GIRO DE ITALIA 2025

Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para facilitar la búsqueda de la información y que no quede una entrada excesivamente larga.

En esta 1ª parte: análisis general, con la participación y recorrido, e historia de la prueba.


Durante este mes, del viernes 9 de mayo al domingo 1 de junio, se disputa la 108ª edición del Giro de Italia, también conocido como la “corsa rosa” y desde 1995, cuando la Vuelta a España cambió de fechas, la primera de las 3 grandes rondas por etapas del calendario, excepto en 2020, cuando se retrasó a octubre debido a la pandemia del coronavirus. Y este año lo hace con salida desde Durazzo, en Albania, terminando en Roma tres semanas después.

A priori, la carrera se presenta como un duelo entre el veterano Primoz Roglic (Red Bull), vencedor del Giro en 2023 y esta temporada ganador de la Volta, y el joven Juan Ayuso (UAE), vencedor en Drome, Laigueglia, Tirreno y 2º en la Volta. Y ambos estando en los equipos más fuertes, con gregarios tan potentes, que pueden ser bazas secundarias, como Daniel F. Martínez, 2º la última edición, y Jai Hindley, ganador en 2022 en Red Bull; y Adam Yates, podio en el Tour 2023, Jay Vine, Isaac del Toro y Rafal Majka en UAE.

Otros equipos con aspirantes: Soudal, con Mikel Landa, podio en 2015 y 2022, y Jan Hirt; Bahrain, con Antonio Tiberi, 4º el año pasado, Pello Bilbao y Damiano Caruso; Ineos, con Egan Bernal, ganador en 2021, y Thymen Arensman, 6º últimas ediciones; EF, con ganador en 2019, Richard Carapaz, podio Tour y Vuelta; Tudor, que tiene a Michael Storer, exhibición en Tour de los Alpes; Visma, con Simon Yates, 3º en 2021, ganador Vuelta 2018, y Wilco Kelderman; Israel, su líder Derek Gee, ganador O Gran Camiño y 3º Tour de los Alpes; Lidl-Trek, con Giulio Ciccone, podio Lieja y Lombardía; Movistar, destacando Einer Rubio, 7º el año pasado, y Nairo Quintana, ganador en 2014; Q36.5, con Thomas Pidcock, podio Andalucía, S.Bianche y F.Valona;  Astana, teniendo a Lorenzo Fortunato como baza; y Picnic, con Romain Bardet, en su última GV, y Max Poole.

Sobre los clasicómanos y corredores todoterreno, junto a algunos ya mencionados destacar a Mads Pedersen, en el mejor momento de su carrera, y Mathias Vacek (Lidl-Trek); Wout Van Aert, en su 1ª participación, y Dylan van Baarle (Visma); Joshua Tarling, favorito en las cronos (Ineos); Corbin Strong y el veterano Simon Clarke (Israel); Orluis Aular (Movistar); Filippo Zana (Jayco); Ethan Hayter (Soudal); Marco Brenner (Tudor); Quinten Hermans (Alpecin); Jan Tratnik (Red Bull); Kasper Asgreen (EF); Luca Mozzato (Arkea) yTaco van der Horrn (Intermarche); Mención aparte los equipos Astana, con múltiples «caza-etapas»: Christian Scaroni, una de las revelaciones del año, Diego Ulissi, 8 etapas en ediciones previas, Wout Poels y Fausto Masnada; y Decathlon, con Dries de Bondt, Andrea Vendrame, Dorian Godon …

En cuanto a los velocistas, además de Pedersen y Van Aert, sobresalen de cara a las llegadas masivas Olav Kooij (Visma), 3 victorias este año; Kaden Groves (Alpecin), 8 etapas en GV; Sam Bennett (Decathlon), 3 etapas en el Giro 2018; Milan Fretin (Cofidis), también 3 victorias en 2025; Matteo Moschetti (Q36.5); el joven Paul Magnier (Soudal); Giovanni Lonardi (Polti); Max Kanter (Astana) y Gerben Thijssen (Intermarche).

Sobre el recorrido, que al contrario que otros años no ha tenido cambios de relevancia desde la presentación, comienza con el mencionado inicio desde Albania, con una 1ª jornada de media montaña entre Durres y Tirana, la capital del país, incluyendo los puertos de Gracen y doble paso por Surren antes de meta. Sin abandonar Tirana, la 2ª etapa será una crono individual de casi 14 km, bastante técnica, sobre todo la 1ª mitad, y con una pequeña cota, aunque por su escasa distancia no debe marcar grandes diferencias. Como cierre del periplo por Albania, otra etapa de media montaña, con 160 km en torno a Vlorë / Valona, incluyendo varios puertos entre los que destaca el precioso Llogara, con los últimos 10 km al 7,6%, coronándose a menos de 40 km de meta, si bien el final es llano, pudiendo haber reagrupamiento.

Después del descanso, ya en el sur de Italia, etapa llana camino de Lecce (4ª), en un día para los sprinters puros, seguida por la jornada de Matera (5ª), que tiene un final tipo clásica, con varias cotas y llegada picando hacia arriba; y la etapa más larga de esta edición, con 227 km entre Potenza y Nápoles (6ª), teniendo un perfil quebrado durante los primeros 160 km pero con el tercio final llano, pudiendo triunfar una escapada o decidirse al sprint. A partir de ahí, turno para los Apeninos centrales, empezando con la jornada de Tagliacozzo (7ª), con Rocarasso, Monte Urano y la Forcella antes de la subida final, con un tramo de 2,4 km al 10% muy cerca de la cima. La siguiente etapa, con casi 200 km entre Giulanova y Castelraimondo (8ª), es una buena encerrona, con un sube y baja constante que incluye Sasottetto a mitad de la ruta y el muro de Gagliole en la parte final, como en la etapa reina de la Tirreno-Adriatico 2011. Y ojo a la posibilidad de fuga-bidón.

Cerrando la 1ª semana, una de las etapas más esperadas, con 180 km camino de Siena (9ª) incluyendo 5 tramos sin asfaltar que suman casi 30 km de «sterrato», circulando por pistas ya conocidas de la Strade Bianche, así como la meta en la Piazza del Campo tras el muro adoquinado de Santa Caterina -> últimos km, en una jornada que puede resultar muy movida. Tras el día de descanso, crono individual de casi 30 km entre Luca y Pisa (10ª), con un perfil básicamente llano y que más allá de algunas zonas de curvas es muy favorable para los rodadores potentes, aunque siendo la CRI «larga» se echa de menos una distancia superior, seguida por una jornada de montaña en los Apeninos del norte, en este caso con final en Castelnovo Ne’Monti (11ª) e incluyendo el brutal San Pellegrino in Alpe (Passo di Pradaccio) -> subida completa, que regresa 25 años después, si bien estando a 95 km de meta, con Toano y Pietra di Bismantova antes de la llegada en repecho.

La jornada de Viadana (12ª), aunque con una zona central quebrada, es para los velocistas, seguida por la etapa de Vicenza (13ª), con un trazado tipo clásica que incluye 6 cotas en los últimos 60 km, entre ellas un doble paso por el Monte Berico, el último como meta, ganando Gilbert en 2015; y la jornada de Gorizia (14ª), en Eslovenia, también con varios repechos en la parte final, con doble paso por Saver, pero a priori demasiado blandos para romper el sprint … si bien en 2021 triunfó la escapada, con victoria de Campenaerts. De vuelta en Italia, larga etapa de montaña camino de Asiago (15ª), con casi 220 km e incluyendo el Monte Grappa, aunque subiendo por donde se baja otras veces, y Enego-Dori antes de la zona de falsos llanos previa a meta, siendo el mismo final, si bien con subidas distintas, de la jornada de 2017 con triunfo de Pinot. Una ruta que puede dar juego, si bien a priori había opciones mejores.

Ya en la 3ª semana, tras el día descanso, dura etapa de montaña camino de San Valentino (16ª), con más de 200 km y los puertos de la Fricca, Candriai, vigo Cavedine (np) y Santa Barbara, con 12,5 km al 8,5%, antes de la subida final, larga y con zonas muy exigentes, si bien los 2 tramos de descenso bajan la media, para un total de 18,2 km al 6,1%. Como curiosidad, el ascenso se podría continuar durante casi 5 km hasta Boca del Creer, un auténtico coloso. La jornada siguiente, con 155 km entre San Michelle y Bormio (17ª), incluye un largo falso llano ascendente antes de Tonale y el mítico Mortirolo, aunque por su vertiente «blanda» (ojo a la bajada), seguido por un irregular ascenso que culmina con Le Motte, a 9 km de la llegada. Aunque por sí sola no está mal, una pena que no se hayan atrevido con una variante más rompedora del Mortirolo, aunque la opción más natural, si bien con riesgo de nevadas, sería el Passo di Gavia.

La etapa de Cesano Maderno (18ª), aunque a priori de transición, tiene su dificultad, con varios puertos en la zona central, si bien el último tercio es básicamente llano, en un día para velocistas o escapada consentida. Y es que las 2 jornadas siguiente son de alta montaña en los Alpes, empezando con el «tappone» de Champoluc (19ª), en Aosta, incluyendo de inicio Croce Serra y luego un encadenado de más a menos: Col de Tzecore, con 16 km al 7,7% y un tramo durísimo; Saint Pantaleon, otro coloso con 16,5 km al 7,2%; Col de Joux, también largo aunque más suave; y Antagnod, modesto pero que si la carrera va rota hará daño, antes de la llegada en Champoluc. Un recorrido duro y muy interesante, con casi 5000 m de desnivel, pero que dependerá de la actitud de los favoritos, con varias decepciones en esta misma zona otros años. En ese sentido, esperemos que no piensen demasiado en la etapa siguiente …

Y es que la penúltima etapa es quizás la más esperada de esta edición, con 205 km camino de Sestriere incluyendo las subidas a Corio, Colle del Lys y el espectacular Colle delle Finestre -> galería de fotos, que tiene 18 km a más del 9% de media, los últimos 8 sin asfaltar, y siendo la Cima Coppi gracias a sus casi 2200 m de altitud, antes de la subida final, más tendida pero que puede ser la perdición para quién lo haya dado todo en Finestre, uno de los puertos más duros afrontados en carrera. Será la 5ª subida a este coloso en el Giro, estrenado en 2005 y siempre con meta en Sestriere excepto en 2018, cuando la etapa acabó en Jafferau. Y como despedida, largo traslado hacia la capital del país para la etapa de Roma (21ª), que incluye 8 vueltas al circuito final de 9,5 km, ya visto el año pasado, en un día para los sprinters y de homenaje a todos los corredores que logren acabar la prueba.

En resumen, un trazado exigente, más duro que la última edición al incluir abundante montaña y pocas etapas realmente llanas, superando los 52000 m de desnivel acumulado, con una mezcla de características clásicas del Giro, como el protagonismo de los puertos de paso y la alta montaña concentrada en la 3ª semana, con cronos cortas, sin que ninguna pase de los 30 km.

Haciendo una valoración crítica, en el lado positivo estaría el mencionado aumento de dureza y protagonismo de los puertos de paso, con bastantes etapas para mover la carrera desde lejos y varios encadenados muy interesantes, sin abusar de finales en alto como hacen la mayoría de GV actuales. Y también se agradece la valentía con el «sterrato». En la parte negativa, la falta de una crono larga, ya un mal endémico del «ciclismo moderno»; la excesiva concentración de la alta montaña en la 3ª semana, pudiendo condicionar el desarrollo de la prueba; y el extraño diseño de algunas etapas, subiendo por la vertiente «blanda» del puerto estrella (Grappa, Mortirolo) o colocándolo demasiado lejos (San Pellegrino), cuando había fácil solución.

De todos modos, como siempre la última palabra será de los corredores. Ojalá muestren una actitud valiente y combativa, aprovechando la abundante montaña y sin que los favoritos se reserven para la última semana. Y aunque este año no hay puertos de mucha altitud, esperemos que la meteorología también colabore.

Historia

El origen de la carrera data de inicios del siglo pasado, 1908, cuando La Gazzetta dello Sport, en base a una idea del periodista Tullo Morgagni y en un intento por distanciarse de su principal competidor, Il Corriere della Seraanunció en portada el 24 de agosto la celebración del primer Giro de Italia para el mes de mayo de 1909, adelántandose al diario rival que estaba a punto de lanzar una carrera por etapas de similares características.

Esta 1ª edición, homenajeada en el Giro 2009 con motivo de su centenario, partió de la Plaza Loreto de Milán y finalizó en la misma ciudad tras 8 etapas con kilometrajes casi siempre superiores a los 200 km, si bien entre cada etapa había como mínimo un día de descanso. La general se estableció en base a una clasificación por puntos, con victoria para Luigi Ganna y Carlo Galetti 2º. De los 127 corredores que iniciaron la carrera 122 eran italianos, presentándose sólo 5 corredores extranjeros, incluyendo a los franceses Louis Trousselier y Lucien P. Breton, ganadores del Tour, si bien ninguno de ellos estuvo entre los 49 ciclistas que consiguieron acabar la prueba -> vídeo.

Una imagen de la 1ª edición (1909), en la que venció Luigi Ganna. Foto Gazzetta.it

Durante los años siguientes se mantuvo un nº de etapas similar, entre 8 y 12, y la general por puntos, incluyendo una edición en 1912 en que la carrera se disputó por equipos, hasta que en 1914, antes del parón por la 1ª Guerra Mundial, se adoptó la clasificación por tiempos individuales. En la década de los 30 hubo dos novedades importantes en la historia de la prueba: el maillot rosa, color emblema del periódico organizador y distintivo del líder, y que como decíamos al inicio cumple 90 años; y un aumento de etapas hasta llegar a las 20 de 1935, una cifra que ya se ha mantenido más o menos estable hasta la actualidad, con el único parón de los 4 años debido a la 2ª Guerra Mundial.

En su época inicial el Giro fue una carrera bastante localista, tanto en participación como en resultados, pero a partir de 1950 empezó a ganar protagonismo internacional, situándose al nivel del Tour de Francia durante los 60 y primera mitad de los 70. Sin embargo, a mediados de esa década empezó su declive, dejando al Tour en cabeza de las GV. Parte de esa pérdida de importancia fue motivada por una considerable rebaja en la dureza de los recorridos. Afortunadamente, esto cambió a finales de los 80. Y si bien ya no ha vuelto a estar al nivel mediático del Tour (al menos internacionalmente, en Italia si) la carrera ha recuperado su dureza y prestigio.

Los grandes dominadores de la prueba durante los primeros años fueron Carlo Galetti y Constante Girardengo, ambos con 2 triunfos y un 2º puesto; Giovanni Brunero, con 3 victorias y otros 3 podios entre 1920 y 1927; y sobre todo Alfredo Binda, apodado “la Gioconda” y que obtuvo 5 victorias en la general (1925, 27, 28, 29, 33) además de 41 triunfos de etapa, una cifra sólo superada por las 42 victorias de Mario Cipollini. El dominio de Binda a finales de la década de los 20 fue tal que los organizadores llegaron a ofrecerle dinero en 1930 para que no participara, corriendo en su lugar el Tour, donde ganó 2 etapas aunque no acabó la carrera.

A continuación llegó el turno de Gino Bartali (1936, 37, 46) -> documental, e “Il Campionissimo” Fausto Coppi (1940, 47, 49, 52, 53), los mejores corredores italianos de la historia, junto con Binda, y que si no hubiera sido por la 2ª Guerra Mundial habrían conseguido un palmarés aún más espectacular. La rivalidad deportiva fue enorme, con el país dividido entre “Coppistas” y “Bartalistas”, si bien a nivel personal acabaron siendo grandes amigos. Destacar la edición de 1949, en la que Coppi se convirtió en leyenda gracias a la mítica etapa de Pinerolo. En esta época también sobresale Fiorenzo Magni, triple ganador de la prueba (1948, 51, 55).

Coppi en la etapa de Pinerolo 1949, votada como la mejor de la historia del Giro. Foto Gazzetta.it

Con 5 triunfos en la general, igualando a Binda y Coppi, está “el caníbal” Eddy Merckx  (1968, 70, 72, 73, 74), que a finales de los 60 e inicios de los 70 impuso su tiranía en el Giro, aunque la calidad de sus rivales, en la época de mayor esplendor de la prueba, hizo que éstos no se fueran de vacío, destacando la perseverancia de Felice Gimondi, con 3 victorias (1967, 69, 76) y otros 6 podios, acabando en el “top-10″ durante 12 años seguidos. También con 3 victorias está “el tejón” Bernard Hinault (1980, 82, 85), siendo después de Merckx el corredor no italiano con mayor éxito en el Giro, destacando también su compatriota Jacques Anquetil, con 2 victorias (1960, 64) y otros 4 podios.

En los últimos tiempos el mayor protagonista ha sido Gilberto Simoni, retirado en 2010 con 2 victorias (2001, 03) y otros 5 podios en su haber, sin bajarse del “cajón” desde 1999 hasta 2006 salvo por su polémica expulsión en 2002 (positivo por cocaína del que más tarde fue exculpado). Los demás corredores con 2 triunfos en la general en lo que llevamos de siglo son Paolo Savoldelli, con victorias 2002 y 2005; Ivan Basso, ganador en 2006 y 2010; Alberto Contador, vencedor en 2008 y 2015 (también acabó 1º en 2011, pero fue descalificado más tarde debido a la sanción por positivo en el Tour); y Vincenzo Nibali, ganador en 2013 y 2016.

En cuanto a los españoles, más allá de Contador sólo Miguel Indurain, con doblete en 1992 y 1993, ha vencido en la general, siendo además 3º en 1994, una edición memorable gracias a la irrupción de Pantani y la fabulosa etapa del Mortirolo. No obstante, también destaca Miguel Poblet, pionero español en el Giro con 20 triunfos etapa entre 1956 y 1961; Jose Manuel Fuente“el Tarangu”, que mantuvo grandes duelos con Merckx y Gimondi, siendo 2º en 1972 y 5º en el impresionante Giro de 1974, “the greatest show on earth”, tras ganar 5 etapas y la montaña; Paco Galdós, 2º en 1975 y 3º en 1973; Abraham Olano, podio en 1996, llegando líder a la 20ª etapa, y 2001; Joaquim Rodríguez, rozando el triunfo en 2012; Mikel Landa y Alejandro Valverde, podios en 2015 y 2016 respectivamente.

El año pasado arrasó el esloveno Tadej Pogacar (UAE), siendo líder desde el 2º hasta el último día y ganando 6 etapas, incluídas las 2 jornadas más duras, Livigno y Bassano del Grappa, con el colombiano Daniel F. Martínez (Bora) y el británico Geraint Thomas (Ineos), 2º y 3º en la general, acabando a 10 minutos. Pogacar también se impuso en la clasificación de la montaña, mientras que la regularidad fue para Jonathan Milan (Lidl-Trek), vencedor de 3 etapas y que junto a Tim Merlier (Soudal), con otros 3 triunfos, dominaron los sprints.

El podio del Giro 2024, con Pogacar, Martínez y Thomas. Click ver hilo con todas las clasificaciones

  1. Tadej Pogacar (UAE Team Emirates) 79h 14′ 03”
  2. Daniel F. Martínez (Bora Hansgrohe) a 9′ 56”
  3. Thomas Geraint (Ineos Grenadiers) a 10′ 24”
  4. Ben O’Connor (Decathlon Ag2r La Mondiale) a 12′07”
  5. Antonio Tiberi (Bahrain Victorious) a 12′ 49”
  6. Thymen Arensman (Ineos Grenadiers) a 14′ 31”
  7. Einer Rubio (Movistar Team) a 15′ 52”
  8. Jan Hirt (Soudal Quick Step) 18′ 05”
  9. Romain Bardet (DSM Firmenich Post NL) a 20′32”
  10. Michael Storer (Tudor Pro Cycling Team) a 21′11”

Recorridos

A nivel de recorridos y como es lógico en una prueba con tantos años, el Giro ha pasado por épocas muy diversas -> dossier recorridos históricos de las GV, pero a partir de los años 40 casi siempre ha tenido un gran protagonismo la alta montaña, con colosos de paso que unidos al modo en que se corría entonces rompían el pelotón a muchos km de meta, destacando jornadas como Pinerolo 1949 y Moena 1963, ambas entre las etapas más duras de la historia. A finales de los 60 y principios de los 70 empezaron a ganar importancia los finales en alto, tanto subidas sin salida, como Blockhaus (aunque tiene cruces hasta cota 1650 m) y Tre Cime di Lavaredo, o puertos de paso utilizados como llegada, como el Passo Stelvio (estrenado varios años antes, en 1953), aunque sin pasar de los 2-3 por cada edición.

Sin embargo, a finales de los 70 / principios de los 80 se entró en una “época oscura”, con escasa dureza y trazados que no beneficiaban los ataques. De vez en cuando incluían grandes puertos, pero en etapas con pocas subidas y mal encadenadas, siendo rutas pensadas para el lucimiento de los corredores italianos, Saronni, Moser y Visentini, cuyo fuerte no era la montaña. Esta situación dio un vuelco a partir de 1987, cuando los organizadores no sólo volvieron a incluir grandes etapas de montaña, con especial protagonismo para la temida Marmolada (Passo Fedaia) y recuperando el Gavia en 1988, sino que comenzaron la búsqueda de puertos aún más duros, estrenando el Mortirolo por Mazzo en 1991, el puerto más decisivo desde entonces, y Zoncolan por Sutrio en 2003 y Ovaro en 2007, más brutal que el Mortirolo pero del que aún no se ha aprovechado todo su potencial, al utilizarse sólo como llegada.

En los últimas décadas y salvo ediciones aisladas, se ha consolidado como la GV con recorridos más llamativos. Y es que en el Giro, gracias a la riqueza orográfica italiana y a unos organizadores sin complejos (salvo excepciones …), se pueden ver algunos de los puertos más impresionantes de Europa, ascensiones con rampas durísimas o subidas interminables, dominando la lista de los puertos más duros en carrera; maratones de alta montaña que actualmente no se suelen ver en ninguna otra prueba, con casi siempre alguna etapa superando los 5000 m de desnivel; “serruchos” de media montaña; carreteras secundarias  que estarían vetadas en otras pruebas; pistas de tierra que recuperan el ciclismo de antaño; repechos traicioneros cerca de meta, etc …

No obstante, aunque esa actitud atrevida de los organizadores es digna de alabanza, creemos que no siempre han acertado en los recorridos, ya que en los últimos 25 años las virtudes han sido muy grandes pero a veces también los defectos, con ediciones de recorridos estupendos pero otras que estaban muy desequilibradas, abusando de finales en alto y reduciendo demasiado las cronos (de 2010 a 2014, y de nuevo en 2022), dejando casi siempre varias de las etapas más espectaculares de la temporada, pero también la sensación de que podrían haber sido mejores globalmente, aparte de más justos y propicios para todo tipo de corredores.

Analizando desde 2005 los bandazos han sido constantes, pasando de un Giro 2005 espectacular, con buenas cronos y montaña propicia para los ataques lejanos, incluyendo una buena dosis de grandes puertos y con el estreno de Finestre, a una edición 2006 aún más exigente pero descompensada y con exceso de finales duros, aunque también había etapas muy bien diseñadas y donde se vió gran espectáculo, como Aprica. El Giro 2007 tenía un recorrido mas controlado e incluía buenas etapas de alta montaña, destacando Briancon y Tre Cime, aunque con estructura global discutible y poca contrarreloj, mientras que en Giro 2008 la 1ª mitad era fantástica pero luego se caía en un tríptico de muros finales, Pampeago-Fedaia-Coronés, que propiciaron mucho conservadurismo, si bien otras etapas dieron juego, como Monte Pora.

La etapa de Sestriere en 2005, con el estreno de Finestre

En el Giro 2009, centenario de la prueba, hubo un recorrido extraño, sin apenas grandes puertos de paso (excepto la dura jornada de Monte Petrano) y las etapas clave en los Apeninos, aunque con media montaña muy interesante y una brutal crono de 60 km en la 2ª semana. En la edición de 2010 la alta montaña regresó a lo grande, con subidas colosales y etapas propicias para los ataques, si bien faltaba una CRI larga, estando descompensado. A la hora de la verdad, gracias a la actitud de los corredores y la fuga-bidón camino de L´Aquila, que hizo que los favoritos no pudieran especular, la carrera fue fabulosa, con las etapas de Aprica, Montalcino, Asolo, Zoncolan y L’Aquila entre las mejores del año, siendo una de las GV más espectaculares en lo que llevamos de siglo.

El trazado de 2011 fue muy polémico, llevando al límite las virtudes y defectos de la “era Zomegnan”: enorme dureza, destacando el etapón de Gardeccia; valentía, incluyendo puertos complicados logísticamente y tramos de tierra; y un fuerte desequilibrio entre la montaña y el resto de terrenos, con poquísima crono y demasiadas llegadas en alto. Sin embargo, lo que generó más críticas fue un supuesto exceso de peligrosidad y la muerte de Weylandt -> seguridad y protestas en el Giro, lo que unido a opiniones que tildaban el recorrido de “inhumano” llevó a la cancelación del Monte Crostis, además de la posterior sustitución de Zomegnan por Michele Acquarone como director de la prueba.

El recorrido de 2012 volvió a ser muy exigente (pese a que muchos medios de comunicación decían lo contrario), pero el exceso de finales en alto duros, la enorme igualdad, con los favoritos mostrando actitud demasiado conservadora, y la ausencia de una crono larga que forzara a los escaladores a moverse desde lejos, hizo que el global de la carrera resultara decepcionante, aunque sí hubo varias etapas destacables, como Pian de Resinelli, Cortina d´Ampezzo y sobre todo la agónica jornada del Stelvio, donde un ataque de Thomas De Gendt en el Mortirolo acabó siendo clave para que subiera al podio final en Milán, acompañando a Hesjedal y “Purito”.

El trazado de 2013 era a priori bastante equilibrado, ya que si bien incluía de nuevo muchos finales duros (6 de categoría Es o 1ª, contando la cronoescalada a Polsa) había una larga crono individual de 55 km camino de Saltara, amén de una estupenda media montaña. Sin embargo, aunque esta última funcionó muy bien, destacando jornadas como Marina d’Ascea, Pescara e Ivrea, la carrera se quedó muy coja por culpa del mal tiempo, provocando que hubiera puertos eliminados o capados” en casi todas las jornadas de alta montaña (sólo se salvó la etapa de Montasio), incluyendo la suspensión completa de la jornada de Val Martello, que incluía Gavia y Stelvio antes de la subida final.

La edición de 2014 tenía una alta montaña durísima, con hasta 12 ascensiones superando los 200 de coef. APM, pero sin embargo tanto la colocación de los puertos, con un abuso de llegadas en alto (10, cinco en HC), como de las propias etapas, con un brutal tríptico al final de la prueba, dejaba mucho que desear, estando además muy desequilibrado al no haber casi CRI llana y renunciando tristemente a lo que mejor había funcionado en 2013, la media montaña. A la hora de la verdad la carrera fue muy aburrida, salvándose sólo la etapa de Val Martello, tan polémica como decisiva para el resultado final, con una neutralización “a la carta” en el Stelvio, y momentos puntuales de otras jornadas.

El trazado de 2015 fue un cambio completo, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, sin llegadas en HC, y apostando por los puertos de paso, teniendo protagonismo tanto los grandes colosos como las pequeñas cotas cerca de meta, ya que además se recuperaba la media montaña, con multitud de etapas quebradas. Y se programó una larga crono de 60 km, algo que no se veía desde 2009 (aunque la de ese año más quebrada). El resultado: una carrera espectacular desde el inicio hasta el final de la prueba, con casi un 9 en la encuesta, destacando etapas de Aprica, con batalla incluso antes del Mortirolo, y Sestriere, con pelea sin cuartel en Finestre, ambas con el mismo tipo de encadenado final “grande + pequeño”.

El recorrido de 2016 repetía parte de las características del año anterior, teniendo pocos finales en alto y ninguno de ellos muy duro, dándole de nuevo el protagonismo a los puertos de paso, tanto en las jornadas de alta montaña, varias con un diseño muy interesante, como en la abundante media montaña. La mayor diferencia respecto a 2015 eran las cronos, sin CRE y con 3 individuales, aunque 2 de ellas cortas, incluyendo cronoescalada. A la hora de la verdad la prueba fue de menos a más, con una 2ª mitad de carrera fabulosa, incluyendo a 4 de las 5 mejores etapas de 2016 (junto a Formigal): Risoul, con el grupo roto desde el Agnello; Sta. Anna de Vinadio, decisiva para el resultado final; Andalo, muy entretenida; y el “tappone” de Corvara.

En 2017, la 100ª edición de la prueba, hubo un recorrido llamativo, con etapas importantes a lo largo de toda la prueba, destacando la dura jornada de Bormio -> vídeo, y estando bastante equilibrado entre escaladores y rodadores gracias a los 70 km de crono individual. Sin embargo, pese a estos alicientes, comparado con 2015-16 era algo decepcionante, máxime dadas la expectativas, teniendo un exceso de finales duros y además en etapas poco propicias para los ataques lejanos, al haberse reducido los colosos de paso (salvo en la jornada reina), lo que unido a que dejaban fuera puertos clave en la historia de la prueba nos llevo a proponer un Giro centenario alternativo, dedicando cada etapa a un corredor diferente.

En la edición de 2018, polémica por el inicio desde Jerusalem y la participación de Froome (Sky), que estaba pendiente de que se resolviera su positivo por exceso de Salbutamol en la Vuelta, del que finalmente fue absuelto, la victoria fue para el propio corredor de Sky, que tras llegar 4º a la antepenúltima jornada destrozó a sus rivales en la etapa de Finestre -> vídeo, atacando a 80 km de meta y llegando al Monte Jafferau con 3 minutos de ventaja sobre el grupo perseguidor, colocándose líder tras el hundimiento de Yates, que había dominado las 2 primeras semanas. Le acompañaron en el podio Dumoulin, vencedor el año anterior, y “Supermán“ López, ganador de la clasificación de los jóvenes.

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Un comentario en “GIRO DE ITALIA 2025

  1. El Giro de Italia 2025 promete ser una edición emocionante y llena de desafíos para los ciclistas y aficionados. Esta prestigiosa carrera no solo pone a prueba la resistencia y estrategia de los competidores, sino que también destaca la belleza y diversidad del territorio italiano. Sin duda, un evento imperdible para los amantes del ciclismo. Вывоз строительного мусора

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