Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1935-1955

Una parte importante del Estudio para la mejora de los recorridos (aka Dossier) era el análisis que se realizó sobre los recorridos históricos de las tres grandes vueltas, así como de su participación. Queremos presentarlo ahora en el blog con una serie de entradas, cada una referente a una época distinta. En esta, copiamos la introducción y las primeras ediciones.

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Introducción

En este apartado nuestra intención no es elaborar un análisis exhaustivo de todas y cada una de las ediciones disputadas en la Vuelta, más de 60 hasta el momento. Más bien trataremos de comentar aquellas características relevantes de las ediciones pasadas que sirvan para explicar en alguna medida lo que vemos hoy en día o, en todo caso, aquellas etapas que tal vez tendrían vigencia en nuestros tiempos.

El ciclismo vive de las audiencias, y estas mejoran si los aficionados auguran un buen espectáculo porque el recorrido así lo propicie, sobretodo si esta prevista la participación de buenos corredores. Pero la participación no puede ser predeterminada por los organizadores mientras que el recorrido es prácticamente la única variable que controlan casi por completo.

Es evidente que los motivos para que un ciclista en un momento determinado decida participar en una carrera pueden ser mútiples, unos serán más o menos públicos y notorios pero otros serán estríctamente personales, y desde luego muchos de ellos no tendrán que ver con el recorrido, ni tan siquiera tienen necesariamente que ser razones relacionadas de una manera directa con el ciclismo.

No obstante sí se puede afirmar que la participación mejora por regla general con recorridos a priori más atractivos, por su dureza o por otras razones. Esto no es una verdad absoluta pues hay momentos en la historia que no se ha dado, mientras que sí ha habido espectáculo o buena participación en ocasiones con recorridos muy mediocres, pero estadísticamente sí que hay una correlación entre recorridos, participación y espectáculo.

Este estudio pretende demostrar que los recorridos de la Vuelta a España a lo largo de la historia no fueron los más adecuados demasiado a menudo, en especial si los comparamos con los del Giro y el Tour, y no tanto por falta de dureza como por un diseño poco propicio para alcanzar dos objetivos:

  • Que hubiese batalla, fuesen quienes fuesen los participantes.
  • Atraer figuras.

Las primeras ediciones (1935-1955)

La Vuelta nace tardíamente en 1935 con la muy loable pretensión de darle réplica a las ya muy prestigiosas carreras de otros países europeos, como eran el Tour de Francia y el Giro de Italia, rondando los 30 años de historia cada una de ellas. Incluso Bélgica, Alemania, Portugal o Suiza ya tenían sus carreras por etapas desde hacía tiempo. También se disputaba ya la Paris-Niza. Hasta en España ya había otras carreras por etapas, como la de Cataluña, la del País Vasco o la de Asturias.

Sin embargo por diversas circunstancias la Vuelta no tuvo continuidad en sus primeros años. La Guerra Civil española, seguida casi de inmediato por la Segunda Guerra Mundial provoca que sólo se disputen en principio las ediciones del 35 y el 36, ambas organizadas por el Diario Informaciones.

La participación, eso sí, no era demasiado buena desde un punto de vista internacional, destacando sólo los españoles Mariano Cañardo, Fermín Trueba y Salvador Cardona, así como el italiano Luigi Barral, todos ellos con un puesto entre los 10 primeros del Tour en alguna edición de años anteriores. Aún así la carrera la domina los dos años Gustaaf Deloor, que tampoco es que fuera un ciclista muy destacado, y en el año 35 sólo se mete un español, Cañardo, entre los diez primeros.

En el 41 reaparece la carrera, cuya organización corre a cargo de la Obra Sindical de Educación y Descanso, y colaborando con ella el diario Gol. Pero entre las dificultades económicas, la falta de infraestructuras y la imposibilidad de contar con corredores extranjeros en plena Guerra Mundial, poco éxito cabía. En el 42 retoma la organización el Diario Informaciones y la participación mejora un tanto porque por Francia e Italia compiten sendas selecciones de cierta entidad entre los que se encuetran corredores como Vietto, Cosson y Thietard por parte de los franceses o Gianello, Camellini y Brambilla por parte de los italianos (Vietto, Cosson y Gianello ya habían sido top ten del Tour). De todas maneras sólo Camellini se mete entre los 10 primeros, haciendo décimo a casi una hora del ganador, Julián Berrendero.

No se pudieron resolver los problemas y hasta el 45 no vuelve a verse la Vuelta, organizada esta vez por el Diario Ya durante 4 ediciones consecutivas. Son los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la verdad es que la participación extranjera no es nada brillante. En el 49 hay un paréntesis y en el 50 el Diario Ya consigue organizar la carrera por última vez dado que los problemas económicos se hacen insalvables.

Durante 4 años la carrera no se disputa y sólo en el 55 aparece un organizador nuevo, El Correo Español-El Pueblo Vasco. Este periódico ya sí consigue darle continuidad a la carrera y consolidarla como la tercera gran carrera por etapas del ciclismo mundial. Pero lo cierto es que por unas causas o por otras durante los primeros 20 años de vida de la Vuelta sólo se llegan a disputar 9 ediciones, con una participación en general bastante pobre, casi restringida a los corredores españoles, que tampoco es que destacasen mucho en el panorama internacional.

El Giro empieza a recorrer los Dolomitas para la disputa de las jornadas clave.

El Escudo era uno de los puertos más emblemáticos de las primeras ediciones de La Vuelta.

El encadenado alpino Allos – Vars – Izoard es uno de los más duros de los afrontados por los Tours de los años 30.

Por lo tanto poco se puede rescatar de aquella época. Los recorridos no eran especialmente llamativos. Mientras que en el Tour, por ejemplo, ya llevaban décadas viendo el encadenado Aubisque – Tourmalet – Aspin – Peyresourde o el Allos – Vars – Izoard o subiendo el Galibier por cualquiera de sus dos vertientes (en el 47 se vió un encadenado Croix de Fer – Telegraphe – Galibier con final en Briançon), incluso se vio una contrarreloj subiendo el Iseran por su vertiente de Bonneval (la dura) y bajando más de 45km hasta Bourg Saint Maurice, y en el Giro durante los 20 años del 35 al 54 ya había cronoescaladas al Terminillo o encadenados tan duros como Falzarego – Pordoi – Sella (con final en Ortisei) o Maddalena – Vars – Izoard – Montegenevre – Sestriere, incluso se había subido un coloso como el Stelvio, en España pocos puertos de cierta entidad se subían. No pasábamos de Navacerrada (con meta en Madrid) , o Pajares (con meta en Léon), o El Escudo (con meta en Reinosa) o Urkiola u Orduña (con meta en Vitoria), pero sin apenas encadenarlos con otros puertos en la misma etapa y con sus respectivas cimas lejísimos de las metas correspondientes.

Ya suponemos que las infraestructuras en España eran muy deficientes y que las carreteras no debían estar demasiado disponibles para estos acontecimientos deportivos, pero también en Francia y en Italia habían sufrido guerras bastante destructivas y sin embargo nunca se dio de lado a la alta montaña por mucho que las carreteras de esos países no estuvieran en unas condiciones ni tan siquiera decentes. Es más, nunca faltó en el Tour la típica etapa por el adoquinado de la Paris-Roubaix.

Se nos hace muy cuesta arriba comprender los motivos por los que en España no había grandes etapas de montaña, defecto que se ha repetido sistemáticamente desde que la Vuelta surgió y que aún hoy pervive, de ahí que lo señalemos como una característica fundamental de la carrera. Es cierto que las carreteras españolas debían ser horrorosas, pero no serían mucho peores que las carreteras pirenaicas o alpinas de Francia en los años 10 a juzgar por las fotos de entonces. También era otra época en la que las diferencias no tenían porqué hacerse en la montaña y tal vez por ahí se pueda justificar dicha ausencia de grandes puertos, al menos visto con la perspectiva de los tiempo actuales.

Tal vez lo más destacado de aquellos primeros años fueran las etapas contrarreloj, tanto individuales como por equipos. No solían bajar de 40 km y, por ejemplo, en la edición del 46 hay una crono por equipos de 67km entre Valencia y Castellón, más dos cronos individuales, la Salamanca-Béjar, de 73km, y la Gijón-Oviedo, de 53km.

No quisiéramos dejar de decir que en 1935 se subió El Portillo de la Sía por su vertiente larga, la de Arredondo, con sus 20 km al 5,3% y sus tramos de 6 – 8km al 7% mantenido, justo después de haber subido y bajado Alisas, si bien la etapa terminaba en Bilbao y había muchísimo llano tras bajar La Sía por lo que quedaba un tanto desvirtuada. Si este puerto fue posible subirlo en el 35, si por aquella época ya se subieron otros cercanos como Alisas, Los Tornos, Estacas de Trueba, Braguía, Carmona, Portillón o el Escudo y ya hubo finales de etapa en Torrelavega o Reinosa, ¿qué dificultad había en encadenar varios de estos puertos y poner una línea de meta relativamente cerca de ellos hoy en día?

Pajares, otro de los grandes puertos de La Vuelta durante sus primeras ediciones, solía estar lejos de la meta.

El Giro se atreve a adentrarse en Francia de vez en cuando para disputar etapas brutales.

Los encadenados de grandes puertos formaron parte del Tour ya desde sus inicios.

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