TOUR DE FRANCIA 2019 – Historia

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Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada excesivamente larga.

En esta 1ª parte: introducción e historia de la prueba.

Las demás entradas sobre el Tour 2019:

  • Recorrido (análisis detallado, con las etapas, puertos, antecedentes, etc).

Introducción e historia


Este sábado 6 de julio dará comienzo en Bruselas la 106ª edición del “Tour de France”, la carrera por etapas más prestigiosa de la temporada, así como la más esperada por gran parte de los aficionados al ciclismo profesional, manteniendo este año sus fechas de la pasada edición, cuando se celebró una semana más tarde de lo habitual para evitar que la parte decisiva de la prueba coincidiera con el Mundial de fútbol.

Y lo hace de un modo más abierto de lo habitual, al tener una participación en la que faltan 3 de los 4 primeros el año pasado: Dumoulin, Froome y Roglic. Y aunque el vigente ganador, Geraint Thomas (Ineos), sí será de la partida, llega con dudas tras su caída en Suiza, teniendo además al rival en casa: el joven Egan Bernal, ganador de esa prueba y la París-Niza. El otro equipo con múltiples bazas es Movistar, buscando que su tridente, Nairo Quintana, Mikel Landa y Alejandro Valverde, funcione mejor que en 2018. Y ojo también a Jakob Fuglsang, en el mejor año de su carrera; los hermanos Adam y Simon Yates; Richie Porte; los franceses Thibaut Pinot y Romain Bardet; Steven Kruijswijk; Rigoberto Urán; Vincenzo Nibali, aunque viene del Giro; Daniel Martin y Emanuel Buchmann.

En el apartado de los clasicómanos destacan Peter Sagan, séxtuple ganador de la regularidad; Julian Alaphilippe, con 10 victorias este año; Wout Van Aert, fortísimo en Dauphiné; Greg Van Avermaet; Michal Kwiatkowski; el combativo Tim Wellens; Oliver Naesen; Matteo Trentin … mientras que de cara a las llegadas masivas, además de varios de los mencionados, sobresalen Elia Viviani, el corredor con más triunfos en 2018; Dylan Groenewegen, uno de los más laureados este año; Caleb Ewan; Alexander Kristoff, gran fondista; Michael Matthews; Sonny Colbrelli, etc.

En cuanto al recorrido, la 1ª mitad de carrera incluye abundante media montaña, con etapas tanto en los Vosgos, donde destaca la dura jornada de La Planche de Belles Filles, como en el Macizo Central, con varios días de sube y baja constante propicios para escapadas. La alta montaña quedará para la 2ª mitad de la prueba, con 3 etapas en los Pirineos, incluyendo finales en el Tourmalet y inédito Prat d’Albis, y otras 3 en los Alpes, con llegadas en Valloire previo paso por Izoard + Galibier; Tignes tras el Iseran; y Val Thorens con Roselend y Longefoy como subidas previas. Sobre las cronos, se mantiene la tendencia de los últimos años: pocas y cortas, con una CRE de 27 km en Bruselas y una CRI de similar distancia en Pau, teniendo además un perfil quebrado, siendo un Tour para escaladores.

El origen de la prueba data de inicios del siglo XX, cuando Geo Lefevre, redactor del periódico L´Auto (actualmente L´Equipe), le propuso a su director, Henry Desgranges, la celebración de una carrera ciclista que uniera las principales ciudades francesas, para conseguir aumentar las ventas del periódico y superar al diario competidor Le Velo. Así pues, en julio de 1903 y no sin dificultades, incluyendo un cambio de fechas respecto a lo que estaba previsto, se disputó la edición inaugural -> mapa, con 2.428 km divididos en 6 etapas y victoria final para Maurice Garin, con casi 3 horas de ventaja sobre el 2º clasificado y una velocidad media de 25,7 km/h.

Durante los primeros años los organizadores tuvieron muchos problemas para sacar la carrera adelante, lo que les llevó a buscar nuevos alicientes. De este modo, en 1905 la general se estableció en base a una clasificación por puntos (sumando la posición en cada etapa, siendo 1º el que acumulara menos puntos) en lugar de por tiempos, aunque volvería a calcularse de ese modo a partir del año 1913. Además, aumentó el nº de etapas, pasando de 6 a 11, y se sustituyó el Col de la Republique, la única dificultad montañosa de las primeras ediciones, por Ballon d´Alsace en los Vosgos y Bayard + Laffrey en los Alpes.

Esto reactivó la prueba, pero cuando en 1909 Francois Faber, un corredor de casi 90 kilos, ganó 6 etapas y la general final, los organizadores decidieron jugarse el todo por el todo y estrenar los Pirineos en 1910, programando 2 etapas brutales, sobre todo por el kilometraje y las condiciones de la época, con los puertos de tierra: Perpiñán-Luchon (289 km), con Port, Aspet y Ares; y Luchon-Bayona (326 km) -> perfil / galería de fotos, teniendo que subir Peyresourde, Aspin, TourmaletAubisque y Osquich. Durante esta 2ª etapa, al coronar el Aubisque, se produjo el famoso grito de Octave Lapize en contra de los organizadores: “Assassins, vous êtes des assassins!”. En el artículo Memoria de un asesinato se puede rememorar la gestación y desarrollo de esta mítica etapa.

Lapize en la 1ª subida al Tourmalet en el Tour (1910). Foto Arueda.com

A pesar de las quejas de los corredores, el éxito deportivo y mediático hizo que en 1911 los organizadores no sólo repitieran las jornadas pirenaicas sino que se atrevieran con el más difícil todavía: una etapa en el corazón de los Alpes, Chamonix-Grenoble (366 km) -> perfil, en la que se estrenó el impresionante Col du Galibier (hasta la cota 2556 m, atravesando la parte final por el túnel). El ciclista que coronó en primer lugar fue Émile Georget, que tras 2h y 38′ de ascensión sin poner pie a tierra exclamó ante los aficionados: “¡Os he dejado pasmados”!. El impacto del Galibier fue tal que el propio Desgranges abrió el periódico L’Auto al día siguiente con un “acta de adoración” a la grandiosidad del puerto y el esfuerzo de los corredores para superarlo.

Ya con Pirineos y Alpes consolidados en el recorrido, el Tour fue creciendo en importancia, aumentando el kilometraje y nº de etapas, con los récords de 5.745 km en 1926 y 31 etapas en 1937 (12 normales, 5 dobles sectores y 3 triples), dejando sólo de disputarse durante las Guerras Mundiales: de 1915 a 1918 y de 1940 a 1946. Y fue en 1919, tras el 1º de estos conflictos, en el que murieron 3 ganadores de la prueba (Lucien Petit-Breton, Francois Faber y el propio Lapize), cuando el Tour estrenó una de sus señas de identidad: el maillot amarillo para distinguir al líder de la general. El resto de maillots fueron introducidos mucho más tarde, con el verde de la regularidad y el blanco con puntos rojos de la montaña estrenándose en 1953 y 1975 respectivamente.

A lo largo de la historia de la carrera hay 4 corredores que destacan en el palmarés, habiendo obtenido 5 triunfos en la general: Jacques Anquetil (1957, 61, 62, 63 y 64), Eddy Merckx (1969, 70, 71, 72 y 74), Bernard Hinault (1978, 79, 81, 82 y 85) y de 1991 a 1995 Miguel Indurain, teniendo “el caníbal” el récord de etapas y días de amarillo, con 34 y 96 respectivamente, mientras que con 4 victorias figura el mencionado Chris Froome (2013, 15, 16 y 17). Aclarar que hasta 2012 encabezaba el palmarés Lance Armstrong, con 7 triunfos consecutivos desde 1999 a 2005, pero su sanción por dopaje hizo que todos sus resultados desde agosto de 1998 fueran eliminados, quedando la victoria en la general vacante debido a “la nube de sospechas que permanece desde ese periodo oscuro”, según palabras del propio comunicado oficial que publicó la UCI.

Mención especial merecen Philippe Thijs y “el fraile volador”, Gino Bartali, con 3 y 2 victorias respectivamente pero que sin los parones provocados por las guerras mundiales podrían haber alcanzado un palmarés aún mejor. De hecho, fueron capaces de ganar antes y después de los conflictos bélicos, con 10 años de diferencia en el caso de Bartali (1938 a 1948). Otros ciclistas con resultados de mucho mérito son Raymond Poulidor, con 8 podios, y Joop Zoetemelk, con 7 (incluída una victoria), ambos con carreras muy largas pero perjudicados al haber coincidido con Anquetil y Merckx en el caso de “Pou Pou” y el propio Merckx e Hinault en el de Zoetemelk.

Sobre los corredores españoles, hasta finales de los 50 sólo Bernardo Ruiz acabó en el podio (1952), pero desde entonces se han convertido en grandes protagonistas, destacando las victorias de F.M.Bahamontes en 1959 (más 2 podios y 6 maillots de la montaña); Luis Ocaña en 1973, un triunfo que podría haber conseguido ya en 1971 de no ser por su caída en el descenso de Mente, cuando era líder; Pedro Delgado en 1988 (más otros 2 podios); el “repóker” de Indurain en los 90; Oscar Pereiro en 2006, tras la descalificación de Landis por positivo; Carlos Sastre en la edición de 2008, con un gran ataque en Alpe d´Huez; y Alberto Contador en 2007 y 2009 (también acabó 1º en 2010 pero fue sancionado posteriormente), colocándose como el tercer país con más triunfos después de Francia y Bélgica, con 36 y 18 victorias respectivamente.

En cuanto al resto de categorías, el francés Richard Virenque tiene el mayor nº de victorias en la clasificación de la montaña, con 7 triunfos entre 1994 y 2004, superando las 6 que consiguieron dos de los mejores escaladores de la historia, el mencionado Bahamontes y Lucien Van Impe. Asimismo, el alemán Eric Zabel y el esloveno Peter Sagan dominan la clasificación de la regularidad, ambos con 6 triunfos: de 1996 a 2001 los de Zabel y de 2012 a 2016, más el año pasado, los de Sagan, mientras que Sean Kelly logró 4 maillots verdes en la década de los 80. Por otro lado, Jan Ullrich y Andy Shleck empatan a 3 victorias en la clasificación de los jóvenes, aunque luego no respondieron a las expectactivas creadas, ganando la general sólo una vez.

El año pasado el triunfo fue para el británico Geraint Thomas, que prolongó el dominio de Sky en la última década con una actuación muy sólida, siendo el más fuerte en los Alpes, con 2 victorias seguidas, incluída la etapa reina de Alpe d’Huez, y aguantando el liderato en la 3ª semana, que otros años había sido su “tumba”. Le acompañaron en podio final el neerlandés Tom Dumoulin (Sunweb), que ya había sido 2º en el Giro, y Chris Froome, vencedor de la prueba italiana, completando el top-5 Primoz Roglic, ganador de etapa, y Steven Kruijswijk. Destacar también la carrera de Peter Sagan, con 3 triunfos parciales y la regularidad, y Julian Alaphilippe, vencedor de 2 etapas y la montaña.

El podio de 2018, con Thomas, Dumoulin y Froome. Foto de Getty Images, galería en Cyclingnews

  1. Geraint Thomas (Team Sky) 83 h 17′ 13″ (40.210 km/h)
  2. Tom Dumoulin (Team Sunweb) a 1′ 51″
  3. Christopher Froome (Team Sky) a 2′ 24″
  4. Primoz Roglic (Lotto NL Jumbo) a 3′ 22″
  5. Steven Kruijswijk (Lotto NL Jumbo) a 6′ 08″
  6. Romain Bardet (Ag2r la Mondiale) a 6′ 57″
  7. Mikel Landa (Team Movistar) a 7′ 37″
  8. Daniel Martin (UAE Emirates) a 9′ 05″
  9. Ilnur Zakarin (Katusha Apecin) a 12′ 37″
  10. Nairo Quintana (Team Movistar) a 14′ 18″

Recorridos

A lo largo de su historia, una de las señas de identidad de la prueba han sido una serie de grandes puertos de paso que por su dureza, sin rampas exageradas pero largos y con mucho desnivel, y habitual presencia en carrera han sido claves en muchas ediciones, convirtiéndose en míticos, destacando, junto a los ya mencionados Tourmalet, Aubisque, Peyresourde y Galibier (los 2 primeros protagonistas de nuevo en esta edición), los puertos alpinos del Col d’Izoard y Vars, ambos estrenados en 1922; Glandon – Croix de Fer, en 1947; el Mont Ventoux en 1951, siendo después también meta; Madeleine en 1969, estrenándose en 1975 la dura vertiente S, aún más exigente; y el Joux Plane en 1978, más corto que los anteriores pero con mayor pendiente media, con casi 12 km al 8,5%, y teniendo además un peligroso descenso hasta Morzine.

La etapa reina de este año, con 3 grandes clásicos alpinos, aunque el Galibier por su vertiente “blanda”

En 1952 fue el turno para los primeros finales en alto, con el estreno de Alpe d´Huez“la montaña de los holandeses”Sestriere (desde km 11,2), en Italia, y el volcán del Puy de Dôme, en el Macizo Central, todos con victorias de Coppi. Lo curioso es que este tipo de llegadas, hoy en día muy abundantes, no gustaron en su momento, ya que la lucha podía quedar reducida a la subida final. Como ejemplo las declaraciones de Jacques Goddet, jefe de de ciclismo en L´Equipe: “Nada incita a militar por llegadas en alto”. Esto provocó que salvo cronoescaladas (Ventoux 1958 y Puy de Dôme 1959) no hubiera más finales en alto hasta 1961, y sólo 1 ó 2 en ediciones posteriores. Sería en la década de los 70 cuando empezaron a ganar protagonismo, incluyendo el retorno de Alpe d’Huez en 1976, desde entonces la subida más icónica, con 30 ascensiones, 29 como meta.

El lado negativo es que al repetir tanto ciertas subidas han dejado de lado otras igual o incluso más interesantes, con grandes puertos inéditos u olvidados desde hace años por los organizadores, destacando el potencial de varias regiones muy poco transitadas por el Tour, como los Pirineos Atlánticos (IssarbeArthaburuAhusquyBurdinkurutzeta-Bagargi, etc …), Alpes del Sur (CayolleChampsCouilloleTurini, etc …) y la zona al este de la ciudad de Grenoble, destacando CoqLuitelAllevard, etc… así como las “caras b” de algunos puertos clásicos que siguen inéditas (salvo los tramos compartidos con la subida tradicional), como Madeleine SO, con 19 km al 8%, y Luz Ardiden N, visto en Ruta del Sur 2017; o utilizadas desde hace décadas sólo de bajada, como el Mont Ventoux O, sin subir desde 1972. Caso aparte es Spandelles, que pese a su perfecto encadenado con Aubisque / Soulor y Hautacam sigue inédito en el Tour, habiéndose incluído en otras carreras.

No obstante, en las últimos años ha habido grandes avances en este aspecto, con el estreno de Romme en 2009; Hourquette d´Ancizan en 2011; Grand Colombier, aunque no por vertiente más dura, y Peguere en la edición de 2012; Chatillón-Semnoz y la continuación de Alpe d´Huez, Col de Sarenne, con su espectacular descenso, en 2013 (visto como subida en Dauphiné); Petit Ballon y Col de Chevreres en 2014; Col de Chaussy en 2015; el exigente Monte Bisanne (cota 1720 m) en 2016; y sobre todo en 2017, con un gran repaso a la cordillera del Jura en la etapa de Chambery, estrenando Col de Biche en profesionales, afrontando la brutal vert. directa de G. Colombier, con 3 km centrales a más del 13%, y recuperando el Mont du Chat tras 4 décadas de olvido; y 2018, subiendo por 1ª vez en el Tour el Col de Gliéres, con 2 km finales de “sterrato”, y el duro Col du Pré, además de estrenar el colosal Col de Portet (tras asfaltar los tramos de tierra). Este año lo más novedoso es el estreno de Prat d’Albis (hasta km 4,5) y la recuperación del Col de l’Iseran, inédito como subida por la vertiente sur desde 1963, aunque el global de la etapa resulta decepcionante.

56 años después, la vertiente S del Iseran volverá a utilizarse como subida, aunque en etapa muy corta

Otra característica desde 1934, cuando se estrenaron las cronos en el Tour, ha sido la gran cantidad de km contrarreloj, con multitud de ediciones que entre CRI y cronos por equipos sumaban más de 100 km, no bajando de 170 entre finales de los años 70 y mediados de los 90, lo que unido a la dureza de la montaña hacía que para poder rondar la victoria los ciclistas tuvieran que ser muy completos, subiendo bien y a la vez siendo grandes rodadores (o muy superiores en algún terreno), con el equipo como otro factor clave si había CRE. Sin embargo, a partir de 2008 y con la única excepción del año 2012, cuando volvió a haber un prólogo y 2 cronos individuales largas, ha habido un claro descenso en el nº y longitud de las cronos, llegando a los extremos de 2015, cuando se batieron todos los records negativos de CRI, con apenas 14 km, y 2017, con el total más bajo de contrarreloj: 36,5 km (en 2015 la suma era más alta al haber CRE). Y este año se mantiene la tendencia, con solo 27 km de CRI, más una crono por equipos de similar distancia.

Las cronos en las GV desde 1955 hasta 2014. Click para ver el artículo completo

En cuanto a la estructura, durante mucho tiempo el esquema del recorrido fue similar, algo provocado por las características orográficas del país pero también por el inmovilismo de los organizadores una vez que dieron con su trazado ideal. De este modo, desde mediados de los 60 hasta hace una década lo habitual era empezar con un prólogo, seguido por una 1ª semana de etapas llanas (y hasta los 80 con alguna jornada de pavé), incluyendo una larga crono por equipos y otra individual, para a continuación afrontar la alta montaña, ya fueran Alpes o Pirineos y normalmente rotando de una edición a otra, seguida por varias etapas de enlace antes de encarar el 2ª bloque montañoso y las jornadas de aproximación a París, con una CRI el penúltimo día.

Sin embargo, ya en los últimos años, con Prudhomme como director del Tour, ha habido muchos cambios respecto a la tradición de la prueba, tanto para bien, con menos etapas llanas en la 1ª semana y más media montaña, como para mal, con la reducción de contrarreloj y la falta de etapas de alta montaña de gran fondo, haciendo además que la última acabe en un HC (salvo excepciones). Así, después del notable recorrido de 2007, con una estupenda alta montaña y dos buenas cronos, faltando sólo más media montaña para el sobresaliente, llegó una edición 2008 novedosa, con una 1ª semana atractiva pero que después resultaba decepcionante al haber sólo una jornada con 3 grandes puertos, además de una estructura donde las etapas se estorbaban entre sí, con las llegadas en alto como final de bloque perjudicando las jornadas previas.

El trazado de 2009 fue aún más original … pero también más decepcionante, ya que tenía ideas interesantes pero creemos que muy mal ejecutadas: etapas de montaña sin finales duros pero con demasiado llano entre puertos o hasta meta, y una última jornada decisiva de montaña en vez de crono pero con final en alto y encima unipuerto. De hecho, en la mayoría de etapas había opciones mejores que las programadas. Además, la carrera estaba descompensada, con una 2ª semana muy floja y poca CRI (aunque más que en las últimas ediciones). En el lado positivo, el etapón de Le Grand Bornand -> vídeo, que provocó grandes diferencias en meta, con el 10º a más de 6 minutos, siendo la mejor etapa de las tres grandes vueltas en la temporada 2009.

Comparado con 2009, el recorrido de 2010 (clasificaciones) fue un gran avance: no más de 2 etapas llanas seguidas, mucha media montaña y una alta montaña variada, además de incluir una etapa con pavé, siendo globalmente un trazado muy duro. Pero no todo era positivo: de nuevo pocos km de crono, un diseño mejorable en algunas etapas y ni un sólo gran puerto novedoso, algo que si habían aportado ediciones previas. A la hora de la verdad, la pobre actitud de los favoritos en algunas etapas clave hizo que fuera algo decepcionante, aunque también hubo jornadas preciosas, como St. Jean de Maurienne -> vídeo, con el grupo totalmente roto en la  Madeleine, a 40 km de la llegada, y la mencionada jornada del pavé en la 1ª semana.

La jornada del Tourmalet en 2010, con 2 subidas finales que repetirán este año, aunque en una etapa de solo 117 km y sin Marie Blanque

El trazado de 2011 se podía dividir en 2 partes: una 1ª mitad donde abundaban las jornadas llanas pero con final en repecho, y una 2ª mitad donde se acumulaban todas las etapas decisivas, con exceso de finales en alto duros (4 llegadas HC/1ª muy exigente) y apenas 42,5 km de CRI, una cifra escasa para un GV y que encima no llegaba hasta el penúltimo día. Esta descompensación, unida a una actitud “amarrategui” de la mayoría de favoritos, hizo que las 2 primeras semanas fueran muy aburridas, además de haber múltiples caídas, si bien la espectacular semana final, con grandes ataques lejanos de Contador camino de Gap y Alpe d´Huez, y de Andy Schleck en la etapa con meta en el Galibier, salvó la prueba, dejando un buen recuerdo en los aficionados.

En 2012 hubo un cambio radical, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, recayendo el protagonismo en los puertos de paso, y aumentando crono, con dos CRI largas (algo que no sucedía desde 2007), teniendo las etapas decisivas más repartidas. Sin embargo, pese a una buena idea general fallaba la ejecución, con un orden y diseño de etapas mejorable. Finalmente, la carrera tuvo 2 partes muy diferentes: una 1ª mitad muy entretenida, con ataques lejanos de los favoritos en varias etapas … pero una 2ª con Pirineos decepcionantes y notándose la ausencia de Contador y Schleck, con un exagerado dominio de Sky, donde estaban los 2 corredores más fuertes, Wiggins y Froome, y la general decidida muy pronto.

Al año siguiente los organizadores dieron marcha atrás a varios de los cambios de 2012, al aumentar la dureza de finales en alto y reducir la longitud de las cronos (además de hacer que la 2ª fuera mixta, incluyendo 2 puertos), con una cantidad sorprendente de novedades para tratarse de la 100ª edición, como el inicio en Córcega y el estreno de Sarenne. En general, la carrera resultó entretenida, aunque con el regusto amargo de que salvo la etapa de S.A.Montrond, donde los abanicos destrozaron el pelotón, no hubo ninguna jornada de sobresaliente, con la lucha entre los favoritos reducida a las subidas finales o el “coitus interruptus” de Bagneres de Bigorre, donde sí hubo batalla inicial pero después todo se calmó pese a que Froome estaba sin compañeros.

En 2014 fueron un paso más allá, alejándose de gran parte de las características habituales de la prueba, con un trazado repleto de etapas nerviosas, teniendo especial protagonismo la media montaña, sobre todo en los primeros 12 días, y una alta montaña más blanda, aunque con bastantes llegadas en alto, habiendo sólo una crono, aunque de 50 km, que no llegaba hasta la 20ª etapa. Curiosamente, y aunque por diferentes motivos, el desarrollo acabó siendo parecido al de 2012, con una 1ª mitad entretenida, destacando el etapón de Arenberg, con lluvia y pavé, pero viéndose unos Pirineos decepcionantes (salvo la etapa de Luchon) y la general decidida muy pronto a favor de Nibali, que tras las caídas de Froome y Contador arrasó a sus rivales.

La dura etapa de Planche Belles Filles 2014, con características similares a la de este año

El trazado de 2015 llevó al extremo la senda de cambios iniciada en 2008, con una 1ª semana muy movida, incluyendo jornadas tipo clásica y finales “muro”; un aumento en el nº de etapas de quebradas pero reduciendo a cambio los kilometrajes, sin jornadas de alta montaña de más de 200 km; una enorme cantidad de finales en alto, con 9 llegadas en subidas puntuables (3 de ellas HC), récord de la prueba, más otros 3 finales en repecho; y sobre todo exagerada reducción de las cronos, con sólo 14 km de CRI, quedando un recorrido muy desequilibrado. A la hora de la verdad, el tiempo ganado por Froome en la Pierre St. Martin, más lo obtenido en la 1ª semana, resultó decisivo, si bien Quintana, que esperó demasiado, le puso en apuros el último día de montaña, con llegada en Alpe d’Huez.

El recorrido de 2016 era de nuevo favorable para los escaladores, sobre todo los más explosivos, debido a la abundante montaña, con multitud de etapas quebradas pero sin grandes kilometrajes, llegando el desgaste por acumulación al haber muchas jornadas exigentes pero ninguna agonística, si bien con la novedad respecto a 2015 de menos finales en alto, 5, y bastantes llegadas tras el descenso de un gran puerto, además de incluir 2 cronos individuales (una de ellas cronoescalada), sumando 54 km. Sin embargo, pese a que a priori era un claro avance respecto a 2015, la falta de combatividad de la mayoría de favoritos, que desaprovecharon la montaña, hizo que la “lucha” por la general fuera muy aburrida, siendo más interesante la pelea por triunfos parciales y la resolución de las escapadas.

El trazado de 2017 era bastante novedoso, destacando la distribución de la montaña, con etapas en las 5 cordilleras, incluyendo una jornada en el Jura con 3 HC, y la reducción de finales en alto, aumentando a cambio el protagonismo de los puertos de paso, mientras que en el lado negativo volvía a estar la escasez de crono, con dos CRI cortas que apenaban sumaban 36,5 km, quedando desequilibrado. A la hora de la verdad, la carrera fue más entretenida que en 2016, con hasta 4 etapas donde hubo batalla desde lejos entre los favoritos, si bien la sensación de que pese a las escasas diferencias Froome tuvo siempre la carrera controlada hizo que la valoración general no fuera muy positiva, aunque sí mejor que la del año anterior.

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