GIRO DE ITALIA 2022

Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada excesivamente larga.

En esta 1ª parte: análisis general, con la participación y recorrido, e historia de la prueba.

Las demás entradas sobre el Giro 2022:

Introducción e historia


Durante este mes, del viernes 6 al domingo 29 de mayo, se celebra la 105ª edición del Giro de Italia, también conocido como la “corsa rosa” y desde 1995 la primera de las 3 grandes rondas por etapas del calendario … excepto en 2020, cuando se retrasó a octubre debido a la pandemia del coronavirus. Y precisamente este año se recupera la salida desde Budapest, la capital de Hungría, anunciada originalmente para esa edición pero que no se pudo hacer por la pandemia.

Sobre la participación, no estarán los grandes dominadores de las GV los últimos años, Roglic, Pogacar y Bernal, lo que hace que la carrera se presenta muy abierta -> encuesta, si bien con el ganador en 2019, Richard Carapaz (Ineos) como favorito, seguido por Simon Yates (Bike Exchange) 3º el año pasado; Mikel Landa (Bahrain), podio 2015 y 4º en 2019; Joao Almeida (UAE), top-6 los últimos años; y Miguel Á. López (Astana) podio en 2018. No obstante, ojo también a Romain Bardet, 1º en Tour de los Alpes, y Thymen Arensman, 3º en esa carrera (DSM); Pello Bilbao (Bahrain), top 6 varias ediciones; Richie Porte y Pavel Sivakov (Ineos); Wilco Kelderman, podio en 2020, Jai Hindley, 2º ese mismo año, y Emanuel Buchmann (Bora); el ganador en 2017 Tom Dumoulin, 2º en 2018, y Tobias Foss (Jumbo); Giulio Ciccone y Bauke Mollema (Trek); Alejandro Valverde e Ivan Sosa (Movistar); Hugh Carthy (Education First); Guillaume Martin (Cofidis); y el doble ganador Vincenzo Nibali (Astana), aunque lejos de sus mejores momentos.

Respecto a los clasicómanos y corredores todoterreno, además de algunos ya mencionados sobresalen Mathieu Van der Poel (Alpecin), ganador del Tour de Flandes; el joven Biniam Girmay (Intermarche), vencedor Gante-Wevelgem; Diego Ulissi (UAE), 8 etapas en ediciones previas; y Magnus Cort (EF). Entre los sprinters, destacar a Mark Cavendish (Quick-Step). ganador de 15 etapas en Giros anteriores; Caleb Ewan (Lotto), vencedor 5 etapas en otras ediciones; Fernando Gaviria (UAE), también con 5 etapas en Giros previos; Arnaud Demare (Groupama), con los mismos antedecentes que Ewan y Gaviria; Giacomo Nizzolo (Israel), dos veces «maglia ciclamino»; y Phil Bauhaus (Bahrain).

En cuanto al recorrido, la prueba se inicia con 3 etapas en Hungría: final en subida tendida en Visegrado; CRI de 9 km en Budapest, muy técnica y acabando en repecho; y etapa llana en torno al lago Balaton. Después del día de descanso y traslado a Sicilia, turno para la 1ª etapa de montaña de esta edición, con una subida al Monte Etna de 22 km al 6%, con tramos duros, seguida por una jornada para velocistas en Messina (5ª), aunque con puerto a mitad de la ruta. Ya en la Italia continental, etapa llana en Scalea antes de adentrarse en los Apeninos con la dura jornada de Potenza (7ª), con los puertos de Colla, Monte Sirino, M.G.Viggiano, con 6 km finales al 10%, y Sellata antes de los repechos finales. La etapa siguiente, con 153 km en Nápoles (8ª), incluye múltiples repechos, destacando las 4 subidas a Procida, aunque la mente de los favoritos estará en el día del Blockhaus (9ª), con doble paso por el puerto: el 1º por Pretoro hasta Passo Lanciano y el 2º por Roccamorice hasta cota 1665 m, con 13,6 km finales al 8,4%, ganando Quintana en 2017. Y ojo también al inicio, con 3 puertos seguidos, para un desnivel total de 5000 m.

El perfil general del Giro 2022, aunque las etapas de Genova (12ª) y Torino (14ª) han cambiado

Tras el descanso, la prueba se reanuda con una etapa quebrada entre Pescara y Jesi (10ª), propicia para los clasicómanos, seguida por una jornada totalmente llana en Reggio Emilia; etapa de media montaña camino de Génova (12ª), aunque más blanda que la presentada originalmente; y una jornada difícil de clasificar en Cuneo, con puertos de inicio pero luego terreno sencillo hasta meta … algo que no ocurre en la etapa de Torino (14ª), con un terreno de sube y baja constante que incluye 2 pasos por Superga, conocido por la Milán-Turín, y otros dos por Colle Maddalena, con 1,5 km iniciales durísimos, tras cuyo descenso y el repecho de Nobile está la meta, cerrando el bloque con una etapa en Aosta con llegada en Cogne (15ª), incluyendo los puertos de Pila-Les Fleurs y Verrogne antes de la larga subida final, de inicio exigente pero que luego suaviza mucho, por lo que hay que moverse desde lejos para hacer daño.

Ya en la 3ª semana, la gran traca de alta montaña, que se puede dividir en 2 bloques, el 1º con el tappone de Aprica (16ª), la jornada reina, con 5200 m de desnivel e incluyendo Goletto di Cadino, un puerto muy largo, Mortirolo, aunque por su vertiente «blanda», Teglio, una buena encerrona, y Santa Cristina, con 12,5 km al 8,5%, coronándose a 6 km de meta; y Lavarone (17ª), una jornada trampa, con Tonale de salida, una parte central plagada de repechos y el encadenado de Vetriolo, con 10 km finales al 8-9%, y Menador, que tiene 8 km al 10%, seguido por otros 8 km de cresteo hasta meta. Y el 2º, tras la jornada más sencilla de Treviso, con las etapas de Santuario de Castelmonte (19ª), con incursión en Eslovenia para subir Kolovrat, con 10 km al 9,5%, antes de la irregular subida final; ya de de nuevo en Italia; y Passo Fedaia (20ª), más conocido como la Marmolada, con 5,7 km finales al 11%, y los puertos previos de San Pellegrino, también muy duro, y el Passo Pordoi, Cima Coppi con sus 2240 m de altitud. Y como despedida, CRI de 17 km en Verona, con Torricelle a mitad de la ruta, al igual que en 2019.

En resumen, un trazado exigente, con varias etapas muy atractivas, pero muy desequilibrado globalmente debido al exceso de finales duros y sobre todo la escasez de crono, con menos de 27 km en total, la cifra más baja desde 1962. Una pena, ya que con 2 simples cambios, como hacer otra crono (o si no alargar las ya existentes), y cambiar el final de la etapa de la Marmolada, poniéndolo como puerto de paso para favorecer ataques lejanos, habría sido un recorrido de notable. Y tampoco estaría mal algo más de «chicha» en los primeros días, con 4 etapas llanas de 6. De todos modos, terreno hay para ver una gran carrera si los ciclistas se muestran combativos.

Historia

El origen de la carrera data de inicios del siglo pasado, 1908, cuando La Gazzetta dello Sport, en base a una idea del periodista Tullo Morgagni y en un intento por distanciarse de su principal competidor, Il Corriere della Seraanunció en portada el 24 de agosto la celebración del primer Giro de Italia para el mes de mayo de 1909, adelántandose al diario rival que estaba a punto de lanzar una carrera por etapas de similares características.

Esta 1ª edición, homenajeada en el Giro 2009 con motivo de su centenario, partió de la Plaza Loreto de Milán y finalizó en la misma ciudad tras 8 etapas con kilometrajes casi siempre superiores a los 200 km, si bien entre cada etapa había como mínimo un día de descanso. La general se estableció en base a una clasificación por puntos, con victoria para Luigi Ganna y Carlo Galetti 2º. De los 127 corredores que iniciaron la carrera 122 eran italianos, presentándose sólo 5 corredores extranjeros, incluyendo a los franceses Louis Trousselier y Lucien P. Breton, ganadores del Tour, si bien ninguno de ellos estuvo entre los 49 ciclistas que consiguieron acabar la prueba -> vídeo.

Una imagen de la 1ª edición (1909), en la que venció Luigi Ganna. Foto Gazzetta.it

Durante los años siguientes se mantuvo un nº de etapas similar, entre 8 y 12, y la general por puntos, incluyendo una edición en 1912 en que la carrera se disputó por equipos, hasta que en 1914, antes del parón por la 1ª Guerra Mundial, se adoptó la clasificación por tiempos individuales. En la década de los 30 hubo dos novedades importantes en la historia de la prueba: el maillot rosa, color emblema del periódico organizador y distintivo del líder, y que como decíamos al inicio cumple 90 años; y un aumento de etapas hasta llegar a las 20 de 1935, una cifra que ya se ha mantenido más o menos estable hasta la actualidad, con el único parón de los 4 años debido a la 2ª Guerra Mundial.

En su época inicial el Giro fue una carrera bastante localista, tanto en participación como en resultados, pero a partir de 1950 empezó a ganar protagonismo internacional, situándose al nivel del Tour de Francia durante los 60 y primera mitad de los 70. Sin embargo, a mediados de esa década empezó su declive, dejando al Tour en cabeza de las GV. Parte de esa pérdida de importancia fue motivada por una considerable rebaja en la dureza de los recorridos. Afortunadamente, esto cambió a finales de los 80. Y si bien ya no ha vuelto a estar al nivel mediático del Tour (al menos internacionalmente, en Italia si) la carrera ha recuperado su dureza y prestigio.

Los grandes dominadores de la prueba durante los primeros años fueron Carlo Galetti y Constante Girardengo, ambos con 2 triunfos y un 2º puesto; Giovanni Brunero, con 3 victorias y otros 3 podios entre 1920 y 1927; y sobre todo Alfredo Binda, apodado “la Gioconda” y que obtuvo 5 victorias en la general (1925, 27, 28, 29, 33) además de 41 triunfos de etapa, una cifra sólo superada por las 42 victorias de Mario Cipollini. El dominio de Binda a finales de la década de los 20 fue tal que los organizadores llegaron a ofrecerle dinero en 1930 para que no participara, corriendo en su lugar el Tour, donde ganó 2 etapas aunque no acabó la carrera.

A continuación llegó el turno de Gino Bartali (1936, 37, 46) -> documental, e “Il Campionissimo” Fausto Coppi (1940, 47, 49, 52, 53), los mejores corredores italianos de la historia, junto con Binda, y que si no hubiera sido por la 2ª Guerra Mundial habrían conseguido un palmarés aún más espectacular. La rivalidad deportiva fue enorme, con el país dividido entre “Coppistas” y “Bartalistas”, si bien a nivel personal acabaron siendo grandes amigos. Destacar la edición de 1949, en la que Coppi se convirtió en leyenda gracias a la mítica etapa de Pinerolo. En esta época también sobresale Fiorenzo Magni, triple ganador de la prueba (1948, 51, 55).

Coppi en la etapa de Pinerolo 1949, votada como la mejor de la historia del Giro. Foto de la Gazzetta.it

Con 5 triunfos en la general, igualando a Binda y Coppi, está “el caníbal” Eddy Merckx  (1968, 70, 72, 73, 74), que a finales de los 60 e inicios de los 70 impuso su tiranía en el Giro, aunque la calidad de sus rivales, en la época de mayor esplendor de la prueba, hizo que éstos no se fueran de vacío, destacando la perseverancia de Felice Gimondi, con 3 victorias (1967, 69, 76) y otros 6 podios, acabando en el “top-10″ durante 12 años seguidos. También con 3 victorias está “el tejón” Bernard Hinault (1980, 82, 85), siendo después de Merckx el corredor no italiano con mayor éxito en el Giro, destacando también su compatriota Jacques Anquetil, con 2 victorias (1960, 64) y otros 4 podios.

En los últimos tiempos el mayor protagonista ha sido Gilberto Simoni, retirado en 2010 con 2 victorias (2001, 03) y otros 5 podios en su haber, sin bajarse del “cajón” desde 1999 hasta 2006 salvo por su polémica expulsión en 2002 (positivo por cocaína del que más tarde fue exculpado). Los demás corredores con 2 triunfos en la general en lo que llevamos de siglo son Paolo Savoldelli, con victorias 2002 y 2005; Ivan Basso, ganador en 2006 y 2010; Alberto Contador, vencedor en 2008 y 2015 (también acabó 1º en 2011, pero fue descalificado más tarde debido a la sanción por positivo en el Tour); y Vincenzo Nibali, ganador en 2013 y 2016.

En cuanto a los españoles, más allá de Contador sólo Miguel Indurain, con doblete en 1992 y 1993, ha vencido en la general, siendo además 3º en 1994, una edición memorable gracias a la irrupción de Pantani y la fabulosa etapa del Mortirolo. No obstante, también destaca Miguel Poblet, pionero español en el Giro con 20 triunfos etapa entre 1956 y 1961; Jose Manuel Fuente“el Tarangu”, que mantuvo grandes duelos con Merckx y Gimondi, siendo 2º en 1972 y 5º en el impresionante Giro de 1974, “the greatest show on earth”, tras ganar 5 etapas y la montaña; Paco Galdós, 2º en 1975 y 3º en 1973; Abraham Olano, podio en 1996, llegando líder a la 20ª etapa, y 2001; Joaquim Rodríguez, rozando el triunfo en 2012; Mikel Landa y Alejandro Valverde, podios en 2015 y 2016 respectivamente.

En el Giro 2021, recuperadas ya las fechas habituales, se impuso el colombiano Egan Bernal (Ineos), el más fuerte en los primeros 15 días, incluyendo dos triunfos de etapa, uno de ellos en Cortina d’Ampezzo, a priori la etapa reina pero donde se modificó la ruta suprimiendo 2 puertos, y que supo sufrir en la última semana, ayudado por una gran labor de su equipo, para acabar ganando con un minuto y medio de ventaja sobre Damiano Caruso (Bahrain), vencedor en Alpe Motta, y 4 minutos sobre Simon Yates (Bike Exchange), que alternó grandes etapas, como su triunfo en Alpe Mera, con días más flojos, completando el top-5 Alexander Vlasov (Astana) y Daniel F.Martínez (Ineos), gran gregario para Bernal, empatado a tiempo con Joao Almeida (Deceuninck), que fue de menos a más.

El podio del Giro 2021, con Bernal, Caruso y Yates

  1. Egan Bernal (Ineos)  86h 17′ 28”
  2. Damiano Caruso (Bahrain) a 1′ 29”
  3. Simon Yates (Bike Exchange) a 4′ 15”
  4. Alexander Vlasov (Astana) a 6′ 40”
  5. Daniel Felipe Martínez (Ineos) a 7′ 24”
  6. Joao Almeida (Deceuninck) a 7′ 24”
  7. Romain Bardet (Team DSM) a 8′ 05”
  8. Hugh Carthy (Education First) a 8′ 56”
  9. Tobias Foss (Jumbo Visma) a 11′ 44”
  10. Daniel Martin (Israel) a 18′ 35”

Recorridos

A nivel de recorridos y como es lógico en una prueba con tantos años, el Giro ha pasado por épocas muy diversas -> dossier recorridos históricos de las GV, pero a partir de los años 40 casi siempre ha tenido un gran protagonismo la alta montaña, con colosos de paso que unidos al modo en que se corría entonces rompían el pelotón a muchos km de meta, destacando jornadas como Pinerolo 1949 y Moena 1963, ambas entre las etapas más duras de la historia. A finales de los 60 y principios de los 70 empezaron a ganar importancia los finales en alto, tanto subidas sin salida, como Blockhaus (aunque tiene cruces hasta cota 1650 m) y Tre Cime di Lavaredo, o puertos de paso utilizados como llegada, como el Passo Stelvio (estrenado varios años antes, en 1953), aunque sin pasar de los 2-3 por cada edición.

Sin embargo, a finales de los 70 / principios de los 80 se entró en una “época oscura”, con escasa dureza y trazados que no beneficiaban los ataques. De vez en cuando incluían grandes puertos, pero en etapas con pocas subidas y mal encadenadas, siendo rutas pensadas para el lucimiento de los corredores italianos, Saronni, Moser y Visentini, cuyo fuerte no era la montaña. Esta situación dio un vuelco a partir de 1987, cuando los organizadores no sólo volvieron a incluir grandes etapas de montaña, con especial protagonismo para la temida Marmolada (Passo Fedaia) y recuperando el Gavia en 1988, sino que comenzaron la búsqueda de puertos aún más duros, estrenando el Mortirolo por Mazzo en 1991, el puerto más decisivo desde entonces, y Zoncolan por Sutrio en 2003, volviendo este año, y Ovaro en 2007, más brutal que el Mortirolo pero del que aún no se ha aprovechado todo su potencial, al utilizarse sólo como llegada.

Aprica 1994, cuya parte final, con Santa Cristina antes de meta, repite este año, aunque no la ruta previa

En los últimas décadas y salvo ediciones aisladas, se ha consolidado como la GV con recorridos más llamativos. Y es que en el Giro, gracias a la riqueza orográfica italiana y a unos organizadores sin complejos (salvo excepciones …), se pueden ver algunos de los puertos más impresionantes de Europa, ascensiones con rampas durísimas o subidas interminables, dominando la lista de los puertos más duros en carrera; maratones de alta montaña que actualmente no se suelen ver en ninguna otra prueba, con casi siempre alguna etapa superando los 5000 m de desnivel; “serruchos” de media montaña; carreteras secundarias  que estarían vetadas en otras pruebas; pistas de tierra que recuperan el ciclismo de antaño; repechos traicioneros cerca de meta, etc …

No obstante, aunque esa actitud atrevida de los organizadores es digna de alabanza, creemos que no siempre han acertado en los recorridos, ya que en los últimos 20 años las virtudes han sido muy grandes pero a veces también los defectos, con ediciones de recorridos estupendos pero otras que estaban muy desequilibradas, abusando de finales en alto y reduciendo mucho las cronos (de 2010 a 2014, y de nuevo este año), dejando casi siempre varias de las etapas más espectaculares de la temporada pero en ocasiones también la sensación de que podrían haber sido mejores globalmente, aparte de más justos y propicios para todo tipo de corredores.

Analizando desde 2005 los bandazos han sido constantes, pasando de un Giro 2005 espectacular, con buenas cronos y montaña propicia para los ataques lejanos, incluyendo una buena dosis de grandes puertos y con el estreno de Finestre, a una edición 2006 aún más exigente pero descompensada y con exceso de finales duros, aunque también había etapas muy bien diseñadas y donde se vió gran espectáculo, como Aprica. El Giro 2007 tenía un recorrido mas controlado e incluía buenas etapas de alta montaña, destacando Briancon y Tre Cime, aunque con estructura global discutible y poca contrarreloj, mientras que en la edición de 2008 la 1ª mitad era fantástica pero luego se caía en un tríptico de muros finales, Pampeago-Fedaia-Coronés, que propiciaron mucho conservadurismo, si bien otras etapas dieron mucho juego, como Monte Pora.

En el Giro 2009, centenario de la prueba, hubo un recorrido extraño, sin apenas grandes puertos de paso (excepto la dura jornada de Monte Petrano) y las etapas clave en los Apeninos, aunque con una media montaña muy interesante y una brutal crono de 60 km en la 2ª semana. En la edición de 2010 la alta montaña regresó a lo grande, con subidas colosales y etapas muy propicias para los ataques, si bien faltaba una CRI larga, estando descompensado. A la hora de la verdad, gracias a la actitud de los corredores y la fuga-bidón camino de L´Aquila, que hizo que los favoritos no pudieran especular, la carrera fue fabulosa, con las etapas de Aprica, Montalcino, Asolo, Zoncolan y L’Aquila entre las mejores del año, siendo una de las GV más espectaculares en lo que llevamos de siglo.

El trazado de 2011 fue muy polémico, llevando al límite las virtudes y defectos de la “era Zomegnan”: enorme dureza, destacando el etapón de Gardeccia; valentía, incluyendo puertos complicados logísticamente y tramos de tierra; y un fuerte desequilibrio entre la montaña y el resto de terrenos, con poquísima crono y demasiadas llegadas en alto. Sin embargo, lo que generó más críticas fue un supuesto exceso de peligrosidad y la muerte de Weylandt -> seguridad y protestas en el Giro, lo que unido a opiniones que tildaban el recorrido de “inhumano” llevó a la cancelación del Monte Crostis, además de la posterior sustitución de Zomegnan por Michele Acquarone como director de la prueba.

El «tappone» de Gardeccia, con 6100 m de desnivel y última subida a Fedaia (Marmolada) hasta este año

El recorrido de 2012 volvió a ser muy exigente (pese a que muchos medios de comunicación decían lo contrario), pero el exceso de finales en alto duros, la enorme igualdad, con los favoritos mostrando actitud demasiado conservadora, y la ausencia de una crono larga que forzara a los escaladores a moverse desde lejos, hizo que el global de la carrera resultara decepcionante, aunque sí hubo varias etapas destacables, como Pian de Resinelli, Cortina d´Ampezzo y sobre todo la agónica jornada del Stelvio, donde un ataque de Thomas De Gendt en el Mortirolo acabó siendo clave para que subiera al podio final en Milán, acompañando a Hesjedal y “Purito”.

El trazado de 2013 era a priori bastante equilibrado, ya que si bien incluía de nuevo muchos finales duros (6 de categoría Es o 1ª, contando la cronoescalada a Polsa) había una larga crono individual de 55 km camino de Saltara, amén de una estupenda media montaña. Sin embargo, aunque esta última funcionó muy bien, destacando jornadas como Marina d’Ascea, Pescara e Ivrea, la carrera se quedó muy coja por culpa del mal tiempo, provocando que hubiera puertos eliminados o capados” en casi todas las jornadas de alta montaña (sólo se salvó la etapa de Montasio), incluyendo la suspensión completa de la jornada de Val Martello, que incluía Gavia y Stelvio antes de la subida final.

La edición de 2014 tenía una alta montaña durísima, con hasta 12 ascensiones superando los 200 de coef. APM, pero sin embargo tanto la colocación de los puertos, con un abuso de llegadas en alto (10, cinco en HC), como de las propias etapas, con un brutal tríptico al final de la prueba, dejaba mucho que desear, estando además muy desequilibrado al no haber casi CRI llana y renunciando tristemente a lo que mejor había funcionado en 2013, la media montaña. A la hora de la verdad la carrera fue muy aburrida, salvándose sólo la etapa de Val Martello, tan polémica como decisiva para el resultado final, con una neutralización “a la carta” en el Stelvio, y momentos puntuales de otras jornadas.

El trazado de 2015 fue un cambio completo, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, sin llegadas en HC, y apostando por los puertos de paso, teniendo protagonismo tanto los grandes colosos como las pequeñas cotas cerca de meta, ya que además se recuperaba la media montaña, con multitud de etapas quebradas. Y se programó una larga crono de 60 km, algo que no se veía desde 2009 (aunque la de ese año más quebrada). El resultado: una carrera espectacular desde el inicio hasta el final de la prueba, con casi un 9 en la encuesta, destacando etapas de Aprica, con batalla incluso antes del Mortirolo, y Sestriere, con pelea sin cuartel en Finestre, ambas con el mismo tipo de encadenado final “grande + pequeño”.

El recorrido de 2016 repetía parte de las características del año anterior, teniendo pocos finales en alto y ninguno de ellos muy duro, dándole de nuevo el protagonismo a los puertos de paso, tanto en las jornadas de alta montaña, varias con un diseño muy interesante, como en la abundante media montaña. La mayor diferencia respecto a 2015 eran las cronos, sin CRE y con 3 individuales, aunque 2 de ellas cortas, incluyendo cronoescalada. A la hora de la verdad la prueba fue de menos a más, con una 2ª mitad de carrera fabulosa, incluyendo a 4 de las 5 mejores etapas de 2016 (junto a Formigal): Risoul, con el grupo roto desde el Agnello; Sta. Anna de Vinadio, decisiva para el resultado final; Andalo, muy entretenida; y el “tappone” de Corvara.

En 2017, la 100ª edición de la prueba, hubo un recorrido llamativo, con etapas importantes a lo largo de toda la prueba, destacando la dura jornada de Bormio -> vídeo, y estando bastante equilibrado entre escaladores y rodadores gracias a los 70 km de crono individual. Sin embargo, pese a estos alicientes, comparado con 2015-16 era algo decepcionante, máxime dadas la expectativas, teniendo un exceso de finales duros y además en etapas poco propicias para los ataques lejanos, al haberse reducido los colosos de paso (salvo en la jornada reina), lo que unido a que dejaban fuera puertos clave en la historia de la prueba nos llevo a proponer un Giro centenario alternativo, dedicando cada etapa a un corredor diferente.

En la edición de 2018, polémica por el inicio desde Jerusalem y la participación de Froome (Sky), que estaba pendiente de que se resolviera su positivo por exceso de Salbutamol en la Vuelta, del que finalmente fue absuelto, la victoria fue para el propio corredor de Sky, que tras llegar 4º a la antepenúltima jornada destrozó a sus rivales en la etapa de Finestre -> vídeo, atacando a 80 km de meta y llegando al Monte Jafferau con 3 minutos de ventaja sobre el grupo perseguidor, colocándose líder tras el hundimiento de Yates, que había dominado las 2 primeras semanas. Le acompañaron en el podio Dumoulin, vencedor el año anterior, y “Supermán“ López, ganador de la clasificación de los jóvenes.

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