Ayer salió a la luz la página web de este proyecto único de realizar una marcha y una carrera con tramos sin asfalto en España, aunando deporte, naturaleza y patrimonio:
www.gpcanaldecastilla.com
Esperemos que os guste.
Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 29 Enero 2010
Ayer salió a la luz la página web de este proyecto único de realizar una marcha y una carrera con tramos sin asfalto en España, aunando deporte, naturaleza y patrimonio:
Esperemos que os guste.
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Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 6 Febrero 2010
Seguimos presentando los Puertos de Paso de Categoría Especial de la Península. En esta ocasión le toca el turno al Puerto de Haza del Lino y sus dos vertientes de categoría Especial que están completamente asfaltadas a día de hoy: Polopos y Rubite. Esta última vertiente también se puede considerar de Especial aunque no se subiera entera y se tome el desvió hacia Puerto Camacho.
En el siguiente mapa, marcamos las 5 vertientes asfaltadas actualmente del coloso de Las Alpujarras, así como la situación de otras subidas cercanas. Y si no son bastantes 5 vertientes, existen otras tres con tramos sin asfaltar, algunas muy duras. En este hilo del Foro APM se puede ver el perfil de todas ellas.
Mapa de las vertienes totalmente asfaltadas de Haza del Lino
Click para ver el perfil ampliado, así como una completa descripción del puerto
Estas dos serían las vertientes de Categoría Especial comparadas con otros grandes puertos como el Glandon Sur y Chamrousse Sur que se han visto en el Tour:
Por cierto, que si queréis daros un paseo virtual por todos los puertos de La Contraviesa, podéis hacerlo gracias a Google Street View, y ver así Haza del Lino, Trevélez, Venta del Tarugo, Venta del Chaleco, La Ragua, Conjuros, Cáñar, Capileira…
De los tres finales que contemplamos para darle protagonismo al puerto, éste es el que más nos gusta. Se podría decir que es un final “doble”, ya que tanto Órgiva como Lanjarón podrían albergar la meta: la primera es la localidad más grande mientras que Lanjarón tiene un mayor atractivo turístico debido principalmente a sus aguas por lo que tiene una buena oferta hostelera.
Y es nuestro preferido porque sitúa la meta cerca de la cima del puerto (25Km. aprox.) después de un terreno propicio para el espectáculo con una bajada técnica y una última subida tendida propicia para las persecuciones y algún desfallecimiento (al estilo Aprica).
La etapa en sí sale de Granada, un habitual de La Vuelta donde se podría ver otra gran etapa de montaña, y se empieza con un terreno pestoso perfecto para formar escapadas. Tras subir Conjuros, un 2ª cercano a la 1ª categoría, se afronta el primer paso por Rubite, alcanzando la cima de Haza del Lino y bajando por Polopos (otra bajada técnica). Es decir, a la base del puerto decisivo, Pto. Camacho, llegará el pelotón muy roto y con las fuerzas menguadas, abonando el terreno para la batalla final.
Motril, una ciudad grande y turística, es otro final perfecto y sin pegas para un etapón por las carreteras de La Contraviesa. En esta etapa, el primer puerto que se afronta es Venta del Tarugo, un primera cercano a la categoría especial que ya se subió en La Vuelta 2006 camino de Monachil y Granada provocando estragos en el pelotón. Tras un terreno pestoso, se afrontan las fuertes rampas de la subida por Torvizcón hacia Haza del Lino (aunque hemos colocado el premio de montaña tras acabar la subida propiamente dicha). Se baja entonces a Castell de Ferro por la carretera de Rubite por primera vez, y se llega a la parte decisiva de la etapa.
En este caso la vertiente usada es la de Polopos, y sus 18Km. de continua exigencia con las piernas ya “calientes” tras los puertos anteriores pueden hacer saltar la carrera en pedazos, o al menos esa es la intención del diseño de la etapa. De su cima a meta no hay terreno a recuperar u organizar la caza: primero las técnicas herraduras hasta Rubite, después la rapidísima bajada hasta el cruce de Lújar, pueden ser tan decisivas como cualquier subida. Y ahí no se acaba todo pues tanto la subida como la bajada de Gualchos son perfectas para el ciclismo profesional: reviradas, caretera estrecha sin ser problemática, irregular en sus rampas… en definitiva, muy “puñetera”. Los apenas 4Km. llanos antes de meta serán casi el único terreno llano en los 60Km. finales.
Como última opción proponemos un final en el pueblo de Trevélez, también con cierto potencial turístico y sobre todo famoso por sus jamones. Y deportivamente es un final al menos peculiar, pues tras terminar la subida propiamente dicha restan 8Km. de falsos llanos y algún tobogán antes del repecho de meta. Es decir, está en la frontera de lo que es un final en alto y lo que no.
En conjunto, la etapa es la más dura de las tres, con 5000m. de desnivel acumulado y 5 grandes puertos en el camino. Los primeros tres, La Ragua, Venta del Chaleco y Polopos, perfectos para provocar desgaste por sus pendientes mantenidas durante mucho tiempo. Haza del Lino se sube en este caso por Rubite y entero, y tras coronarlo de nuevo la habilidad sobre la bicicleta será un factor importante: la bajada por Torvizcón es bastante la más estrecha y complicada de todas, aunque tiene el asfalto totalmente nuevo. La subida final son 13Km. en general entre el 6 y el 7%, exigente, pero no lo suficiente como para romper la carrera, cosa que se debe hacer ya antes.
Por cierto, que se pueden subir seguidas ambas vertientes (Polopos y Rubite) en la misma etapa, bajando por Albuñol:

Etapa entre Almuñecar y Órgiva donde se muestra como se pueden subir de forma consecutiva las dos vertientes de categoría especial de Haza del Lino asfaltadas a día de hoy.
Si lo que se busca es un final en alto en la zona, además de Trevélez que proponemos antes, existen las siguientes opciones (aunque pueden presentar problemas de espacio en la cima):

La carretera hasta el pueblo de Polopos no es muy ancha, pero es más que suficiente y en buen estado
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Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 30 Enero 2010
Dedicamos esta entrada a presentar un puerto muy interesante que no teníamos recogido en el Dossier. Situado en la Sierra del Montsec, en Lleida, se trata del Coll d’Ares, un puerto con dos duras vertientes principales que ofrece bonitas posibilidades para diseñar etapas de aproximación o salida del Pirineo en la Vuelta a España, y también sería una buena incorporación a los recorridos de la Volta a Catalunya cambiando así la localización de sus etapas de montaña, ya que es un puerto virgen en el ciclismo profesional pues se asfaltó en 2007 (sin embargo es el puerto estrella de la marcha cicloturista Montsec-Montsec, donde se pasan además estos otros puertos).
A continuación mostramos un plano detallado del puerto y sus vertientes:

Perfil de Rogercoll. Click en la imagen para ver otro perfil diferente de Amadeu Vidal, con descripción y fotos del puerto.

Perfil de Rogercoll. Click en la imagen para ver otro perfil diferente de Amadeu Vidal, con descripción y fotos del puerto.
Las mejores comparativas que hemos encontrado para hacer más visible el nivel de exigencia de este puerto, son dos conocidísimos puertos franceses. La vertiente de Alsamora aguanta el tipo sorprendentemente bien con respecto al Col d’Izorad por Guillestre pese a que sea algo más duro el francés. Por su parte la vertiente de Àger es casi un calco de la vertiente dura del Col de Peyresourde.
Esta es la etapa que sigue el sentido norte, digamos que podría ser una buena primera incursión en los Pirineos. La salida se sitúa en Lleida (que tiene salida y llegada en 2010), y en la primera parte de la etapa se da un rodeo llano antes de Balaguer para ajustar el kilometraje y que no quede demasiado corta. A partir de ahí, los 100Km. finales apenas dan respiro: primero se ascienden sin solución de continuidad dos terceras que preparan el terreno antes del Coll d’Ares por Àger, lugar perfecto para que se vean ataques y se produzca una buena selección de la carrera. La rápida y técnica bajada termina a tan solo 6Km. llanos del inicio del siguiente puerto, un segunda largo como Montllobar que se corona a 16Km. de Tremp, la mitad de bajada y el resto de falso llano descendente.
En Tremp, un municipio relativamente grande con más de 6000 hab’s, se sitúa la primera opción de llegada. Aquí ya acabó una etapa de La Vuelta en 1985.
La segunda opción para colocar la meta es la Academia General Básica de Suboficiales del Ejercito (AGBS). Nos hemos decidido a colocar aquí un final porque sería una bonita subida como final de etapa y ya se ha visto en carrera: en la Volta a Catalunya de 1988 parte de la CRI final Tremp-Tremp discurría por el recinto de la AGBS. En este enlace se puede ver el previo de la etapa, y aquí y aquí la crónica de la misma, donde se comenta el transito por la academia. Como curiosidad, al ganador de la etapa, Miguel Indurain, le sorprendieron las rampas de la subida. Otra razón para proponer este final es que las Fuerzas Armadas han patrocinado La Vuelta y colaborado con ella en los últimos años, viendo incluso finales en lugares con bases militares como Aitana o La Pandera.
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Esta segunda etapa propuesta, al contrario que la anterior, sigue dirección sur. De hecho, los últimos 100Km. finales de ambas etapas recorren las mismas carreteras pero en sentido contrario. Por esto sería una gran etapa como punto final a un bloque montañoso pirenaico, situando su salida en Solsona, Vielha o en Andorra como en este ejemplo (la salida es, como todas las salidas andorranas de La Vuelta, desde la frontera).
La primera dificultad es el Coll de Boixols, un primera no muy duro pero propicio para intentar la escapada y empezar a menguar las fuerzas de los corredores (podría sustituirse por el Port de Cantó, que es más duro pero quedaría más lejos del resto de subidas). Una vez llegados a Tremp se comienza a subir al Coll de Montllobar, un puerto largo pero tendido que sin embargo es un buen paso anterior a la clave de la jornada: el Coll d’Ares por Alsamora. Debido a su dureza y con su cima situada a 45Km. de meta es el sitio ideal para romper la carrera. Sobre todo, porque esos 45Km. cuentan primero con una larga bajada técnica seguida de un puerto de tercera que permitirán mantener la ventaja lograda anteriormente o incluso aumentarla. La única zona propicia para organizar la caza serían los 9Km. llanos entre el final de la bajada del Port d’Àger y Vilanova de la Sal, pues ahí se abandona la ancha carretera del puerto anterior para iniciar una bajada más estrecha que, sin ser peligrosa, complicaría la persecución.
La meta en Balaguer, de 16.000 habitantes y muy cerca de Lleida, sería un final perfecto y viable para esta etapa. Se podría alargar hasta Lleida (en 2010 se verá una etapa Andorra-Lleida) pero esos 25Km. llanos finales estropearían en parte el diseño de la etapa.
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Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 23 Enero 2010
Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:
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Tras la última edición organizaba por el Diario Ya en el año 50 hubo un parón de 4 años y sólo reaparece la Vuelta en 1955, con la organización a cargo de El Correo Español-El Pueblo Vasco, pero esta vez para quedarse. Del 55 al 78 este periódico organiza 24 ediciones consecutivas, y lo que es mejor, consigue que la carrera deje de ser una competición doméstica, sin prestigio, y destinada casi por completo a los corredores españoles, que tampoco destacaban apenas en el concierto internacional.
Los recorridos se endurecen ligeramente, con más puertos en cada etapa y con bastantes de ellos inéditos hasta ese momento, aparte de que acercan un poco más esos puertos a las metas. Al tratarse el organizador de un periódico vasco procuran que su tierra tenga todo el protagonismo, con muchas etapas y casi todas las, a priori, decisivas.
Y desde luego lo que mejora sustancialmente es la participación. Ese primer año había 6 corredores franceses que habían alcanzado ya el top ten del Tour, incluyendo dos podiums como Lazarides y Geminiani (también top ten del Giro), mientras que Italia presentaba a todo un ganador del Giro como Magni, que también había sido top ten del Tour, a otro podium del Giro como Martini y algún top ten más también del Giro. Por supuesto estaban todos los españoles buenos, encabezados por Ruiz, que también había sido ya podium del Tour, o Gelabert (top ten del Tour), o Emilio Rodríguez, ganador de una Vuelta y segundo en otra, su hermano Manuel, segundo en la Vuelta que ganó Emilio, más otros destacados como Loroño y Serra.
Es decir, que sin ser una participación de campanillas ya se podía decir que era bastante respetable, y eso se mantiene durante las 24 ediciones siguientes con muy pocas excepciones. No venían siempre todos los mejores, pero si que había casi siempre alguno de los mejores disputando la Vuelta. Incluso en la edición del 57 la participación fue realmente estelar, con los 4 primeros del Tour anterior más el décimo, tres podiums más del Tour y unos cuantos top ten, otros tres podiums del Giro, 6 más de la Vuelta…
Tal vez la medida mejor de esa participación sea compararla con la habitual del Giro durante toda esa época. En la Vuelta habrá una media de 7 top ten del Tour por edición, mientras que en el Giro habrá 11 top ten del Tour de media por edición. Sin embargo no se puede decir que hubiera mucha diferencia en el nivel competitivo. Durante esos 24 años habrá hasta 31 corredores que alcanzan el top ten de la Vuelta el mismo año que el del Tour, mientras que por parte del Giro sólo serán 6 más, un total de 37. Y durante ese tiempo el ganador del Tour habrá corrido ese mismo año la Vuelta en 6 ocasiones por sólo cuatro más el Giro, un total de 10. Además en la Vuelta era frecuente ver a corredores tan importantes como Geminiani, Fornara, Van Looy, Poulidor, Janssen, Agostinho…
No obstante el nivel de los recorridos de la Vuelta en comparación con los del Giro o el Tour sigue siendo muy inferior. Probablemente en aquella época no fuera tan relevante dado que era más habitual ver ataques en cualquier terreno, incluso en el llano. De hecho no fueron pocas las veces que la Vuelta se resolvió con alguna escapada más o menos consentida en etapas que a priori se presentaban como intrascendentes.
Además los finales en alto no eran nada habituales, de manera que ese tendencia actual de reservarse para los últimos kilómetros de la última subida no se daba en los años 50 y 60. En realidad, sólo a partir de 1952 se pueden encontrar finales en alto de etapas en línea tanto en el Tour como en el Giro. El Tour presenta ese año un final en Alpe d´Huez, acompañado al día siguiente de un final en Sestriere, y unos días más tarde de otro en el Puy de Dome. El Giro es más modesto en ese sentido y aporta un final en Roccaraso, en plenos Apeninos, mientras que los finales de etapa en puertos alpinos llegarían unos años más tarde, en concreto en el 56 con la ya legendaria etapa del Bondone, aquella en que Gaul destrozó la carrera bajo una ventisca. En la Vuelta los finales en alto propiamente dichos no llegarían hasta los años 70, con la excepción de la cronoescalada a Pajares del 65.
De todas formas esos finales en alto no fueron la norma ni en el Giro ni en el Tour durante los años 60. El Giro sí que vio bastantes finales en alto distintos por entonces pero no era la tónica, mientras que en el Tour prácticamente se limitan a las etapas en el Puy de Dome y el Mont Ventoux con muy pocas incursiones en otras subidas finales. Eso sí, tanto en el Giro como en el Tour esos finales eran bastante duros mientras que en la Vuelta no se pasaba de segundas cortos o de terceras.
Por supuesto, tanto en Francia como en Italia se vieron todos los años etapas de altísima montaña donde prácticamente siempre se decidían las carreras, siendo muy habitual además que el último puerto no fuese el más duro del día, lo que propiciaba que hubiese grandes batallas desde lejos puesto que era más probable alcanzar grandes diferencias de ese modo en ese tipo de recorridos.
En España no se pasaba de encadenar puertos cortitos y apenas se subía alguno que realmente pudiera catalogarse como de primera categoría prácticamente los mismos que hemos citado para las primera ediciones, que tampoco se podían comparar con los puertacos habituales de los Alpes o los Pirineos en el Tour o los tradicionales Dolomitas del Giro. Además solía haber bastante distancia desde estos puertos mencionados hasta las respectivas metas.
La única etapa que podemos considerar realmente como de alta montaña en la Vuelta organizada por El Correo Español-El Pueblo Vasco sería una Barcelona – Andorra, de 241km, pasando por los puertos de Tossas, Puymorens y Envalira, que se disputaría en los años 1965 y 1967. Tampoco es que provocase unas diferencias notables entre los favoritos pues se trataba de puertos muy largos pero bastante tendidos.

Tosses – Puymorens – Envalira, buen encadenado de puertos antes del final de etapa en Andorra durante la Vuelta del 1965.
No encontramos motivos razonables para dar por buena esa desventaja extraordinaria que sufría la Vuelta con respecto al Giro o al Tour en cuanto a la dureza de nuestras respectivas carreras ciclistas.
Aceptamos que Francia era una potencia mundial en lo económico, que tenía unas infraestructuras muy buenas en general y un montón de recursos disponibles, además de una tradicional mentalidad abierta de sus habitantes. Italia tal vez se parecía más a España, pero aún así gozaba de ventajas innegables si nos referimos a las infraestructuras. En cualquier caso, tampoco es que las carreteras de montaña de Tour y Giro fueran para tirar cohetes, es más, nadie protestaba por subir un puerto sin asfaltar o por la posibilidad de romperse la cabeza en el adoquinado. Y ojo, que en España la altitud media de las carreteras de montaña es más baja que en Italia o en Francia, y además hace mejor tiempo.
De todas maneras, en los 50 y tal vez en los 60 las carreteras tal vez fueran sensiblemente peores que las francesas o las italianas (aunque estamos hartos de ver fotos de aquella época del Tour o del Giro y no eran precisamente buenas), pero no creemos que en los 70 fuera absolutamente imposible pasar en primavera por Bonaigua, Somport, La Sía, Lunada, Estacas de Trueba, Pontón, San Glorio, El Pico, Serranillos, Mijares, Morcuera, Cotos, Navafría, Sierra Nevada, Ragua… Todos se mantuvieron inéditos y algunos lo siguen estando. También hubieran podido tocar cualquier lugar montañoso cercano a la abrupta costa española, en particular cerca de la mediterránea cuyo nivel de infraestructuras por aquel entonces mejoraba exponencialmente gracias al turismo.
Andalucía casi ni existía. Los Pirineos nunca se aprovecharon (especialmente los catalanes), y la etapa de Formigal del 75, la que más puertos de alguna entidad se vio en la Vuelta durante esos años, es más o menos la misma que las habituales de Cerler o Panticosa pero con final en una estación cuya subida es mucho más suave, y con eso está dicho todo. La “famosa etapa de Avila”, tan habitual en los recorridos diseñados por Unipúblic actualmente, nunca se hizo en esos tiempos, ni tan siquiera con Paramera y Navalmoral únicamente. Y de todos los puertos de la sierra madrileña, hoy sumamente transitados, sólo se subieron alguna vez Navacerrada y Los Leones. El mayor problema era que al darle todo el protagonismo al País Vasco, difícilmente se podían llegar a otros sitios, ni creemos que lo desearan.
No vale por lo tanto la excusa de que no se podía pasar por determinados sitios. Lo que ocurría en plena época de El Correo Español era que, como organizaban ellos, las etapas más decisivas tenían que disputarse en el País Vasco y los puertos más gordos tenían que ser los suyos, principalmente los que pudieran estar relativamente cerca de las capitales de provincia o como mucho de las poblaciones más importantes, es decir, que hablamos de Muñecas, Sollube, Urkiola, Orduña, Jaizkíbel, Elgeta, Azkárate, Bidania, Aritxulegi, Agina, Herrera y paramos de contar, todos ellos segundas o terceras, como mucho primeras cortos.

Etapa con final en Formigal en la Vuelta del 75. Media montaña con final en alto para la disputa de una de las jornadas decisivas de la carrera.
Por lo que se refiere a los finales en alto, únicamente a partir de los 70 ponen alguno, y de manera muy tibia. Si quitamos la cronoescalada de Pajares del 65, prácticamente no hay finales en grandes puertos, sólo se ven cosas como Formigal, Arrate, Urkiola, Naranco, Santuario de Oro, Santuario de la Bien Aparecida y poco más.
Sería una cuestión de falta de patrocinadores, pero si llegaron a Formigal suponemos que pudieron llegar a otras estaciones invernales de las que estuvieran disponibles en los 60 y 70. De todas formas llegadas en alto a Pajares o a Navacerrada casi seguro que sí las hubieran podido programar. O una en Sierra Nevada, estación en la que, por ejemplo, se habían disputado competiciones internacionales de esquí en los años 50, prueba de que se podía aprovechar.
Donde si destacaba la Vuelta realmente era en las cronos. La más aprovechable hoy en día podría ser la cronoescalada de 41km desde Mieres hasta Pajares que se disputo en el 65, con una primera parte llana pero picando hacia arriba y los 13km finales al 7% de media. Pero hay otras que también nos parecen brillantes:
Hasta las cronos llanas fueron especialmente largas durante los 50 y los 60, con especial mención para una Zaragoza-Huesca del 57 que tenía 85km y que curiosamente ganó Loroño con 6 segundos sobre Bahamontes, ambos escaladores, y eso que la del 57 fue la Vuelta con mejor participación de la historia. Pero en general rara vez había una edición que no tuviera alguna crono por encima de los 40km, o dos de ellas, como en el 63, edición que tenía dos cronos de 52km, una entre Mieres y Gijón y la otra entre Sitges y Tarragona. Más adelante, durante los años 70, el kilometraje de las cronos baja considerablemente y no llegarían nunca ni a 40km, muchas de ellas ni llegaban a los 20km.
Pero ¿qué se estaba haciendo en el Tour o en el Giro durante los años 60 y 70?. En el Tour veremos encadenados de puertos realmente durísimos, y las etapas con final en alto son muy interesantes, tanto las que sólo destacan por el último puerto como las que tienen muchos, con especial mención para la de Pra Loup del 75, que presentaba una barbaridad de desnivel acumulado pero la casi obligación de atacar desde lejos dada la corta longitud de la última subida.
Donde se bajaba un tanto es en la media montaña, pues casi no hay nada de interés. El Tour siempre se ha centrado en la alta montaña debido a que la mayor parte de su territorio es llano, prácticamente sólo tiene grandes puertos en los Alpes y en los Pirineos, y cuando se llega hasta allí había que aprovecharlos lo máximo posible, de manera que añadir alguna etapa de media montaña en el Macizo Central o en los Vosgos podía ir en detrimento del número de etapas alpinas o pirenaicas.
Habría que añadir alguna que otra cronoescalada, pues se hicieron a Superbagneres desde Luchon, a Avoriaz desde Morzine o al Puy de Dome un par de veces. También habría que añadir la tradicional etapa por la zona adoquinada habitual de la Paris-Roubaix y con muchísima frecuencia entraban en Bélgica para transitar por el territorio de las clásicas de primavera como Tour de Flandes y Lieja-Bastogne-Lieja.

A veces, las etapas decisivas de la Vuelta eran jornadas de media montaña ciertamente brillantes, pero sin llegar a alcanzar el estatus de ‘alta montaña’.

En el 75 se disputa una de las etapas más míticas de la historia del Tour: Niza – Pra Loup con Saint Martin, Couillole, Champs y Allos en el camino.
En el Giro también encontramos encadenados tremendos, repletos de grandes puertos sin apenas llano entre ellos la mayoría de las veces. Hay finales en alto realmente duros pero también hay etapas en las que la subida final es menos dura que alguna anterior, y también hay otras sin final en alto pero que provocarían diferencias altas. En fin un paraíso para los escaladores y para los corredores valientes. Y eso que en nuestra selección de etapas nos hemos dejado finales la Marmolada, el Bondone, el Monte Grappa… Las cronoescaladas sí que se daban pero no solían ser en puertos excepcionalmente duros.
Pero que la alta montaña fuera durísima no quita para que no apareciera también una media montaña muy bien puesta, especiamente en los Apeninos. Y también se veía con mucha frecuencia un tipo de etapa en general llana pero con alguna subida corta en el tramo final, a modo de emboscada.
En definitiva, mientras que en Italia y en Francia ya apostaron desde siempre por la altísima montaña, en España nunca se hizo. No sería nada complicado diseñar un trazado del Giro o del Tour asumible en la actualidad con etapas que se hubieran disputado antes de 1955. Hacerlo con la Vuelta sería imposible pues apenas encontraríamos alguna jornada de auténtica alta montaña hasta bien entrados los 60 y aún así se trataría de etapas bastante mediocres que además no se prodigaron en absoluto. Incluso durante los 70 la alta montaña en la Vuelta resulta prácticamente inexistente.

He aquí una muestra clara de lo que eran las etapas de alta montaña de cada una de las tres Grandes en la época. Mientras Tour y Giro se atrevían con encadenados cada vez más duros, así como con puertos que a la postre se convertirían en mitos de las respectivas rondas (Gavia, Alpe d’Huez), en la Vuelta lo típico eran etapas de media montaña con un final más o menos duro, pero sin puertos verdaderamente exigentes capaces de ser comparados con los que se subían en Italia o Francia.
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Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 9 Enero 2010
Una parte importante del Estudio para la mejora de los recorridos (aka Dossier) era el análisis que se realizó sobre los recorridos históricos de las tres grandes vueltas, así como de su participación. Queremos presentarlo ahora en el blog con una serie de entradas, cada una referente a una época distinta. En esta, copiamos la introducción y las primeras ediciones.
Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:
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En este apartado nuestra intención no es elaborar un análisis exhaustivo de todas y cada una de las ediciones disputadas en la Vuelta, más de 60 hasta el momento. Más bien trataremos de comentar aquellas características relevantes de las ediciones pasadas que sirvan para explicar en alguna medida lo que vemos hoy en día o, en todo caso, aquellas etapas que tal vez tendrían vigencia en nuestros tiempos.
El ciclismo vive de las audiencias, y estas mejoran si los aficionados auguran un buen espectáculo porque el recorrido así lo propicie, sobretodo si esta prevista la participación de buenos corredores. Pero la participación no puede ser predeterminada por los organizadores mientras que el recorrido es prácticamente la única variable que controlan casi por completo.
Es evidente que los motivos para que un ciclista en un momento determinado decida participar en una carrera pueden ser mútiples, unos serán más o menos públicos y notorios pero otros serán estríctamente personales, y desde luego muchos de ellos no tendrán que ver con el recorrido, ni tan siquiera tienen necesariamente que ser razones relacionadas de una manera directa con el ciclismo.
No obstante sí se puede afirmar que la participación mejora por regla general con recorridos a priori más atractivos, por su dureza o por otras razones. Esto no es una verdad absoluta pues hay momentos en la historia que no se ha dado, mientras que sí ha habido espectáculo o buena participación en ocasiones con recorridos muy mediocres, pero estadísticamente sí que hay una correlación entre recorridos, participación y espectáculo.
Este estudio pretende demostrar que los recorridos de la Vuelta a España a lo largo de la historia no fueron los más adecuados demasiado a menudo, en especial si los comparamos con los del Giro y el Tour, y no tanto por falta de dureza como por un diseño poco propicio para alcanzar dos objetivos:
La Vuelta nace tardíamente en 1935 con la muy loable pretensión de darle réplica a las ya muy prestigiosas carreras de otros países europeos, como eran el Tour de Francia y el Giro de Italia, rondando los 30 años de historia cada una de ellas. Incluso Bélgica, Alemania, Portugal o Suiza ya tenían sus carreras por etapas desde hacía tiempo. También se disputaba ya la Paris-Niza. Hasta en España ya había otras carreras por etapas, como la de Cataluña, la del País Vasco o la de Asturias.
Sin embargo por diversas circunstancias la Vuelta no tuvo continuidad en sus primeros años. La Guerra Civil española, seguida casi de inmediato por la Segunda Guerra Mundial provoca que sólo se disputen en principio las ediciones del 35 y el 36, ambas organizadas por el Diario Informaciones.
La participación, eso sí, no era demasiado buena desde un punto de vista internacional, destacando sólo los españoles Mariano Cañardo, Fermín Trueba y Salvador Cardona, así como el italiano Luigi Barral, todos ellos con un puesto entre los 10 primeros del Tour en alguna edición de años anteriores. Aún así la carrera la domina los dos años Gustaaf Deloor, que tampoco es que fuera un ciclista muy destacado, y en el año 35 sólo se mete un español, Cañardo, entre los diez primeros.
En el 41 reaparece la carrera, cuya organización corre a cargo de la Obra Sindical de Educación y Descanso, y colaborando con ella el diario Gol. Pero entre las dificultades económicas, la falta de infraestructuras y la imposibilidad de contar con corredores extranjeros en plena Guerra Mundial, poco éxito cabía. En el 42 retoma la organización el Diario Informaciones y la participación mejora un tanto porque por Francia e Italia compiten sendas selecciones de cierta entidad entre los que se encuetran corredores como Vietto, Cosson y Thietard por parte de los franceses o Gianello, Camellini y Brambilla por parte de los italianos (Vietto, Cosson y Gianello ya habían sido top ten del Tour). De todas maneras sólo Camellini se mete entre los 10 primeros, haciendo décimo a casi una hora del ganador, Julián Berrendero.
No se pudieron resolver los problemas y hasta el 45 no vuelve a verse la Vuelta, organizada esta vez por el Diario Ya durante 4 ediciones consecutivas. Son los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la verdad es que la participación extranjera no es nada brillante. En el 49 hay un paréntesis y en el 50 el Diario Ya consigue organizar la carrera por última vez dado que los problemas económicos se hacen insalvables.
Durante 4 años la carrera no se disputa y sólo en el 55 aparece un organizador nuevo, El Correo Español-El Pueblo Vasco. Este periódico ya sí consigue darle continuidad a la carrera y consolidarla como la tercera gran carrera por etapas del ciclismo mundial. Pero lo cierto es que por unas causas o por otras durante los primeros 20 años de vida de la Vuelta sólo se llegan a disputar 9 ediciones, con una participación en general bastante pobre, casi restringida a los corredores españoles, que tampoco es que destacasen mucho en el panorama internacional.

El encadenado alpino Allos – Vars – Izoard es uno de los más duros de los afrontados por los Tours de los años 30.
Por lo tanto poco se puede rescatar de aquella época. Los recorridos no eran especialmente llamativos. Mientras que en el Tour, por ejemplo, ya llevaban décadas viendo el encadenado Aubisque – Tourmalet – Aspin – Peyresourde o el Allos – Vars – Izoard o subiendo el Galibier por cualquiera de sus dos vertientes (en el 47 se vió un encadenado Croix de Fer – Telegraphe – Galibier con final en Briançon), incluso se vio una contrarreloj subiendo el Iseran por su vertiente de Bonneval (la dura) y bajando más de 45km hasta Bourg Saint Maurice, y en el Giro durante los 20 años del 35 al 54 ya había cronoescaladas al Terminillo o encadenados tan duros como Falzarego – Pordoi – Sella (con final en Ortisei) o Maddalena – Vars – Izoard – Montegenevre – Sestriere, incluso se había subido un coloso como el Stelvio, en España pocos puertos de cierta entidad se subían. No pasábamos de Navacerrada (con meta en Madrid) , o Pajares (con meta en Léon), o El Escudo (con meta en Reinosa) o Urkiola u Orduña (con meta en Vitoria), pero sin apenas encadenarlos con otros puertos en la misma etapa y con sus respectivas cimas lejísimos de las metas correspondientes.
Ya suponemos que las infraestructuras en España eran muy deficientes y que las carreteras no debían estar demasiado disponibles para estos acontecimientos deportivos, pero también en Francia y en Italia habían sufrido guerras bastante destructivas y sin embargo nunca se dio de lado a la alta montaña por mucho que las carreteras de esos países no estuvieran en unas condiciones ni tan siquiera decentes. Es más, nunca faltó en el Tour la típica etapa por el adoquinado de la Paris-Roubaix.
Se nos hace muy cuesta arriba comprender los motivos por los que en España no había grandes etapas de montaña, defecto que se ha repetido sistemáticamente desde que la Vuelta surgió y que aún hoy pervive, de ahí que lo señalemos como una característica fundamental de la carrera. Es cierto que las carreteras españolas debían ser horrorosas, pero no serían mucho peores que las carreteras pirenaicas o alpinas de Francia en los años 10 a juzgar por las fotos de entonces. También era otra época en la que las diferencias no tenían porqué hacerse en la montaña y tal vez por ahí se pueda justificar dicha ausencia de grandes puertos, al menos visto con la perspectiva de los tiempo actuales.
Tal vez lo más destacado de aquellos primeros años fueran las etapas contrarreloj, tanto individuales como por equipos. No solían bajar de 40 km y, por ejemplo, en la edición del 46 hay una crono por equipos de 67km entre Valencia y Castellón, más dos cronos individuales, la Salamanca-Béjar, de 73km, y la Gijón-Oviedo, de 53km.
No quisiéramos dejar de decir que en 1935 se subió El Portillo de la Sía por su vertiente larga, la de Arredondo, con sus 20 km al 5,3% y sus tramos de 6 – 8km al 7% mantenido, justo después de haber subido y bajado Alisas, si bien la etapa terminaba en Bilbao y había muchísimo llano tras bajar La Sía por lo que quedaba un tanto desvirtuada. Si este puerto fue posible subirlo en el 35, si por aquella época ya se subieron otros cercanos como Alisas, Los Tornos, Estacas de Trueba, Braguía, Carmona, Portillón o el Escudo y ya hubo finales de etapa en Torrelavega o Reinosa, ¿qué dificultad había en encadenar varios de estos puertos y poner una línea de meta relativamente cerca de ellos hoy en día?
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