cercanos como Alisas, Los Tornos, Estacas de Trueba, Braguía, Carmona, Portillón o el Escudo y ya hubo finales de etapa en Torrelavega o Reinosa, ¿qué dificultad había en encadenar varios de estos puertos y poner una línea de meta relativamente cerca de ellos hoy en día?

Pajares, otro de los grandes puertos de La Vuelta durante sus primeras ediciones, solía estar lejos de la meta.

El Giro se atreve a adentrarse en Francia de vez en cuando para disputar etapas brutales.

Los encadenados de grandes puertos formaron parte del Tour ya desde sus inicios.

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