GIRO DE ITALIA 2021

Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada excesivamente larga.

En esta 1ª parte: análisis general e historia de la prueba.

Introducción e historia


Durante este mes, desde el sábado 8 al domingo 30 de mayo, se disputa la 104ª edición del Giro de Italia, también conocido como la “corsa rosa” y en la que se cumplen 90 años de su famosa maglia, al haberse estrenado en 1931. Señalar que desde 1995 es la primera de las 3 grandes rondas por etapas del calendario … excepto el año pasado, cuando se retrasó a octubre debido a la pandemia del coronavirus, si bien esta temporada recupera su fecha habitual en mayo.

Esto ha favorecido una mejora en la participación (equipos) respecto a 2020. No obstante, la lucha por la general se presenta muy abierta, ya que todos los candidatos a la general dudas, ya sea por su estado físico o lo ocurrido otros años -> encuesta, partiendo como favoritos Simon Yates, Egan Bernal, Remco Evenepoel y Mikel Landa. También con opciones: Alexander Vlasov, Hugh Carthy, Emanuel Buchmann, Joao Almeida, Vincenzo Nibali, Pavel Sivakov, Romain Bardet, Jai Hindley, Pello Bilbao, Marc Soler … En cuanto a los velocistas, destacan Peter Sagan, Caleb Ewan, Tim Merlier, Elia Viviani, Giacomo Nizzolo, Fernando Gaviria y Dylan Groenewegen, que regresa tras 9 meses de sanción. Otros corredores a mencionar son Filippo Ganna, el mejor croner en la actualidad, y Diego Ulissi, con 8 triunfos de etapa en Giros anteriores.

Sobre el recorrido, la prueba se inicia con una CRI de 8 km en Turín, al noroeste del país, yendo luego hacia el sur con varias etapas de media montaña en los Apeninos durante la 1ª semana, destacando Sestola (4ª), con 100 km finales muy exigentes, incluyendo el Colle Passerino, con 4,2 km al 10%, muy cerca de meta; San Giacomo (6ª), con Forca di Gualdo a mitad de la ruta y un ascenso final de 15,5 km al 6%, los últimos 5 los más duros; y Campo Felice (9ª), con puertos largos pero tendidos antes de un final explosivo, con 1,6 km sobre tierra. En la 2ª semana, de regreso al norte, sobresalen Montalcino (11ª), que incluye 35 km de «sterrato», con 2 subidas a Lume Spento por vertientes distintas, y Bagno di Romana (12ª), con los puertos de Morello, Consuma, Calla y Carnaio, este último a 10 km de meta, antes de una etapa llana y la llegada en el Monte Zoncolan (14ª). Aunque no se sube por Ovaro sino por Sutrio, sigue siendo un ascenso muy duro: 13,3 km al 9%, los 3 finales al 13% y con puntas que rondan el 25% …

Ya en la semana final, la gran traca de alta montaña, que se puede dividir en 2 bloques, el 1º con el «tappone» de Cortina de Ampezzo (16ª), con 212 km y 5500 m de desnivel, incluyendo Crosetta, Fedaia, con 5,7 km finales al 11%, Pordoi (Cima Coppi) y Giau, con 10 km al 9,3%, antes de la bajada a meta; y Sega di Ala (17ª), con el exigente San Valentino antes del ascenso final, inédito en el Giro y que tiene 11 km al 10%, con tramos durísimos. Y el 2º, tras la jornada de Stradella, con las etapas de Alpe di Mera (19ª), con Mottarone y La Colma precediendo a la subida final, también inédita y con 9,5 km a más del 9%; y Alpe Motta (20ª), con los puertos suizas de San Bernardino, con >1500 m de desnivel, y Spluga antes de Alpe Motta, ya en Italia, con 7 km a casi el 8%. Y como despedida, crono individual de 30 km en Milán que acabará de decidir la prueba. En resumen, un trazado exigente, con varias etapas muy atractivas, pero desequilibrado por el exceso de finales duros y la escasez de CRI, con solo 39 km en total.

Historia

El origen de la carrera data de inicios del siglo pasado, 1908, cuando La Gazzetta dello Sport, en base a una idea del periodista Tullo Morgagni y en un intento por distanciarse de su principal competidor, Il Corriere della Seraanunció en portada el 24 de agosto la celebración del primer Giro de Italia para el mes de mayo de 1909, adelántandose al diario rival que estaba a punto de lanzar una carrera por etapas de similares características.

Esta 1ª edición, homenajeada en el Giro 2009 con motivo de su centenario, partió de la Plaza Loreto de Milán y finalizó en la misma ciudad tras 8 etapas con kilometrajes casi siempre superiores a los 200 km, si bien entre cada etapa había como mínimo un día de descanso. La general se estableció en base a una clasificación por puntos, con victoria para Luigi Ganna y Carlo Galetti 2º. De los 127 corredores que iniciaron la carrera 122 eran italianos, presentándose sólo 5 corredores extranjeros, incluyendo a los franceses Louis Trousselier y Lucien P. Breton, ganadores del Tour, si bien ninguno de ellos estuvo entre los 49 ciclistas que consiguieron acabar la prueba -> vídeo.

Una imagen de la 1ª edición (1909), en la que venció Luigi Ganna. Foto Gazzetta.it

Durante los años siguientes se mantuvo un nº de etapas similar, entre 8 y 12, y la general por puntos, incluyendo una edición en 1912 en que la carrera se disputó por equipos, hasta que en 1914, antes del parón por la 1ª Guerra Mundial, se adoptó la clasificación por tiempos individuales. En la década de los 30 hubo dos novedades importantes en la historia de la prueba: el maillot rosa, color emblema del periódico organizador y distintivo del líder, y que como decíamos al inicio cumple 90 años; y un aumento de etapas hasta llegar a las 20 de 1935, una cifra que ya se ha mantenido más o menos estable hasta la actualidad, con el único parón de los 4 años debido a la 2ª Guerra Mundial.

En su época inicial el Giro fue una carrera bastante localista, tanto en participación como en resultados, pero a partir de 1950 empezó a ganar protagonismo internacional, situándose al nivel del Tour de Francia durante los 60 y primera mitad de los 70. Sin embargo, a mediados de esa década empezó su declive, dejando al Tour en cabeza de las GV. Parte de esa pérdida de importancia fue motivada por una considerable rebaja en la dureza de los recorridos. Afortunadamente, esto cambió a finales de los 80. Y si bien ya no ha vuelto a estar al nivel mediático del Tour (al menos internacionalmente, en Italia si) la carrera ha recuperado su dureza y prestigio.

Los grandes dominadores de la prueba durante los primeros años fueron Carlo Galetti y Constante Girardengo, ambos con 2 triunfos y un 2º puesto; Giovanni Brunero, con 3 victorias y otros 3 podios entre 1920 y 1927; y sobre todo Alfredo Binda, apodado “la Gioconda” y que obtuvo 5 victorias en la general (1925, 27, 28, 29, 33) además de 41 triunfos de etapa, una cifra sólo superada por las 42 victorias de Mario Cipollini. El dominio de Binda a finales de la década de los 20 fue tal que los organizadores llegaron a ofrecerle dinero en 1930 para que no participara, corriendo en su lugar el Tour, donde ganó 2 etapas aunque no acabó la carrera.

A continuación llegó el turno de Gino Bartali (1936, 37, 46) -> documental, e “Il Campionissimo” Fausto Coppi (1940, 47, 49, 52, 53), los mejores corredores italianos de la historia, junto con Binda, y que si no hubiera sido por la 2ª Guerra Mundial habrían conseguido un palmarés aún más espectacular. La rivalidad deportiva fue enorme, con el país dividido entre “Coppistas” y “Bartalistas”, si bien a nivel personal acabaron siendo grandes amigos. Destacar la edición de 1949, en la que Coppi se convirtió en leyenda gracias a la mítica etapa de Pinerolo. En esta época también sobresale Fiorenzo Magni, triple ganador de la prueba (1948, 51, 55).

Coppi en la etapa de Pinerolo 1949, votada como la mejor de la historia del Giro. Foto de la Gazzetta.it

Con 5 triunfos en la general, igualando a Binda y Coppi, está “el caníbal” Eddy Merckx  (1968, 70, 72, 73, 74), que a finales de los 60 e inicios de los 70 impuso su tiranía en el Giro, aunque la calidad de sus rivales, en la época de mayor esplendor de la prueba, hizo que éstos no se fueran de vacío, destacando la perseverancia de Felice Gimondi, con 3 victorias (1967, 69, 76) y otros 6 podios, acabando en el “top-10″ durante 12 años seguidos. También con 3 victorias está “el tejón” Bernard Hinault (1980, 82, 85), siendo después de Merckx el corredor no italiano con mayor éxito en el Giro, destacando también su compatriota Jacques Anquetil, con 2 victorias (1960, 64) y otros 4 podios.

En los últimos tiempos el mayor protagonista ha sido Gilberto Simoni, retirado en 2010 con 2 victorias (2001, 03) y otros 5 podios en su haber, sin bajarse del “cajón” desde 1999 hasta 2006 salvo por su polémica expulsión en 2002 (positivo por cocaína del que más tarde fue exculpado). Los demás corredores con 2 triunfos en la general en lo que llevamos de siglo son Paolo Savoldelli, con victorias 2002 y 2005; Ivan Basso, ganador en 2006 y 2010; Alberto Contador, vencedor en 2008 y 2015 (también acabó 1º en 2011, pero fue descalificado más tarde debido a la sanción por positivo en el Tour); y Vincenzo Nibali, ganador en 2013 y 2016.

En cuanto a los españoles, más allá de Contador sólo Miguel Indurain, con doblete en 1992 y 1993, ha vencido en la general, siendo además 3º en 1994, una edición memorable gracias a la irrupción de Pantani y la fabulosa etapa del Mortirolo. No obstante, también destaca Miguel Poblet, pionero español en el Giro con 20 triunfos etapa entre 1956 y 1961; Jose Manuel Fuente“el Tarangu”, que mantuvo grandes duelos con Merckx y Gimondi, siendo 2º en 1972 y 5º en el impresionante Giro de 1974, “the greatest show on earth”, tras ganar 5 etapas y la montaña; Paco Galdós, 2º en 1975 y 3º en 1973; Abraham Olano, podio en 1996, llegando líder a la 20ª etapa, y 2001; Joaquim Rodríguez, rozando el triunfo en 2012; Mikel Landa y Alejandro Valverde, podios en 2015 y 2016 respectivamente.

El año pasado, en una edición impredecible, marcada primero por el cambio de fechas y luego por los problemas de los favoritos, con caídas e hundimientos inesperados, se acabaron jugando la victoria 2 corredores con los que a priori nadie contaba: Tao Geoghegan Hart, del equipo Ineos, y Jai Hindley, de Sunweb, con victoria para el inglés sobre el australiano gracias a ser mejor en la crono final, ganando además 2 etapas, Piancavallo y Sestriere, si bien Hindley hizo lo propio con la jornada reina del Stelvio -> vídeo / resumen, con final en Lago di Cancano y que resultó espectacular, con batalla desde muy lejos. Lástima que la otra gran etapa de alta montaña tuviera que modificarse, suprimiendo Agnello e Izoard antes de Sestriere.

Otros corredores destacables fueron Wilco Kelderman (Sunweb), que acabó 3º en la general; Joao Almeida (Deceuninck), líder durante más de 2 semanas hasta que sucumbió en la jornada del Stelvio; Pello Bilbao (Bahrain), el mejor corredor español en el Giro 2020, siendo finalmente 5º; Filippo Ganna (Ineos), vencedor de 4 etapas, incluídas las 3 cronos; y Arnaud Demare (Groupama), ganador de otras 4 etapas y la regularidad, dominando los sprints.

El podio de 2020, con Tao Hart, Hindley y Kelderman. Foto de @giroditalia, click para ver hilo con los vencedores de todas las clasificaciones

  1. Tao Geghegan Hart (Ineos)  85h 40′ 21”
  2. Jai Hindley (Sunweb) a 39”
  3. Wilco Kelderman (Sunweb) a 1′ 29”
  4. Joao Almeida (Deceuninck) a 2′ 57”
  5. Pello Bilbao (Bahrain McLaren) a 3′ 09”
  6. Jakob Fuglsang (Astana) a 7′ 02”
  7. Vincenzo Nibali (Trek Segafredo) a 8′ 15”
  8. Patrick Konrad (Bora Hansgrohe) a 8′ 42”
  9. Fausto Masnada (Deceuninck) a 9′ 57”
  10. Hermann Pernsteiner (Bahrain) a 11′ 05”

Recorridos

A nivel de recorridos y como es lógico en una prueba con tantos años, el Giro ha pasado por épocas muy diversas -> dossier recorridos históricos de las GV, pero a partir de los años 40 casi siempre ha tenido un gran protagonismo la alta montaña, con colosos de paso que unidos al modo en que se corría entonces rompían el pelotón a muchos km de meta, destacando jornadas como Pinerolo 1949 y Moena 1963, ambas entre las etapas más duras de la historia. A finales de los 60 y principios de los 70 empezaron a ganar importancia los finales en alto, tanto subidas sin salida, como Blockhaus (aunque tiene cruces hasta cota 1650 m) y Tre Cime di Lavaredo, o puertos de paso utilizados como llegada, como el Passo Stelvio (estrenado varios años antes, en 1953), aunque sin pasar de los 2-3 por cada edición.

Sin embargo, a finales de los 70 / principios de los 80 se entró en una “época oscura”, con escasa dureza y trazados que no beneficiaban los ataques. De vez en cuando incluían grandes puertos, pero en etapas con pocas subidas y mal encadenadas, siendo rutas pensadas para el lucimiento de los corredores italianos, Saronni, Moser y Visentini, cuyo fuerte no era la montaña. Esta situación dio un vuelco a partir de 1987, cuando los organizadores no sólo volvieron a incluir grandes etapas de montaña, con especial protagonismo para la temida Marmolada (Passo Fedaia) y recuperando el Gavia en 1988, sino que comenzaron la búsqueda de puertos aún más duros, estrenando el Mortirolo por Mazzo en 1991, el puerto más decisivo desde entonces, y Zoncolan por Sutrio en 2003, volviendo este año, y Ovaro en 2007, más brutal que el Mortirolo pero del que aún no se ha aprovechado todo su potencial, al utilizarse sólo como llegada.

En los últimas décadas y salvo ediciones aisladas, se ha consolidado como la GV con recorridos más llamativos. Y es que en el Giro, gracias a la riqueza orográfica italiana y a unos organizadores sin complejos (salvo excepciones …), se pueden ver algunos de los puertos más impresionantes de Europa, ascensiones con rampas durísimas o subidas interminables, dominando la lista de los puertos más duros en carrera; maratones de alta montaña que actualmente no se suelen ver en ninguna otra prueba, con casi siempre alguna etapa superando los 5000 m de desnivel; “serruchos” de media montaña; carreteras secundarias  que estarían vetadas en otras pruebas; pistas de tierra que recuperan el ciclismo de antaño; repechos traicioneros cerca de meta, etc …

Vinokourov y Evans camino de Montalcino en 2010, en un tramo que repite este año. Imagen de Bettiniphoto, click para ver artículo sobre la etapa

No obstante, aunque esa actitud atrevida de los organizadores es digna de alabanza, creemos que no siempre han acertado en los recorridos, ya que en los últimos 20 años las virtudes han sido muy grandes pero a veces también los defectos, con ediciones de recorridos estupendos pero otras que estaban muy desequilibradas, abusando de finales en alto y reduciendo mucho las cronos (de 2010 a 2014, y de nuevo este año), dejando casi siempre varias de las etapas más espectaculares de la temporada pero en ocasiones también la sensación de que podrían haber sido mejores globalmente, aparte de más justos y propicios para todo tipo de corredores.

Analizando desde 2005 los bandazos han sido constantes, pasando de un Giro 2005 espectacular, con buenas cronos y montaña propicia para los ataques lejanos, incluyendo una buena dosis de grandes puertos y con el estreno de Finestre, a una edición 2006 aún más exigente pero descompensada y con exceso de finales duros, aunque también había etapas muy bien diseñadas y donde se vió gran espectáculo, como Aprica. El Giro 2007 tenía un recorrido mas controlado e incluía buenas etapas de alta montaña, destacando Briancon y Tre Cime, aunque con estructura global discutible y poca contrarreloj, mientras que en la edición de 2008 la 1ª mitad era fantástica pero luego se caía en un tríptico de muros finales, Pampeago-Fedaia-Coronés, que propiciaron mucho conservadurismo, si bien otras etapas dieron mucho juego, como Monte Pora.

En el Giro 2009, centenario de la prueba, hubo un recorrido extraño, sin apenas grandes puertos de paso (excepto la dura jornada de Monte Petrano) y las etapas clave en los Apeninos, aunque con una media montaña muy interesante y una brutal crono de 60 km en la 2ª semana. En la edición de 2010 la alta montaña regresó a lo grande, con subidas colosales y etapas muy propicias para los ataques, si bien faltaba una CRI larga, estando descompensado. A la hora de la verdad, gracias a la actitud de los corredores y la fuga-bidón camino de L´Aquila, que hizo que los favoritos no pudieran especular, la carrera fue fabulosa, con las etapas de Aprica, Montalcino, Asolo, Zoncolan y L’Aquila entre las mejores del año, siendo una de las GV más espectaculares en lo que llevamos de siglo.

El trazado de 2011 fue muy polémico, llevando al límite las virtudes y defectos de la “era Zomegnan”: enorme dureza, destacando el etapón de Gardeccia; valentía, incluyendo puertos complicados logísticamente y tramos de tierra; y un fuerte desequilibrio entre la montaña y el resto de terrenos, con poquísima crono y demasiadas llegadas en alto. Sin embargo, lo que generó más críticas fue un supuesto exceso de peligrosidad y la muerte de Weylandt -> seguridad y protestas en el Giro, lo que unido a opiniones que tildaban el recorrido de “inhumano” llevó a la cancelación del Monte Crostis, además de la posterior sustitución de Zomegnan por Michele Acquarone como director de la prueba.

El «tappone» de Gardeccia, con 6100 m de desnivel y última subida a Fedaia (Marmolada) hasta este año

El recorrido de 2012 volvió a ser muy exigente (pese a que muchos medios de comunicación decían lo contrario), pero el exceso de finales en alto duros, la enorme igualdad, con los favoritos mostrando actitud demasiado conservadora, y la ausencia de una crono larga que forzara a los escaladores a moverse desde lejos, hizo que el global de la carrera resultara decepcionante, aunque sí hubo varias etapas destacables, como Pian de Resinelli, Cortina d´Ampezzo y sobre todo la agónica jornada del Stelvio, donde un ataque de Thomas De Gendt en el Mortirolo acabó siendo clave para que subiera al podio final en Milán, acompañando a Hesjedal y “Purito”.

El trazado de 2013 era a priori bastante equilibrado, ya que si bien incluía de nuevo muchos finales duros (6 de categoría Es o 1ª, contando la cronoescalada a Polsa) había una larga crono individual de 55 km camino de Saltara, amén de una estupenda media montaña. Sin embargo, aunque esta última funcionó muy bien, destacando jornadas como Marina d’Ascea, Pescara e Ivrea, la carrera se quedó muy coja por culpa del mal tiempo, provocando que hubiera puertos eliminados o capados” en casi todas las jornadas de alta montaña (sólo se salvó la etapa de Montasio), incluyendo la suspensión completa de la jornada de Val Martello, que incluía Gavia y Stelvio antes de la subida final.

La edición de 2014 tenía una alta montaña durísima, con hasta 12 ascensiones superando los 200 de coef. APM, pero sin embargo tanto la colocación de los puertos, con un abuso de llegadas en alto (10, cinco en HC), como de las propias etapas, con un brutal tríptico al final de la prueba, dejaba mucho que desear, estando además muy desequilibrado al no haber casi CRI llana y renunciando tristemente a lo que mejor había funcionado en 2013, la media montaña. A la hora de la verdad la carrera fue muy aburrida, salvándose sólo la etapa de Val Martello, tan polémica como decisiva para el resultado final, con una neutralización “a la carta” en el Stelvio, y momentos puntuales de otras jornadas.

El trazado de 2015 fue un cambio completo, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, sin llegadas en HC, y apostando por los puertos de paso, teniendo protagonismo tanto los grandes colosos como las pequeñas cotas cerca de meta, ya que además se recuperaba la media montaña, con multitud de etapas quebradas. Y se programó una larga crono de 60 km, algo que no se veía desde 2009 (aunque la de ese año más quebrada). El resultado: una carrera espectacular desde el inicio hasta el final de la prueba, con casi un 9 en la encuesta, destacando etapas de Aprica, con batalla incluso antes del Mortirolo, y Sestriere, con pelea sin cuartel en Finestre, ambas con el mismo tipo de encadenado final “grande + pequeño”.

El recorrido de 2016 repetía parte de las características del año anterior, teniendo pocos finales en alto y ninguno de ellos muy duro, dándole de nuevo el protagonismo a los puertos de paso, tanto en las jornadas de alta montaña, varias con un diseño muy interesante, como en la abundante media montaña. La mayor diferencia respecto a 2015 eran las cronos, sin CRE y con 3 individuales, aunque 2 de ellas cortas, incluyendo cronoescalada. A la hora de la verdad la prueba fue de menos a más, con una 2ª mitad de carrera fabulosa, incluyendo a 4 de las 5 mejores etapas de 2016 (junto a Formigal): Risoul, con el grupo roto desde el Agnello; Sta. Anna de Vinadio, decisiva para el resultado final; Andalo, muy entretenida; y el “tappone” de Corvara.

En 2017, la 100ª edición de la prueba, hubo un recorrido llamativo, con etapas importantes a lo largo de toda la prueba, destacando la dura jornada de Bormio -> vídeo, y estando bastante equilibrado entre escaladores y rodadores gracias a los 70 km de crono individual. Sin embargo, pese a estos alicientes, comparado con 2015-16 era algo decepcionante, máxime dadas la expectativas, teniendo un exceso de finales duros y además en etapas poco propicias para los ataques lejanos, al haberse reducido los colosos de paso (salvo en la jornada reina), lo que unido a que dejaban fuera puertos clave en la historia de la prueba nos llevo a proponer un Giro centenario alternativo, dedicando cada etapa a un corredor diferente.

En la edición de 2018, polémica por el inicio desde Jerusalem y la participación de Froome (Sky), que estaba pendiente de que se resolviera su positivo por exceso de Salbutamol en la Vuelta, del que finalmente fue absuelto, la victoria fue para el propio corredor de Sky, que tras llegar 4º a la antepenúltima jornada destrozó a sus rivales en la etapa de Finestre -> vídeo, atacando a 80 km de meta y llegando al Monte Jafferau con 3 minutos de ventaja sobre el grupo perseguidor, colocándose líder tras el hundimiento de Yates, que había dominado las 2 primeras semanas. Le acompañaron en el podio Dumoulin, vencedor el año anterior, y “Supermán“ López, ganador de la clasificación de los jóvenes.

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