Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada excesivamente larga.
En esta 1ª parte: análisis general, con la participación y recorrido, e historia de la prueba.
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Durante las próximas semanas, del 4 de julio al 26 de julio, se disputa la 113ª edición del “Tour de France”, la carrera por etapas más prestigiosa, así como la más esperada por gran parte de los aficionados al ciclismo profesional, aunque coincidiendo este año con el Mundial de fútbol, lo que puede restarle protagonismo en los medios de comunicación.
Como es habitual, la participación es a priori magnífica, contando con la mayoría de los grandes vueltómanos, clasicómanos y velocistas actuales, estando presentes 9 de los 12 primeros de la última edición y 8 top-ten del reciente Giro, si bien también hay bajas importantes por lesión o enfermedad, como Wout Van Aert, que siempre ha brillado en el Tour; Oscar Onley, 4º el año pasado; Mikel Landa, top-5 múltiples ediciones, y Pello Bilbao, en su último año como profesional. Y tampoco estará Carlos Rodríguez, no incluído por su equipo.
La carrera se presenta como un nuevo duelo entre Tadej Pogacar (UAE) cuádruple vencedor y que llega tras arrasar en Suiza, buscando unirse al club de los pentacampeones del Tour; y Jonas Vingegaard (Visma) ganador en 2022 y 2023, siendo además el vigente vencedor de Giro y Vuelta. A nivel de equipo, ambos están bien acompañados, aunque Pogacar tiene ventaja, con una escuadra potentísima: Isaac del Toro, ganador Tirreno y Dauphiné; Adam Yates, podio en 2023; Tim Wellens, Brandon McNulty … mientras que Matteo Jorgenson, Davide Piganzoli, Sepp Kuss y Campenaerts lo darán todo por Vingegaard, aunque notándose la ausencia de Van Aert.
En el siguiente escalón estarían los líderes de Red Bull Bora, con Remco Evenepoel, tan brillante como irregular, habiendo sido podio en 2024, y Florian Lipowitz, más diesel pero muy constante, siendo de hecho 3º el año pasado, además de Jai Hindley, podio en Giro; Decathlon, con el joven Paul Seixas, esperanza francesa para volver a ganar grandes vueltas; y Lidl-Trek, que trae un equipazo, con Juan Ayuso, 2º en el reciente Dauphiné, Mattias Skjelmose y Derek Gee. Y ojo también a Richard Carapaz (EF), con múltiples podios en GV, incluído el Tour, Tobias Johannessen (Uno-X), en su mejor año como profesional; y Tom Pidcock (Pinarello), podio en la última Vuelta..
Otra de las escuadras potentes es Netcompany Ineos, si bien con la incógnita del estado de sus líderes, ya que Thymen Arensman, 4º en la «corsa rosa», y Egan Bernal llegan con el desgaste del Giro, mientras que Kevin Vauquelin ha estado enfermo, siendo un caso similar Bahrain, con Lenny Martínez, podio en Romandía y Cataluña, Antoni Tiberi y Damiano Caruso. También lucharán por el top-10 o destacar en las etapas de montaña Cian Uijtdebroeks (Movistar); Lennert Van Eetvelt (Lotto); Ilan Wilder, 5º en Suiza, y Paret-Peintre (Soudal); Ben O’Connor (Jayco), Michael Storer (Tudor); Harold Tejada y Sergio Higuita (Astana); Guillaume Martin (FDJ); Alex Baudin (EF) y Jordan Jegat (T.Energies).
Sobre los clasicómanos y «todoterreno«, junto a algunos ya mencionados destacan Mathieu Van der Poel (Alpecin), que ya brilló el último Tour; Mads Pedersen, con el verde como objetivo, Quinn Simmons y Mathias Vacek (Lidl-Trek); Filippo Ganna, Dorian Godon y Michal Kwiatkowski (Ineos); Ben Healy, Kasper Asgreen y Michael Valgren (EF); Michael Matthews (Jayco), 4 etapas en el Tour; Roman Gregoire (Groupama); Matteo Trentin, Julian Alaphilippe, 5 etapas ediciones previas, y Marc Hirschi (Tudor); Magnus Cort, Soren Waerenskjold y Jonas Abrahamsen (Uno-X); Maxim Van Gils y Jan Tratnik (Red Bull); Tiesj Benoot (Decathlon); Jasper Stuyven (Soudal); Matej Mohoric (Bahrain); Javier Romo, Pablo Castrillo, Raúl G.Pierna (Movistar); Ion Izagirre y Alex Aranburu (Cofidis).
En cuanto a los velocistas, además de los ya nombrados Pedersen y Matthews, sobresalen Tim Merlier, con 6 triunfos en lo que va de año (Soudal); Jasper Philipsen, con nada menos que 10 triunfos en los últimos 4 Tours, (Alpecin); Olav Kooij (Decathlon), que se estrena en la ronda francesa Biniam Girmay, (NSN), 3 etapas y ganador de los puntos en 2024; Arnaud de Lie (Lotto), aunque llega enfermo; Max Kanter y Davide Ballerini (Astana); Phil Bauhaus (Bahrain); Fernando Gaviria (Caja Rural), buscando recuperar su mejor nivel; Pascal Ackermann (Jayco); Milan Fretin (Cofidis) y Pavel Bittner (Picnic).
En cuanto al recorrido, tras haberse desarrollado íntegramente en Francia en 2025, este año se inicia en España, con una jornada inaugural en Barcelona en forma de crono por equipos, de casi 20 km y final en Montjuic, con llegada en repecho y el formato mixto ya utilizado en Niza y Dauphiné, seguida por una etapa tipo clásica también en Barcelona, con el ascenso a Begues / La Rectoría y 3 vueltas a un circuito en Montjuic, incluyendo la subida al Castillo (1,6 km al 9,3%), por una variante inicial más dura que la de la Volta, y meta en repecho. Y no hay respiro, ya que la 3ª jornada acaba en la estación de Les Angles, ya en Francia, tras casi 200 km y el enlazado de Collada de Toses (4 km finales al 9-10%) y el tendido Calvaire antes de la subida final, corta pero donde se notará el desgaste previo.
Al día siguiente, media montaña camino de Foix (4ª), destacando los puertos de Coudons y Montsegur (5 km finales al 7,2%), este último coronándose a 35 km de meta, en una jornada para escapadas, seguida por la etapa de Pau (5ª), en el primer día para los sprinters, aunque con varias cotas en los últimos 40 km, la más dura Baleix, que pueden provocar cortes. Y como etapa reina de los Pirineos, la jornada de Gavarnie (6ª), con casi 190 km y el encadenado del Col d’Aspin, todo un clásico, y el mítico Tourmalet, el puerto más transitado en la historia del Tour, teniendo por esta vertiente 12,5 km finales al 8,8%, con un vertiginoso descenso antes de la subida final a Gavarnie, larga y tendida, estilo Aprica, no siendo rompedora por sí sola pero pudiendo dar mucho juego si la carrera llega rota.
Las 2 etapas siguientes, con llegadas en Burdeos (7ª) y Bergerac (8ª), son bastante similares, ambas llanas y muy favorables para los sprinters, cerrando la 1ª semana con la jornada de Ussel (9ª), que tiene una ruta de media montaña de sube y baja constante, destacando Suc au May, con tramo de 2 km a casi el 11%, y Croix du Pey, aunque lejos de meta, con Mont Bessou como última cota, en un día para escapadas. Tras el descanso, nueva jornada en el Macizo Central, en este caso camino de Le Lioran (10ª), incluyendo 7 puertos en los últimos 100 km, con el encadenado de Peyrol (2 km finales al 9%); Perthus, con 4,5 km al 8,5%, y Font de Cere antes del repecho final. Es el mismo enlazado de 2024, con el duelo Pogacar vs. Vingegaard, aunque Peyrol se subía por una vertiente más dura.
Al dejar atrás el Macizo Central, yendo hacia el este, vuelve a haber otro bloque de 2 etapas llanas, con llegadas en Nevers (11ª) y Chalon sur Saone (12ª), que los sprinters deberían aprovechar, ya que a partir de ahí se encadenan jornadas en Vosgos y Alpes, empezando con la etapa de Belfort (13ª), con 205 km, la más larga de esta edición, e incluyendo el Col des Croix y el histórico Ballon d’Alsace, con 9 km al 7%, en la parte final, si bien tras el puerto puede haber reagrupamiento. La reina de los Vosgos es la siguiente, Le Markstein (14ª), con los puertos de Grand Ballon, Oderen-Page, de nuevo Ballon d’Alsace y Hundsruck antes del inédito Col du Haag -> perfil completo, subida «en escalera», con zonas muy duras y descansillos, para un total de 11,2 km al 7,3% de media, coronándose a solo 6 km de meta.
Una jornada exigente, aunque con ruta intermedia mejorable, pudiendo haber encadenado Petit Ballon + Platzerwasel antes de Haag -> alternativa. Y como cierre de la 2ª semana, jornada de 184 km camino de Plateau de Solaison (15ª), con Rousses-Tabagnoz de inicio y ya en el tercio final Col de la Croisette, con 4,5 km finales al 11%, y la cota du Montz antes del ascenso a Solaison (meta km 12,2) -> otro perfil, que con 11,2 km al 9% es el final en alto más duro de esta edición, pudiendo provocar grandes diferencias, máxime con el desgaste de la propia etapa (4000 m de desnivel) y jornadas previas. Aunque inédito en el Tour, Solaison ya se ha subido 3 veces en Dauphiné, la última este mismo año con victoria de Del Toro.
Tras el día de descanso, turno para la única crono individual de esta edición, con 26 km entre Evian y Thonon les Bains (16ª), afrontando de inicio la subida a Larringes, con casi 10 km al 4-5%, y habiendo solo 9 km de llano tras la bajada, con la parte final muy técnica, habiendo curvas y estrechamientos -> mapa. En resumen. una crono para ciclistas completos, aunque siendo la única CRI debería ser más larga. La jornada de Voiron (17ª), con un inicio quebrado, destacando el Col des Prés (ojo a la bajada), y una 2ª mitad más sencilla, aunque con el repecho de la Comanderie a 3 km de meta, da opciones tanto a una escapada como a velocistas completos,
La etapa de Orcieres Merlette (18ª) tiene una ruta de media montaña, con varios puertos de 2ª y 3ª, aunque los organizadores han «inflado» Engins, de 12 km al 5,5%, y la subida final, con un tramo de 6,5 km al 7%, al marcarlos de 1ª, siendo el último antecedente en 2020, con triunfo de Roglic. En cualquier caso, es probable que los favoritos se reserven para Alpe d’Huez (19ª), con una etapa de solo 130 km pero con inicio traicionero, encadenando Bayard y Col du Noyer, para ya en los últimos 35 km enlazar el Col d’Ornon, aunque por su vertiente blanda, y la subida final (hasta km 13,8), que tiene 12 km iniciales al 8,7%, suavizando solo en los últimos 2 km.
Recuperado en 1976, tras un primer ascenso en 1952 -> perfiles e historia, es el final en alto más icónicó de la prueba desde entonces, con más de 30 llegadas. Y este año alberga dos, aunque con matices, al ser también meta de la etapa reina (20ª), con 170 km y los colosales Col de la Croix de Fer, irregular pero con tramos muy duros, y Col du Galibier norte, con 35 km (incluyendo Telegraphe) y la cima a 2640 m de altitud, estando entre los puertos más duros en carrera, antes del largo descenso previo al Col du Sarenne (desde km 9), que se estrena como subida en el Tour, coronándose a 14 de meta, seguido por varios repechos antes de unirse a la ctra. clásica a 4 km de la llegada.
Una jornada durísima, cercana a los 5500 m de desnivel, y con el acierto de llegar a Alpe d’Huez a través de Sarenne (¡por fin!), mejorando el encadenado con Galibier y teniendo una parte final que con todo roto puede resultar espectacular. Y cerrando la prueba, la jornada final de París, que si bien mantiene los 3 pasos por la cota de Montmartre, adoquinada, con un km al 6% y que tanto juego dio en las Olímpiadas de París 2024 y en el Tour 2025, alarga el circuito y la aleja un poco de la llegada, coronándose por última vez a 10 km de la meta en los Campos Elíseos, frente a los 6 del año pasado, cuando se impuso Van Aert, pudiendo haber reagrupamiento si las diferencias son pequeñas.
En resumen, un recorrido más exigente de lo que parece a 1ª vista, con más de 54000 m de desnivel según cifras oficiales, y que vuelve a estar muy desequilibrado a favor de los escaladores, pudiendo considerarse una mezcla de las 3 últimas ediciones, especialmente 2023 y 2024, si bien con la novedad de la CRE con un formato que no se había hecho en el Tour. Sobre la estructura, hasta mitad de la prueba es muy similar a 2023, con media montaña, Pirineos y luego Macizo Central, pero a partir de ahí, en vez de Alpes y luego Vosgos, el diseño es al revés, aumentando traslados y con las etapas de Alpe d’Huez pudiendo condicionar la carrera.
En el lado positivo se puede destacar que no abusan de finales en alto duros, con 2 llegadas en HC frente a las 5 del año pasado, siendo una montaña más variada, tanto la media como la alta, con algunas etapas muy buenas para atacar desde lejos, como Gavarnie, Le Lioran y la 2ª de Alpe d’Huez, estrenando Sarenne como subida. En la parte más negativa, como ya es habitual, el tema de las cronos, con una sola CRI y de únicamente 26 km, no llegando hasta la 3ª semana y con puerto incluído, mientras que la CRE, más allá de su formato, no alcanza los 20 km. Y si no querían alargarlas había otra solución: hacer una crono el día de Bergerac, que siendo sábado tenía mucho más sentido que la etapa llana prevista..
También resulta discutible el trazado general, que como decíamos antes aumenta los traslados y puede condicionar negativamente, y el diseño concreto de algunas etapas, como las jornadas de los Vosgos (la 2ª es dura pero con una ruta intermedia mejorable), Solaison y sobre todo Orcieres Merlette, que a esas alturas de carrera parece un pegote. Por otro lado, aunque sea más un tema de marketing, la escala de los perfiles de la web oficial es ridículamente achatada, haciendo que grandes puertos parezcan subidas tendidas. Por ese motivo en este artículo hemos incluído los perfiles del libro de ruta (salvo la CRI).
En cualquier caso, como siempre la última palabra será de los corredores. Y si son combativos desde el inicio de la carrera, aprovechando los puertos de paso y sin esperar a las etapas finales, podrá verse un buen espectáculo, como lleva ocurriendo desde 2021, con el duelo entre Pogacar y Vingegaard.
Historia de la prueba
El origen del Tour de Francia data de inicios del siglo 20, cuando Geo Lefevre, redactor del periódico L´Auto (actualmente L’Equipe), le propuso a su director, Henry Desgranges, la celebración de una carrera ciclista que uniera las principales ciudades francesas, para conseguir aumentar las ventas del periódico y superar al diario competidor Le Velo. Así pues, en julio de 1903 y no sin dificultades, incluyendo un cambio de fechas respecto a lo que estaba previsto, se disputó la edición inaugural -> mapa, con 2.428 km divididos en 6 etapas y victoria final para Maurice Garin, con casi 3 horas de ventaja sobre el 2º clasificado y una velocidad media de 25,7 km/h.
Durante los primeros años los organizadores tuvieron muchos problemas para sacar la carrera adelante, lo que les llevó a buscar nuevos alicientes. De este modo, en 1905 la general se estableció en base a una clasificación por puntos (sumando la posición en cada etapa, siendo 1º el que acumulara menos puntos) en lugar de por tiempos, aunque volvería a calcularse de ese modo a partir del año 1913. Además, aumentó el nº de etapas, pasando de 6 a 11, y se sustituyó el Col de la Republique, la única dificultad montañosa de las primeras ediciones, por Ballon d´Alsace en los Vosgos y Bayard + Laffrey en los Alpes.
Esto reactivó la prueba, pero cuando en 1909 Francois Faber, un corredor de casi 90 kilos, ganó 6 etapas y la general, los organizadores decidieron arriesgar y estrenar los Pirineos en 1910, programando 2 etapas brutales, sobre todo por el kilometraje y condiciones de la época, con los puertos de tierra: Perpiñán-Luchon (289 km), con Port, Aspet y Ares; y Luchon-Bayona (326 km) -> perfil / galería de fotos, teniendo que subir Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Aubisque y Osquich. Durante esta 2ª etapa, al coronar el Aubisque, se produjo el famoso grito de Octave Lapize en contra de los organizadores: “Assassins, vous êtes des assassins!”. En el artículo “Memoria de un asesinato“ se puede rememorar la gestación y desarrollo de esta etapa, aunque parece que la realidad fue un poco distinta. De hecho el Tourmalet ya se había subido en 1902 por otra prueba menos conocida, aunque por la vertiente de Bareges.
A pesar de las quejas de los corredores, el éxito deportivo y mediático hizo que en 1911 los organizadores no sólo repitieran las jornadas pirenaicas sino que se atrevieran con el más difícil todavía: una etapa en el corazón de los Alpes, Chamonix-Grenoble (366 km) -> perfil, en la que se estrenó el impresionante Col du Galibier (cota 2550 m, atravesando el túnel), que hoy en día aún está entre los puertos más duros que se afrontan en carrera. El ciclista que coronó en primer lugar fue Émile Georget, que tras 2h y 38′ de ascensión sin poner pie a tierra exclamó ante los aficionados: “¡Os he dejado pasmados”!. El impacto del Galibier fue tal que el propio Desgranges abrió el periódico L’Auto al día siguiente con un “acta de adoración” a la grandiosidad del puerto y el esfuerzo de los corredores para superarlo.
Ya con Pirineos y Alpes consolidados en el recorrido, el Tour fue creciendo en importancia, aumentando el kilometraje y nº de etapas, con los récords de 5.745 km en 1926 y 31 etapas en 1937 (12 normales, 5 dobles sectores y 3 triples), dejando sólo de disputarse durante las Guerras Mundiales: de 1915 a 1918 y de 1940 a 1946. Y fue en 1919, tras el 1º de estos conflictos, en el que murieron 3 ganadores de la prueba (Lucien Petit-Breton, Francois Faber y el propio Lapize), cuando el Tour estrenó una de sus señas de identidad: el maillot amarillo para distinguir al líder de la general. El resto de maillots fueron introducidos mucho más tarde, con el verde de la regularidad y el blanco con puntos rojos de la montaña estrenándose en 1953 y 1975 respectivamente.
A lo largo de la historia de la carrera hay 4 corredores que destacan en el palmarés, teniendo 5 triunfos en la general: Jacques Anquetil (1957, 61, 62, 63 y 64), Eddy Merckx (1969, 70, 71, 72 y 74), Bernard Hinault (1978, 79, 81, 82 y 85) y de 1991 a 1995 Miguel Indurain, con “el caníbal” récord de etapas y días de amarillo, con 34 y 96 respectivamente, mientras que con 4 victorias figura Chris Froome (2013, 15, 16 y 17). Aclarar que hasta 2012 encabezaba el palmarés Lance Armstrong, con 7 triunfos consecutivos desde 1999 a 2005, pero su sanción por dopaje hizo que todos sus resultados desde agosto de 1998 fueran eliminados, quedando la victoria vacante debido a “la nube de sospechas que permanece desde ese periodo oscuro”, según palabras del comunicado oficial de la UCI.
Mención especial merecen Philippe Thijs y “el fraile volador”, Gino Bartali, con 3 y 2 victorias respectivamente pero que sin los parones provocados por las guerras mundiales podrían haber alcanzado un palmarés aún mejor. De hecho, fueron capaces de ganar antes y después de los conflictos bélicos, con 10 años de diferencia en el caso de Bartali (1938 a 1948). Otros ciclistas con resultados de mucho mérito son Raymond Poulidor, con 8 podios, y Joop Zoetemelk, con 7 (incluída una victoria), ambos con carreras muy largas pero perjudicados al haber coincidido con Anquetil y Merckx en el caso de “Pou Pou” y el propio Merckx e Hinault en el de Zoetemelk.
Sobre los corredores españoles, hasta finales de los 50 sólo Bernardo Ruiz acabó en el podio (1952), pero desde entonces han sido grandes protagonistas, con victorias de F.M.Bahamontes en 1959 (más 2 podios y 6 maillots de la montaña); Luis Ocaña en 1973, un triunfo que podría haber conseguido ya en 1971 de no ser por su caída en el descenso de Mente, cuando era líder; Pedro Delgado en 1988 (más otros 2 podios); el “repóker” de Indurain en los 90; Oscar Pereiro en 2006, tras la descalificación de Landis por positivo; Carlos Sastre en 2008, con un gran ataque en Alpe d´Huez; y Alberto Contador en 2007 y 2009 (también acabó 1º en 2010 pero fue sancionado posteriormente), siendo el 3er país con más triunfos después de Francia y Bélgica, con 36 y 18 victorias respectivamente.
En cuanto al resto de categorías, el francés Richard Virenque tiene el mayor nº de victorias en la clasificación de la montaña, con 7 triunfos entre 1994 y 2004, superando las 6 que consiguieron dos de los mejores escaladores de la historia, el mencionado Bahamontes y Lucien Van Impe. Asimismo, el esloveno Peter Sagan domina la clasificación de la regularidad con 7 victorias (2012 a 2016 y 2018-2019), seguido por el alemán Eric Zabel, con 6 triunfos de 1996 a 2001, y el irlandés Sean Kelly, con 4 maillots verdes en la década de los 80; con Tadej Pogacar haciendo lo propio en la clasificación de los jóvenes, al haberla ganado.4 veces, frente a las 3 victorias de Jan Ullrich y Andy Shleck.
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El podio de 2025: Pogacar, Vingegaard y Lipowitz. Click para ver un hilo con los ganadores de todas las clasificaciones
- Tadej Pogacar (UAE) 76 h 00′ 32″ (42.849 km/h)
- Jonas Vingegaard (Visma) a 4′ 24″
- Florian Lipowitz (Red Bull) a 11′ 00″
- Oscar Onley (Picnic) a 12′ 12″
- Felix Gall (Decathlon) a 17′ 12″
- Tobias Johannessen (Uno-X) a 20′ 14″
- Kevin Vauquelin (Arkea) a 22′ 35″
- Primoz Roglic (Red Bull) a 25′ 30″
- Ben Healy (EF Education) a 28′ 02″
- Jordan Jegat (Total Energies) a 29′ 03″
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Recorridos
A lo largo de su historia, una de las señas de identidad de la prueba han sido una serie de grandes puertos de paso que por su dureza, sin rampas exageradas pero largos y con mucho desnivel, y habitual presencia en carrera han sido claves en muchas ediciones, convirtiéndose en míticos, destacando, junto a los ya mencionados Tourmalet, Aubisque, Peyresourde y Galibier, los puertos alpinos del Col d’Izoard y Vars, estrenados en 1922; Glandon – Croix de Fer, en 1947; el Mont Ventoux en 1951, siendo después también meta; Madeleine en 1969, estrenándose en 1975 la dura vertiente S, aún más exigente; y el Joux Plane en 1978, más corto que los anteriores pero con mayor pendiente media, con casi 12 km al 8,5%, y teniendo además un peligroso descenso hasta Morzine.
En 1952 fue el turno para los primeros finales en alto, con el estreno de Alpe d´Huez, “la montaña de los holandeses”, Sestriere (desde km 11,2), en Italia, y el volcán del Puy de Dôme, en el Macizo Central, todos con victorias de Coppi. Lo curioso es que este tipo de llegadas, hoy en día muy abundantes, no gustaron en su momento, ya que la lucha podía quedar reducida a la subida final. Como ejemplo las declaraciones de Jacques Goddet, jefe de de ciclismo en L´Equipe: “Nada incita a militar por llegadas en alto”. Esto provocó que salvo cronoescaladas (Ventoux 1958 y Puy de Dôme 1959) no hubiera más finales en alto hasta 1961, y sólo 1 ó 2 en ediciones posteriores. Sería en la década de los 70 cuando empezaron a ganar protagonismo, incluyendo el retorno de Alpe d’Huez en 1976, desde entonces la subida más icónica de la prueba.
El lado negativo es que al repetir tanto ciertas subidas han dejado de lado otras igual o incluso más interesantes, con grandes puertos inéditos u olvidados desde hace años por los organizadores, destacando el potencial de varias regiones muy poco transitadas por el Tour, como los Pirineos Atlánticos (Arthaburu, Ahusquy, Burdinkurutzeta-Bagargi, Larrau, etc), Alpes del Sur (Cayolle, Champs, Couillole, Turini, etc) y la zona al este de Grenoble, destacando Coq, Luitel, Allevard, etc… así como las “caras b” de algunos puertos clásicos que siguen inéditas (salvo los tramos compartidos con la subida tradicional), como Luz Ardiden N, visto en Ruta del Sur 2017; o utilizadas desde hace décadas sólo de bajada, como Mont Ventoux O, sin subir desde 1972.
No obstante, en las últimos años ha habido grandes avances en este aspecto, con el estreno de Romme en 2009; Hourquette d´Ancizan en 2011; Grand Colombier, aunque no por vertiente más dura, y Peguere en la edición de 2012; Chatillón-Semnoz y la continuación de Alpe d´Huez, Col de Sarenne, con su espectacular descenso, en la edición de 2013; Petit Ballon y Chevreres en 2014; Col de Chaussy en 2015; el exigente Monte Bisanne (cota 1720 m) en 2016; y sobre todo en 2017, con la cordillera del Jura, estrenando Col de Biche en profesionales, afrontando la vía directa de G.Colombier, con 3 km centrales durísimos, y recuperando Mont du Chat tras 4 décadas de olvido; y 2018, subiendo por 1ª vez en el Tour el Col de Gliéres, con 2 km de tierra, y el Col du Pré, además de estrenar el colosal Col de Portet tras asfaltar los km de tierra. En 2019 lo más novedoso fue el estreno de Prat d’Albis (hasta km 4,5) y recuperación del Col de Iseran, inédito como subida por vertiente sur desde 1963, mientras que en 2020 se estrenó Col de La Lusette en el Macizo Central, Issarbe-Hourcere en los Pirineos y el Col de la Loze en los Alpes, para ya en 2022 recuperar el terrible Col du Granon y estrenar Spandelles, que seguía inédito en el Tour, mientras que en 2024 destacó la recuperación de Bonette y La Couillole.
Otra característica desde 1934, cuando estrenaron las cronos en el Tour, ha sido la gran cantidad de contrarreloj, con multitud de ediciones que entre CRI y cronos por equipos sumaban más de 100 km, no bajando de 170 entre finales de los años 70 y mediados de los 90, lo que unido a la dureza de la montaña hacía que para luchar por la victoria los ciclistas tuvieran que ser muy completos, subiendo bien y a la vez siendo grandes rodadores (o muy superiores en algún terreno), con el equipo como otro factor clave si había CRE. Sin embargo, a partir de 2008 y con la única excepción del año 2012, cuando volvió a haber un prólogo y 2 cronos individuales largas, ha habido un claro descenso en el nº y longitud de las cronos, llegando a los extremos de 2015, cuando se batieron todos los records negativos de CRI, con apenas 14 km, y 2017, con el total más bajo de contrarreloj: 36,5 km (hasta entonces …), una tendencia que se ha mantenido las últimas ediciones, con solo 37 km en 2020 y apenas 22 km en 2023, aunque también ha habido años cercanos a los 60 km,
En cuanto a la estructura, durante mucho tiempo el esquema del recorrido fue similar, algo provocado por las características orográficas del país pero también por el inmovilismo de los organizadores una vez que dieron con su trazado ideal. De este modo, desde mediados de los 60 hasta hace una década lo habitual era empezar con un prólogo, seguido por una 1ª semana de etapas llanas (y hasta los 80 con alguna jornada de pavé), incluyendo una larga crono por equipos y otra individual, para a continuación afrontar la alta montaña, ya fueran Alpes o Pirineos y normalmente rotando de una edición a otra, seguida por varias etapas de enlace antes de encarar el 2ª bloque montañoso y las jornadas de aproximación a París, con una CRI el penúltimo día.
Sin embargo, ya en los últimos años, con Prudhomme como director del Tour, ha habido muchos cambios respecto a la tradición de la prueba, tanto para bien, con menos etapas llanas en la 1ª semana y más media montaña, como para mal, con la reducción de contrarreloj y la falta de etapas de alta montaña de gran fondo, haciendo además que la última acabe en un HC (salvo excepciones). Así, después del notable recorrido de 2007, con una estupenda alta montaña y dos buenas cronos, faltando sólo más media montaña para el sobresaliente, llegó una edición 2008 novedosa, con una 1ª semana atractiva pero que después resultaba decepcionante al haber sólo una jornada con 3 grandes puertos, además de una estructura donde las etapas se estorbaban entre sí, con las llegadas en alto como final de bloque perjudicando las jornadas previas.
El trazado de 2009 fue aún más original … pero también más decepcionante, ya que tenía ideas interesantes pero creemos que muy mal ejecutadas: etapas de montaña sin finales duros pero con demasiado llano entre puertos o hasta meta, y una última jornada decisiva de montaña en vez de crono pero con final en alto y encima unipuerto. De hecho, en la mayoría de etapas había opciones mejores que las programadas. Además, la carrera estaba descompensada, con una 2ª semana muy floja y poca CRI (aunque más que en las últimas ediciones). En el lado positivo, el etapón de Le Grand Bornand, que provocó grandes diferencias en meta, con el 10º a más de 6 minutos, siendo la mejor etapa de las tres grandes vueltas en la temporada 2009.
Comparado con 2009, el recorrido de 2010 (clasificaciones) fue un gran avance: no más de 2 etapas llanas seguidas, mucha media montaña y una alta montaña variada, además de incluir una etapa con pavé, siendo globalmente un trazado muy duro. Pero no todo era positivo: de nuevo pocos km de crono, un diseño mejorable en algunas etapas y ni un sólo gran puerto novedoso, algo que si habían aportado ediciones previas. A la hora de la verdad, la pobre actitud de los favoritos en algunas etapas clave hizo que fuera algo decepcionante, aunque también hubo jornadas preciosas, como St. Jean de Maurienne -> vídeo, con el grupo totalmente roto en la Madeleine, a 40 km de la llegada, y la mencionada jornada del pavé en la 1ª semana.
El trazado de 2011 se podía dividir en 2 partes: una 1ª mitad donde abundaban las jornadas llanas pero con final en repecho, y una 2ª mitad donde se acumulaban todas las etapas decisivas, con exceso de finales en alto duros (4 llegadas HC/1ª muy exigente) y apenas 42,5 km de CRI, una cifra escasa para un GV y que encima no llegaba hasta el penúltimo día. Esta descompensación, unida a una actitud “amarrategui” de la mayoría de favoritos, hizo que las 2 primeras semanas fueran muy aburridas, además de haber múltiples caídas, si bien la espectacular semana final, con grandes ataques lejanos de Contador camino de Gap y Alpe d´Huez, y de Andy Schleck en la etapa con meta en el Galibier, salvó la prueba, dejando un buen recuerdo en los aficionados.
En 2012 hubo un cambio radical, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, recayendo el protagonismo en los puertos de paso, y aumentando crono, con dos CRI largas (algo que no sucedía desde 2007), teniendo las etapas decisivas más repartidas. Sin embargo, pese a una buena idea general fallaba la ejecución, con un orden y diseño de etapas mejorable. Finalmente, la carrera tuvo 2 partes muy diferentes: una 1ª mitad muy entretenida, con ataques lejanos de los favoritos en varias etapas … pero una 2ª con Pirineos decepcionantes y notándose la ausencia de Contador y Schleck, con un exagerado dominio de Sky, donde estaban los 2 corredores más fuertes, Wiggins y Froome, y la general decidida muy pronto.
Al año siguiente los organizadores dieron marcha atrás a varios de los cambios de 2012, al aumentar la dureza de finales en alto y reducir la longitud de las cronos (además de hacer que la 2ª fuera mixta, incluyendo 2 puertos), con una cantidad sorprendente de novedades para ser la 100ª edición, como el inicio en Córcega y el estreno de Sarenne. En general, la carrera fue bastante entretenida, aunque con el regusto amargo de que salvo el día de S.A.Montrond, donde los abanicos destrozaron el pelotón, no hubo ninguna etapa de sobresaliente, con la lucha entre los favoritos reducida a las subidas finales o el “coitus interruptus” de Bagneres de Bigorre, donde sí hubo batalla inicial pero después todo se calmó pese a que Froome estaba aislado.
En 2014 fueron un paso más allá, alejándose de gran parte de las características habituales de la prueba, con un trazado repleto de etapas nerviosas, teniendo especial protagonismo la media montaña, sobre todo en los primeros 12 días, y una alta montaña más blanda, aunque con bastantes llegadas en alto, habiendo sólo una crono, aunque de 50 km, que no llegaba hasta la 20ª etapa. Curiosamente, y aunque por diferentes motivos, el desarrollo acabó siendo parecido al de 2012, con una 1ª mitad entretenida, destacando el etapón de Arenberg, con lluvia y pavé, pero viéndose unos Pirineos decepcionantes (salvo la etapa de Luchon) y la general decidida muy pronto a favor de Nibali, que tras las caídas de Froome y Contador arrasó a sus rivales.
El trazado de 2015 llevó al extremo la senda de cambios iniciada en 2008, con una 1ª semana muy movida, incluyendo jornadas tipo clásica y finales muro; aumento en el nº de etapas quebradas pero reduciendo a cambio las distancias, sin jornadas de alta montaña de >200 km; una enorme cantidad de finales en alto, con 9 llegadas en subidas puntuables (3 de ellas HC), más otros 3 finales en repecho; y sobre todo exagerada reducción de las cronos, con sólo 14 km de CRI, quedando un recorrido muy desequilibrado. A la hora de la verdad, el tiempo ganado por Froome en la Pierre St. Martin, más lo obtenido en la 1ª semana, resultó decisivo, si bien Quintana, que esperó demasiado, le puso en apuros el último día de montaña, con llegada en Alpe d’Huez.
El recorrido de 2016 era de nuevo favorable para los escaladores, sobre todo los más explosivos, debido a la abundante montaña, con multitud de etapas quebradas pero sin grandes kilometrajes, llegando el desgaste por acumulación al haber muchas jornadas exigentes pero ninguna agonística, si bien con la novedad de menos finales en alto, 5, y bastantes llegadas tras el descenso de un puerto, además de tener 2 cronos individuales, una de ellas cronoescalada, sumando 54 km. Sin embargo, pese a que a priori era un avance respecto a 2015, la falta de combatividad de la mayoría de favoritos, que desaprovecharon la montaña, hizo que la “lucha” por la general fuera muy aburrida, siendo más interesante la pelea por triunfos parciales y las escapadas.
El trazado de 2017 era bastante novedoso, destacando la distribución de la montaña, con etapas en las 5 cordilleras, incluyendo una jornada en el Jura con 3 HC, y la reducción de finales en alto, aumentando a cambio el protagonismo de los puertos de paso, mientras que en el lado negativo volvía a estar la escasez de crono, con dos CRI cortas que apenaban sumaban 36,5 km, quedando desequilibrado. A la hora de la verdad, la carrera fue más entretenida que en 2016, con hasta 4 etapas donde hubo batalla desde lejos entre los favoritos, si bien la sensación de que pese a las escasas diferencias Froome tuvo siempre la carrera controlada hizo que la valoración general no fuera muy positiva, aunque sí mejor que la del año anterior.
En 2018 el recorrido era una mezcla de años anteriores, sobre todo 2014 (pavé en la 1ª semana y Pirineos último bloque), 2015 (CRE y concentración de la montaña las 2 últimas semanas) y 2017 (estreno de grandes puertos y etapas de montaña interesantes), repitiendo de nuevo la poca contrarreloj, con solo una CRI y de 31 km, lo que unido a un aumento en la dureza de los puertos, tanto de paso como llegadas, hacía que estuviera muy desequilibrado. A la hora de la verdad, el excesivo dominio del equipo Sky, con 1º, 3º y mejor joven, junto a incidentes como la caída de Nibali en Alpe d’Huez, provocada por el público, dejó una sensación negativa, aunque también hubo buenas etapas, como La Rosiere y Laruns.
El Tour de 2019 tuvo mayor protagonismo de la media montaña, sobre todo durante la 1ª semana, con los Vosgos y Macizo Central, habiendo pocas jornadas llanas, y con etapas de alta montaña cortas: 3 de ellas de solo 120-130 km y no habiendo otras de gran fondo para compensar, con solo Valloire, que incluía Vars, Izoard y Galibier, superando los 190 km. además de la ya habitual escasez de crono, con apenas 27 km de CRI (más otros tantos de CRE). No obstante, lo que marcó la carrera fueron las tormentas en los Alpes, provocando que no se hiciera completa la etapa del Iseran, que estaba siendo la mejor con diferencia, con un gran Bernal, y que se modificara la ruta de Val Thorens, haciéndola unipuerto, volviendo a quedar un poso de decepción.
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