GIRO DE ITALIA 2018 – Historia

Al igual que en las demás grandes vueltas, el análisis estará dividido en varias partes, para que no quede una entrada excesivamente larga y perjudique la búsqueda de información.

En esta primera parte: introducción e historia de la prueba.

Las demás entradas sobre el Giro de Italia 2018:

  • Previo (un pequeño análisis del recorrido tras la presentación, a finales de 2017).
  • Recorrido (análisis completo de la ruta, con las etapas, puertos, antecedentes y valoración crítica).
  • Participación (estudio de la participación, incluyendo ránking de favoritos y velocistas)
  • 2ª Semana (las  etapas 10ª a 15ª, con los perfiles, puertos, antecedentes, alternativas).
  • 3ª Semana (etapas 16ª a 21ª, con los perfiles, mapas, puertos, antecedentes, etc).

Introducción

Durante las 3 próximas semanas, del 4 al 27 de mayo, se celebra la 101ª edición del Giro de Italia, también conocido como la “corsa rosa” y la primera de las grandes rondas por etapas de la temporada, restando aún el Tour de Francia y la Vuelta a España, llamando la atención este año varios temas polémicos, como la salida desde Israel y la participación  de Chris Froome (a la espera de que se resuelva su positivo por salbutamol), siendo junto al vigente ganador de la prueba, Tom Dumoulin, el máximo favorito, aunque intentarán ponérselo difícil varios escaladores: Thibaut Pinot, Miguel Ángel López, Fabio Aru, Domenico Pozzovivo, Simon Yates, Esteban Chaves, etc …

Sobre el recorrido, la prueba se iniciará en la ciudad de Jerusalén, para tras visitar también Sicilia, con llegada incluída en el Etna, regresar a la Italia continental y dirigirse hacia el norte, atravesando los Apeninos y posteriormente los Alpes, de este a oeste, antes de “bajar” hacia la capital, acabando en Roma tras un total de 21 etapas y 3.563 km a recorrer, con 3 jornadas de descanso en lugar de las 2 habituales debido al traslado desde Israel, incluyendo a lo largo de la ruta 2 cronos, aunque suman solo 44 km, y 7 llegadas en HC / 1ª, más otras 4 en pequeñas subidas, destacando por su dureza las etapas del Zoncolan, Jafferau, con paso incluído por Finestre (Cima Coppi), y Cervinia, estas 2 últimas las únicas de auténtica alta montaña de todo el recorrido, mientras que en la media montaña sobresale la jornada dolomítica de Sappada.

Historia

El origen de esta carrera data de inicios del siglo pasado, en 1908, cuando La Gazzetta dello Sport, en base a una idea del periodista Tullo Morgagni y en un intento por distanciarse de su principal competidor, Il Corriere della Sera, anunció en portada el 24 de agosto la celebración del primer Giro de Italia para el mes de mayo de 1909, adelántandose al diario rival que estaba a punto de lanzar una carrera por etapas de similares características.

Esta 1ª edición, homenajeada en el Giro 2009 con motivo de su centenario, partió de la Plaza Loreto de Milán y finalizó en la misma ciudad tras 8 etapas con kilometrajes casi siempre superiores a los 200 km, si bien entre cada etapa había como mínimo un día de descanso. La general se estableció en base a una clasificación por puntos, con victoria para Luigi Ganna y Carlo Galetti 2º. De los 127 corredores que iniciaron la carrera 122 eran italianos, presentándose sólo 5 corredores extranjeros, incluyendo a los franceses Louis Trousselier y Lucien Petit Breton, ganadores del Tour, si bien ninguno de ellos estuvo entre los 49 ciclistas que consiguieron acabar la prueba.

Una imagen del Giro de 1909, en el que venció Luigi Ganna. Foto de Gazzetta.it

Durante los años siguientes se mantuvo un nº de etapas similar, entre 8 y 12, y la general por puntos, incluyendo una edición en 1912 en que la carrera se disputó por equipos, hasta que en 1914, antes del parón de 4 años provocado por la 1ª Guerra Mundial, se adoptó la clasificación por tiempos individuales. En la década de los 30 hubo dos novedades importantes en la historia de la prueba: el maillot rosa, color emblema del periódico organizador y distintivo del líder a partir de 1931; y un aumento de etapas hasta llegar a las 20 de 1935, una cifra que ya se ha mantenido más o menos estable hasta la actualidad, con el único parón de los 4 años en que no pudo disputarse por la 2ª Guerra Mundial.

En su época inicial el Giro fue una carrera bastante localista, tanto en participación como en resultados, pero a partir de 1950 empezó a ganar protagonismo internacional, situándose al nivel del Tour de Francia durante los 60 y primera mitad de los 70. Sin embargo, a mediados de esa década empezó su declive, dejando al Tour en cabeza de las GV. Parte de esa pérdida de importancia fue motivada por una considerable rebaja en la dureza de los recorridos. Afortunadamente, esto cambió a finales de los 80. Y si bien ya no ha vuelto a estar al nivel mediático del Tour (al menos internacionalmente, en Italia si) la carrera ha recuperado su dureza y prestigio.

Los grandes dominadores de la prueba durante los primeros años fueron Carlo Galetti y Constante Girardengo, ambos con 2 triunfos y un 2º puesto; Giovanni Brunero, con 3 victorias y otros 3 podios entre 1920 y 1927; y sobre todo Alfredo Binda, apodado “la Gioconda” y que obtuvo 5 victorias en la general (1925, 27, 28, 29, 33) además de 41 triunfos de etapa, una cifra sólo superada por las 42 victorias de Mario Cipollini. El dominio de Binda a finales de la década de los 20 fue tal que los organizadores llegaron a ofrecerle dinero en 1930 para que no participara, corriendo en su lugar el Tour, donde ganó 2 etapas aunque no acabó la carrera.

A continuación llegó el turno de Gino Bartali (1936, 37, 46) e “Il Campionissimo” Fausto Coppi (1940, 47, 49, 52, 53), los mejores corredores italianos de la historia, junto con Binda, y que si no hubiera sido por la 2ª Guerra Mundial habrían conseguido un palmarés aún más espectacular. La rivalidad deportiva fue enorme, con el país dividido entre “Coppistas” y “Bartalistas”, si bien a nivel personal acabaron siendo grandes amigos. Destacar la edición de 1949, en la que Coppi se convirtió en leyenda gracias a su mítica escapada camino de Pinerolo. En esta época también sobresale Fiorenzo Magni, triple ganador de la prueba (1948, 51, 55).

Coppi en la etapa de Pinerolo 1949, votada como la mejor de la historia del Giro. Foto de la Gazzetta.it

Con 5 triunfos en la general, igualando a Binda y Coppi, está “el caníbal” Eddy Merckx  (1968, 70, 72, 73, 74), que a finales de los 60 e inicios de los 70 impuso su tiranía en el Giro, aunque la calidad de sus rivales, en la época de mayor esplendor de la prueba, hizo que éstos no se fueran de vacío, destacando la perseverancia de Felice Gimondi, con 3 victorias (1967, 69, 76) y otros 6 podios, acabando en el “top-10″ durante 12 años consecutivos. También con 3 victorias está “el tejón” Bernard Hinault (1980, 82, 85), siendo después de Merckx el corredor no italiano con mayor éxito en el Giro, destacando también su compatriota Jacques Anquetil, con 2 victorias (1960, 64) y otros 4 podios.

En los últimos tiempos el mayor protagonista ha sido Gilberto Simoni, retirado en 2010 con 2 victorias (2001, 03) y otros 5 podios en su haber, sin bajarse del “cajón” desde 1999 hasta 2006 salvo por su polémica expulsión en 2002 (positivo por cocaína del que después fue exculpado). Los otros 4 corredores con 2 triunfos en la general en lo que llevamos de siglo son Paolo Savoldelli, con victorias en 2002 y 2005; Ivan Basso, ganador en 2006 y 2010; Alberto Contador, vencedor en 2008 y 2015 (también acabó 1º en 2011, pero fue descalificado más tarde debido a la sanción por el positivo en el Tour); y Vincenzo Nibali, ganador en 2013 y 2016.

En cuanto a los españoles, más allá de Contador sólo Miguel Indurain, con doblete en 1992 y 1993, se ha impuesto en la general, siendo además 3º en 1994, una edición memorable gracias a la irrupción de Pantani y a la fabulosa etapa del Mortirolo. No obstante, también destacan Miguel Poblet, pionero español en el Giro con 20 triunfos de etapa entre 1956 y 1961; Jose Manuel Fuente“el Tarangu”, que mantuvo apasionantes duelos con Merckx y Gimondi, siendo 2º en 1972 y 5º en el impresionante Giro de 1974, “the greatest show on earth”, tras ganar 5 etapas y la montaña; Francisco Galdós, 2º en 1975 y 3º en 1973; Abraham Olano, podio en 1996 y 2001, en el primer caso llegando líder hasta la 20ª etapa; Joaquim Rodríguez, rozando el triunfo en 2012; y Alejandro Valverde, podio en la edición de 2016.

El año pasado la victoria fue para el neerlandés Tom Dumoulin (Sunweb), que gracias a su superioridad en la cronos, ganando en Montefalco y siendo 2º en Milán, y a estar también entre los mejores en la montaña, con triunfo incluído en Oropa, aunque sufriendo en la última semana, sobre todo camino de Bormio al tener un “apretón”, logró su 1ª victoria en una gran vuelta, siendo acompañado en el podio por el colombiano Nairo Quintana, ganador en el Blockhaus, y el italiano Vincenzo Nibali, vencedor en la etapa reina -> vídeo, completando el top-5 Thibaut Pinot e Ilnur Zakarin. Destacaron también Mikel Landa, ganador de una etapa y la montaña, aunque no pudo luchar por la general debido a una caída en la 1ª semana, y Fernando Gaviria, que arrasó en los sprints con 4 etapas y la regularidad.

El podio de 2017, con Dumoulin, Quintana y Nibali. Foto Tim de Waele / TDWSport, galería en Cyclingnews

  1. Tom Dumoulin (Sunweb)  90h 34′ 54”
  2. Nairo Quintana (Movistar) a 31”
  3. Vincenzo Nibali (Bahrain Merida) a 40”
  4. Thibaut Pinot (FDJ) a 1′ 17”
  5. Ilnur Zakarin (Katusha-Alpecin) a 1′ 56”
  6. Domenico Pozzovivo (Ag2r la Mondiale) a 3′ 11”
  7. Bauke Mollema (Trek-Segafredo) a 3′ 41”
  8. Bob Jungels (Quick Step) a 7′ 04”
  9. Adam Yates (Orica Scott) a 8′ 10”
  10. Davide Formolo (Cannondale Drapac) a 15′ 17”

Recorridos

A nivel de recorridos y como es lógico en una prueba con tantos años, el Giro ha pasado por épocas muy diversas -> dossier recorridos históricos de las GV, pero a partir de los años 40 casi siempre ha tenido un gran protagonismo la alta montaña, con grandes puertos de paso que unidos al modo en que se corría entonces rompían el pelotón a muchos km de meta, destacando jornadas como las de Pinerolo 1949 y Moena 1963, ambas entre las etapas más duras de la historia. A finales de los 60 y principios de los 70 empezaron a ganar importancia los finales en alto, tanto subidas sin salida, como Blockhaus (aunque tiene cruces hasta cota 1650 m) y Tre Cime di Lavaredo, o puertos de paso utilizados como llegada, como el Passo Stelvio (estrenado varios años antes, en 1953), aunque sin pasar de los 2-3 por cada edición.

Sin embargo, a finales de los 70 / principios de los 80 la carrera entró en una “época oscura”, con escasa dureza y trazados que no beneficiaban los ataques. De vez en cuando se incluían grandes puertos, pero en etapas con pocas subidas y mal encadenadas, siendo rutas pensadas para el lucimiento de los mejores corredores italianos, Saronni, Moser y Visentini, cuyo fuerte no era la montaña. Esta situación dio un vuelco a partir de 1987, cuando los organizadores no sólo volvieron a incluir grandes etapas de montaña, con especial protagonismo para la temida Marmolada (Passo Fedaia) y recuperando el Gavia en 1988, sino que comenzaron la búsqueda de puertos aún más duros, estrenando el Mortirolo por Mazzo en 1991, el puerto más decisivo desde entonces, y Zoncolan por Ovaro en 2007 (subido por la otra vertiente en 2003), más brutal que el Mortirolo pero del que aún no se ha aprovechado todo su potencial, al utilizarse sólo como llegada.

En los últimas décadas y salvo ediciones aisladas, se ha consolidado como la GV con recorridos más llamativos. Y es que en el Giro, gracias a la riqueza orográfica italiana y a unos organizadores sin complejos (salvo excepciones …), se pueden ver algunos de los puertos más impresionantes de Europa, ya sean ascensiones con rampas durísimas o subidas interminables, dominando la lista de los puertos más duros en carrera; maratones de alta montaña que actualmente no se suelen ver en ninguna otra prueba, con casi siempre alguna etapa superando los 5000 m de desnivel; “serruchos” de media montaña; carreteras secundarias que estarían vetadas en otras pruebas; pistas de tierra que recuperan el ciclismo de antaño; repechos traicioneros cerca de meta, etc …

La etapa de Sestriere 2005, con el estreno del colosal Finestre, puerto que regresa este año

No obstante, aunque esa actitud atrevida de los organizadores es digna de alabanza, creemos que no siempre han acertado en los recorridos, ya que en los últimos 15 años las virtudes han sido muy grandes pero también los defectos, abusando de los finales en alto y reduciendo mucho las cronos (aunque estos aspectos se corrigieron en 2015 y 2016), dando lugar a recorridos tan interesantes como desequilibrados, dejando casi siempre varias de las etapas más espectaculares de la temporada pero también la sensación de que podrían haber sido mejores globalmente, aparte de más justos y propicios para el lucimiento de todo tipo de corredores.

Analizando a partir de 2005, los bandazos han sido constantes, pasando de un Giro 2005 espectacular, con buenas cronos y montaña propicia para los ataques lejanos, incluyendo una buena dosis de grandes puertos y destacando el estreno de Finestre, a una edición 2006 aún más exigente pero descompensada y con exceso de finales duros, aunque también había etapas muy bien diseñadas y donde se vió un gran espectáculo, como Aprica. El Giro 2007 tenía un recorrido mas “controlado” e incluía buenas etapas de alta montaña, destacando Briancon y Tre Cime, aunque con una estructura global discutible y poca contrarreloj, mientras que en la edición de 2008 la 1ª mitad era fantástica pero luego se caía en un tríptico de muros finales, Pampeago-Fedaia-Coronés, que propiciaron mucho conservadurismo, si bien otras etapas fueron muy entretenidas, como Monte Pora.

En el Giro 2009, centenario de la prueba, hubo un recorrido extraño, sin apenas grandes puertos de paso (excepto en la dura jornada de Monte Petrano) y con las etapas clave en los Apeninos, aunque con una media montaña muy interesante y una brutal crono de 60 km en la 2ª semana. En la edición de 2010 la alta montaña regresó a lo grande, con subidas colosales y etapas muy propicias para los ataques, si bien faltaba una CRI larga, estando descompensado. A la hora de la verdad, gracias a la actitud ambiciosa de los corredores y a la fuga-bidón camino de L´Aquila, que hizo que los favoritos no pudieran especular, la carrera fue fabulosa, con las etapas de Aprica, Montalcino, Asolo, Zoncolan y L´Aquila entre las mejores del año, siendo una de las GV más espectaculares en lo que llevamos de siglo.

La etapa del Zoncolan en 2010, con los 60 km finales muy similares a los de esta edición

El trazado de 2011 fue muy polémico, llevando al límite las virtudes y defectos de la “era Zomegnan”: enorme dureza, destacando el etapón de Gardeccia; valentía, incluyendo puertos complicados logísticamente y tramos de tierra; y un fuerte desequilibrio entre la montaña y el resto de terrenos, con poquísima crono y demasiadas llegadas en alto. Sin embargo, lo que generó más críticas fue un supuesto exceso de peligrosidad y la muerte de Weylandt -> seguridad y protestas en el Giro, lo que unido a opiniones que tildaban el recorrido de “inhumano” llevó a la cancelación del Monte Crostis, además de la posterior sustitución de Zomegnan por Michele Acquarone como director de la prueba.

El recorrido de 2012 volvió a ser muy exigente (pese a que muchos medios de comunicación decían lo contrario), pero el exceso de finales en alto duros, la enorme igualdad, con los favoritos mostrando actitud demasiado conservadora, y la ausencia de una crono larga que forzara a los escaladores a moverse desde lejos, hizo que el global de la carrera resultara decepcionante, aunque sí hubo varias etapas destacables, como Pian de Resinelli, Cortina d´Ampezzo y sobre todo la agónica jornada del Stelvio, donde un ataque de Thomas De Gendt en el Mortirolo acabó siendo clave para que subiera al podio final en Milán, acompañando a Hesjedal y “Purito”.

El trazado de 2013 era a priori bastante equilibrado, ya que si bien incluía de nuevo muchos finales duros (6 de categoría Es o 1ª, contando la cronoescalada a Polsa) había una larga crono individual de 55 km camino de Saltara, amén de una estupenda media montaña. Sin embargo, aunque esta última funcionó muy bien, destacando jornadas como Marina d’Ascea, Pescara e Ivrea, la carrera se quedó muy coja por culpa del mal tiempo, provocando que hubiera puertos eliminados o capados” en casi todas las jornadas de alta montaña (sólo se salvó la etapa de Montasio), incluyendo la suspensión completa de la jornada de Val Martello, que incluía Gavia y Stelvio antes de la subida final.

La edición de 2014 tenía una alta montaña durísima, con hasta 12 ascensiones superando los 200 de coef. APM, pero sin embargo tanto la colocación de los puertos, con un abuso de llegadas en alto (10, cinco en HC), como de las propias etapas, con un brutal tríptico al final de la prueba, dejaba mucho que desear, estando además muy desequilibrado al no haber casi CRI llana y renunciando incomprensiblemente a lo que mejor había funcionado en 2013, la media montaña. A la hora de la verdad la carrera fue muy aburrida, salvándose sólo la etapa de Val Martello, tan polémica como decisiva para el resultado final, con una neutralización “a la carta” en el Stelvio, y momentos puntuales de otras jornadas.

El trazado de 2015 supuso un cambio completo, reduciendo la cantidad y dureza de finales en alto, sin llegadas en HC, y apostando por los puertos de paso, teniendo protagonismo tanto los grandes colosos como las pequeñas cotas cerca de meta, ya que además se recuperaba la media montaña, con multitud de etapas quebradas. Asimismo, se programó una larga crono de 60 km, algo que no se veía desde 2009 (aunque la de ese año era más quebrada). El resultado: una carrera espectacular desde el inicio hasta el final de la prueba, recibiendo un 8,8 en la encuesta, destacando las etapas de Aprica, con batalla incluso antes del Mortirolo, y Sestriere, con pelea sin cuartel en Finestre, ambas con el mismo tipo de encadenado final “grande + pequeño”.

La etapa reina en 2015, con desgaste y la estupenda combinación de Mortirolo + Aprica

El recorrido de 2016 repetía parte de las características del año anterior, teniendo pocos finales en alto y ninguno de ellos muy duro, dándole de nuevo el protagonismo a los puertos de paso, tanto en las jornadas de alta montaña, varias con un diseño muy interesante, como en la abundante media montaña. La mayor diferencia respecto a 2015 eran las cronos, sin CRE y habiendo 3 individuales, aunque 2 de ellas cortas, incluyendo una cronoescalada. A la hora de la verdad la prueba fue de menos a más, con una 2ª mitad de carrera fabulosa, incluyendo a 4 de las 5 mejores etapas de 2016 (junto a Formigal): Risoul, con el grupo roto desde el Agnello; Sta. Anna de Vinadio, decisiva para el resultado final; Andalo, muy entretenida; y el “tappone” de Corvara.

El año pasado, en la 100ª edición, hubo un recorrido llamativo, con etapas importantes a lo largo de toda la prueba, destacando la dura jornada de Bormio, y estando bastante equilibrado entre escaladores y rodadores gracias a los 70 km de crono individual. Sin embargo, pese a estos alicientes, comparado con 2015-2016 era decepcionante, máxime dadas la expectativas, teniendo un exceso de finales duros y además en etapas poco propicias para los ataques lejanos, al haberse reducido los colosos de paso (salvo en la jornada reina), lo que unido a que dejaban fuera puertos clave en la historia de la prueba nos llevo a proponer un Giro centenario alternativo, dedicando cada etapa a un corredor diferente.

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2 comentarios en “GIRO DE ITALIA 2018 – Historia

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