TOUR DE FRANCIA 2021 – Recorrido

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Las demás entradas sobre el Tour de Francia 2021:

  • Historia (orígenes, evolución de la prueba, ciclistas destacados, puertos míticos, recorridos, últimas ediciones).

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Como decíamos en el artículo previo, se trata de la edición nº 108 del Tour, con salida desde Brest, en la bretaña francesa, a finales de junio y el clásico final en los Campos Elíseos de París el 18 de julio, recuperando sus fechas de inicio de verano después de que al año pasado se disputara en agosto debido al coronavirus, aunque comenzando una semana antes de lo habitual para hacer sitio a los Juego Olímpicos de Tokio, que se iban a realizar en 2020 pero tuvieron que aplazarse.

Yendo en el sentido de las agujas del reloj, aunque sin tocar el noreste de Francia, la prueba consta de 21 etapas, con 2 días de descanso intercalados, pudiendo dividirse en 8 jornadas llanas, más de lo habitual en los últimos años; 5 de media montaña, las 2 primeras con final en repecho y el resto tras descenso; 6 de alta montaña, con 3 en los Alpes y otras 3 en los Pirineos, la mitad llegada en alto; y 2 contrarrelojes, en la 1ª semana y el penúltimo día. En total, 3.414 km, sin contar las neutralizaciones.

Mapa en PDF / Video presentación en 3D

Después de un trazado tan atípico como el de 2020, el recorrido de este año se puede considerar una relativa vuelta al clasicismo, aunque con bastantes matices, sobre todo por la presencia de 2 cronos individuales de distancia media, algo que no ocurría desde 2013 (en 2016 y 2017 también hubo 2 CRI, pero en ambos casos con una menor de 20 km), así como por el aumento de etapas llanas, reduciendo la media montaña, y la recuperación de puertos míticos, especialmente Mont Ventoux y Tourmalet.

No obstante, también tiene características de las últimos años, como empezar con una etapa en línea en vez de prólogo; jornadas de alta montaña de distancia media o corta, no habiendo ninguna de más de 200 km y con 3 de ellas rondando los 140; ausencia de etapa reina clara, al distribuir la dureza entre varias; y la inclusión de algunos puertos estrenados en la última década, como Beixalis, Pré y Portet, aunque curiosamente la novedad a nivel de puertos HC / 1ª es el doble paso por uno clásico, el Mont Ventoux.

Por otro lado, junto a las habituales bonificaciones en meta, de 10, 6 y 4 segundos respectivamente para los 3 primeros de cada etapa, se repetirá la medida recuperada en 2019: bonificaciones en varios puertos de paso, con 8, 5 y 2 segundos para los corredores que pasen en los 3 primeros puestos por Mûr de Bretagne (2ª etapa), Signal d’Uchon (7ª), Colombiere (8ª), Mont Ventoux (11ª), Saint Louis (14ª) y Beixalis (15ª). Una medida atractiva, buscando una mayor combatividad, aunque no siendo realmente novedosa, ya que las bonificaciones en los puertos eran un clásico hace varias décadas.

PRIMERA SEMANA

De este modo, la “grand depart” de la prueba se sitúa en la bretaña francesa, en la punta oeste del país, con una 1ª etapa de casi 200 km entre Brest y la localidad de Landernau, incluyendo múltiples cotas, varias no puntuadas, y con final en una subida de casi 3 km al 6%, con lo más duro al inicio, siendo un día propicio para los “up-hill finishers”. Y lo mismo ocurre con la 2ª jornada, en este caso con llegada en el Mûr de Bretagne, destacando el doble paso por esta cota, con 2 km al 7%, el primeroa casi el 10%, en la parte final de la ruta -> últimos 20 km. Este final ya se ha visto varias veces en los últimos años, ganando Evans en 2011, Vuillermoz en 2015 y Dan Martin en 2018. La jornada siguiente, con 183 km entre Lorient y Pontivy, sí es para los velocistas, aunque circulando por ctras. secundarias y con un descenso antes de meta. Como anécdota, a mitad de etapa se pasa por la cota de Cadoudal, en Plumelec, final de la 1ª jornada en 2008, con triunfo y liderato para Valverde.

La 4ª etapa, con 150 km entre Redon y Fougères, tiene un recorrido muy llano, sin cotas puntuables en toda la ruta, aunque con la llegada picando muy ligeramente hacia arriba, lo que no quita para que sea un día muy favorable para los sprinters. Al día siguiente, etapa clave, con un crono individual de 27 km entre Changé y Laval, teniendo un recorrido circular básicamente llano, aunque con 3 repechos: al inicio, en el km 10 y terminando la ruta, siendo esta parte final la más técnica, con la subida y varias curvas cerradas en Laval. En cualquier caso, una CRI para especialistas, algo que se echaba de menos en las últimas ediciones, cuando las únicas cronos de más de 20 km en la 1ª semana eran por equipos. La 6ª jornada, con 160 km entre Tours y Châteauroux, vuelve a ser muy propicia para los velocistas, con un perfil llano donde solo el viento puede evitar una llegada masiva, con los últimos antecedentes de 2008 -> vídeo, y 2011, con sendas victorias de Cavendish.

La 7ª etapa es una de las más llamativas de este edición, con casi 250 km entre Vierzon y Le Creusot, en la Borgoña, siendo la etapa más larga del Tour en los últimos 20 años, teniendo además 100 km finales muy quebrados, incluyendo 5 subidas puntuables. Destacan por su dureza la Croix de la Liberation, irregular pero con tramos exigentes, y Signal d’Uchon -> perfil detallado, que tiene un final durísimo, coronándose a 18 km de meta, aunque aún restará la cota de Gourloye, con 2,4 km al 5-6% y ya muy cerca de meta. En definitiva, una jornada muy atractiva, tanto por la distancia, favoreciendo a los fondistas, como por el diseño de la parte final, sin apenas llano, siendo muy propicia para las escapadas, incluso con posibilidades de fuga bidón si

El fin de semana, turno para el bloque alpino, empezando con una etapa de 150 km entre Oyonnax y Le Grand Bornand. Ya de inicio, la subida no puntuada a Forêt d’Echallon, una buena encerrona, para tras su descenso y el paso por Frangy afrontar los ascensos a Copponex-Cruseilles y Menthonnex en Bornes, aunque son muy tendidos … algo que no ocurre con los siguientes puertos, enlazando Mont Saxonnex (por Thuet), con 5 km iniciales al 9%; Col de Romme, que tiene 9 km rondando el 9%; y Col de la Colombière (desde cruce), con 7,5 km al 8,5%, los dos últimos al 10%, coronándose a 15 km de meta, casi todos de descenso. Este fabuloso encadenado de Romme + Colombiere se estrenó en 2009 -> vídeo, también con final en Le Grand Bornand, viéndose un gran espectáculo y enormes diferencias en meta, con triunfo de Schleck. En cambio la etapa de 2018 resultó decepcionante -> vídeo, sin batalla entre los favoritos a la general, imponiéndose Alaphilippe desde la escapada.

Como cierre de la 1º semana, una etapa de alta montaña con 145 km entre Cluses y la estación de esquí de Tignes, en las cercanías de Val d’Isere. Tras un inicio llano, con paso incluído por Sallanches, sede del Mundial de 1980, se afronta la subida a Megeve (desde km 8) por la cota de Domancy, la subida estrella del mencionado campeonato, seguida por el Col de Saisies, con 6 km centrales al 7-8%. Su bajada hasta Beaufort da paso a la subida más dura del día: el Col du Pré, con 7 km finales al 9-10%, por vía estrecha y con múltiples “herraduras”, que enlaza con el último tercio del Cormet de Roselend, formando un buen encadenado -> perfil completo, con un largo y complicado descenso hasta Bourg Saint Maurice. Tras esta localidad y unos falsos llanos comienza la subida a Tignes-Val Claret, con una cifras oficiales, 21 km al 5,6%, bastante engañosas, ya que el descansillo central baja la media. De hecho tiene zonas muy exigentes, con varios km al 8-9% en su 2ª mitad, si bien el último tramo antes de meta es llano.

Una jornada relativamente corta pero muy dura, con más de 4000 m de desnivel y poco terreno llano, llegando además con el desgaste de las etapas previas, lo que aumenta la posiblidad de hundimientos, máxime con una subida final tan “pajarera”. No obstante, había más continuidad entre los puertos en la etapa de 2018, con Signal de Bisanne (hasta km 2) antes del Col du Pré, cuando se estrenó en el Tour, y meta en La Rosiére (hasta km 8), en la cota 1850 m del Petit St. Bernard, si bien con solo 110 km, logrando la victoria Thomas. Por otro lado, Tignes era la llegada prevista para la etapa del Iseran del Tour 2019, aunque subiendo solo desde Les Brevieres, pero se canceló el ascenso final debido a una tormenta, marcando tiempos en el propio Iseran -> clasificación / vídeo. Sí se llegó hasta Tignes en 2007, pero yendo siempre por la vía principal, más constante pero sin rampas tan duras.

SEGUNDA SEMANA

Después del descanso, la prueba se reanuda con una etapa de 190 km entre Albertville y Valence, teniendo varias subidas tendidas pero lejos de meta, la última a 40 km, por lo que todo apunta a una llegada al sprint, como ocurrió en 2018 -> vídeo, cuando se impuso Sagan. La jornada siguiente, en cambio, es la más esperada, con casi 200 km entre Sorgues y Malaucène, destacando el doble paso por el Mont Ventoux, el “gigante de la Provenza”. Los primeros 70 km no tienen grandes dificultades, con solo subidas cortas, pero a partir de ahí se enlazan el Col de la Liguiére, con 8 km al 7%, aunque el final suaviza, y la vertiente de Sault del Mont Ventoux, muy larga aunque más tendida que la habitual, si bien comparte el tramo desde Chalet Reynard a la cima. La vertiginosa bajada da paso a la cota de la Madeleine, no puntuada, en busca de Bedoin, inicio de la vertiente clásica del coloso, con 9 km centrales al 9,5%, repitiendo luego el tramo final, muy expuesto al viento, para una cifras oficiales de 15,7 km al 8,7% (no incluyen el inicio), coronándose a 21 km de meta, todos ellos de fuerte descenso hasta Malaucène.

Puertos más duros en carrera. Es la 1ª vez que el Tour realiza un doble paso por este puerto, estrenado en 1951 y con 18 subidas incluyendo las de este año -> historia en el Tour, la mayoría por la vertiente de Bedoin y la mitad siendo final de etapa. De hecho, no se utilizaba como puerto de paso desde 1994, con victoria para Eros Poli en Carpentras. Con meta en la cima, la última llegada fue en 2013 -> vídeo, con victoria de Froome, estando también programado para 2016 pero que debido al viento acabó en Chalet Reynard, con triunfo para De Gendt y la imágen más surrealista de la década: Froome corriendo a pie tras quedar inservible su bicicleta por el choque contra una moto, atascada por el exceso de público. Por otro lado, los últimos 100 km ya se vieron hace poco en el Mont Ventoux Denivele Challenge, con López arrasando -> vídeos. Ójala la etapa sea un gran éxito y en próximas ediciones del Tour se atrevan con un doble paso por Bedoin o Malaucene, con varios posibles finales -> propuesta.

Las 2 etapas siguientes se pueden considerar llanas, aunque la 1ª, con 160 km entre St. Paul Trois Châteaux y la localidad de Nîmes, con zonas quebradas y el viento como factor clave, apuntando en cualquier caso a un sprint, como ocurrió en 2019 -> vídeo, con triunfo para Ewan; mientras que la 2ª, con casi 220 km entre Nîmes y Carcassonne, declarado patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco, es una de las más largas de esta edición, de nuevo con amenaza de abanicos. En 2018 se impuso Cort Nielsen -> vídeo, aunque la ruta era distinta, con Pic de Nore a 42 km de meta. El fin de semana turno para el primer bloque pirenaico, que se inicia con una novedosa etapa de media montaña entre Carcassonne y Quillan, con los puertos de Bac (desde St. Benoit); Montségur, con 4,5 km finales al 8-9%; Croix des Morts, con tramo de 4 km al 7,3%; Galinagues (hasta Aunat), con 2,2 km al 9%; y Saint Louis, con 2,5 km iniciales al 9%, para un total de 5 km al 7% antes del suave descenso a meta, en un día para escapadas aunque con opciones de ataques por la general en el último puerto.

Cerrando la 2ª semana, jornada de más de 190 km entre Céret y Andorra la Vella, sin puertos muy duros pero que puede hacer daño si hay buen ritmo. De salida, el suave Fourtnou, no puntuado, dando paso a un largo falso llano ascendente en busca de Olette y el Col du Calvaire / Font Romeu, con más de 1200 m de desnivel, aunque salvo la parte central, al 6-7%, es muy tendido. Después se afronta el Port d’ Envalira por Puymorens, marcado como 2 puertos pero que se puede considerar una única ascensión, con Envalira y sus 2400 m de altitud siendo el techo de esta edición, “Souvenir Henri Desgrange”. Su bajada, ya en Andorra, termina abruptamente después de Encamp, al tomar un desvío hacia el oeste para subir el Col de Beixalis, asfaltado para la Vuelta 2015 y que tiene 2,5 km centrales al 11%, suavizando después, para un total de 6,5 km al 8,5%, coronándose a 15 de meta. Los primeros 8 km de descenso son complicados, pero después ensancha la ctra. y baja la pendiente en busca de la capital del Principado.

Señalar que si bien ha habido varias llegadas del Tour en Andorra, la última en 2016 (vídeo) con victoria para Dumoulin, acabando en Ordino-Arcalís previo paso por Beixalis, misma meta que en el etapón de 1997 -> clasificación, esta es la 1ª vez con final en la capital, aunque sí hay antecedentes de esta llegada de la Vuelta -> Andorra y ciclismo profesional, el último en 2017 imponiéndose Nibali, si bien con La Comella como el puerto más cercano a meta. Respecto a las alternativas, una pena que no se haya aprovechado para hacer una auténtica jornada reina, pudiendo haber incluído Jau, Garavel, Pailheres y Envalira por Ax les Thermes antes de Beixalis -> propuesta alternativa, con la opción también de cambiar la meta.

TERCERA SEMANA

Tras el último día de descanso, la prueba continúa con una etapa de media montaña entre Pas de la Case, en plena bajada de Envalira, y la localidad de Saint Gaudens, ya de nuevo en Francia, incluyendo el Col de Port, con 6 km centrales al 7,5%; el Col de la Core, que tiene 14 km al 6-7%; y Portet d’Aspet, más corto pero con 2,5 km finales al 9-10%, coronándose a 33 de meta, con un final de etapa llano … a excepción de la cota de Aspret-Sarrat, que con 800 m al 8-9%, a 7 km de la llegada, puede ser decisiva para la resolución de la escapada. En cuanto a los favoritos, lo más probable es que tengan la mente en las jornadas siguientes, con sendas llegadas en HC, siendo un día de transición, aunque ojo a las sorpresas tras descanso.

Y es que tras la jornada de Saint Gaudens será el turno para el final más duro de esta edición, el Col du Portet, en las cercanías de Saint Lary Soulan. La etapa puede dividirse en 2 partes: los primeros 115 km, hasta Bagneres de Luchon, llanos aunque con ligera tendencia ascendente; y los últimos 65 km, con el encadenado del Col de Peyresourde, todo un clásico con 13 km al 7%; Val Louron-Azet, que tiene 7,5 km al 8-9%, con lo más duro al inicio; y la subida a Portet -> perfil detallado, un coloso de 16 km al 8,7%, sin rampas extremas pero muy constante, con solo un descansillo a la altura del desvío a Pla d’Adet, final en varios Tours, y otro a 2,5 km de la cima. Una subida que puede marcar grandes diferencias, con el único antecedente de 2018 -> vídeo, cuando se estrenó, tras asfaltar las zonas de tierra, en una etapa con los mismos puertos, aunque de solo 65 km, venciendo Quintana y con Thomas consolidando el liderato. No obstante, se echa de menos otro puerto para que fuera una autentica etapa reina, por ejemplo el Port de Balés o el Portillón, que enlazarían perfecto.

La 18ª etapa es una de las más cortas, con 130 km entre Pau y la estación de esquí de Luz Ardiden, incluyendo las pequeñas cotas de Pietat y Loucrup antes del mítico Col du Tourmalet -> perfiles detallados, que tiene 13 km finales al 8,5%, por buena carretera pero sin descansos, siendo el puerto más transitado en la historia del Tour, con más de 80 pasos entre ambas vertientes. Una vez coronado, a 35 km de meta, largo descenso, con exhibición de Indurain en 1993, hasta Luz Saint Sauveur, donde comienza el ascenso final -> gráfico detallado, con 13,5 km al 7,5%, destacando los 5 km centrales al 9% y lo escénico del último tramo, lleno de “herraduras”. Un encadenado clásico durante varias décadas, tras el estreno de Luz Ardiden en 1985, pero olvidado desde el Tour 2011 -> vídeo, cuando siendo la 1ª etapa de alta montaña resultó decepcionante, con victoria para S.Sánchez. También se ha incluído en la Vuelta, en 1992 y 1995, con triunfos de Cubino y Jalabert. Sobre la ruta de este año, se echa en falta mayor dureza antes del Tourmalet, ya fuera Aspin, Hourquette o un bucle con ambos.

Superados los Pirineos, etapa llana de más de 200 km entre Mourenx y Libourne, siendo por su perfil un día para los velocistas pero que por su colocación, a solo 3 días del final y “emparedada” entre jornadas clave, no sería extraño que triunfara una escapada, sobre todo si es numerosa. Y es que la penúltima etapa es una crono individual de 31 km, uniendo Libourne con Saint Emilion mediante una ruta llana y sin grandes complicaciones, con solo repechos suaves y un inicio algo más revirado, siendo en cualquier caso una CRI para rodadores potentes, pudiendo haber cambios en la general si llega apretada. El año pasado ya hubo vuelco en la clasificación en la última (y única) crono, con Pogacar desbancando a Roglic y Porte subiendo al podio, si bien era más dura, con final en la Planche de Belles Filles. También cambió el tercer puesto en la crono de 2018, con la misma distancia que este año y victoria de Dumoulin, 2º en la general tras Thomas.

Después de la crono, larguísimo traslado hasta París para la clásica etapa final con múltiples pasos por el circuito de los Campos Elíseos -> perfil, que se estrenó como llegada en la mítica edición de 1975. En esta ocasión con salida desde Chatou y un total de 108 km, con 8 vueltas y medio al circuito, el mismo de otros años aunque con la meta situada más adelante, quedando una recta más larga. En cualquier caso, un día muy favorable para los sprinters, ganando Bennett en 2020 -> vídeo, teniendo que remontarse a 2005 para ver triunfar un ataque, cuando lo logró Vinokourov, y que servirá de homenaje para todos los ciclistas que hayan completado la carrera.

Globalmente, un recorrido más equilibrado que en años anteriores, gracias sobre todo a la inclusión de 2 cronos individuales de distancia media, sumando entre ambas casi 60 km de CRI, una cifra que no se veía desde el Tour 2013, y a que no abusan de finales en alto, con solo 3 duros (5 en total, contando las llegadas de 3ª), teniendo además varios enlazados interesantes, con protagonismo para grandes puertos de paso y terreno para atacar desde lejos.

En el lado negativo está la ausencia de alta montaña de gran fondo, no habiendo ninguna etapa de este tipo de más de 200 km o que supere los 5000 m de desnivel, lo que hace que de nuevo falte una auténtica jornada reina, aunque sí hay una de media montaña muy larga. En el caso de los Pirineos, a priori sería mejor una etapa menos y a cambio cargar más el resto. De todos modos, la última palabra será de los corredores, pudiendo verse un buen espectáculo si se muestran combativos.

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