GIRO DE ITALIA 2026

Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada demasiado larga.

En esta 1ª parte: análisis general, con la participación y recorrido, e historia de la prueba.


Durante este mes, desde el jueves 7 hasta el domingo 31 de mayo, se disputa la 109ª edición del Giro de Italia, también conocido como la “corsa rosa” y desde 1995, cuando la Vuelta a España cambió de fechas, la primera de las 3 grandes rondas por etapas del calendario, excepto en 2020, cuando se retrasó a octubre debido a la pandemia del coronavirus. Y este año de nuevo con salida desde el extranjero, en este caso Nessebar, en Bulgaria, terminando en Roma tres semanas después.

La participación viene marcada por las bajas de última hora, con Joao Almeida (UAE), 2º en la Vuelta; Richard Carapaz (EF), ganador 2019 y podio en 2025; y Mikel Landa (Soudal), dos veces 3º, renunciando a la carrera por diversos problemas. No obstante, incluso con todos en ellos el gran favorito seguiría siendo Jonas Vingegaard (Visma), que viene de arrasar en Niza y puede completar la trilogía de grandes vueltas, al haber ganado ya Tour y Vuelta, contando además con un gran equipo: Sepp Kuss, Victor Campenaerts, Wilco Kerlderman …

Intentarán ponérselo difícil Red Bull, con el joven Giulio Pellizzari, vencedor del Tour de los Alpes, Jai Hindley, ganador del Giro 2022, y Alexander Vlasov; Netcompany Ineos, que estrena patrocinador con las bazas de Egan Bernal, vencedor en 2021, y Thymen Arensman; y UAE, que en ausencia de Pogacar, Almeida y Del Toro tiene a Adam Yates como líder, secundado por Jay Vine, tan brillante como propenso a las caídas, Marc Soler y Jan Christen.

También con aspirantes al podio o que pueden brillar en las etapas más duras: Decathlon, con el escalador Felix Gall; Movistar, que tiene a Enric Mas, en su estreno en el Giro, Einer Rubio y Javier Romo; Lidl-Trek, con Derek Gee, 4º el año pasado, y el explosivo Giulio Ciccone; Bahrain, teniendo entre sus filas a Santiago Buitrago y el veterano Damiano Caruso; Jayco, con el irregular Ben O’Connor; Tudor, destacando Michael Storer y Mathys Rondel; Lotto, que tiene a Lennert van Eetvelt; y NSN, con Jan Hirt y Alessandro Pinarello.

En cuanto a los velocistas, como favoritos de cara a las «volatas»: Jonathan Milan (Lidl-Trek); ganador de los puntos en Giro y Tour; el joven Paul Magnier (Soudal), una de las revelaciones de 2025; Tobias Lund Andresen (Decathlon), con un gran inicio de año; Dylan Groenewegen (Unibet), con 4 triunfos esta temporada; Kaden Groves (Alpecin), 9 etapas en GV; Ethan Vernon (NSN), con 4 victorias este año; Pascal Ackermann (Jayco); Mattelo Malucelli y Davide Ballerini (Astana); Casper van Uden (Picnic); Madis Mikhels (EF); Erlend Blikra (Uno-X) y Giovani Lonardi (Polti).

Sobre los clasicómanos y corredores todoterreno, junto a algunos ya mencionados destacar a Filippo Ganna, favorito para la crono, y Ben Turner (Netcompany); Arnaud de Lie (Lotto), aunque ha estado enfermo; Corbin Strong (NSN), ganador Arctic Race y Tour de Valonia; Jonathan Narváez y Antonio Morgado (UAE); Orluis Aular (Movistar); Jasper Stuyven y Filppo Zana (Soudal); Andreas Leknessunf (Uno-X); Luca Mozzato (Tudor), y Andrea Vendrame (Jayco). Y mención aparte Astana, con múltiples cazaetapas: Christian Scaroni, Diego Ulissi, Alberto Bettiol, Thomas Silva …

Sobre el recorrido, que salvo en la etapa de Chiavari (11ª) no ha tenido grandes cambios desde la presentación, comienza con el mencionado inicio desde Bulgaria, con una 1ª jornada llana entre Nessebar y Burgas, estando el sprint «cantado» y habiendo alto riesgo de «montonera»; seguida por la etapa de Veliko Tarnovo, 1ª de media montaña, con más de 220 km y 3 puertos, el último, el muro de Lyaskovets, a solo 11 km de meta, situada tras un repecho; terminando este primer bloque con la etapa de Sofía (3ª), la capital del país, incluyendo el puerto de Borovets aunque muy lejos de meta, con los últimos 60 km favorables para reagrupamientos.

Después del traslado y el día de descanso, la prueba se reanuda en el sur de Italia con una jornada de solo de 138 km entre Catanzaro y Cosenza (4ª), pero incluyendo la subida a Cozzo Tuono, una variante del Passo della Crocetta que tiene 14,5 km al 6%, coronándose a 40 km de meta, que pica hacia arriba, teniendo opciones tanto una escapada como los velocistas completos. En la jornada siguiente, más de 200 km entre Praia a Mare y Potenza (5ª), con una ruta de media montaña que incluye Prestieri de salida y ya en el tercio final la Montagna de Viggiano, con un tramo de 5 km al 10,5%, dando paso a un terreno quebrado con un último repecho a 5 km de meta, que vuelve a picar hacia arriba, siendo un día muy propicio para escapadas. Y ojo a la posibilidad de fuga-bidón.

La etapa de Nápoles (6ª), un clásico de la prueba, esta vez es corta y llana pero con trampa final: 700 m de pavé picando hacia arriba y con curva de 180º a solo 400 m de la llegada, siendo clave la colocación. Señalar que la ruta original era más larga y con una cota a 8 km de meta La montaña regresa camino del Blockhaus (7ª), en los Abruzzos, con más de 240 km y varias subidas, aunque salvo Roccaraso muy tendidas, antes del coloso final, que desde Roccamorice hasta meta tiene 13,6 km al 8,4%, incluyendo un tramo de 10 km al 9,5%. Es la misma vertiente de 2017 y 2022, con triunfos de Quintana y Hindley, aunque entonces se subía desde Scafa, con 1600 m de desnivel acumulado.

La 1ª semana se cierra con una etapa de casi 160 km entre Chieti y Fermo (8ª), teniendo una parte final tipo clásica con 5 puertos en los últimos 60 km, los dos últimos enlazados antes de meta, con el muro de Reputolo (rampas del 22%) a tres km de la llegada, siendo conocidos por la Tirreno-Adriático; y la jornada básicamente unipuerto de Corno Alle Scale (9ª), con un largo ascenso que enlaza Querciola, con una parte central exigente, y la propia subida final, irregular pero con zonas muy duras, incluyendo un tramo de 2 km al 11,5% cerca de la cima. El único antecedente data del Giro 2004, con victoria de Gilberto Simoni.

Tras el descanso, ya en la 2ª semana, crono individual de 42 km entre Viareggio y Massa (10ª), junto al mar Tirreno, siendo la única contrarreloj de toda la prueba, con un trazado muy llano y paralelo a la costa favorable para los grandes rodadores. Un día clave para la general, pudiendo haber diferencias importantes y cuyo desgaste se notará camino de Chiavari (11ª), con un interesante recorrido de media montaña que incluye 5 puertos en los últimos 100 km, destacando Guaitarola, constante al 6-7%, y Scioli,con 3,7km finales al 8,5%, antes de Cogorno: 4,3 km al 7% y que se corona a 13 km de la llegada, con repecho a 4 de meta. siendo la etapa que más ha mejorado desde la presentación -> ruta original.

La jornada de Novi Ligure (12ª) también se podría considerar de media montaña, si bien con los puertos, Colle Giovo y Bric Berton, a más de 50 km de meta, aunque el terreno restante no es sencillo, pudiendo triunfar una escapada o llegar un pelotón reducido, mientras que la etapa de Verbania (13ª) es básicamente llana durante los primeros 165 km … pero con las cotas de Bieno y Ungasca, que tiene,2 km finales al 9,5%, en los últimos 25 km, dando opciones a los clasicómanos.

No obstante, habrá que ver la actitud de los favoritos, ya que al día siguiente llega la alta montaña, con una etapa corta, de 133 km entre Aosta y Pila (14ª), pero incluyendo 5 puertos y más de 4000 m de desnivel, con un buen 1ª como Saint Barthelemy de inicio; seguido por Doues y el encadenado de Lin Noir + Verrogne, ambos constantes al 7-8%; antes de la larga subida final, que tiene 16,5 km al 7%, sin rampas extremas pero tampoco descansillos, aunque habrá que ver si se rompe la «maldición» de Aosta, con resultados decepcionantes en los últimos años. Y el domingo, etapa muy llana camino de Milán (15ª), con un circuito final de 16 km al que se darán 4 vueltas, siendo un día para los sprinters … pero incomprensible como cierre de la 2º semana,

Ya en la 3ª semana, turno para la etapa suiza (16ª), muy corta, de apenas 113 km entre Bellinzona y Cari, pero de nuevo con 5 puertos, si bien los 4 primeros son el doble paso a un circuito de 22 km con Torre + Leontica, de 3 km al 8,5%, antes de dirigirse hacia el ascenso final, que con casi 12 km al 8% puede marcar diferencias. En cualquier caso, un diseño decepcionante para las posibilidades de la zona. De hecho, el propio Cari se podría utilizar como puerto de paso. El día siguiente, etapa de más de 200 km camino de Andalo (17ª), de nuevo en Italia, teniendo un perfil de media montaña con 3 subidas puntuables (aunque hay más), la última, Andalo-Lever, encadenada con el repecho final de 2,5 km al 6% que termina muy cerca de meta.

La jornada de Pieve di Soligo (18ª) también es quebrada, si bien con subidas más cortas, destacando el Muro di Ca’del Poggio, con un km al 12,5%, a solo 10 km de meta, favoreciendo a los clasicómanos. El viernes, turno para la etapa reina, el «taponne» dolomítico de este Giro … al menos por puertos, con 151 km entre Feltre y Alleghe / Piani di Pezze (19ª), con repechos de inicio y un espectacular enlazado en la parte central: Passo Duran, con los primeros 10 km a casi el 9%; Coi + Forcella Staulanza, con 6 km iniciales al 9,5%; el mítico Passo Giau, con casi 10 km al 9,3%, siendo la Cima Coppi gracias a sus 2236 m de altitud; y Falzarego, más modesto y cuyo largo descenso precede al muro final, con 5 km al 9,6%. En total, cerca de 5000 m de desnivel, pudiendo resultar grandiosa si hay batalla desde lejos … o decepcionante su los favoritos esperan a al final.

La penúltima etapa, con 200 km camino de Piancavallo (20ª), incluye la subida a Clauzetto y un doble paso por el puerto final, siendo lo más duro su 1ª mitad, con 8 km iniciales al 9-10%, aunque después suaviza, para un total de 14,5 km a casi el 8%. Estrenado en 1998, con triunfo de Pantani, será la 4ª llegada en esta cima, con los últimos antecedentes de 2017, ganando Landa, y 2020, venciendo Tao Hart. Y como despedida, largo traslado hacia la capital del país para la ya clásica etapa de Roma (21ª), que incluye 8 vueltas y media al circuito final de 9,5 km visto los últimos años, en un día para los sprinters y de homenaje a todos los corredores que logren acabar la prueba.

En resumen, un trazado con protagonismo paro los finales en alto, con 8 llegadas puntuables (contando Andalo), además de la crono de 40 km, mientras que por el contrario se han reducido los grandes puertos de paso, sin casi colosos de este tipo (salvo en el bloque final, con Duran, Giau y Piancavallo), disminuyendo la dureza global del trazado. De hecho, según las propias cifras oficiales se rondan los 48000 m de desnivel, frente a los 52000 del año pasado con una etapa en línea menos.

Haciendo una valoración crítica, nos parece un recorrido decepcionante, que traiciona la esencia del Giro al abusar de finales en alto y reducir la importancia de los grandes puertos de paso, no habiendo ni llegadas tras el descenso de un coloso ni los clásicos encadenados «grande+pequeño». Y aunque también hay aspectos positivos, se quedan a medio camino: etapa larga camino del Blockhaus, pero con una ruta mejorable; crono de 40 km, a cambio de ser la única; abundante media montaña, pero con etapas rebajadas, aunque algunas pueden dar juego, como Potenza y Chiavari.

En la alta montaña, lo más interesante es la jornada de Alleghe, con un magnífico encadenado central, aunque siendo la etapa reina y comparada con los clásicos «tappones» del Giro se echa en falta mayor distancia, aparte de que el muro final puede perjudicar ataques lejanos. Dos temas muy discutibles son el inicio en Bulgaria, sobre todo la 1º etapa, y los traslados, con grandes desplazamientos incluso sin día de descanso. De todos modos, como siempre la última palabra será de los corredores. Y si aprovechan al máximo el terreno, sin reservarse para los finales en alto, podrá verse un buen espectáculo. 

Historia

El origen de la carrera data de inicios del siglo pasado, 1908, cuando La Gazzetta dello Sport, en base a una idea del periodista Tullo Morgagni y en un intento por distanciarse de su principal competidor, Il Corriere della Seraanunció en portada el 24 de agosto la celebración del primer Giro de Italia para el mes de mayo de 1909, adelántandose al diario rival que estaba a punto de lanzar una carrera por etapas de similares características.

Esta 1ª edición, homenajeada en el Giro 2009 con motivo de su centenario, partió de la Plaza Loreto de Milán y finalizó en la misma ciudad tras 8 etapas con kilometrajes casi siempre superiores a los 200 km, si bien entre cada etapa había como mínimo un día de descanso. La general se estableció en base a una clasificación por puntos, con victoria para Luigi Ganna y Carlo Galetti 2º. De los 127 corredores que iniciaron la carrera 122 eran italianos, presentándose sólo 5 corredores extranjeros, incluyendo a los franceses Louis Trousselier y Lucien P. Breton, ganadores del Tour, si bien ninguno de ellos estuvo entre los 49 ciclistas que consiguieron acabar la prueba -> vídeo.

Una imagen de la 1ª edición (1909), en la que venció Luigi Ganna. Foto Gazzetta.it

Durante los años siguientes se mantuvo un nº de etapas similar, entre 8 y 12, y la general por puntos, incluyendo una edición en 1912 en que la carrera se disputó por equipos, hasta que en 1914, antes del parón por la 1ª Guerra Mundial, se adoptó la clasificación por tiempos individuales. En la década de los 30 hubo dos novedades importantes en la historia de la prueba: el maillot rosa, color emblema del periódico organizador y distintivo del líder, y que como decíamos al inicio cumple 90 años; y un aumento de etapas hasta llegar a las 20 de 1935, una cifra que ya se ha mantenido más o menos estable hasta la actualidad, con el único parón de los 4 años debido a la 2ª Guerra Mundial.

En su época inicial el Giro fue una carrera bastante localista, tanto en participación como en resultados, pero a partir de 1950 empezó a ganar protagonismo internacional, situándose al nivel del Tour de Francia durante los 60 y primera mitad de los 70. Sin embargo, a mediados de esa década empezó su declive, dejando al Tour en cabeza de las GV. Parte de esa pérdida de importancia fue motivada por una considerable rebaja en la dureza de los recorridos. Afortunadamente, esto cambió a finales de los 80. Y si bien ya no ha vuelto a estar al nivel mediático del Tour (al menos internacionalmente, en Italia si) la carrera ha recuperado su dureza y prestigio.

Los grandes dominadores de la prueba durante los primeros años fueron Carlo Galetti y Constante Girardengo, ambos con 2 triunfos y un 2º puesto; Giovanni Brunero, con 3 victorias y otros 3 podios entre 1920 y 1927; y sobre todo Alfredo Binda, apodado “la Gioconda” y que obtuvo 5 victorias en la general (1925, 27, 28, 29, 33) además de 41 triunfos de etapa, una cifra sólo superada por las 42 victorias de Mario Cipollini. El dominio de Binda a finales de la década de los 20 fue tal que los organizadores llegaron a ofrecerle dinero en 1930 para que no participara, corriendo en su lugar el Tour, donde ganó 2 etapas aunque no acabó la carrera.

A continuación llegó el turno de Gino Bartali (1936, 37, 46) -> documental, e “Il Campionissimo” Fausto Coppi (1940, 47, 49, 52, 53), los mejores corredores italianos de la historia, junto con Binda, y que si no hubiera sido por la 2ª Guerra Mundial habrían conseguido un palmarés aún más espectacular. La rivalidad deportiva fue enorme, con el país dividido entre “Coppistas” y “Bartalistas”, si bien a nivel personal acabaron siendo grandes amigos. Destacar la edición de 1949, en la que Coppi se convirtió en leyenda gracias a la mítica etapa de Pinerolo. En esta época también sobresale Fiorenzo Magni, triple ganador de la prueba (1948, 51, 55).

Coppi en la etapa de Pinerolo 1949, votada como la mejor de la historia del Giro. Foto Gazzetta.it

Con 5 triunfos en la general, igualando a Binda y Coppi, está “el caníbal” Eddy Merckx  (1968, 70, 72, 73, 74), que a finales de los 60 e inicios de los 70 impuso su tiranía en el Giro, aunque la calidad de sus rivales, en la época de mayor esplendor de la prueba, hizo que éstos no se fueran de vacío, destacando la perseverancia de Felice Gimondi, con 3 victorias (1967, 69, 76) y otros 6 podios, acabando en el “top-10″ durante 12 años seguidos. También con 3 victorias está “el tejón” Bernard Hinault (1980, 82, 85), siendo después de Merckx el corredor no italiano con mayor éxito en el Giro, destacando también su compatriota Jacques Anquetil, con 2 victorias (1960, 64) y otros 4 podios.

En los últimos 30 años, el mayor protagonista ha sido Gilberto Simoni, retirado en 2010 con 2 victorias (2001, 03) y otros 5 podios en su haber, sin bajarse del “cajón” desde 1999 hasta 2006 salvo por su polémica expulsión en 2002 (positivo por cocaína del que más tarde fue exculpado). Los demás corredores con 2 triunfos en la general en lo que llevamos de siglo son Paolo Savoldelli, con victorias 2002 y 2005; Ivan Basso, ganador en 2006 y 2010; Alberto Contador, vencedor en 2008 y 2015 (también acabó 1º en 2011, pero fue descalificado más tarde debido a la sanción por positivo en el Tour); y Vincenzo Nibali, ganador en 2013 y 2016.

En cuanto a los españoles, más allá de Contador sólo Miguel Indurain, con doblete en 1992 y 1993, ha vencido en la general, siendo además 3º en 1994, una edición memorable gracias a la irrupción de Pantani y la fabulosa etapa del Mortirolo. No obstante, también destaca Miguel Poblet, pionero español en el Giro con 20 triunfos etapa entre 1956 y 1961; Jose Manuel Fuente“el Tarangu”, que mantuvo grandes duelos con Merckx y Gimondi, siendo 2º en 1972 y 5º en el impresionante Giro de 1974, “the greatest show on earth”, tras ganar 5 etapas y la montaña; Paco Galdós, 2º en 1975 y 3º en 1973; Abraham Olano, podio en 1996, llegando líder a la 20ª etapa, y 2001; Joaquim Rodríguez, rozando el triunfo en 2012; y Mikel Landa, con podios en 2015 y 2022, rozándolo también en 2019.

El año pasado -> clasificaciones, en una edición imprevisible, donde los favoritos de inicio fueron perdiendo sus opciones, el triunfo fue para el británico Simon Yates (Jayco), que con una penúltima etapa espectacular, atacando en Finestre camino de Sestriere, supo aprovechar el marcaje entre el mexicano Isaac del Toro (UAE) y el ecuatoriano Richard Carapaz (EF), hasta entonces 1º y 2º de la general, para ganar su primer Giro, resarciéndose de lo ocurrido en 2018. Destacar también a Mads Pedersen (Lidl-Trek), ganador de 4 etapas y la regularidad; y Lorenzo Fortunato (Astana), venciendo en la clasificación de la montaña y la combatividad.

El podio del Giro 2025, con Yates, Del Toro y Carapaz. Click para ver hilo con todos los ganadores

  1. Simon Yates (Visma Lease a Bike) 82h 31′ 01”
  2. Isaac del Toro (UAE Team Emirates) a 3′ 56”
  3. Richard Carapaz (EF Education) a 4′ 43”
  4. Derek Gee (Israel – Premier Tech) a 6′ 23”
  5. Damiano Caruso (Bahrain Victorious) a 7′ 32”
  6. Giulio Pellizzari (Red Bull – Bora) a 9′ 28”
  7. Egan Bernal (Ineos Grenadiers)  a 12′ 42”
  8. Einer Rubio (Movistar Team) 13′ 05”
  9. Brandon McNulty (UAE Team Emirates) a 13′36”
  10. Michael Storer (Tudor Pro Cycling) a 14′ 27”

Recorridos

A nivel de recorridos y como es lógico en una prueba con tantos años, el Giro ha pasado por épocas muy diversas -> dossier recorridos históricos de las GV, pero a partir de los años 40 casi siempre ha tenido un gran protagonismo la alta montaña, con colosos de paso que unidos al modo en que se corría entonces rompían el pelotón a muchos km de meta, destacando jornadas como Pinerolo 1949 y Moena 1963, ambas entre las etapas más duras de la historia. A finales de los 60 y principios de los 70 empezaron a ganar importancia los finales en alto, tanto subidas sin salida, como Blockhaus (aunque tiene cruces hasta cota 1650 m) y Tre Cime di Lavaredo, o puertos de paso utilizados como llegada, como el Passo Stelvio (estrenado varios años antes, en 1953), aunque sin pasar de los 2-3 por cada edición.

Sin embargo, a finales de los 70 / principios de los 80 se entró en una “época oscura”, con escasa dureza y trazados que no beneficiaban los ataques. De vez en cuando incluían grandes puertos, pero en etapas con pocas subidas y mal encadenadas, siendo rutas pensadas para el lucimiento de los corredores italianos, Saronni, Moser y Visentini, cuyo fuerte no era la montaña. Esta situación dio un vuelco a partir de 1987, cuando los organizadores no sólo volvieron a incluir grandes etapas de montaña, con especial protagonismo para la temida Marmolada (Passo Fedaia) y recuperando el Gavia en 1988, sino que comenzaron la búsqueda de puertos aún más duros, estrenando el Mortirolo por Mazzo en 1991, el puerto más decisivo desde entonces, y Zoncolan por Sutrio en 2003 y Ovaro en 2007, más brutal que el Mortirolo pero del que aún no se ha aprovechado todo su potencial, al utilizarse sólo como llegada.

En los últimas décadas y salvo ediciones aisladas, se ha consolidado como la GV con recorridos más llamativos. Y es que en el Giro, gracias a la riqueza orográfica italiana y a unos organizadores sin complejos (salvo excepciones …), se pueden ver algunos de los puertos más impresionantes de Europa, ascensiones con rampas durísimas o subidas interminables, dominando la lista de los puertos más duros en carrera; maratones de alta montaña que actualmente no se suelen ver en ninguna otra prueba, con casi siempre alguna etapa superando los 5000 m de desnivel; “serruchos” de media montaña; carreteras secundarias  que estarían vetadas en otras pruebas; pistas de tierra que recuperan el ciclismo de antaño; repechos traicioneros cerca de meta, etc …

No obstante, aunque esa actitud atrevida de los organizadores es digna de alabanza, creemos que no siempre han acertado en los recorridos, ya que en los últimos 25 años las virtudes han sido muy grandes pero a veces también los defectos, con ediciones de recorridos estupendos pero otras que estaban muy desequilibradas, abusando de finales en alto y reduciendo demasiado las cronos (de 2010 a 2014, y de nuevo en 2022), dejando casi siempre varias de las etapas más espectaculares de la temporada, pero también la sensación de que podrían haber sido mejores globalmente, aparte de más justos y propicios para todo tipo de corredores.

Analizando desde 2005 los bandazos han sido constantes, pasando de un Giro 2005 espectacular, con buenas cronos y montaña propicia para los ataques lejanos, incluyendo una buena dosis de grandes puertos y con el estreno de Finestre, a una edición 2006 aún más exigente pero descompensada y con exceso de finales duros, aunque también había etapas muy bien diseñadas y donde se vió gran espectáculo, como Aprica. El Giro 2007 tenía un recorrido mas controlado e incluía buenas etapas de alta montaña, destacando Briancon y Tre Cime, aunque con estructura global discutible y poca contrarreloj, mientras que en Giro 2008 la 1ª mitad era fantástica pero luego se caía en un tríptico de muros finales, Pampeago-Fedaia-Coronés, que propiciaron mucho conservadurismo, si bien otras etapas dieron juego, como Monte Pora.

La etapa de Sestriere en 2005, con el estreno de Finestre

En el Giro 2009, centenario de la prueba, hubo un recorrido extraño, sin apenas grandes puertos de paso (excepto la dura jornada de Monte Petrano) y las etapas clave en los Apeninos, aunque con media montaña muy interesante y una brutal crono de 60 km en la 2ª semana. En la edición de 2010 la alta montaña regresó a lo grande, con subidas colosales y etapas propicias para los ataques, si bien faltaba una CRI larga, estando descompensado. A la hora de la verdad, gracias a la actitud de los corredores y la fuga-bidón camino de L´Aquila, que hizo que los favoritos no pudieran especular, la carrera fue fabulosa, con las etapas de Aprica, Montalcino, Asolo, Zoncolan y L’Aquila entre las mejores del año, siendo una de las GV más espectaculares en lo que llevamos de siglo.

El trazado de 2011 fue muy polémico, llevando al límite las virtudes y defectos de la “era Zomegnan”: enorme dureza, destacando el etapón de Gardeccia; valentía, incluyendo puertos complicados logísticamente y tramos de tierra; y un fuerte desequilibrio entre la montaña y el resto de terrenos, con poquísima crono y demasiadas llegadas en alto. Sin embargo, lo que generó más críticas fue un supuesto exceso de peligrosidad y la muerte de Weylandt -> seguridad y protestas en el Giro, lo que unido a opiniones que tildaban el recorrido de “inhumano” llevó a la cancelación del Monte Crostis, además de la posterior sustitución de Zomegnan por Michele Acquarone como director de la prueba.

El recorrido de 2012 volvió a ser muy exigente (pese a que muchos medios de comunicación decían lo contrario), pero el exceso de finales en alto duros, la enorme igualdad, con los favoritos mostrando actitud demasiado conservadora, y la ausencia de una crono larga que forzara a los escaladores a moverse desde lejos, hizo que el global de la carrera resultara decepcionante, aunque sí hubo varias etapas destacables, como Pian de Resinelli, Cortina d´Ampezzo y sobre todo la agónica jornada del Stelvio, donde un ataque de Thomas De Gendt en el Mortirolo acabó siendo clave para que subiera al podio final en Milán, acompañando a Hesjedal y “Purito”.

El trazado de 2013 era a priori bastante equilibrado, ya que si bien incluía de nuevo muchos finales duros (6 de categoría Es o 1ª, contando la cronoescalada a Polsa) había una larga crono individual de 55 km camino de Saltara, amén de una estupenda media montaña. Sin embargo, aunque esta última funcionó muy bien, destacando jornadas como Marina d’Ascea, Pescara e Ivrea, la carrera se quedó muy coja por culpa del mal tiempo, provocando que hubiera puertos eliminados o capados” en casi todas las jornadas de alta montaña (sólo se salvó la etapa de Montasio), incluyendo la suspensión completa de la jornada de Val Martello, que incluía Gavia y Stelvio antes de la subida final.

La edición de 2014 tenía una alta montaña durísima, con hasta 12 ascensiones superando los 200 de coef. APM, pero sin embargo tanto la colocación de los puertos, con un abuso de llegadas en alto (10, cinco en HC), como de las propias etapas, con un brutal tríptico al final de la prueba, dejaba mucho que desear, estando además muy desequilibrado al no haber casi CRI llana y renunciando tristemente a lo que mejor había funcionado en 2013, la media montaña. A la hora de la verdad la carrera fue muy aburrida, salvándose sólo la etapa de Val Martello, tan polémica como decisiva para el resultado final, con una neutralización “a la carta” en el Stelvio, y momentos puntuales de otras jornadas.

El trazado de 2015 fue un cambio completo, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, sin llegadas en HC, y apostando por los puertos de paso, teniendo protagonismo tanto los grandes colosos como las pequeñas cotas cerca de meta, ya que además se recuperaba la media montaña, con multitud de etapas quebradas. Y se programó una larga crono de 60 km, algo que no se veía desde 2009 (aunque la de ese año más quebrada). El resultado: una carrera espectacular desde el inicio hasta el final de la prueba, con casi un 9 en la encuesta, destacando etapas de Aprica, con batalla incluso antes del Mortirolo, y Sestriere, con pelea sin cuartel en Finestre, ambas con el mismo tipo de encadenado final “grande + pequeño”.

El recorrido de 2016 repetía parte de las características del año anterior, teniendo pocos finales en alto y ninguno de ellos muy duro, dándole de nuevo el protagonismo a los puertos de paso, tanto en las jornadas de alta montaña, varias con un diseño muy interesante, como en la abundante media montaña. La mayor diferencia respecto a 2015 eran las cronos, sin CRE y con 3 individuales, aunque 2 de ellas cortas, incluyendo cronoescalada. A la hora de la verdad la prueba fue de menos a más, con una 2ª mitad de carrera fabulosa, incluyendo a 4 de las 5 mejores etapas de 2016 (junto a Formigal): Risoul, con el grupo roto desde el Agnello; Sta. Anna de Vinadio, decisiva para el resultado final; Andalo, muy entretenida; y el “tappone” de Corvara.

En 2017, la 100ª edición de la prueba, hubo un recorrido llamativo, con etapas importantes a lo largo de toda la prueba, destacando la dura jornada de Bormio -> vídeo, y estando bastante equilibrado entre escaladores y rodadores gracias a los 70 km de crono individual. Sin embargo, pese a estos alicientes, comparado con 2015-16 era algo decepcionante, máxime dadas la expectativas, teniendo un exceso de finales duros y además en etapas poco propicias para los ataques lejanos, al haberse reducido los colosos de paso (salvo en la jornada reina), lo que unido a que dejaban fuera puertos clave en la historia de la prueba nos llevo a proponer un Giro centenario alternativo, dedicando cada etapa a un corredor diferente.

En la edición de 2018, polémica por el inicio desde Jerusalem y la participación de Froome (Sky), que estaba pendiente de que se resolviera su positivo por exceso de Salbutamol en la Vuelta, del que finalmente fue absuelto, la victoria fue para el propio corredor de Sky, que tras llegar 4º a la antepenúltima jornada destrozó a sus rivales en la etapa de Finestre -> vídeo, atacando a 80 km de meta y llegando al Monte Jafferau con 3 minutos de ventaja sobre el grupo perseguidor, colocándose líder tras el hundimiento de Yates, que había dominado las 2 primeras semanas. Le acompañaron en el podio Dumoulin, vencedor el año anterior, y “Supermán“ López, ganador de la clasificación de los jóvenes.

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