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En España sí hay montaña: nuevos puertos, etapas, análisis de recorridos, opiniones…

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Vallter 2000, media montaña en Camprodon y Cda. Fonda

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 20 mayo, 2010

Desde la Plataforma queremos seguir reivindicando que a este lado de los Pirineos también hay montaña en contra de lo que algunos dicen, existiendo grandes puertos y zonas con estupendas posibilidades -> Coll de Pradell, Collfred, Port-Ainé, Coll d’Ares, Andorra … El problema está en su desaprovechamiento, pues gran parte de ella no se ha visto nunca en La Vuelta. En el caso que nos ocupa, la subida a la estación de esquí de Vallter 2000 si se ha visto en carrera, pues fue final en alto en alguna ocasión en la Volta a Catalunya, aunque permanece inédita en la Vuelta a España.

Y si bien en otros casos los puertos de los Pirineos que proponemos  pertenecen realmente al pre-pirineo (Pradell, Ares o Collfred), Vallter 2000 está pegando a Francia y es pirenaico 100%, con la carrera transitando por bosques de pinos y abetos en un paisaje totalmente de alta montaña acabando a 2150m de altitud. Pero antes de seguir, mejor ver la altigrafía:

Perfil del puerto de ramacabici.com. Click para ver la altigrafía y descripción detallada de altimetrias.com

La subida propiamente dicha comienza en el bonito pueblo de Setcases, si bien para llegar a él hay que transitar por 10 Km. de falsos llanos donde se salvan unos 300m. de desnivel (perfil desde Camprodon). Entonces se empieza a empinar poco a poco la carretera, aumentando paulatinamente la dureza, hasta llegar al tramo central y más duro de la ascensión, el punto donde atacar y romper la carrera: 4,7 Km al 8,8%, incluso con 500m. al 11%. Llegando al Collet de Xarriera se entra en un descansillo de menos de un kilómetro, antes de encarar la parte final que varía entre el 6% y el 8,5% de media.

Está claro que no es un “superpuerto”, pero si tiene algunas características que lo hacen muy interesante. Primero, es más duro que finales habituales de La Vuelta como Cerler, Beret o Pal. Segundo, es bonito y espectacular. Tercero, está inédito y eso siempre atrae la atención. Cuarto, el tramo anterior al puerto añade dureza que no se recoge en el perfil. Quinto, se pueden diseñar etapas donde el tramo final apenas tenga tramos de descanso. Y por último tiene la zona más dura en la parte media del puerto, por lo que no se puede reservar de cara al final para atacar.

Como aperitivo para Vallter 2000, lo más interesante es ir por la carretera de Oix y Beget, durante la cual se suben tres puertos totalmente encadenados dejándonos ya muy cerca de Camprodon sin una bajada donde recuperar las piernas. La otra opción sería entrar desde Francia, por el fronterizo Col d’Ares, un 1ª largo pero tendido en general, aunque con algún tramo duro.

La carretera de Oix y Beget es un continuo sube y baja, con el Coll de Camporiol, el Coll de Bucs y el Coll de la Boixeda. Un buen terreno antes de Vallter 2000, y perfecto para un final de media montaña en Camprodon.

  • Etapa propuesta

Recogemos aquí la misma etapa que incluimos en el Estudio para la mejora de los recorridos: puertos desconocidos y etapas innovadoras, aunque con perfil renovado. Siguiendo el espíritu del dossier, se trataba de incluir en una etapa la mayor cantidad de puertos con el fin de darlos a conocer y meter la mayor cantidad de información posible en el menor espacio. Por eso la salida se sitúa en Olot, y se hace un bucle inicial con Canes y Santigosa, pero la salida se podría poner en la misma Girona, o en otras localidades importantes como Vic o Manresa, suprimiendo los dos primeros puertos pero manteniendo lo más importante de la etapa: el encadenado a partir de Vall de Bac con 5 puertos en 100 Km.

Plano de la etapa en tracks4bikers.com

Perfiles de los puertos:

Comentario del Dossier: Etapa complicada por La Garrotxa y el Ripollés. La capital de la primera, Olot, verá la salida de los corredores hacia el primer alto del día. El Coll de Canes, muy conocido en las carreras ciclistas, será el primer escollo. Tras el descenso y el paso por Ripoll, los ciclistas afrontaran otro puerto conocido de la zona, el Coll de Santigosa. El descenso acercará a los corredores de nuevo a Olot, para iniciar la parte más complicada de la etapa. Se ascenderá el inédito alto de Vall de Bac, un puerto que alterna zonas duras con otras de recuperación. La bajada, por el Coll de Capsacosta, dejará a los ciclistas ante tres dificultades seguidas en menos de treinta kilómetros. El reciente asfaltado de estas carreteras permite el paso por estos puertos, que sin ser excesivamente duros supondrán un importante desgaste para los corredores. El segundo de estos puertos, el Coll de Bucs, es el más duro de ellos, con 4,1 Km. al 9%. Una vez pasado el último, el Coll de la Boixeda, los corredores se acercarán a Camprodon y Setcases para finalizar la etapa en la dura ascensión a la estación de esquí de Vallter 2000, protagonista de esta entrada.

- Google Street View: Coll de Bucs, Coll de la Boixeda, Vallter 2000

Etapa de media montaña con final en Camprodon

Plano de la etapa en tracks4bikers.com

Perfiles de los puertos:

Pero como hemos dicho muchas veces, no solo de alta montaña vive el ciclismo, y puede resultar mucho más espectacular una etapa de este estilo que un final en alto. Y aprovechando que hablamos de la zona, nos parece interesante también darle protagonismo a la carretera de Oix y Beget, cuyo perfil está puesto más arriba. Y es que del cruce donde termina esa carretera hasta la meta en Camprodon habría solo 3,5 Km, es decir, solo 6,5 de tendida bajada desde la cima del último puerto hasta la llegada, en lo que sería un gran final a una gran etapa de media montaña, con los durísimos 4,1 Km. al 9% del Coll de Bucs a la distancia justa de meta para romper la carrera, y el Coll de la Boixeda para rematar. Y además, la “trampa” de Vall de Bac queda más cerca de meta, haciendo que puertos que en la etapa de Vallter 2000 eran mero complemento para desgastar, aquí cobren el protagonismo y puedan resultar decisivos.

Por cierto, esta también sería una etapa perfecta para la Volta a Catalunya.

El Coll de Bucs es un pequeño muro con multitud de tramos por encima del 10%. Perfil de P

Pese a que en algunos enlaces o en el mismo perfil, se menciona un tramo de 900m. de tierra tras pasar Oix, gracias a Google Street View se puede ver que ya está completamente asfaltado.

Collada Fonda, un gran puerto sin asfaltar que facilitaría hacer etapones de montaña en la zona

Si bien, como vemos, se pueden hacer etapones de media montaña en la zona o etapas de mucho desgaste antes de Vallter 2000, falta un gran puerto que encadenar antes del final en alto. Y ese puerto existe, es la Collada Fonda entre Espinavell y Setcases, pero está sin asfaltar y eso imposibilita pasar por él, no por la subida (asumible, pues es una pista bastante cuidada y en buen estado) sino por la bajada (demasiado peligrosa sin asfalto). Aun así, habría que considerarlo uno de los “Finestres españoles”.

Es un puerto espectacular, con unas vistas preciosas, y bastante dureza (es un duro primera de aprox. 9Km al 7,7%), cuya bajada termina además justo donde comienza la parte dura de Vallter 2000 (el cruce está marcado en la altigrafía del puerto, en el km. 3 aprox.).

Si bien para subir por él no habría demasiados problemas y solo haría falta algún cuidado antes de que pasase una carrera, no vemos posible meter una carrera por la bajada, ya que sobre todo la parte final tiene ya una pendiente aceptable que dispararía la velocidad de los corredores, por lo que se haría necesaria una capa de asfalto para que pasara un pelotón por ahí.

86Km. entre Olot y Vallter 2000 subiendo Camporiol, Bucs, Boixeda, Collada Fonda y Vallter 2000, en lo que podría ser un final trepidante si se acondicionara al menos la bajada de la Collada Fonda.

Etapa complicada por la Garrotxa.
La capital de la región, Olot, verá la salida de los corredores hacia el primer alto del dia. El coll de Canes,
muy conocido enlas carreras ciclistas, será el primer escollo. Tras el descenso y el paso por Ripoll, los ciclistas
afrontaran otro puerto conocido de la zona, el coll de Santigosa.
El descenso acercará a los corredores de nuevo a Olot, para iniciar la parte más complicada de la etapa. Se
ascenderá el inédito alto de Vall de Bac, un puerto que alterna zonas duras con otras de recuperación. La
bajada, por el coll de Capsacosta, dejará a los ciclistas ante tres dificultades segudas en menos de treinta
kilómetros.
El reciente asfaltado de estas carreteras permite el paso por estos puertos, que sin ser excesivamente duros
supondrán un importante desgaste para los corredores. El segundo de estos puertos, el coll de Bucs, es el más
duro de ellos, con pendientes siempre por encima del 7%.
Una vez pasado el último, la collada Boixeda, los corredores se acercarán a Camprodon y Setcases para
finalizar la etapa en la dura ascensión a la estación de esquí de Vallter 2000, una subida de 12 kms. al 7% de
pendiente media.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1995-2007

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 3 mayo, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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La Vuelta tras el cambio de fechas: desde 1995 hasta 2007.

Había muchos argumentos posibles para justificar dicho cambio, pero también había motivos más que sobrados como para que muchos no lo desearan ni le vieran ventaja alguna y sí bastantes inconvenientes. Nosotros no vamos a entrar ahora en esa controversia. El cambio se hizo, no hubo vuelta atrás ni perspectivas de que vaya a ocurrir a corto plazo, y esto ha tenido unas consecuencias que debemos asumir. Nuestro objetivo es analizar qué se pretendía con el cambio de fechas y qué se ha conseguido realmente, comprobar los problemas reales que comporta y tratar de buscar soluciones si es que ello fuera posible.

Lo que se buscaba era obvio. Había que mejorar la participación de la Vuelta porque se había llegado a un extremo en que prácticamente no venía ninguno de los corredores importantes. Por un lado la temporada de primavera de las clásicas concluía justo antes de empezar la Vuelta y casi nadie de los habituales en ellas tenía previsto continuar corriendo sino que lo normal era tomarse un descanso. Por otro lado los mejores del Tour acudían casi en masa al Giro. Y encima muchos de los que no iban al Giro veían más interesante preparar las clásicas antes que la Vuelta a España.

Se pensó que huir de la competencia del Giro y de las clásicas de primavera podría ser positivo porque los corredores no se verían en la tesitura de tener que elegir. También se pensó que muy pocos corredores tras el Tour tendría colmadas sus expectativas y que no sería difícil convencerles de que en la Vuelta podían conseguirlo, de que era esa su última oportunidad de salvar la temporada.

¿Qué efectos tuvo el cambio de fechas? La temporada de clásicas se alejaba en el tiempo de la disputa de la Vuelta, y también desapareció la competencia directa con el Giro. Sin embargo, el Giro no ha cedido protagonismo a La Vuelta, sino que éste lo ha concentrado en mayor cantidad el Tour de Francia.

Sierra Nevada vuelve a aparecer en la Vuelta del ’95, esta vez en algo más que una etapa ‘unipuerto’, pues se superaba con anterioridad el Mirador de la Cabra Montés. No obstante, los organizadores siguen apostando por la subida tradicional a la estación, sin atreverse a pasar por la carretera vieja que asciende por el municipio de Güéjar Sierra y el Collado de las Sabinas.

La etapa de Pamplona del ’96. Pensada para homenajear a Induráin, la etapa acabó convirtiéndose en un auténtico suplicio para el campeón navarro. Se trataba de una jornada durísima, con 260km y el tremendo Port de Larrau (15km al 8%) en el camino.

El tremendo San Pellegrino in Alpe, en los Apeninos, regresa al Giro en el ’95. Pese a estar muy lejos de meta, el terreno posterior era tremendamente complicado y la etapa se presentaba favorable para los valientes que quisieran dinamitar la carrera en el coloso.

En estos momentos la inmensa mayoría de los ciclistas destacados en carreras por etapas lo único que preparan específicamente es el Tour. Al Giro sólo se va para que sirva como entrenamiento, salvo los corredores italianos y los extranjeros en equipos italianos, y no todos. La excusa es que se trata de una carrera muy dura y que si se disputa a tope puede perjudicar el estado de forma pretendido para el Tour. A la Vuelta en Septiembre sólo vienen a disputar la victoria los españoles y los extranjeros en equipos españoles, y no todos, pero con la particularidad de que la temporada está terminando y se cuenta con la excusa de que los corredores llegan muy cansados y con la mayoría de sus objetivos cumplidos, de manera que ni hay fuerzas ni hay motivación para disputarla.

Pero no sólo se han visto perjudicados el Giro y la Vuelta, es que tampoco en otras carreras de las tradicionalmente importantes es ya habitual que los mejores corredores del Tour las disputen a tope, Y el perjuicio no se limita a las carreras por etapas de una semana, sino que también se extiende a las clásicas de un día. Los mejores corredores del Tour tiene un calendario muy limitado y aún dentro de él disputan muy pocas de esas carreras con intención de ganarlas.

Objetivamente los datos fríos no dejan lugar a dudas. Sólo hay que comparar las cifras de las 13 ediciones del Giro tras el cambio de fechas de la Vuelta con las de las 13 ediciones anteriores a dicho cambio. En ese tiempo podemos comprobar que:

  • Antes del cambio hubo hasta 11 vencedores del Tour que disputaron el Giro, mientras que después del cambio sólo hubo un vencedor del Tour que disputara también el Giro, en concreto fue Pantani en el 98 ganando ambas carreras.
  • Antes del cambio hubo hasta 26 corredores que quedaron el mismo año entre los diez primeros del Giro y del Tour, mientras que después del cambio sólo habría 4 ciclistas entre los diez primeros del Giro y el Tour la misma temporada. Y lo que es más grave, tras el doblete de Pantani en el 98 ni un solo corredor bien clasificado en el Giro haría un buen papel en el Tour del mismo año.
  • Antes del cambio cada edición del Giro contaba hasta con 10 top-ten del Tour por término medio, mientras que después del cambio la cifra baja a 8 top-ten del Tour participando en cada edición del Giro.

En el ’97 la Vuelta estrena el tremendo Morredero como final en alto. Lamentablemente esta montaña ha sido siempre final en alto, precedida de poco o nada antes. Nunca ha sido aprovechada, junto a otros puertos de la zona del Bierzo y La Cabrera como Fonte da Cova, para diseñar auténticos ‘taponnes’ en la Vuelta.

En el ’98, Pantani dinamita el Tour en el Galibier con un ataque de leyenda. En el coloso alpino consigue zafarse del férreo marcaje de Ullrich y llegar en solitario a la cima de Les Deux Alps, dónde se enfundaría el maillot amarillo que lograría defender con éxito hasta París.

En el Giro del ’96 Olano pierde la ‘maglia’ rosa en la última etapa de montaña de aquella edición. El bravo corredor de Anoeta consigue superar los Passos de Mendola, Tonale y Gavia, pero el terrible Mortirolo le hace ceder ante el empuje de Tonkov y los escaladores italianos.

Es decir, que en el Giro participan ahora muchos menos corredores importantes que antes del cambio de fechas de la Vuelta, y aún los que lo hacen rinden bastante menos. El Giro se ha quedado en una carrera muy especializada, en la que sólo intervienen algunos de los mejores italianos o de los extranjeros en equipo de ese país, más algún que otro joven meritorio en búsqueda de rodaje de cara al futuro.

La Vuelta es evidente que ha mejorado la participación, al menos en cantidad. En esos 13 años anteriores al cambio de fechas había 8 top-ten del Tour por edición y en los 13 posteriores se ha llegado a 12 top-ten del tour por edición, que supone un crecimiento muy alto. Es más, en esos 13 años anteriores hubo hasta 21 corredores que se meterían el mismo año entre los diez primeros de la Vuelta y del Tour, mientras que en los 13 años posteriores al cambio esa cifra es de 20, prácticamente la misma.

Aún hay más. Durante los siete años de dominio de Armstrong en el Tour, del 99 al 2005, corrieron la Vuelta hasta 15 top-ten del Tour por edición, mientras que sólo había 7 top-ten del tour por edición del Giro. Nunca ha habido mayor diferencia en la cantidad de corredores buenos que participaban en la Vuelta con respecto a los del Giro.

Sin embargo en esos últimos 14 años sólo dos ganadores del Tour han participado ese mismo año en la Vuelta, Pereiro en el 2006, que lo hizo sin saber todavía que había ganado la carrera francesa pues le adjudicarían la victoria un año después tras la descalificación definitiva de Landis, y Sastre en 2008. Es decir, que los ganadores del Tour ya no participan en el Giro, pero tampoco lo hacen en la Vuelta.

Además las cifras de participación de la Vuelta son un tanto engañosas, sobretodo a partir del 98. Durante las últimas 9 temporadas, de los 12 corredores que han coincidido entre los diez primeros del Tour y la Vuelta el mismo año, 11 de ellos eran españoles (Sastre y Mancebo lo consiguieron tres veces, Heras dos veces, y una cada uno Sevilla, Beloki y Escartín). Es decir, que la mejora experimentada en la participación de nuestra carrera se debe más bien a que los corredores nacionales han subido sus prestaciones, y no tanto a que los corredores extranjeros se hayan visto seducidos por la Vuelta.

En el ’99 la Vuelta programa un etapón pirenaico que no se ha vuelto a repetir. Cantó, Rabassa, Ordino y Arcalís en tan sólo 150km.

Encadenado alpino del Tour ’02 con La Colombière como último puerto.

Manghen – Pampeago. Terrorífico final para esta etapa del Giro del ’99.

Como mejor ejemplo tenemos la edición del 2004. Ese año participarían en la Vuelta corredores importantes del Tour como Vinokourov, Hamilton o Botero, tres ganadores del Giro (incluido el campeón vigente) como Tonkov, Garzelli y Cunego, más otros ciclistas que habían destacado alguna vez en el Giro o el Tour, como es el caso de Luttemberger, Buenahora, Cioni o Valjavec. No era una participación extranjera de campanillas pues faltan los Armstrong, Kloden, Basso, Ullrich, Azevedo, Totschnig y Leipheimer de entre los diez primeros del Tour de ese año, (también faltaba Pereiro), pero tampoco era despreciable. Sin embargo en la clasificación final de esa Vuelta los diez primeros fueron españoles. O dicho de otro modo, los buenos extranjeros que llegaron a participar en nuestra carrera no rindieron como cabría esperar de ellos.

En realidad no podemos hablar de una diferenciación acusada de la Vuelta de primavera con respecto a las primeras cuatro ediciones de septiembre. Mejora muy ligeramente la participación de la carrera española mientras que la del Giro se mantiene ligeramente por debajo de lo habitual en años anteriores. Y los recorridos son muy similares pues entre el 95 y el 98 apenas aparecen novedades. Nos limitamos a Cabra Montés en el 95, La Ragua en el 97 y Santa Inés en el 98 , más los finales inéditos de El Morredero en el 97, Xorret de Catí en el 98 y Lagunas de Neila también en el 98.

De hecho el 96 fue un año especialmente pobre, sin un puerto nuevo que llevarse a la boca y con la única noticia significativa del regreso de Indurain a la carrera, con los decepcionantes resultados ya conocidos. Tal vez lo más llamativo fue que en el 97 programaron 4 finales en alto consecutivos, Morredero, Brañillín, Naranco y Lagos de Covadonga. En el 95 se volvió al Pirineos francés pero no tuvo mucha incidencia porque la carrera ya venía resuelta debido a la escapada de Jalabert en la primera semana camino de Ávila.

En el ’06 regresa La Covatilla, en una etapa en la que previamente se ascendían Piornal, Honduras y Lagunilla.

Final en Morzine tras subir y bajar el Joux-Plane en el Tour del ’97.

Sta. Barbara, Bordala y final en Folgaria – Passo Coe en el Giro del ’02

Pero el cambio en la edición del 99 fue sustancial. Por lo pronto la aparición del Angliru, debidamente publicitada para que ejerciera como reclamo, eclipsó todo lo demás. Pero hubo otra variación también importante y que han perdurado corregida y aumentada. Se trata de una notable reducción del kilometraje, sobretodo en las etapas montañosas. Además el tipo de etapas también presentaba una variación porque los encadenados de puertos fueron en general más duros y con las subidas más seguidas. Y ese año aparecen otros puertos de paso novedosos como El Portillo de las Batuecas, El Cordal o La Rabassa, este último en Andorra.

La participación del año 99 fue buenísima. Aparte de los mejores del Tour de ese año, los Zulle, Escartín, Dufaux, Casero, Olano, Nardello y Belli (sólo faltaban Armstrong, Virenque y Peron de entre los diez primeros), es que también participaron Ullrich, Julich, Rinero y Meier segundo, tercero, cuarto y séptimo del año anterior en el Tour respectivamente, dos ganadores de la Vuelta como Jalabert y Mauri que también habían sido top ten en algún Tour, otros corredores destacados en el Tour de años anteriores como Jiménez ( además tercero de la Vuelta del 98) o Luttemberger, algunos podiums del Giro como Lelli, Guerini o Tonkov (Olano también lo era) y algunos top ten del Giro como Heras, Rubiera, Serrano, Bettini, Rebellin, De Paoli, Miceli, Faresin, Camenzind o Shefer, más otros corredores que habían destacado en la Vuelta únicamente como Zarrabeitia, David García, Álvaro González de Galdeano o Faustini.

Además de los esfuerzos del organizador por mejorar la participación, la existencia de un recorrido selectivo y la presencia de una estrella mediática como el Angliru favoreció de hecho ese gran cambio en la participación. Esto desmonta la teoría de que en septiembre no se puede meter demasiada dureza. A la inmensa mayoría de los ciclistas lo que les importa es el prestigio, y evidentemente otorga más prestigio vencer en una carrera realmente selectiva.

El año 2000 siguió siendo bueno para la Vuelta, nuevamente vinieron casi todos los que habían hecho un buen Tour, incluído Ullrich que defendía la victoria de la Vuelta del 99. La participación fue parecida en calidad y en cantidad a la del año anterior. Estuvieron de los diez primeros del Tour los Ullrich, Beloki, Heras, Virenque, Botero y Escartín, cambiaron ligeramente los procedentes de Italia, entre ellos Tonkov, Gotti, Simoni, Gonchar, Miceli,Camenzind, Shefer, Di Grande, Faresin, Peron o Sgambelluri, y se redujo el número de extranjeros buenos en general, Zulle y Luttemberger como más destacados de los restantes, a lo que había que añadir todos los españoles buenos. Mientras tanto el Giro sigue en caída libre y ningún extranjero importante acude ese año.

En el ’99 La Vuelta estrena el Angliru. El coloso asturiano levanta una expectación nunca antes vista y se convierte en mito antes incluso de ser ascendido. La etapa tiene además una gran dureza previa, con Cobertoria y Cordal en el camino.

Tour ’97: Llegada a Arcalis en Andorra tras pasar el larguísimo Envalira.

Taponne dolomítico del Giro del ’98, con Duran, Staulanza, Marmolada y Sella por el camino.

Por lo que se refiere al recorrido de la Vuelta ese año, todavía se redujo mucho más el kilometraje de las etapas, perdiéndose unos 500km en total respecto al año anterior, que ya había perdido casi 300 respecto al precedente. Ni una sola etapa de montaña, ya fuese alta o media, supera los 175km, e incluso habrá una por debajo de los 140km y otra por debajo de los 130km. Eso sí, se repitió la llegada al Angliru, si bien en una etapa tal vez un pelín más suave, sustituyendo el paso por La Cobertoria por el de la inédita Colladiella.

A partir del año 2001 se mantienen los criterios de kilometrajes reducidos, y en general la participación seguirá siendo en la Vuelta bastante superior en calidad a la del Giro, si bien el efecto llamada del Angliru se pierde. Sin embargo lo que se convierte en una constante definitiva es la de programar muchos finales en alto, en buena parte deseando compensar la falta del coloso asturiano pero sobretodo pensando en la audiencia televisiva.

En esta edición lo que destaca es principalmente que habrá hasta 7 finales en alto, cifra sin precedentes en el ciclismo profesional y no sólo en la Vuelta. Pero se busca un tipo de etapa donde los finales sean no demasiado duros, como La Molina, Pal o Abantos, o bien donde el último puerto esté bastante aislado, como Lagos de Covadonga o La Demanda, o una etapa como la de Aitana donde sólo el último puerto es significativamente duro y además hay muchos kilómetros desde el penúltimo al último. Se añadiría una cronoescalada a otra subida que tampoco es demasiado dura, como Arcalís. También se vieron algunas etapas que se echaban en falta, las de media montaña puras, es decir, varios puertos de segunda y tercera encadenados, como fue la de Torrelavega, y las llanas pero con un segunda o tercera cerca de meta, como la de Murcia subiendo Cresta del Gallo y la de Cuenca con el alto del Castillo.

El problema de esta edición fue que los finales en alto, por muchos que fueran, no daban para sacar mucha ventaja dadas las características de las etapas. En Lagos de Covadonga, la subida más dura de España durante varios lustros hasta la irrupción del Angliru, entraron 13 corredores en un minuto y medio. En el resto de etapas tampoco hubo unas diferencias considerables, incluyendo la cronoescalada. Si a esto le añadimos que pusieron tres cronos más o menos llanas, el resultado final es que gana un rodador que además no destacaba ni tan siquiera en las cronos y que no fue capaz de ganar ninguna etapa. Casero se limitó a no fallar ningún día y a esperar que cada uno de sus rivales fallase en algún momento, es decir, todo lo contrario a la épica.

La Sierra de La Pandera es un final en alto reciente que poco a poco se va ganando un hueco entre los mitos de La Vuelta.

El Mont Ventoux regresa al Tour en el ’00. Allí se vive una intensa lucha por la etapa entre Pantani y Armstrong.

Agnello – Izoard. Clásico y duro encadenado del Giro antes de la meta en Briançon (Francia).

Además un dato especialmente significativo. Pese a que la participación extranjera resultaba aceptable, incluyendo al ya decandente Pantani, varios podiums del Tour como Zulle o Virenque, o a varios ganadores del Giro como Gotti, Savoldelli y Simoni, los 13 primeros ese día de los Lagos fueron españoles. La participación en la Vuelta empezaba a ser buena sólo porque los corredores españoles eran competitivos, pero no porque se atrajese a las figuras extranjeras.

En los años siguientes la Vuelta sencillamente frenó su crecimiento y empezaría una época de paulatino retroceso en la participación extranjera. Ya ni tan siquiera el Angliru servirá para atraer figuras de fuera, por lo menos las procedentes del Tour, porque las del Giro si que vienen, muchas de ellas debido a que renuncian al Tour directamente.

En el 2002, de nuevo con el Angliru y otras novedades como la Pandera, la Covatilla, Marabio y Tenebredo, la participación extrajera no será demasiado brillante. Vienen los que corren en equipos españoles como Azevedo o Botero, bastantes podiums del Giro como Tonkov, Savoldelli, Simoni, Casagrande, Caucchiolli o Lelli, y algún corredor más no demasiado importante como Luttemberger, Di Grande o Noe. pero siguen faltando Armstorng y Ullrich, a los que se suman en la lista de ausencias otros como Rumsas o Leipheimer, que tampoco había participado en el Giro.

Etapa con final en Pla de Beret en la Vuelta ’03. El falso llano previo a la última ascensión prácticamente imposibilitaba los ataques lejanos.

Etapón pirenaico del Tour ’03 con el Peyresourde como puerto decisivo.

En el ’99 el Giro estrena un coloso impresionante llamado Fauniera. ‘Chava’ Jiménez intenta dinamitar allí la carrera, aunque luego acabaría cediendo ante el empuje de Pantani y el resto de escaladores italianos.

Al estar el Angliru reducen el número de finales en alto dejándolo en 4, si bien la estructura de esas etapas sigue siendo la de siempre, pocos puertos anteriores al último y más bien suaves. Ese año habrá varias etapas con puertos durillos no demasiado lejos de meta, como Las Palomas con final en Ubrique, Navacerrada con final en Villalba y Pajares con final en León, pero tampoco es una tendecia que cuaje.

En el 2003 se vuelve a los 6 finales en alto, y de nuevo se pasa a Francia. Pero no habrá novedades en cuanto al perfil de las etapas, todo lo contrario, o hay pocos puertos, en ocasiones solo la subida final, y poco desnivel acumulado, o bien hay varios puertos largos pero muy separados entre sí o muy alejados del último. Encima los puertos elegidos para ser final de etapa no son excesivamente selectivos salvo la Pandera.

Tal vez lo único que podamos destacar es que la primera etapa en línea tiene un primera corto como el Fito a poco de la meta de Cangas de Onís, y que la carrera se decide al final en dos etapas, una como la de Villalba del año anterior, con Navacerrada como último puerto pero la meta tras la bajada, y la otra una cronoescalada pura y corta al monte Abantos. También dan juego, como de costumbre las etapas de Cuenca, con el Alto del Castillo, y la de Córdoba, con San Jerónimo, ambos puertos muy cerca de las metas respectivas. Y resultó interesante la etapa de Burgos, con El Escudo a casi 100km de meta.

En 2004 aparece la subida a Calar Alto en la Vuelta, con un gran desgaste previo en tan sólo 150 km de etapa.

El tremendo Port de Pailhères es una de las últimas incorporaciones de la Grande Boucle.

El Giro trata de buscar un antídoto contra el Angliru, y parece haberlo encontrado en el tremendo Zoncolan.

Sin embargo las etapas de alta montaña que estaban previstas en el Pirineo no dan juego en absoluto porque su diseño no lo propicia. Y eso que van seguiditas y previamente se ha disputado una crono muy dura por el viento en Zaragoza, de manera que son 4 días de alta exigencia. Las diferencias serán exiguas y en la última etapa del bloque se llega al punto de acabarla con abanicos subiendo y llegada en un sprint de más de diez corredores (en medio minuto llegan 16 ciclistas). De nada servirá que en tres días se suba un coloso como el Aubisque, otros 4 puertos de los habituales en el Tour como Cauterets, Aspin, Peyresourde y Portillon, y 5 puertos de más de 20km cada uno, Portalet, Pla de Beret, Bonaigua, Cantó y Envalira.

Y sobre la participación, más de lo mismo. Vienen los españoles, y no todos porque faltan Zubeldia y Mayo que acabaron ese año quinto y sexto del Tour respectivamente. Los extranjeros buenos ni aparecen, sólo vemos a Azevedo o Leipheimer o Julich como más destacados, más los ya muy decadentes Virenque y Zulle o los italianos Frigo y Belli.

Lo más característico de la edición del 2004 en la Vuelta es que el diseño fue muy atípico y a nuestro juicio bastante acertado, probablemente porque los organizadores se dejaron aconsejar por profesionales en varias de las etapas montañosas. Hubo por fin una etapa que sin lugar a dudas podemos considerar de alta montaña en territorio español, con varios puertos de primera categoría enlazados sin apenas llano entre ellos, la de Calar Alto (que se subió por dos vertientes distintas, más una previa a Velefique). Hubo varias etapas en las que antes de la última subida había bastante desgaste aunque fuese con puertos cortos, así tenemos las etapas de Aitana, Xorret de Cati o Covatilla, y hasta hubo una etapa sin final en alto y con un primera relmente selectivo muy cerca de meta, la de Granada subiendo y bajando El Purche. Hubo bastante media montaña que por fin se pone sin final en alto, como las etapas de Castellón, Ávila o Villalba, y alguna emboscada como las de Soria o Morella. Habría que añadir una cronoescalada dura de verdad, la de Pradollano por Monachil, y el típico final en Navacerrada. Por si fuera poco, en la última semana hubo hasta 4 etapas seguidas con puertos de primera categoría y a continuación una contrarreloj ondulada, es decir, nada de descanso.

Etapa con final en Granada en la Vuelta del 2006. El desgaste provocado por el Puerto de la Contraviesa pasa factura en Monachil, en cuya bajada consigue marcharse Vinokourov para arrebatar el maillot oro a Valverde.

En 2004 el Tour regresa a Plateau de Bieille tras una sucesión interminable de puertos. Como consecuencia, en la cima se abren diferencias muy notorias.

En 2007 regresan al Giro las Tres Cimas de Lavaredo, con el terrible Passo Giau como desgaste previo.

El espectáculo ciclista resultó muy interesante, por competido y porque se dio bastante batalla y unas diferencias mayores de las que venían siendo habituales. Seguía sin haber ataques lejanos, pero en los puertos finales se notaba el desgaste, tanto el de cada día como el acumulado, de manera que no llegaban fresquitos a pie de puerto y no se mantenían juntos hasta los últimos 5 kilómetros. La carrera se hizo muy dura no sólo por la dureza del terreno sino por la manera de correr, precisamente propiciada por las características del terreno escogido. Si hubiera habido algo menos de distancia entre puertos o si el puerto final de cada día no hubiera sido siempre el más duro, probablemente estaríamos hablando de una edición brillante, hasta sobresaliente, pero aún así resultó muy notable y digna de recordar.

Por desgracia ni los extranjeros que vinieron se implicaron en la carrera, como ya quedó dicho antes, ni los medios de comunicación valoraron positivamente este recorrido al no pasar ni por la Cordillera Cantábrica ni por los Pirineos, crítica errónea pues esa ausencia no fue en detrimento ni de la dureza ni del espectáculo.

El 2005 por el contrario supuso varios pasos atrás en el diseño del recorrido, volviendo prácticamente a los años 80 o principios de los 90. Los finales en alto fueron más o menos los de siempre, Arcalís, Cerler, Lagos de Covadonga o Pajares, con la única novedad de Valdelinares en una etapa ondulada pero con mucha llano antes de la subida final, a lo que habría que añadir una etapa de media montaña con final en un puerto de tercera categoría que ya se había visto en el 78, el Santuario de la Bien Aparecida. La distancia entre el penúltimo y el último puerto de cada día volvía a ser casi siempre muy amplia, de manera que la posibilidad de que los corredores no llegasen juntos a pie del último puerto era casi nula a priori, máxime teniendo en cuenta que los puertos previos eran siempre muy suavecitos.

Ni siquiera las etapas de media montaña o las emboscadas eran novedosas, otra vez la típica etapa de Ávila, otra vez la de la sierra madrileña con Navacerrada como último puerto, otra vez la llegada a Córdoba tras subir San Jerónimo, otra vez la llegada a Cuenca con la emboscada de El Castillo. La única novedad fue la etapa de Vinaroz, con varios segundas y terceras inéditos pero con muchísima distancia desde el último a meta.

Dos grandes encadenados de puertos en la Vuelta. En 2004 se llega a Aitana tras un recorrido plagado de puertos de 2ª y 3ª, sin un metro llano entre ellos y algunos con rampas verdaderamente exigentes. En 2006, la etapa que une Fonsagrada con La Cobertoria se convierte en una de las mejor diseñadas de las historia de la carrera. Por el camino Connio, Rañadoiro, el terrible San Lorenzo y La Cobertoria. El desgaste acumulado provoca buenas diferencias en la cima pese a que nadie se atrevió a mover el árbol en San Lorenzo y que todavía nos encontrábamos en la primera semana.

En 2007 el Tour programa unos Pirineos tremendos, con la novedad de Balès y con el retorno de Larrau en una etapa final de bloque que terminaba en la cima del Aubisque.

En el Giro se atreven con casi todo. Encadenar en una misma etapa Fauniera y Sampeyre antes del final en Chianale solo puede servir para que el mejor Simoni de todos los tiempos ponga patas arriba la carrera. En 2005 se programa como puerto de paso el tremendo Finestre, con sus últimos 8km sin asfaltar, antes del final en Sestriere.

La participación fue peor que la del 2004. Nuevamente faltaban la inmensa mayoría de los primeros del Tour, es decir, los Armstrong, Basso, Ulrich, Vinokourov, Leipheimer, Rasmussen o Evans. Sólo estaban los españoles Mancebo y Pereiro, cuarto y décimo del Tour respectivamente, más Floyd Landis, noveno. Otros top ten de ediciones anteriores del Tour eran Botero, Azevedo, Peron o Nardello, más un ganador del Giro como Simoni, pero el resto de los participantes destacados eran españoles, y esta vez faltó la figura emergente, Alejandro Valverde.

El desarrollo de la carrera fue muy flojo, aunque en la etapa de Pajares se vio un espectáculo fenomenal con un ataque de Heras en una bajada desde muy lejos que terminó siendo definitivo. Sin embargo en el resto de etapas las diferencias fueron muy pequeñas, apenas se vieron ataques que merecieran la pena y muy poca combatividad en general, claro que tampoco el recorrido favorecía la posibilidad de que se plantease un ciclismo de batalla continua. Para colmo de males el ganador final fue descalificado y como quiera que el resto de corredores no ofrecieron precisamente un brillante espectáculo, el sabor de boca fue bastante amargo.

En el 2006 nuevo bandazo de la Vuelta, que diseña un recorrido bastante novedoso sobretodo en la distribución de las etapas, con una primera semana de muchas etapas de montaña con final en alto pero alternándose con etapas llanas , una segunda semana prácticamente llana pero con emboscadas muy interesantes y una crono de terreno quebrado, y una tercera semana que empieza con tres etapas de montaña y termina con una etapa ondulada que finaliza en Ciudad Real, una crono no demasiado larga y una etapa llana en Madrid.

Además de nuevo vemos la alta montaña de verdad, repitiéndose la etapa de Calar Alto o añadiendo otra en Asturias que incluye varios primeras, Connio sería novedad, así como un puerto que puede catalogarse de categoría especial, San Lorenzo, que además no será el último del día. Por si fuera poco los cinco finales en alto, Covatilla, Morredero, Cobertoria, Calar Alto y Pandera, son realmente selectivos, aunque dos de ellos, los de Morredero y Pandera, en etapas sin otros puertos antes. Habría que añadir otra etapa que funcionó muy bien dos años antes, la de Granada subiendo y bajando Monachil, que a la postre resultaría la decisiva contra todo pronóstico.

En 2003 la Vuelta supera el Col d’Aubisque, en plenos pirineos franceses, antes de alcanzar el final en la cima de Cauterets.

En 2006, el Tour decide prácticamente calcar la etapa con final en Beret de la Vuelta ’03. La presencia del Tourmalet provoca que las dferencias sean al final sensiblemente más grandes, pero nuevamente el llano previo a Viella vuelve a confiarlo todo a una subida final no demasiado exigente.

Pantani gana el Giro del ‘98 tras un ataque sostenido en las rampas del Montecampione. Tonkov acabaría cediendo ante el empuje del mítico escalador italiano.

Desde luego que fue considerablemente más duro este recorrido que el del año anterior, probablemente uno de los más duros de la historia, desmintiendo una vez más a los que opinan que en Septiembre se deben poner recorridos suaves. No obstante los medios de comunicación consideraron que era un edición suavizada respecto al año anterior, no entendemos bien el por qué.

Por lo que se refiere a la participación, estuvo en la línea del año precedente pero con la suerte de que hubo más participantes de entre los diez primeros del Tour incluyendo al ganador Pereiro, tras la descalificación de Landis. El caso es que estuvieron Menchov, Sastre, Dessel y Zubeldia, más el mencionado Pereiro, a los que debemos añadir Vinokourov, antiguo podium del Tour, y otros top ten como Boogerd, Rasmussen, Nardello y Mayo. También hubo unos cuantos italianos como Caucchiolli, antiguo podium del Giro, Di Luca, Rebellin, Cioni, Bettini o Piepoli, más Karpets, todos ellos top ten del Giro, y algún extranjero que ya había destacado en la Vuelta como Ardila o Danielson. Entre las ausencias contamos a Kloden, Evans , Moreau o Rogers, y desde luego que, al contrario de otros años, no vino ningún ganador del Giro.

La edición del 2007 en cambio es la culminación de todos los defectos que se habían venido dando en el diseño de la carrera durante la última década. Poquísimos puertos de primera, nunca más de dos en una sola etapa; muchísima distancia entre puertos, predominando la etapa en la que el último puerto es el único más o menos duro y previamente apenas se programa dureza; finales en alto repetitivos, con la particularidad de que en tres de ellos la parte más dura no estaba al final del puerto y como no había desgaste antes, todos los favoritos llegaban juntos a los últimos kilómetros, que como eran más suaves tampoco generaban diferencias; y muy poca media montaña. Todos estos factores consumaron un recorrido descompensado, que sumado a la presencia de un claro dominador extranjero, derivó en un espectáculo pobre y reducido a los 2 últimos días de carrera.

Tal era la falta de dureza que una simple contrarreloj llana en la primera semana de 50km, Unipúblic ha programado cronos más largas en más de una ocasión, decide la carrera por completo porque las diferencias que obtuvo el ganador, que ni siquiera era un especialista, imposibilitaron que nadie pudiera recortarlas en las 5 o 6 etapas supuestamente montañosas que quedaban.

La participación no estuvo del todo mal, aunque los sancionados por dopaje y los vetados sin sanción provocarían que el número de top-ten del Tour que participase se redujera bastante. Aún así estarían en la salida el segundo, el cuarto, el quinto y el décimo del último Tour, respectivamente Evans, Sastre, Zubeldia y Pereiro, más el quinto del año anterior, Menchov. También habría varios top-ten del Giro, como Karpets, Rubiera, Mc Gee, Rebellin, Pellizotti o Garate, incluyendo también un ganador como Cunego y dos podiums como Cauchiolli y Guerini. Por desgracia faltarían varios de los españoles buenos, empezando por el vigente ganador del tour, Contador, y siguiendo por Valverde o Astarloza, sexto y octavo respectivamente del último Tour.

Entre la falta de dureza, la clasificación decidida tan pronto, y la ausencia de las principales figuras españolas, la audiencia terminó cayendo espectacularmente, aunque en realidad no hacía más que seguir la tendencia de los últimos años.

Por último, en 2008 se vuelve a la senda del 2006, con alguna etapa larga y con puertos bien enlazados (Rabassa), a la vez que se busca innovar con trampas al final de algunas etapas llanas (Jaén, Toledo…) así como con la inclusión de auténticas jornadas de media montaña (Sabiñánigo, Ponferrada, Suances…). Todo ello unido a la presencia de una participación excepcional en cuanto a españoles y más o menos habitual en cuanto a extranjeros provocaron un buen espectáculo ciclista y una recuperación parcial de las audiencias.

Nuestro último ‘tres en uno’: en el Giro del ’95 la tremenda combinación Pennes- Giovo antecede al final en Val Senales, en una etapa que además contaba con 240km. El Tour del ’06 introduce un diseño bastante novedoso en la etapa reina de los Alpes. El Glandon antecede al encadenado Mollard-Toussuire. Ni un solo metro llano en los últimos 80km de la etapa. La Vuelta del 2007 cuenta con una única etapa para hacer daño desde lejos. Es la penúltima de la ronda con final en Abantos tras un paso previo por este puerto de la sierra madrileña.

Una visión conjunta de los recorridos diseñados en la Vuelta desde el cambio de fechas indica que por regla general, salvo muy pocas excepciones, ha habido más etapas montañosas y más puertos que antes del cambio de fechas, con la particularidad de que aparecieron bastantes puertos inéditos considerablemente más duros casi siempre que los habituales hasta entonces, y no solo el ANGLIRU, sino también EL MORREDERO, CATÍ, LAGUNAS DE NEILA, LA RABASSA, AITANA, LA PANDERA, MARABIO, LA COVATILLA, AUBISQUE, VELEFIQUE, CALAR ALTO, MONACHIL, VALDELINARES, SAN LORENZO y ALBONDÓN, además de otros primera no tan duros pero respetables como son CABRA MONTÉS, LA RAGUA, PORTILLO DE LAS BATUECAS, CONNIO, CORDAL, COLLADIELLA, SANTA INÉS, PORTALET o CAUTERETS, manteniéndose también en la lista buena parte de los puertos que ya se habían subido en los 80 y principios de los 90. Por si fuera poco, la cantidad de participantes destacados sube de manera notable.

Y sin embargo, en los últimos años el interés por la carrera ha decrecido, principalmente porque la participación era mejor pero las grandes figuras seguían sin venir y las pocas que vienen no se emplean a fondo, porque hasta las principales figuras españoles han desaparecido con mucha frecuencia, y porque los recorridos, aún habiendo sido más duros casi todos los vistos en septiembre que los de primavera de antaño, no resultan atractivos por los aficionados, de manera que la ausencia de estrellas no se ve compensada por un espectáculo ciclista satisfactorio.

La proliferación de finales en alto, siendo casi todas esas metas las subidas más duras del día, unido a la gran distancia entre el penúltimo (cuando lo hay) y el último, o el escasísimo kilometraje, ha supuesto que a los corredores no les merezca la pena moverse desde lejos porque el recorrido no lo propicia, y que tampoco saquen demasiadas diferencias moviéndose desde cerca porque no hay gran desgaste y apenas se producen desfallecimientos. Tampoco hay muchas oportunidades de moverse en etapas de alta montaña sin final en alto porque prácticamente no existen, o en etapas de media montaña porque el esfuerzo de mantener la ventaja sacada antes del último puerto cuando todavía queda toda una bajada y algún llano hasta meta es demasiado en comparación con lo que se puede sacar teniendo tantas oportunidades para atacar a menos de 5km de meta en esa multitud de etapas con final en alto.

Los espectadores no esperan divertirse salvo en los últimos kilómetros de las etapas con final en alto, y tampoco demasiado, y ni siquiera tienen el aliciente de ver a los mejores ciclistas en liza. De ahí que las audiencias hayan bajado tanto. En consecuencia si hay alguna esperanza de remontar la caída sólo puede provenir de un cambio radical en el diseño de los recorridos, de tal manera que incluso faltando las estrellas los aficionados esperen un buen espectáculo.

Es justo lo que ha pasado en el Giro. La participación internacional es realmente floja, considerablemente peor que la de la Vuelta, y aunque estén casi todas las figuras italianas tampoco es que en estos momentos destaquen especialmente entre los mejores corredores mundiales para pruebas por etapas. Y sin embargo la audiencia no ha caído debido a unos recorridos espectaculares que atraen a los aficionados y que generan grandes expectativas.

Probablemente no podamos competir con la montaña italiana, ni tan siquiera con la francesa, al menos en cantidad de grandes puertos, pero en este informe habrá quedado más que demostrado que existe terreno de sobra en España para construir una carrera prestigiosa que todos los aficionados quieran ver y que todos los ciclistas quieran correr. Y no es tanto cuestión de incluir más dureza como de distribuirla con eficiencia y de aprovechar puertos que hasta ahora se han mantenido inexplicablemente inéditos.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1987-1994

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 31 marzo, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Los 8 años anteriores al cambio de fechas, desde 1987 hasta 1994.

La Vuelta había sacado mucho partido del cambio de organizadores aprovechando además que la oposición presentada por el Giro no fue demasiado intensa. No sólo era que los recorridos del Giro fueran más flojos que de costumbre y los de la Vuelta bastante más selectivos que antes, sino que , de hecho, los mejores del Tour preferían correr el Giro antes que la Vuelta pero tampoco es que se implicaran mucho, hasta el punto de que durante 5 temporadas consecutivas, del 77 al 81, ni un solo corredor consigue meterse entre los diez primeros del Tour y del Giro el mismo año. En ese mismo lustro Hinault, Zoetemelk y De Muynck sí que se metieron entre los diez primeros del Vuelta y Tour en la misma temporada, mientras que Pollentier se metería entre los diez primeros de la Vuelta y el Giro el mismo año y hasta Battaglin consiguió un doblete Vuelta-Giro.

Es decir, que durante los tres primeros años en que Unipúblic organizó la Vuelta, del 79 al 81, participaron bastantes menos figuras que en el Giro pero su rendimiento sería mejor, lo que venía arrastrándose de las dos temporadas anteriores. Luego, a partir del 82, la implicación de las estrellas extranjeras en el Giro mejoraría considerablemente, pero casi coincidió con la primera retransmisión en directo de la Vuelta, que para entonces ya había crecido lo suficiente como para competir más que dignamente con la carrera italiana

Una de las pocas etapas que aprovecharon la cara norte de Lunada es esta del ’93, en la que además se ascendieron Escudo y Alto Campoo.

Tour del ’91: Induráin se corona en Val Louron tras pasar Aubisque y Tourmalet antes.

El Giro ’88 atravesó el Gavia en medio de una enorme ventisca de nieve. Resultado:una de las jornadas más épicas de la historia del ciclismo.

A partir del año 87 se da un cambio de rumbo en el Giro para volver a la senda que nunca debió abandonar. Los recorridos de la carrera italiana vuelven a ser los de antaño y eso se deja sentir casi de inmediato. Por el contrario en la Vuelta parecía que los organizadores se daban por satisfechos y no se marcaban nuevos retos. Con esos recorridos habían conseguido un notable éxito y no tenían intención de cambiarlos sustancialmente.

De todas formas hay un dato muy revelador que debería ser tenido en cuenta. Durante los tres primeros años de Unipúblic, los tres ganadores del Tour ni corrieron la Vuelta ni el Giro, pero en los 13 años siguientes, once de esos ganadores del Tour habrían corrido ese mismo año el Giro, por sólo dos que prefirieron correr la Vuelta. En tiempos de El Correo las cifras estaban 10 a 7 a favor del Giro, así que en este sentido el empeoramiento de la Vuelta era muy sustancial.

En el ’92 la Vuelta se adentra en Francia para disputar una ‘etapa Tour’, con Tourmalet y Luz Ardiden (entre otros) en el menú.

En el ’93 el Tour llega a Pla d’Adet tras salir de La Seu d’Urgell y pasar Cantó y Bonaigua.

En el Giro un coloso como San Marco siempre tiene cabida. En el ’88 se superó este puertaco antes del final en Chiesa – Valmalenco.

Además no sólo ganaron el Tour sino que en el Giro hicieron muy buen papel por regla general. Hinault gana el Giro en el 82 y en el 85, Roche hace lo propio en el 87 e Indurain gana el Giro del 92 y del 93, quedando tercero en el 94. Fignon fue segundo en el 84, Lemond fue cuarto en el 86 y Delgado fue séptimo en el 88. Únicamente Lemond no se emplearía a fondo pues en el 89 y el 90 participó en el Giro tan solo para ir cogiendo la forma.

Los ganadores del Tour, es decir, los considerados mejores ciclistas del momento para carreras por etapas, estaban prefiriendo el Giro a la Vuelta y casi siempre disputando la victoria. Hasta las figuras españolas, primero Delgado y luego Indurain, acaban por renunciar a la Vuelta en algún momento.

Curiosamente la tendencia a favor del Giro se agrava a partir del año 87, cuando de nuevo los recorridos se endurecen tras acabar la etapa de Saronni, Moser y Visentini. Ya no serán los ganadores del Tour sino también los que alcanzaron el podium quienes prefieran el Giro antes que la Vuelta. No hay una sola edición del Giro a partir del año 87 y hasta el 94 que no la disputen al menos 4 podiums del Tour, mientras que en la Vuelta sólo se llega en dos ocasiones a 4 podiums del Tour como participantes, en el 92, cuando la corrieron Delgado, Roche, Parra, Rooks y Breukink, y en el 94, cuando la corrieron Delgado, Rominger, Jaskula y Breukink.

La Cobertoria se estrena en esta época en la Vuelta. En el ’88 actúa a modo de filtro antes del final en Pajares – Brañilín. Es una lástima que este exigente puerto nunca se halla ascendido en carrera por su vertiente oeste: 11km al 8% desde Pola de Lena hasta la cima.

El final en Serre Chevalier evita la tendidísima bajada del Lautaret camino de Briançon una vez superado el Galibier.

Valparola, Marmolada, Pordoi… ‘taponne’ dolomítico del ‘90.

Es más, los podiums del Tour de un año, desde el 87 hasta el 94, solían correr al año siguiente el Giro antes que la Vuelta. Así lo hicieron hasta en tres ocasiones Indurain y Chiapucci, y en una ocasión Delgado, Lemond, Fignon, Bugno, Bernard y Jaskula respectivamente. Sólo prefirieron la Vuelta en dos ocasiones Delgado y en una Parra y Jaskula.

En realidad durante los 16 primeros años en que Unipúblic organizó la carrera hubo hasta 23 corredores que se meterían entre los diez primeros de la Vuelta y el Tour el mismo año, por tan sólo 3 más que lo conseguirían en el Giro y el Tour, 26 en total. También es cierto que la participación en la Vuelta de corredores que hubieran alcanzado el top-ten del Tour había crecido considerablemente desde el año 85, pasando de apenas 5 por edición durante los seis primeros años de organización de Unipúblic a 9 de media durante los siguientes diez años (la participación de corredores buenos casi se dobla en cantidad). Pero el problema principal era que los mejores preferían masivamente el Giro, y más todavía desde que la carrera italiana volvió a endurecer sus recorridos.

Digamos que el Giro durante esos diez años del 85 al 94 referidos, contaba a 11 top-ten del Tour por edición, dos más que en la Vuelta, y encima casi todos los podiums del Tour estaban también en el Giro, de manera que la participación de la Vuelta estaba por debajo de la del Giro tanto en cantidad como en calidad.

Sin embargo la Vuelta no haría gran cosa para contrarrestar esa preferencia de los corredores por el Giro y no reaccionó hasta que ya fue demasiado tarde. Probablemente si Unipúblic hubiera optado por tomar alguna medida de cara al futuro en el momento que Delgado renuncia a la Vuelta del 88 para correr ese año el Giro, tal vez se hubiera podido competir con la carrera italiana, pero al volver Perico al redil de la Vuelta en el 89 entendemos que Unipúblic pensó que todo estaba controlado.

A veces las comparaciones resultan odiosas. Año 94: en el Giro se disputa la famosa etapa de Aprica con Berzin, Induráin y Pantani en pugna por el Giro. Por el camino, Stelvio y Mortirolo. En el Tour, la etapa reina del bloque alpino supera en 150km el Glandon, la Madeleine y el interminable final en Val Thorens. La Vuelta por su parte, llega a Arcalís tras superar Comella y Ordino como desgaste previo.

Es cierto que se abrió un nuevo periodo de novedades montañosas. En el 87 se suben por primera vez CERLER, PEDRO BERNARDO, GRAU ROIG (Es Envalira más o menos hasta la cota 2000) y LA TORRETA (este puerto está en Tarragona y resulta poco conocido aunque tampoco hubiera debido ser catalogado como de primera categoría). En el 88 las novedades serían VALDEZCARAY (otra subida tendidísima), COBERTORIA, EL PICO y ERJO (la Vuelta viajó por primera vez a las Canarias).

Pero otra vez hay un parón en el 89. Durante tres años consecutivos las únicas subidas nuevas serían EL CAMPELLO (es la parte dura del Portixol en Valencia, demasiado corta como para merecer ser de primera categoría), LAS PALOMAS, LUNADA y PLA DE BERET (que además no se pudo subir por el mal tiempo).

Por supuesto, el mero hecho de que no haya novedades no implica por sí solo que el recorrido sea flojo. Pero si demuestra que, fuese flojo o no, tampoco es que hubiera el menor interés por mejorarlo, no se tenía la intención de cambiar nada. Se diría que habían encontrado el tipo de recorrido que les parecía bueno y las subidas que les convenían más. En nuestra opinión fue lo mismo que ponerse una venda en los ojos dado que resultaba evidente la falta de atractivo que la Vuelta mantenía para las figuras desde hacía ya varios años y aún más evidente la mediocridad de los puertos españoles comparados con los que estaban poniendo en el Giro desde el 87.

Y es que comparando los perfiles de las etapas que se veían por aquella época en la Vuelta con las del Giro o las del Tour se pone de manifiesto con suma claridad algo que hubiera debido resultar obvio para los organizadores, periodistas, directores, ciclistas y aficionados.

En La Vuelta aparece La Cruz de la Demanda, casi siempre en etapas unipuerto, y pronto se gana un hueco entre los finales en alto más exigentes de la prueba.

‘Taponne’ pirenaico en el Tour ’88 con Tourmalet y Luz Ardiden enlazados en la parte final.

El Monte Bondone reaparece en el Giro del ’92 en una etapa en la que se subía dos veces seguidas.

En territorio español la última tendencia era que los puertos de paso no tuvieran demasiada enjundia, poca longitud y poca pendiente en general, que la última subida fuera casi siempre la más dura del día y, en cualquier caso, tampoco es que se hiciera demasiado factible romper la carrera desde un puerto anterior porque, tanto si era más duro como si no, solía estar demasiado alejado y con demasiado llano entre ambos, por no hablar de que casi todas las etapas montañosas terminaban en alto y por ello los ciclistas preferían reservar fuerzas para esa subida final a la que casi siempre llegaban todos los buenos juntos y bastante frescos.

En Italia se había vuelto a la rutina de los años anteriores al periodo de Moser y Saronni. Lo que solíamos ver era un montón de puertos realmente duros en cada etapa y casi siempre alguno de una dureza extraordinaria pero que rara vez resultaba el último del día. Tampoco se veían tantos finales en alto, de manera que las características de la etapa típica del Giro propiciaban que la carrera se rompiera desde lejos o que al menos el desgaste antes de la última subida fuera muy grande y que pocas veces el ataque definitivo llegase en los últimos kilómetros del último puerto.

Por su parte el Tour siempre ha estado en el mismo sitio por lo que se refiere a las etapas montañosas y que se materializa en una dureza sobresaliente tanto por el número de puertos como por la dureza de cada uno medida en longitud y en pendiente. Igual en Francia no hay colosos de una dureza tan tremenda como algunos puertos italianos, pero seguían siendo etapas durísimas. sólo cabe anotar como novedad que cada vez hay más finales en alto y más variados comparando con épocas anteriores. Desde luego habrá más finales en alto que en el Giro, pero en todo caso casi nunca se ve que el puerto final sea el más duro del día con las implicaciones que eso tiene y que ya están comentadas.

Buen encadenado final de puertos en esta etapa de la Vuelta del ’92, aunque quizás Bonaigua y Beret resultan demasiado ‘tendidos’ como para provocar grandes diferencias en la clasificación general.

También en el Tour nos encontramos de vez en cuando alguna jornada de esas denominadas ‘tácticas’. A buen seguro todos los participantes de la edición del ’87 recuerdan esta etapa entre Bayona y Pau, con Soudet y Marie Blanche, pero sobretodo con el hasta entonces desconocido Burdinkurutzeta (9,2km al 8,8%) en el camino.

En el ’89 el Giro programa un etapón en los Apeninos, con San Pellegrino in Alpe y Abetone muy lejos de la meta. Etapa idónea para poner en práctica las tácticas de equipo e intentar dar un vuelco a la clasificación general.

El caso es que Unipúblic no hizo nada por remediar la sangría. Es cierto que en el 89 estaban en la Vuelta el ganador y el tercero del Tour del año anterior, Delgado y Parra (que corría en un equipo español) respectivamente, pero la participación extranjera destacada brillaba por su ausencia. Había unos cuantos italianos que venían a preparar su carrera, Saronni, Giuponni, Contini o Giovanetti, y estaba Caritoux, el ganador de la Vuelta del 84, que tampoco había confirmado ese nivel en carreras posteriores. No había nadie más aparte de algunos colombianos, aunque no los mejores, y de la selección rusa patrocinada por Alfa Lum. La incertidumbre en el resultado final de la edición del 89, con aquel ataque a la desesperada de Parra en Navacerrrada y con Delgado quedándose y siendo ayudado por un tercero que pasaba por allí, el ruso Ivanov, ocultó aún más si cabe el problema.

El nivel tan bajo de la participación se mantuvo en el 90, sólo cabe destacar a Bernard como novedad, más la habitual presencia de los colombianos. Claro que se contaba con toda esa generación de corredores españoles que desde mediados de los 80 elevaron considerablemente el nivel de nuestro ciclismo. Ahí estaban los Delgado, Chozas, Fuerte, Lejarreta, Muñoz, Pino, Echave , Gorospe o Cabestany (sólo faltó Cubino), y hasta Indurain empezaba a destacar, pero las participación extranjera era testimonial. En el 91, tal vez hubiera una participación un pelín más fuerte pues se suman Rooks, Winnen y Alcalá, pero nada especialmente brillante. Una participación internacional floja y unos recorridos muy pobres harían que la carrera perdiera cada vez más prestigio de manera que los corredores importantes la despreciaban. Es más, los vencederos del 90 y el 91 fueron corredores de poco prestigio, como Giovaneti y Mauri respectivamente, y eso no contribuyó precisamente a mejorar el interés por la carrera.

No se podía seguir por ese camino y de ahí que en el 92 se decidieran a programar un etapón pirenaico de los habituales del Tour (PORTILLON – PEYRESOURDE – ASPIN – TOURMALET – LUZ ARDIDEN) para tratar de atraer a las figuras. Y de hecho funcionó, pero a medias. Sí que vinieron más corredores de los buenos, ya se ha dicho que fue el año con más podios del Tour entre los participantes en la época de Unipublic, los Roche, Rooks, Breukink y Parra, aparte de Delgado, pero los que más estaban brillando en esos momentos siguieron participando en el Giro y así tendríamos que de los participantes de la Vuelta del 92 solo Delgado había acabado entre los diez primeros del Tour del 91, mientras que en el Giro del 92 estuvieron Indurain, Chiapucci, Fignon, Hampsten y Rue, más otras figuras como Tonkov, Kelly, Herrera o Zimmerman y en general todos los italianos buenos (excepto Bugno) o los extranjeros que corrían en equipos italianos. En aquella Vuelta también participaron otros corredores más o menos destacados como Giovanetti, Herrera, Millar, Theunisse, Alcalá, Giuponni, Poulnikov o Ugrumov, y por supuesto casi todos los españoles, pero claro, faltaba Indurain y, en general, las mayores figuras del momento. Además, los corredores realmente buenos que si participaron tampoco tuvieron demasiadas opciones y al final los que se jugaron la carrera fueron Rominger, que por aquel entonces era un corredor emergente pero no tan importante, y el español Montoya.

Etapa por la Sierra Madrileña con final en D.Y.C. Se disputó en los años ’89 y ’90 y a nivel deportivo siempre aportó algo

En el ’93 el Tour recupera a un gigante dormido desde la década de los 60’s: La Bonette - Restefond. 2.802m de altitud para el puerto de paso más alto de Europa.

En el Giro ’92 se llega a Pila (17km al 7%) con un buen desgaste previo.

En el 93 se optó por aumentar el número de finales en alto hasta 6, algo sin precedentes en la Vuelta, con la novedad de LA CRUZ DE LA DEMANDA, tratando de hacer más selectiva la carrera. Pero la participación seguía siendo pobre, mientras que la del Giro mejoró aún más si cabe, con los 4 primeros del Tour del año anterior, Indurain, Chiapucci, Bugno y Hampsten, más el décimo, Heppner, a los que habría que añadir Roche, Lemond, Rooks, Leblanc, Bauer, Poulnikov, Tonkov, Ugrumov, Jaskula y todos los italianos buenos. Mientras que en la Vuelta sólo participaron el sexto y el séptimo de aquel Tour, Delgado y Breukink y los habituales Rominger, Millar, Giovanetti, Bernard, Breukink, Giuponni, más los españoles pero otra vez sin Indurain.

En el 94 la situación no mejora nada, tercer año consecutivo en que Indurain renuncia a la Vuelta, y ya se hace insostenible. De nuevo hubo 6 finales en alto y esta vez la novedad sería una muy buena etapa andorrana, con COMELLA, ORDINO y ARCALIS. Pero es que además la carrera fue ganada de principio a fin por Rominger sin la menor oposición, ni española ni mucho menos extranjera. Unipúblic tenía que tomar medidas y obligada por la UCI, cambió… las fechas. En el ’93 el Tour recupera a un gigante dormido desde la década de los 60’s: La Bonette – Restefond. 2.802m de altitud para el puerto de paso más alto de Europa. En el Giro ’92 se llega a Pila (17km al 7%) con un buen desgaste previo.

De nuevo un ‘tres en uno’ para finalizar: en el Giro nos encontramos con un retorno a los recorridos clásicos, de una dureza inusitada. Como muestra, el ‘taponne’ dolomíticos del ’92 con el Passo Giau en el camino. En el Tour continua la dureza de siempre, con alguna que otra sorpresa. En el ’92 se disputa una etapa burtal con final en Sestriere en la que Chiapucci a punto está de cambiar el rumbo de la historia. Por último, la Vuelta parece atascarse en el diseño de recorridos, manteniendo los diseños ya conocidos y confiándolo todo a la subida final, como en la etapa de Cerler del ’87.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1979-1986

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 13 febrero, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Los ocho primeros años de Unipublic

En 1978 El Correo Español-El Pueblo Vasco organiza su última edición de la Vuelta, que se ve enturbiada por graves disturbios el último día hasta el punto de tener que suspender la contrarreloj final. La situación sociopolítica en el País Vasco durante la transición democrática española no aconseja que la carrera siga disputándose por allí, pero además es que la situación económica de la prueba no debía ser muy boyante precisamente.

Desde un punto de vista deportivo la Vuelta estaba bajo mínimos, con un recorrido tan flojo como de costumbre y, aún peor, con una participación realmente mala, especialmente la extranjera, algo que además se lleva arrastrando varios años. La realidad de la carrera era que por aquella senda no tenía ningún futuro.

En Enero del 79 El Correo Español-El Pueblo Vasco anuncia que no seguirá organizando la prueba. En poco más de tres meses Unipúblic tiene que hacerse cargo de la carrera y pese al poco tiempo de que dispuso las diferencias se hacen notar desde el principio.

Resulta evidente que hubo cambios espectaculares con el relevo de los organizadores. Hasta el 78 los recorridos de la Vuelta se caracterizaban por tener pocos puertos y de muy poca entidad, los contadísimos de primera categoría (Navacerrada, Pajares, Orduña…) solían estar muy alejados de la meta, y los finales en alto eran muy cortos y rara vez pasaban de segunda categoría, tal vez con la excepción de Urkiola. Por si fuera poco la inmensa mayoría de las etapas montañosas se disputaban en territorio vasco, lo cual en esos momentos era ya inasumible.

Sin embargo a partir del 79 surgen numerosas novedades, tanto por la aparición de puertos inéditos como por la estructura de esas etapas. Sólo en las 5 primeras ediciones organizadas por Unipúblic ya habría 14 nuevos puertos catalogados como de primera categoría (por supuesto habría que añadir un montón más de puertos de segunda):

  • Sierra Nevada, Peña Cabarga y La Morcuera en 1979.
  • Cantó, Bonaigua y Cotos en 1980.
  • Rasos de Peguera en 1981.
  • Super Molina y La Creueta en 1982.
  • Castellar de n’Hug, Balneario de Panticosa, Lagos de Covadonga, Peña Negra y Serranillos en 1983.

Rasos de Peguera se estrena en la Vuelta durante esta época, precedido normalmente por algún puerto de primera, como el Collformic.

Madeleine – Galibier – Alpe d’Huez, el Tour se mantiene fiel a las tradiciones.

Por diversas razones, el Giro empieza a suavizar sus recorridos, aunque nunca faltaba algún que otro coloso en la carrera.

Por fin aparecen finales en alto realmente selectivos, como Sierra Nevada, Lagos de Covadonga o Rasos de Peguera. Por fin aparecen puertos de paso largos y bastantes de ellos claramente por encima de los 1000 metros de altitud e incluso acercándose a los 2000 metros, algo impensable en la época anterior, salvo por la habitual subida a Navacerrada. También se verán etapas con bastantes puertos encadenados y con poco llano entre ellos, y hasta veremos etapas con puertos no demasiados duros pero con el último muy cerca de meta, que tampoco se prodigaban en los años precedentes.

Por si fuera poco en 1983 se retransmite por primera vez en directo la carrera, todo un éxito memorable que logra un impacto espectacular. Vuelve a ganar Hinault, que el año anterior había hecho el doblete Giro-Tour, pero sufriendo todos los días a una jauría de corredores españoles desbocados que le hacen frente como nunca desde que el francés domina el ciclismo mundial, hasta el punto de que le pusieron en muy serio peligro de caer derrotado, algo inimaginable por aquel entonces. El sobresfuerzo al que le sometieron en la Vuelta le pasó factura a Hinault y le resultó imposible recuperarse para disputar el Tour ese mismo año.

Al mismo tiempo, el Giro pasa por una época muy peculiar en que los corredores italianos más importantes, Saronni, Moser y Visentini, se caracterizan por no ser buenos escaladores y por lo tanto los recorridos se diseñan pensando en ellos. El Giro está perdiendo prestigio debido a la suavidad de los recorridos mientras que la Vuelta avanza gracias a ese incremento de dureza comentado y por supuesto a la televisión en directo.

Sierra Nevada comienza a ser visitada asiduamente por la Vuelta.

El Tour sube Orcières – Merlette en los Alpes con cinco puertos por el camino.

Lavaredo continúa apareciendo en el Giro en etapas un tanto descafeinadas.

Probablemente los organizadores de la Vuelta consideraron que ya habían alcanzado sus objetivos, que habían superado con creces el periodo anterior y además habían alcanzado al Giro al menos en el nivel de los recorridos si es que no lo habían conseguido también en interés gracias a las audiencias y a que el mejor corredor del momento había querido correr la Vuelta del 83.

Nos parece muy significativo que en el 84 ya no hubiera ninguna novedad montañosa, que tirasen de todo lo que habían sacado en los años precedentes. Luego en el 85 y el 86 volvieron a aparecer puertos nuevos de primera categoría como Alto Campoo, Pal (en Andorra), Pontón, San Isidro o Las Palomas.

Aún así la participación de la Vuelta en esos primeros años sigue sin ser demasiado brillante, e incluso en el 81 resulta extremadamente pobre, con Battaglin tan sólo como corredor destacado. Y eso que la edición del 79 supuso una mejora sustancial y muy prometedora en la nómina de participantes ilustres. Había un ganador del Tour como Van Impe, un ganador del Giro como Pollentier (que además había sido top ten antes tanto en la Tour como en la Vuelta), un ganador de la Vuelta como Pesarrodona (top ten en el Giro), un podium del Tour como López Carril (top ten en Giro y Vuelta), un podium del Giro como Galdos (top ten en Tour y Vuelta), otro podium del Tour como Zoetemelk (top ten de la Vuelta), un podium de la Vuelta como Lasa (top ten del Giro) y otros dos que alcanzaron algún podium en la Vuelta, como Perurena y Nazábal. Además estaban Aja y Torres (top ten de Tour y Vuelta), Seznec (quinto en el último Tour), Pujol (top ten del Giro), y por último los cinco que faltan para completar la lista de top ten de la Vuelta, Eulalio García, Martínez Heredia, González Linares, Manzaneque y Viejo.

Los Lagos se estrenan en la Vuelta y pronto adquieren un gran prestigio, hasta el punto de convertirse en el puerto fetiche de la prueba.

En el Tour, aparece Superbagnères precedido de Tourmalet, Aspin y Peyresourde

Croce Domini es uno de los gigantes del Giro ’82.

Por lo tanto, estaban prácticamente todos los españoles buenos, también una corta pero muy buena representación de las figuras extranjeras, y eso con sólo 90 corredores en la salida. Desde luego nada que ver con el desastre del año anterior, cuando sólo Gandarias, Aja y López Carril se habían metido alguna vez entre los diez primeros de algún Tour. Por desgracia esa circunstancia no tuvo continuidad. En esos primeros años de Unipúblic no venían las figuras mundiales y encima ya no había figuras españolas, principalmente porque los mejores corredores españoles se retiran en masa y no hay un relevo para ellos a corto plazo. Fuente se había retirado en el 76, Ocaña en el 77, Gandarias en el 78, López Carril, Pesarrodona, Aja, Perurena y González Linares en el 79, Galdos, Torres y Manzaneque en el 80, Lasa en el 81, Nazábal y Viejo en el 82.

Desde el 76, en que Pujol quedó décimo del Giro, no habrá ningún español entre los diez primeros de esa carrera hasta que rompe el maleficio Rupérez en el 82, quedando también décimo ese año. En el Tour, Galdos había quedado séptimo de la edición del 78, pero hasta el 82 no habrá ningún español en el top ten, cuando lo consigue Alberto Fernández metiéndose también décimo.

Ya en el 83 la situación parece que cambia a mejor, con 4 españoles entre los 10 primeros del Giro incluido un tercer puesto de Alberto Fernández y añadiendo los puestos sexto, séptimo y octavo que consiguen respectivamente Lejarreta, Rupérez y Chozas. También en el 83 Angel Arroyo se mete segundo del Tour, con Perico Delgado deslumbrando pues llegó a ir segundo a un minuto de Fignon tras la etapa de Alpe d´Huez y con sólo una etapa montañosa en línea por cubrir, lástima que fallase el día del Joux Plane.

Por lo tanto el escenario consiste en una Vuelta bastante más dura que en la época de El Correo, con una estructura de las etapas más acorde con lo que se hacía en las otras grandes rondas, con una nueva generación de ciclistas españoles que ilusionan a la afición y, sobretodo, con una carrera que se retransmite en directo y que alcanza un gran éxito de audiencia.

En el 82 la Vuelta supera por 2ª y última vez en carrera la cara norte del Portillo de la Sía. Una ascensión espectacular y tremendamente exigente (17km finales al 6%) que inexplicablemente ha caído en el olvido. En esta etapa de inicios de los 80 se superaba además El Escudo antes de alcanzar la meta en Reinosa.

En el 82 la Vuelta supera por tercera y última vez en carrera la cara norte del Portillo de la Sía. Una ascensión espectacular y tremendamente exigente (17km finales al 6%) que inexplicablemente ha caído en el olvido. En esta etapa de inicios de los 80 se superaba además El Escudo antes de alcanzar la meta en Reinosa.

En los Pirineos, el Tour estrena Guzet Neige como final de una dura y larga etapa.

Monte Grappa y San Martino de Castrozza, dos buenos puertos en la parte final de esta etapa del Giro ’82.

Por contra en el Giro los recorridos habían bajado su nivel considerablemente como ya se comentaba antes. Tampoco es que la dureza no existiese en absoluto. Había poca, pero había. Ocurre que el tipo de etapas de la época no fue la habitual del Giro antes y después. Tal vez lo que resulte más significativo de ese periodo no sea tanto la falta de puertos duros como la tipología de las etapas. Se puede apreciar la tendencia a no encadenar varios puertos de primera, en bastantes ocasiones sólo se ve uno o dos por etapa, y en muchas de ellas vemos que las etapas son bastante llanas y con una subida final en cuya cima estaría la meta, algo que rara vez ocurría antes y que en periodos posteriores se corrigió para volver a la senda habitual.

Sin embargo no se puede decir que los puertos elegidos fueran especialmente suaves, al contrario, se suben puertacos como el Monte Grappa, San Marco, Croce Domini, Val Gardena, Tre Cime di Lavaredo, Stelvio, Vivione, Terminillo, Blockhauss, Sempione, Duran, etc (es cierto que algunos por sus vertientes menos duras). Obviamente no se subieron todos en la misma edición, pero está claro que algún puerto realmente selectivo había cada año. Aunque sólo subieran uno de esos en cada etapa ya era más de lo que podían poner en España, o al menos más de lo que en España se aprovechaba por aquel entonces. Es el diseño de las etapas lo que hace que la Vuelta se iguale en calidad con el Giro, cuando no lo superaba.

Donde las diferencias entre la Vuelta y las otras grandes se puede apreciar mejor es en la comparativa con el Tour. Sigue habiendo finales clásicos como Puy de Dome o Alpe d´Huez, pero aparecen otros finales nuevos como Granon, Guzet Neige o La Plagne. En realidad hay un cambio de inflexión y los finales en alto, que antes eran un complemento, empiezan a cobrar mayor protagonismo. Pero no sólo hay finales en alto pues las etapas de alta montaña sin final en alto siguen siendo fundamentales. Los encadenados de puertos son formidables y la dureza enorme. Abundan en casi todas las etapas los puertos largos con pendientes altas sostenidas y con poca distancia entre ellos. Ahí están el Galibier, el Glandon, la Madeleine, el Joux Plane, el Izoard, el Tourmalet, el Aubisque…

En el 79 la Vuelta llegó a Peña Cabarga, una subida corta y explosiva cercana a Santander que estuvo precedida por las ascensiones a La Sía y Alisas.

A la cima del Granon llegó el Tour por primera y única vez en el año 86, en una etapa que ganó Eduardo Chozas. Aún hoy en día sigue siendo el final en alto de mayor altitud de la historia de la ‘Grande Boucle’.

Los Dolomitas siempre han tenido cabida en el Giro. En esta etapa del ’86 no se superaban las vertientes más duras de algunos puertos, pero el encadenado de los mismos es igualmente espectacular.

Como es lógico, los grandes ciclistas del pelotón internacional se vuelcan con el Tour, que en esos momentos además de ser la carrera más prestigiosa también tiene el recorrido más selectivo y que ofrece más alicientes personales y profesionales. El Giro no está haciendo honor a su historia con recorridos mucho más flojos de lo habitual y se resiente de ello, mientras que la Vuelta está creciendo pero todavía no llega a la altura de poder competir realmente con las otras dos.

De todas maneras la participación de la Vuelta no empezaría a tener un cierto empaque hasta el 85, mientras que los corredores realmente buenos durante todo este periodo del 79 al 86 seguían prefiriendo participar en el Giro. Era costumbre hacer dos grandes al año, pero resultaba más cómodo preparar el Tour corriendo el Giro pues participar en la Vuelta requería dos puntas de forma al terminar unos dos meses antes que el Tour, mientras que el Giro sólo acababa unas tres o cuatro semanas antes de la ronda francesa y era más factible mantener el estado de forma que se alcanzaban en Italia. Además pese a que la Vuelta le comía algo de terreno al Giro, estaba claro que tanto por prestigio como por nivel de premios como por intereses comerciales, los equipos y los corredores importantes preferían el Giro.

En realidad, de los corredores prestigiosos, sólo Pollentier y algo menos Criqueillion fueron habituales en la Vuelta durante los 6 primeros años de Unipúblic. Los Hinault, Van Impe, Thurau, Nillson, Prim, Bernaudeu, Van de Velde o Fuchs prefieren el Giro (aunque alguno de ellos corrió también al menos una vez en la Vuelta durante esa época), aparte de que por aquel entonces hay bastantes corredores italianos más o menos prestigiosos, Moser, Saronni, Visentini, Contini, Bertoglio, Panizza, Baronchelli, Bertolotto o Battaglin, mientras que había pocos españoles realmente conocidos, apenas Alberto Fernández, Arroyo y en menor medida Rupérez, aunque empezaba a hacerse notar esa generación que tanto daría al ciclismo español en los años posteriores y de la que hablaremos en el siguiente capitulo.

Creueta – Cantó – Bonaigua. Tres buenos puertos en esta etapa de La Vuelta del ’83 con final en Viella, aunque quizás faltaba un poco de continuidad entre las subidas.

Salève – Ramaz – Joux Plane y Joux Verte, póker de ases en esta etapa del Tour ’81.

En el Giro no se ven muchos puertacos por edición, pero los que aparecen son auténticos colosos. En el ’86 es el turno de San Marco antes del final en Foppolo.

Una prueba de que esto era así puede verse en el hecho de que, por término medio, en cada edición de la Vuelta durante estos 8 años participaron unos 6 ciclistas que habían hecho alguna vez entre los diez primeros del Tour, menos incluso que en los tiempos de El Correo (y eso que gracias a la participación del 85 y el 86 la media subió algo), mientras que en el Giro participaron durante este periodo unos 8 hombres-Tour también por término medio, 3 menos por edición que la media de los 24 años anteriores probablemente como consecuencia de esos recorridos tan flojos aunque incluso así todavía había más corredores importantes en el Giro que en la Vuelta. El efecto llamada del crecimiento de la Vuelta no se dejó sentir realmente hasta mediados de la década de los 80.

De hecho, la crisis del ciclismo español de finales de los 70 se arrastró bastante tiempo y ni tan siquiera el buen hacer de Unipublic en sus inicios consiguió paliar esos efectos. Desde 1974 hasta 1984 se disputaron 11 ediciones de la Vuelta, a caballo entre la organización de El Correo y la de Unipúblic, y la media de top-ten del Tour que participan cada año en nuestra carrera sólo es de 5. Hay que esperar hasta el año 85 para que la partipación mejore, tanto en cantidad como en calidad (Kelly, Winnen o Millar, más los nuevos españoles y la llegada de los colombianos encabezados por Herrera y Parra).

En esta época aparecen las montañas abulenses en la Vuelta.

El Tour continúa buscando nuevos finales en alto. En el año ’80 se estrena Prapoutel – Les Sept Laux con un buen desgaste previo.

Sólo 130km de etapa, con las vertientes menos duras de Vivione y Tonale en el camino, al paso por los Alpes del Giro ‘82.

Sin embargo estaba claro que el interés internacional por la Vuelta estaba creciendo mientras que el interés por el Giro menguaba. La Vuelta tenía unos recorridos muchos mejores que los de la década anterior, mientras que los del Giro eran francamente peores. La participación de la Vuelta al final de este periodo comentado no estaba muy lejos en calidad y cantidad de la del Giro y, por supuesto, la retransmisión en directo de la carrera española hacía mucho. A simple vista se diría que la carrera española le estaba comiendo terreno a la italiana desde que Unipúblic se hizo cargo de la organización.

‘Tres en una’ a modo de resumen de este periodo: en el Giro los recorridos se suavizan considerablemente durante esta época. Se reduce el número de grandes puertos encadenados en las etapas, aunque siempre hay hueco para los puertos míticos como el Stelvio. Por su parte, el Tour sigue fiel a sus tradiciones, manteniendo sus habituales puertos de paso y probando nuevos y duros finales en alto como La Plagne. Por último, La Vuelta mejora sustancialmente sus recorridos. Se incluyen más y mejores puertos y sobretodo se mejora el diseño global de las etapas, como las disputadas por la sierra madrileña durante la época.

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Dossier – Recorridos históricos de las GV – 1956-1978

Publicado por Plataforma Recorridos Ciclistas en 23 enero, 2010

Enlaces a las entradas con el análisis de otros años:

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Los años de El Correo Español – El Pueblo Vasco (1956-1978)

Tras la última edición organizaba por el Diario Ya en el año 50 hubo un parón de 4 años y sólo reaparece la Vuelta en 1955, con la organización a cargo de El Correo Español-El Pueblo Vasco, pero esta vez para quedarse. Del 55 al 78 este periódico organiza 24 ediciones consecutivas, y lo que es mejor, consigue que la carrera deje de ser una competición doméstica, sin prestigio, y destinada casi por completo a los corredores españoles, que tampoco destacaban apenas en el concierto internacional.

Los recorridos se endurecen ligeramente, con más puertos en cada etapa y con bastantes de ellos inéditos hasta ese momento, aparte de que acercan un poco más esos puertos a las metas. Al tratarse el organizador de un periódico vasco procuran que su tierra tenga todo el protagonismo, con muchas etapas y casi todas las, a priori, decisivas.

Y desde luego lo que mejora sustancialmente es la participación. Ese primer año había 6 corredores franceses que habían alcanzado ya el top ten del Tour, incluyendo dos podiums como Lazarides y Geminiani (también top ten del Giro), mientras que Italia presentaba a todo un ganador del Giro como Magni, que también había sido top ten del Tour, a otro podium del Giro como Martini y algún top ten más también del Giro. Por supuesto estaban todos los españoles buenos, encabezados por Ruiz, que también había sido ya podium del Tour, o Gelabert (top ten del Tour), o Emilio Rodríguez, ganador de una Vuelta y segundo en otra, su hermano Manuel, segundo en la Vuelta que ganó Emilio, más otros destacados como Loroño y Serra.

Es decir, que sin ser una participación de campanillas ya se podía decir que era bastante respetable, y eso se mantiene durante las 24 ediciones siguientes con muy pocas excepciones. No venían siempre todos los mejores, pero si que había casi siempre alguno de los mejores disputando la Vuelta. Incluso en la edición del 57 la participación fue realmente estelar, con los 4 primeros del Tour anterior más el décimo, tres podiums más del Tour y unos cuantos top ten, otros tres podiums del Giro, 6 más de la Vuelta…

Tal vez la medida mejor de esa participación sea compararla con la habitual del Giro durante toda esa época. En la Vuelta habrá una media de 7 top ten del Tour por edición, mientras que en el Giro habrá 11 top ten del Tour de media por edición. Sin embargo no se puede decir que hubiera mucha diferencia en el nivel competitivo. Durante esos 24 años habrá hasta 31 corredores que alcanzan el top ten de la Vuelta el mismo año que el del Tour, mientras que por parte del Giro sólo serán 6 más, un total de 37. Y durante ese tiempo el ganador del Tour habrá corrido ese mismo año la Vuelta en 6 ocasiones por sólo cuatro más el Giro, un total de 10. Además en la Vuelta era frecuente ver a corredores tan importantes como Geminiani, Fornara, Van Looy, Poulidor, Janssen, Agostinho…

Final en Urkiola con media montaña antes como desgaste en la Vuelta de 1976.

Lavaredo se hace poco a poco un hueco entre los mitos del Giro.

El mítico Puy de Dôme solía ser un final habitual en los Tours de los años 70.

No obstante el nivel de los recorridos de la Vuelta en comparación con los del Giro o el Tour sigue siendo muy inferior. Probablemente en aquella época no fuera tan relevante dado que era más habitual ver ataques en cualquier terreno, incluso en el llano. De hecho no fueron pocas las veces que la Vuelta se resolvió con alguna escapada más o menos consentida en etapas que a priori se presentaban como intrascendentes.

Además los finales en alto no eran nada habituales, de manera que ese tendencia actual de reservarse para los últimos kilómetros de la última subida no se daba en los años 50 y 60. En realidad, sólo a partir de 1952 se pueden encontrar finales en alto de etapas en línea tanto en el Tour como en el Giro. El Tour presenta ese año un final en Alpe d´Huez, acompañado al día siguiente de un final en Sestriere, y unos días más tarde de otro en el Puy de Dome. El Giro es más modesto en ese sentido y aporta un final en Roccaraso, en plenos Apeninos, mientras que los finales de etapa en puertos alpinos llegarían unos años más tarde, en concreto en el 56 con la ya legendaria etapa del Bondone, aquella en que Gaul destrozó la carrera bajo una ventisca. En la Vuelta los finales en alto propiamente dichos no llegarían hasta los años 70, con la excepción de la cronoescalada a Pajares del 65.

De todas formas esos finales en alto no fueron la norma ni en el Giro ni en el Tour durante los años 60. El Giro sí que vio bastantes finales en alto distintos por entonces pero no era la tónica, mientras que en el Tour prácticamente se limitan a las etapas en el Puy de Dome y el Mont Ventoux con muy pocas incursiones en otras subidas finales. Eso sí, tanto en el Giro como en el Tour esos finales eran bastante duros mientras que en la Vuelta no se pasaba de segundas cortos o de terceras.

Por supuesto, tanto en Francia como en Italia se vieron todos los años etapas de altísima montaña donde prácticamente siempre se decidían las carreras, siendo muy habitual además que el último puerto no fuese el más duro del día, lo que propiciaba que hubiese grandes batallas desde lejos puesto que era más probable alcanzar grandes diferencias de ese modo en ese tipo de recorridos.

En España no se pasaba de encadenar puertos cortitos y apenas se subía alguno que realmente pudiera catalogarse como de primera categoría prácticamente los mismos que hemos citado para las primera ediciones, que tampoco se podían comparar con los puertacos habituales de los Alpes o los Pirineos en el Tour o los tradicionales Dolomitas del Giro. Además solía haber bastante distancia desde estos puertos mencionados hasta las respectivas metas.

La única etapa que podemos considerar realmente como de alta montaña en la Vuelta organizada por El Correo Español-El Pueblo Vasco sería una Barcelona – Andorra, de 241km, pasando por los puertos de Tossas, Puymorens y Envalira, que se disputaría en los años 1965 y 1967. Tampoco es que provocase unas diferencias notables entre los favoritos pues se trataba de puertos muy largos pero bastante tendidos.

Tosses – Puymorens – Envalira, buen encadenado de puertos antes del final de etapa en Andorra durante la Vuelta del 1965.

En esta época el Giro estrena un coloso de los Apeninos llamado Blockhauss.

No siempre la meta estaba situada en Pau tras pasar Tourmalet y Aubisque.

No encontramos motivos razonables para dar por buena esa desventaja extraordinaria que sufría la Vuelta con respecto al Giro o al Tour en cuanto a la dureza de nuestras respectivas carreras ciclistas.

Aceptamos que Francia era una potencia mundial en lo económico, que tenía unas infraestructuras muy buenas en general y un montón de recursos disponibles, además de una tradicional mentalidad abierta de sus habitantes. Italia tal vez se parecía más a España, pero aún así gozaba de ventajas innegables si nos referimos a las infraestructuras. En cualquier caso, tampoco es que las carreteras de montaña de Tour y Giro fueran para tirar cohetes, es más, nadie protestaba por subir un puerto sin asfaltar o por la posibilidad de romperse la cabeza en el adoquinado. Y ojo, que en España la altitud media de las carreteras de montaña es más baja que en Italia o en Francia, y además hace mejor tiempo.

De todas maneras, en los 50 y tal vez en los 60 las carreteras tal vez fueran sensiblemente peores que las francesas o las italianas (aunque estamos hartos de ver fotos de aquella época del Tour o del Giro y no eran precisamente buenas), pero no creemos que en los 70 fuera absolutamente imposible pasar en primavera por Bonaigua, Somport, La Sía, Lunada, Estacas de Trueba, Pontón, San Glorio, El Pico, Serranillos, Mijares, Morcuera, Cotos, Navafría, Sierra Nevada, Ragua… Todos se mantuvieron inéditos y algunos lo siguen estando. También hubieran podido tocar cualquier lugar montañoso cercano a la abrupta costa española, en particular cerca de la mediterránea cuyo nivel de infraestructuras por aquel entonces mejoraba exponencialmente gracias al turismo.

Andalucía casi ni existía. Los Pirineos nunca se aprovecharon (especialmente los catalanes), y la etapa de Formigal del 75, la que más puertos de alguna entidad se vio en la Vuelta durante esos años, es más o menos la misma que las habituales de Cerler o Panticosa pero con final en una estación cuya subida es mucho más suave, y con eso está dicho todo. La “famosa etapa de Avila”, tan habitual en los recorridos diseñados por Unipúblic actualmente, nunca se hizo en esos tiempos, ni tan siquiera con Paramera y Navalmoral únicamente. Y de todos los puertos de la sierra madrileña, hoy sumamente transitados, sólo se subieron alguna vez Navacerrada y Los Leones. El mayor problema era que al darle todo el protagonismo al País Vasco, difícilmente se podían llegar a otros sitios, ni creemos que lo desearan.

No vale por lo tanto la excusa de que no se podía pasar por determinados sitios. Lo que ocurría en plena época de El Correo Español era que, como organizaban ellos, las etapas más decisivas tenían que disputarse en el País Vasco y los puertos más gordos tenían que ser los suyos, principalmente los que pudieran estar relativamente cerca de las capitales de provincia o como mucho de las poblaciones más importantes, es decir, que hablamos de Muñecas, Sollube, Urkiola, Orduña, Jaizkíbel, Elgeta, Azkárate, Bidania, Aritxulegi, Agina, Herrera y paramos de contar, todos ellos segundas o terceras, como mucho primeras cortos.

Etapa con final en Formigal en la Vuelta del 75. Media montaña con final en alto para la disputa de una de las jornadas decisivas de la carrera.

En el año 71 el Giro se adentra en Austria para superar el tremendo Grossglockner.

El Mont Ventoux se convierte poco a poco en un mito dentro del recorrido de la ‘Grande Boucle’.

Por lo que se refiere a los finales en alto, únicamente a partir de los 70 ponen alguno, y de manera muy tibia. Si quitamos la cronoescalada de Pajares del 65, prácticamente no hay finales en grandes puertos, sólo se ven cosas como Formigal, Arrate, Urkiola, Naranco, Santuario de Oro, Santuario de la Bien Aparecida y poco más.

Sería una cuestión de falta de patrocinadores, pero si llegaron a Formigal suponemos que pudieron llegar a otras estaciones invernales de las que estuvieran disponibles en los 60 y 70. De todas formas llegadas en alto a Pajares o a Navacerrada casi seguro que sí las hubieran podido programar. O una en Sierra Nevada, estación en la que, por ejemplo, se habían disputado competiciones internacionales de esquí en los años 50, prueba de que se podía aprovechar.

Donde si destacaba la Vuelta realmente era en las cronos. La más aprovechable hoy en día podría ser la cronoescalada de 41km desde Mieres hasta Pajares que se disputo en el 65, con una primera parte llana pero picando hacia arriba y los 13km finales al 7% de media. Pero hay otras que también nos parecen brillantes:

  • Una de 61km entre Eibar y Vitoria en la que se subían Elgeta y Urkiola.
  • Otra entre Bayona y San Sebastián en la que se llegó a los 82km y en la que se subía y bajaba Ibardin.
  • El puerto de Herrera se subió tanto por el norte como por el sur en sendas etapas Vitoria-Haro y Laguardia-Vitorria, de 61 y 44km respectivamente.
  • Muy larga también fue una entre San Sebastián y Tolosa (67km), subiendo y bajando Usategieta.

Hasta las cronos llanas fueron especialmente largas durante los 50 y los 60, con especial mención para una Zaragoza-Huesca del 57 que tenía 85km y que curiosamente ganó Loroño con 6 segundos sobre Bahamontes, ambos escaladores, y eso que la del 57 fue la Vuelta con mejor participación de la historia. Pero en general rara vez había una edición que no tuviera alguna crono por encima de los 40km, o dos de ellas, como en el 63, edición que tenía dos cronos de 52km, una entre Mieres y Gijón y la otra entre Sitges y Tarragona. Más adelante, durante los años 70, el kilometraje de las cronos baja considerablemente y no llegarían nunca ni a 40km, muchas de ellas ni llegaban a los 20km.

En la Vuelta las etapas decisivas eran más bien etapas de media montaña.

El Stelvio fue final de etapa en alguna ocasión durante los Giros de los años 70.

Croix de Fer – Galibier, clásico encadenado de grandes puertos alpinos en el Tour.

Pero ¿qué se estaba haciendo en el Tour o en el Giro durante los años 60 y 70?. En el Tour veremos encadenados de puertos realmente durísimos, y las etapas con final en alto son muy interesantes, tanto las que sólo destacan por el último puerto como las que tienen muchos, con especial mención para la de Pra Loup del 75, que presentaba una barbaridad de desnivel acumulado pero la casi obligación de atacar desde lejos dada la corta longitud de la última subida.

Donde se bajaba un tanto es en la media montaña, pues casi no hay nada de interés. El Tour siempre se ha centrado en la alta montaña debido a que la mayor parte de su territorio es llano, prácticamente sólo tiene grandes puertos en los Alpes y en los Pirineos, y cuando se llega hasta allí había que aprovecharlos lo máximo posible, de manera que añadir alguna etapa de media montaña en el Macizo Central o en los Vosgos podía ir en detrimento del número de etapas alpinas o pirenaicas.

Habría que añadir alguna que otra cronoescalada, pues se hicieron a Superbagneres desde Luchon, a Avoriaz desde Morzine o al Puy de Dome un par de veces. También habría que añadir la tradicional etapa por la zona adoquinada habitual de la Paris-Roubaix y con muchísima frecuencia entraban en Bélgica para transitar por el territorio de las clásicas de primavera como Tour de Flandes y Lieja-Bastogne-Lieja.

A veces, las etapas decisivas de la Vuelta eran jornadas de media montaña ciertamente brillantes, pero sin llegar a alcanzar el estatus de ‘alta montaña’.

A veces, las etapas decisivas de la Vuelta eran jornadas de media montaña ciertamente brillantes, pero sin llegar a alcanzar el estatus de ‘alta montaña’.

Duran, Staulanza, Rolle, San Pellegrino… el Giro ‘riza el rizo’ en los Dolomitas.

En el 75 se disputa una de las etapas más míticas de la historia del Tour: Niza – Pra Loup con Saint Martin, Couillole, Champs y Allos en el camino.

En el Giro también encontramos encadenados tremendos, repletos de grandes puertos sin apenas llano entre ellos la mayoría de las veces. Hay finales en alto realmente duros pero también hay etapas en las que la subida final es menos dura que alguna anterior, y también hay otras sin final en alto pero que provocarían diferencias altas. En fin un paraíso para los escaladores y para los corredores valientes. Y eso que en nuestra selección de etapas nos hemos dejado finales la Marmolada, el Bondone, el Monte Grappa… Las cronoescaladas sí que se daban pero no solían ser en puertos excepcionalmente duros.

Pero que la alta montaña fuera durísima no quita para que no apareciera también una media montaña muy bien puesta, especiamente en los Apeninos. Y también se veía con mucha frecuencia un tipo de etapa en general llana pero con alguna subida corta en el tramo final, a modo de emboscada.

En definitiva, mientras que en Italia y en Francia ya apostaron desde siempre por la altísima montaña, en España nunca se hizo. No sería nada complicado diseñar un trazado del Giro o del Tour asumible en la actualidad con etapas que se hubieran disputado antes de 1955. Hacerlo con la Vuelta sería imposible pues apenas encontraríamos alguna jornada de auténtica alta montaña hasta bien entrados los 60 y aún así se trataría de etapas bastante mediocres que además no se prodigaron en absoluto. Incluso durante los 70 la alta montaña en la Vuelta resulta prácticamente inexistente.

He aquí una muestra clara de lo que eran las etapas de alta montaña de cada una de las tres Grandes en la época. Mientras Tour y Giro se atrevían con encadenados cada vez más duros, así como con puertos que a la postre se convertirían en mitos de las respectivas rondas (Gavia, Alpe d’Huez), en la Vuelta lo típico eran etapas de media montaña con un final más o menos duro, pero sin puertos verdaderamente exigentes capaces de ser comparados con los que se subían en Italia o Francia.

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