TOUR DE FRANCIA 2018 – Historia

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Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada excesivamente larga.

En esta 1ª parte: introducción e historia de la prueba.

Las demás entradas sobre el Tour de Francia 2018:

  • Previo (el recorrido anunciado a finales de 2017, con las etapas importantes y puertos)
  • Recorrido (análisis de la ruta definitiva, con las etapas, puertos, antecedentes y valoración crítica)
  • Participación (equipos, favoritos a la general, incluyendo ránking, y velocistas)
  • 2ª semana (análisis detallado de las etapas 10ª a 15ª).

Introducción e historia


Este sábado 7 de julio comienza en la isla de Noirmoutier, en el departamento de Vendee, la 105ª edición del “Tour de France”, la carrera por etapas más prestigiosa de la temporada, así como la más esperada por la mayoría de los aficionados al ciclismo profesional, empezando este año una semana más tarde de lo habitual para evitar que la parte decisiva de la prueba coincida con el Mundial de fútbol, aunque de todos modos la 1ª semana se solapará con los últimos partidos del campeonato.

Si ya normalmente es muy buena, en esta ocasión la participación resulta a priori fabulosa, aún mejor que la de las últimas ediciones, estando presentes la mayoría de corredores de primer nivel (excepto algunos que participaron en el Giro), tanto vueltómanos, de nuevo con Chris Froome con máximo favorito, tras haber sido absuelto de su positivo por exceso de Salbutamol, y al que intentaran ponérselo difícil Nairo Quintana, Richie Porte, Vincenzo Nibali, Romain Bardet, Mikel Landa, etc; como de clasicómanos y velocistas, incluído el quíntuple ganador de la regularidad, Peter Sagan, y los sprinters Fernando Gaviria, Dylan Groenewegen, Arnaud Demare, Marcel Kittel …

En cuanto al recorrido, en general es una mezcla de las últimas ediciones, especialmente 2014, 2015 y 2017, aunque también tiene aspectos novedosos, destacando sobre todo la etapa de Roubaix, con casi 22 km de pavé, siendo el récord en los últimos 30 años del Tour; y la gran dureza de la montaña, concentrada en las 2 últimas semanas e incluyendo tanto puertos de paso como ascensos finales muy exigentes, varios inéditos, mientras que en el lado negativo está de nuevo la poca crono invididual, con solo una CRI y de apenas 31 km, no llegando además hasta los últimos días, siendo un trazado favorable para los escaladores … si logran salvar la 1ª semana de carrera, con el peligro de caídas uniéndose a la posibilidad de abanicos y el día del pavé.

El origen de la prueba data de inicios del siglo pasado, cuando Geo Lefevre, redactor del periódico L´Auto (actualmente L´Equipe), le propuso a su director, Henry Desgranges, la celebración de una carrera ciclista que uniera las principales ciudades francesas, para conseguir aumentar las ventas del periódico y superar al diario competidor Le Velo. Así pues, en julio de 1903 y no sin dificultades, incluyendo un cambio de fechas respecto a lo que estaba previsto, se disputó la edición inaugural -> mapa, con 2.428 km divididos en 6 etapas y victoria final para Maurice Garin, con casi 3 horas de ventaja sobre el 2º clasificado y una velocidad media de 25,7 km/h.

Durante los primeros años los organizadores tuvieron muchos problemas para sacar la carrera adelante, lo que les llevó a buscar nuevos alicientes. De este modo, en 1905 la general se estableció en base a una clasificación por puntos (sumando la posición en cada etapa, siendo 1º el que acumulara menos puntos) en lugar de por tiempos, aunque volvería a calcularse de ese modo a partir del año 1913. Además, aumentó el nº de etapas, pasando de 6 a 11, y se sustituyó el Col de la Republique, la única dificultad montañosa de las primeras ediciones, por Ballon d´Alsace en los Vosgos y Bayard + Laffrey en los Alpes.

Esto reactivó la prueba, pero cuando en 1909 Francois Faber, un corredor de casi 90 kilos, ganó 6 etapas y la general final, los organizadores decidieron jugarse el todo por el todo y estrenar los Pirineos en 1910, programando 2 etapas brutales, sobre todo por el kilometraje y las condiciones de la época, con los puertos de tierra: Perpiñán-Luchon (289 km), con Port, Aspet y Ares; y Luchon-Bayona (326 km) -> perfilgalería de fotos, teniendo que subir Peyresourde, Aspin, TourmaletAubisque y Osquich. Durante esta 2ª etapa, al coronar el Aubisque, se produjo el famoso grito de Octave Lapize en contra de los organizadores: “Assassins, vous êtes des assassins!”. En el artículo Memoria de un asesinato se puede rememorar la gestación y desarrollo de esta mítica etapa.

Lapize en el Tourmalet en 1910. Foto de arueda.com, click para crónica

A pesar de las quejas de los corredores, el éxito deportivo y mediático hizo que en 1911 los organizadores no sólo repitieran las jornadas pirenaicas sino que se atrevieran con el más difícil todavía: una etapa en el corazón de los Alpes, Chamonix-Grenoble (366 km) -> perfil, en la que se estrenó el impresionante Col du Galibier (hasta la cota 2556 m, atravesando la parte final por el túnel). El ciclista que coronó en primer lugar fue Émile Georget, que tras 2h y 38′ de ascensión sin poner pie a tierra exclamó ante los aficionados: “¡Os he dejado pasmados”!. El impacto del Galibier fue tal que el propio Desgranges abrió el periódico L’Auto al día siguiente con un “acta de adoración” a la grandiosidad del puerto y el esfuerzo de los corredores para superarlo.

Ya con Pirineos y Alpes consolidados en el recorrido, el Tour fue creciendo en importancia, aumentando el kilometraje y nº de etapas, con los récords de 5.745 km en 1926 y 31 etapas en 1937 (12 normales, 5 dobles sectores y 3 triples), dejando sólo de disputarse durante las Guerras Mundiales: de 1915 a 1918 y de 1940 a 1946. Y fue en 1919, tras el 1º de estos conflictos, en el que murieron 3 ganadores de la prueba (Lucien Petit-Breton, Francois Faber y el propio Lapize), cuando el Tour estrenó una de sus señas de identidad: el maillot amarillo para distinguir al líder de la general. El resto de maillots fueron introducidos mucho más tarde, con el verde de la regularidad y el blanco con puntos rojos de la montaña estrenándose en 1953 y 1975 respectivamente.

A lo largo de la historia de la carrera hay 4 corredores que destacan en el palmarés, habiendo obtenido 5 triunfos en la general: Jacques Anquetil (1957, 61, 62, 63 y 64), Eddy Merckx (1969, 70, 71, 72 y 74), Bernard Hinault (1978, 79, 81, 82 y 85) y de 1991 a 1995 Miguel Indurain, teniendo “el caníbal” el record de etapas y días de amarillo, con 34 y 96 respectivamente, mientras que con 4 victorias figura el mencionado Chris Froome (2013, 15, 16 y 17). Aclarar que hasta 2012 encabezaba el palmarés Lance Armstrong, con 7 triunfos consecutivos desde 1999 a 2005, pero su sanción por dopaje hizo que todos sus resultados desde agosto de 1998 fueran eliminados, quedando la victoria en la general vacante debido a “la nube de sospechas que permanece desde ese periodo oscuro”, según palabras del propio comunicado oficial que publicó la UCI.

Mención especial merecen Philippe Thijs y “el fraile volador”, Gino Bartali, con 3 y 2 victorias respectivamente pero que sin los parones provocados por las guerras mundiales podrían haber alcanzado un palmarés aún mejor. De hecho, fueron capaces de ganar antes y después de los conflictos bélicos, con 10 años de diferencia en el caso de Bartali (1938 a 1948). Otros ciclistas con resultados de mucho mérito son Raymond Poulidor, con 8 podios, y Joop Zoetemelk, con 7 (incluída una victoria), ambos con carreras muy largas pero perjudicados al haber coincidido con Anquetil y Merckx en el caso de “Pou Pou” y el propio Merckx e Hinault en el de Zoetemelk.

Sobre los corredores españoles, hasta finales de los 50 sólo Bernardo Ruiz acabó en el podio (1952), pero desde entonces se han convertido en grandes protagonistas, destacando las victorias de F.M.Bahamontes en 1959 (más 2 podios y 6 maillots de la montaña); Luis Ocaña en 1973, un triunfo que podría haber conseguido ya en 1971 de no ser por su caída en el descenso de Mente, cuando era líder; Pedro Delgado en 1988 (más otros 2 podios); el “repóker” de Indurain en los 90; Oscar Pereiro en 2006, tras la descalificación de Landis por positivo; Carlos Sastre en la edición de 2008, con un gran ataque en Alpe d´Huez; y Alberto Contador en 2007 y 2009 (también acabó 1º en 2010 pero fue sancionado posteriormente), colocándose como el tercer país con más triunfos después de Francia y Bélgica, con 36 y 18 victorias respectivamente.

En cuanto al resto de categorías, el francés Richard Virenque tiene el mayor nº de victorias en la clasificación de la montaña, con 7 triunfos entre 1994 y 2004, superando las 6 que consiguieron dos de los mejores escaladores de la historia, el mencionado Bahamontes y Lucien Van Impe. Asimismo, el alemán Eric Zabel domina la clasificación de la regularidad, con 6 triunfos consecutivos entre 1996 y 2001, seguido por los 5 de de Peter Sagan, también consecutivos, de 2012 a 2016, y que podría empatarle este año, y los 4 maillots verdes de Sean Kelly en la década de los 80; mientras que Jan Ullrich y Andy Shleck empatan a 3 victorias en la clasificación de los jóvenes, aunque luego no respondieron a las expectactivas creadas, ganando la general sólo una vez.

El año pasado el triunfo fue para el inglés Chris Froome (Sky), que tras una edición bastante igualada, sin ningún corredor destacando claramente en la montaña, logró su 4ª victoria en la prueba, siendo acompañado en el podio final por el colombiano Rigoberto Urán (Cannondale) y el francés Romain Bardet (Ag2r), que a punto estuvo de perder el podio por su mala CRI del penúltimo día, salvándolo por sólo un segundo frente al español Mikel Landa, que fue de menos a más durante la carrera. Por otro lado, destacar también a Marcel Kittel, que arrasó en los sprints de la 1ª mitad del Tour, con 5 victorias; Michael Matthews, ganador de la regularidad; y Warren Barguil, con 2 triunfos de etapa y la clasificación de la montaña.

El podio de 2017, con Froome, Urán y Bardet. Foto Getty Images / Cyclingnews

  1. Christopher Froome (Team Sky) 86 h 20′ 55″ (40.997 km/h)
  2. Rigoberto Urán (Cannondale Drapac) a 54″
  3. Romain Bardet (Ag2r la Mondiale) a 2′ 20″
  4. Mikel Landa (Team Sky) a 2′ 21″
  5. Fabio Aru (Astana Pro Team) a 3′ 05″
  6. Daniel Martin (Quick Step Floors) a 4′ 42″
  7. Simon Yates (Orica Scott) a 6′ 14″
  8. Louis Meintjes (UAE Team Emirates a 6′ 58″
  9. Alberto Contador (Trek Segafredo) a 8′ 49″
  10. Warren Barguil (Team Sunweb) a 9′ 25″

Recorridos

A lo largo de su historia, una de las señas de identidad de la prueba han sido una serie de grandes puertos de paso que por su dureza, sin rampas exageradas pero largos y con mucho desnivel, y habitual presencia en carrera han sido claves en muchas ediciones, convirtiéndose en míticos, destacando, junto a los ya mencionados Tourmalet, Aubisque, Peyresourde y Galibier (los 2 primeros protagonistas de nuevo en esta edición), los puertos alpinos del Izoard y Vars, ambos estrenados en 1922; Glandon – Croix de Fer, en 1947; el Mont Ventoux en 1951, siendo después también meta; Madeleine en 1969, estrenándose en 1975 la dura vertiente S, aún más exigente; y el Joux Plane en 1978, más corto que los anteriores pero con mayor pendiente media, con casi 12 km al 8,5%, y teniendo además un peligroso descenso hasta Morzine.

En 1952 fue el turno para los primeros finales en alto, con el estreno de Alpe d´Huez“la montaña de los holandeses”Sestriere (desde km 11,2), en Italia, y el volcán del Puy de Dôme, en el Macizo Central, todos con victorias de Coppi. Lo curioso es que este tipo de llegadas, hoy en día muy abundantes, no gustaron en su momento, ya que la lucha podía quedar reducida a la subida final. Como ejemplo las declaraciones de Jacques Goddet, jefe de de ciclismo en L´Equipe: “Nada incita a militar por llegadas en alto”. Esto provocó que salvo cronoescaladas (Ventoux 1958 y Puy de Dôme 1959) no hubiera más finales en alto hasta 1961, y sólo 1 ó 2 en ediciones posteriores. Sería en la década de los 70 cuando empezaron a ganar protagonismo, incluyendo el retorno de Alpe d’Huez en 1976, desde entonces la subida más icónica, con 30 ascensiones, 29 como meta.

La etapa reina de este año, con los míticos Madeleine, Croix de Fer y Alpe d’Huez

El lado negativo es que al repetir tanto ciertas subidas han dejado de lado otras igual o incluso más interesantes, con grandes puertos inéditos u olvidados desde hace años por los organizadores, destacando el potencial de varias regiones muy poco transitadas por el Tour, como los Pirineos Atlánticos (IssarbeArthaburuAhusquyBurdinkurutzeta-Bagargi, etc …), Alpes del Sur (CayolleChampsCouilloleTurini, etc …) y la zona al este de la ciudad de Grenoble, destacando CoqLuitel, Allevard, etc… así como las “caras b” de algunos puertos clásicos que siguen inéditas (salvo los tramos compartidos con la subida tradicional), como Madeleine SO, con 19 km al 8%, y Luz Ardiden N, visto en Ruta del Sur 2017; o utilizadas desde hace varias décadas sólo de bajada, como Iseran S, ascendido por última vez en 1963, y Mont Ventoux O, sin subir desde 1972. Caso aparte, Spandelles, que pese a su perfecto encadenado con Aubisque / Soulor y Hautacam sigue inédito en el Tour, habiéndose incluído en otras carreras.

No obstante, en las últimos años se han producido grandes avances en este aspecto, con el estreno de Romme en 2009; Hourquette d´Ancizan en 2011; Grand Colombier, aunque no por su vertiente más dura, y Peguere en la edición de 2012; Chatillón-Semnoz y la continuación de Alpe d´Huez, Col de Sarenne, con su espectacular descenso, en 2013 (visto como subida en Dauphiné); Petit Ballon y Col de Chevreres en 2014; Col de Chaussy en 2015; el exigente Monte Bisanne (cota 1720 m) en 2016; y muy especialmente en 2017, con un gran repaso a la cordillera del Jura en la etapa de Chambery, estrenando Col de Biche en profesionales, afrontando la  vert. directa de G. Colombier y recuperando Mont du Chat después de 4 décadas de olvido; y esta edición, subiendo por 1ª vez en el Tour el Col de Gliéres, con 2 km de “sterrato”, y Col du Pré, además de estrenar en Pirineos el Col de Portet (se han asfaltado los tramos de tierra), continuación de Pla d’Adet, y recuperar Bordères, subiendo una vertiente que en el Tour sólo había sido descenso.

Otra característica desde 1934, cuando se estrenaron las cronos en el Tour, ha sido la gran cantidad de km contrarreloj, con multitud de ediciones que entre CRI y cronos por equipos sumaban más de 100 km, no bajando de 170 entre finales de los años 70 y mediados de los 90, lo que unido a la dureza de la montaña hacía que para poder rondar la victoria los ciclistas tuvieran que ser muy completos, subiendo bien y a la vez siendo grandes rodadores (o muy superiores en algún terreno), con el equipo como otro factor clave si había CRE. Sin embargo, a partir de 2008 y con la única excepción del año 2012, cuando volvió a haber un prólogo y 2 cronos individuales largas, ha habido un claro descenso en el nº y longitud de las cronos, llegando a los extremos de 2015, cuando se batieron todos los records negativos de CRI, con apenas 14 km, y 2017, con el total más bajo de km contrarreloj: 36,5 km (en 2015 la suma era más alta al haber crono por equipos).

Las cronos en las GV desde 1955 hasta 2014. Click para ver el artículo completo

En cuanto a la estructura, durante mucho tiempo el esquema del recorrido fue similar, algo provocado por las características orográficas del país pero también por el inmovilismo de los organizadores una vez que dieron con su trazado ideal. De este modo, desde mediados de los 60 hasta hace una década lo habitual era empezar con un prólogo, seguido por una 1ª semana de etapas llanas (y hasta los 80 con alguna jornada de pavé), incluyendo una larga crono por equipos y otra individual, para a continuación afrontar la alta montaña, ya fueran Alpes o Pirineos y normalmente rotando de una edición a otra, seguida por varias etapas de enlace antes de encarar el 2ª bloque montañoso y las jornadas de aproximación a París, con una CRI el penúltimo día.

Sin embargo, en los últimos años, ya con Prudhomme como director del Tour, ha habido muchos cambios respecto a la tradición de la prueba, tanto para bien, con menos etapas llanas en la 1ª semana y más media montaña, como para mal, con la mencionada reducción de contrarreloj y la falta de etapas de alta montaña de gran fondo, haciendo además que la última gran etapa acabe en un HC (salvo excepciones). Así, después del notable recorrido de 2007, con una estupenda alta montaña y dos buenas cronos, faltando sólo más media montaña para el sobresaliente, llegó una edición 2008 novedosa, con una 1ª semana atractiva pero que después resultaba decepcionante al haber sólo una jornada con 3 grandes puertos, además de una estructura donde las etapas se estorbaban entre sí, con las llegadas en alto como final de bloque perjudicando las jornadas previas.

El trazado de 2009 fue aún más original … pero también más decepcionante, ya que tenía ideas interesantes pero creemos que muy mal ejecutadas: etapas de montaña sin finales duros pero con demasiado llano entre puertos o hasta meta, y una última jornada decisiva de montaña en vez de crono pero con final en alto y encima unipuerto. De hecho, en la mayoría de etapas había opciones mejores que las programadas. Además, la carrera estaba descompensada, con una 2ª semana muy floja y poca CRI (aunque más que en las últimas ediciones). En el lado positivo, el etapón de Le Grand Bornand -> vídeo, que provocó grandes diferencias en meta, con el 10º a más de 6 minutos, siendo la mejor etapa de las tres grandes vueltas en la temporada 2009.

Le Grand Bornand 2009, con un encadenado final Romme + Colombiere que repite en 2018

Comparado con 2009, el recorrido de 2010 (clasificaciones) fue un gran avance: no más de 2 etapas llanas seguidas, mucha media montaña y una alta montaña variada, además de incluir una etapa con pavé, siendo globalmente un trazado muy duro. Pero no todo era positivo: de nuevo pocos km de crono, un diseño mejorable en algunas etapas y ni un sólo gran puerto novedoso, algo que si habían aportado ediciones previas. A la hora de la verdad, la pobre actitud de los favoritos en algunas etapas clave hizo que resultara decepcionante, aunque también hubo jornadas preciosas, como St. Jean de Maurienne -> vídeo, con el grupo totalmente roto en la  Madeleine, a 40 km de la llegada, y la mencionada jornada del pavé, en la 1ª semana.

El trazado de 2011 se podía dividir en 2 partes: una 1ª mitad donde abundaban las jornadas llanas pero con final en repecho, y una 2ª mitad donde se acumulaban todas las etapas decisivas, con exceso de finales en alto duros (4 llegadas HC/1ª muy exigente) y apenas 42,5 km de CRI, una cifra escasa para un GV y que encima no llegaba hasta el penúltimo día. Esta descompensación, unida a una actitud “amarrategui” de la mayoría de favoritos, hizo que las 2 primeras semanas fueran muy aburridas, además de haber múltiples caídas, si bien la espectacular semana final, con grandes ataques lejanos de Contador camino de Gap y Alpe d´Huez, y de Andy Schleck en la etapa con meta en el Galibier, salvó la prueba, dejando un buen recuerdo en los aficionados.

En 2012 hubo un cambio radical, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, recayendo el protagonismo en los puertos de paso, y aumentando crono, con 2 CRI largas (lo que no sucedía desde 2007), teniendo las etapas decisivas más repartidas. Sin embargo, pese a una buena idea general fallaba la ejecución, con un orden y diseño de etapas mejorable. Finalmente, la carrera tuvo 2 partes muy diferentes: una 1ª mitad muy entretenida, con ataques lejanos de los favoritos en varias etapas … pero una 2ª con Pirineos decepcionantes y notándose la ausencia de Contador y Schleck, con un exagerado dominio de Sky, donde estaban los 2 corredores más fuertes, Wiggins y Froome, y la general decidida muy pronto.

Al año siguiente los organizadores dieron marcha atrás a varios de los cambios de 2012, al aumentar la dureza de finales en alto y reducir la longitud de las cronos (además de hacer que la 2ª fuera mixta, incluyendo 2 puertos), con una cantidad sorprendente de novedades para tratarse de la 100ª edición, como el inicio en Córcega y el estreno de Sarenne. En general, la carrera resultó entretenida, aunque con el regusto amargo de que salvo la etapa de S.A.Montrond, donde los abanicos destrozaron el pelotón, no hubo ninguna jornada de sobresaliente, con la lucha entre los favoritos reducida a las subidas finales o el “coitus interruptus” de Bagneres de Bigorre, donde sí hubo batalla inicial pero después todo se calmó pese a que Froome estaba sin compañeros.

En 2014 fueron un paso más allá, alejándose de gran parte de las características habituales de la prueba, con un trazado repleto de etapas nerviosas, teniendo especial protagonismo la media montaña, sobre todo en los primeros 12 días, y una alta montaña más blanda, aunque con bastantes llegadas en alto, habiendo además sólo una crono que no llegaba hasta la 20ª etapa. Curiosamente y aunque por diferentes motivos, el desarrollo acabó siendo parecido al de 2012, con una 1ª mitad entretenida, destacando el etapón de Arenberg, con lluvia y pavé, pero viéndose unos Pirineos decepcionantes (salvo la etapa de Luchon) y la general decidida muy pronto a favor de Nibali, que tras las caídas de Froome y Contador arrasó a sus rivales.

El trazado de 2015 llevó al extremo la senda de cambios iniciada en 2008, con una 1ª semana muy movida, incluyendo jornadas tipo clásica y finales “muro”; un aumento en el nº de etapas de quebradas pero reduciendo a cambio los kilometrajes, sin jornadas de alta montaña de más de 200 km; una enorme cantidad de finales en alto, con 9 llegadas en subidas puntuables (3 de ellas HC), récord de la prueba, más otros 3 finales en repecho; y sobre todo exagerada reducción de las cronos, con sólo 14 km de CRI, quedando un recorrido muy desequilibrado. A la hora de la verdad, el tiempo ganado por Froome en la Pierre St. Martin, más lo obtenido en la 1ª semana, resultó decisivo, si bien Quintana, que esperó demasiado, le puso en apuros el último día de montaña, con llegada en Alpe d’Huez.

El recorrido de 2016 era de nuevo favorable para los escaladores, sobre todo los más explosivos, debido a la abundante montaña, con multitud de etapas quebradas pero sin grandes kilometrajes, llegando el desgaste por acumulación al haber muchas jornadas exigentes pero ninguna agonística, si bien con la novedad respecto a 2015 de menos finales en alto, 5, y bastantes llegadas tras el descenso de un gran puerto, además de incluir 2 cronos individuales (una de ellas cronoescalada), sumando 54 km. Sin embargo, pese a que a priori era un claro avance respecto a 2015, la falta de combatividad de la mayoría de favoritos, que desaprovecharon la montaña, hizo que la “lucha” por la general fuera muy aburrida, siendo más interesante la pelea por triunfos parciales y la resolución de las escapadas.

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